viernes, 30 de marzo de 2012

Preciada

Por Sebastián Elesgaray.


Respuesta a Bastian

Preciada:

¿Qué he hecho yo para merecer tu amor?
¿Qué acto del destino a sido tan mezquino y egoísta cómo para hacerme acreedor de tu hermoso cariño qué con tanta energía profesas en tu carta?
El leerla provocó en mí infinidad de cosas. Quise reír, llorar, saltar, correr, gritar, besar, morder, amar. Me hubiese gustado tenerte frente mío, para mirarte fijo y coincidir contigo en un abrazo que dejara ver cuanto me emocionó tu escrito. Porque tan solo con eso puedo retribuir tu amor.
Rogué a todos los dioses que alguna vez hayan pisado este abyecto planeta que no fueras vos quien hubiera escrito eso. A pesar del anonimato, se quien sos. Tú forma de relatar; cada coma, cada acento, y la cadencia del escrito, resultan inconfundibles para mí. No soy un experto, pero pude sentir tus palabras venir hacia mí como una gran tormenta que desbarata hasta el más firme castillo.
Hablaste de mi mirada, y estoy de acuerdo con vos: la mirada es el primer paso para desnudar lo que llevamos dentro. Es el primer contacto que nos pone tal cual somos ante los demás. Y si me hubieras mirado como realmente debieras, te habrías dado cuenta de que no puedo corresponder a tu amor. Con infinito dolor y herida tristeza, tengo que decirte que lo que siento por vos no es análogo a lo que sentís por mí.
Te pido disculpas, tan solo eso es lo que puedo hacer. Lo último que quiero es que sufras por quien escribe estas letras, alguien sencillo que busca hacer las cosas de forma correcta, que espera tu felicidad tanto como la suya propia, y aguarda a que todo siga bien entre ambos.
Sin embargo, no puedo pedirte que continuemos igual, porque tal vez para vos no sería lo mismo. Por lo menos espero que puedas sonreír al estar a mi lado, que sigas siendo mi amiga y compañera en esta aventura algo inesperada y extraviada que se llama vida. No me asusta que me declares tus sentimientos, si me asusta perderte de mi lado.
En una de esas, te preguntás el porque de mi sentir. Y es que no quiero mentirte, no a vos.
Hay alguien más.
No pude evitarlo, te pido perdón. Y mentirte sería vil de mi parte, no quiero hacer eso. Siempre estuve al lado tuyo con la verdad, y esta carta no pretende faltar a la misma.
La otra persona pertenece al Edén, hay otra bruta que tiene mi corazón. Fue algo muy extraño lo que pasó por mi cabeza cuando la vi, cuando la empecé a conocer y tuve que escribirle una carta como vos lo hiciste conmigo. Dicen que el amor no se busca, aparece, y puede que sea verdad.
Decirte su nombre no serviría de nada, además de que el tiempo será quien la revele. Mucho menos servirá contestar tus preguntas, que tal vez sean muchas.
Tan solo dejémoslo así.
Prefiero que sigamos adelante sin rencores, queriéndonos como siempre lo hemos hecho más allá de las incidencias que acaecen ante nosotros. Sé que te pido mucho, demasiado tal vez.
Sin embargo, te conozco. Estoy muy al tanto de la clase de persona que sos, de tu fortaleza a la hora de superar adversidades.
Me despido con pesar pero también con esperanza. Quiero que sigas estando a mi lado, que sigamos compartiendo lo que teníamos. Me gustaría decirte que nada va a cambiar, pero sería mentirte y te repito: siempre quise ir con la verdad.
Te mando un fuerte abrazo.
Te quiere mucho.


Hola

Por Ester Carillo.

Hola:

El pasado miércoles recibí tu carta en el buzón, y desde entonces, he estado intentando darla una respuesta, tratando de plasmar en papel la montaña rusa de sentimientos por la que estoy atravesando ahora y…no me está resultando nada fácil.

En primer lugar, quiero que sepas que he leído muchas veces tu carta y que cuánto más la leo más bonita me parece. No te imaginas qué nudo se me puso en la garganta cuando leí el último párrafo, ni las ganas que tuve de telefonearte cuando leí la última frase; pero ambos sabemos las circunstancias que me rodean y que no puedo actuar a lo loco.

Somos amigos desde hace años y es cierto que entre nosotros siempre ha existido… algo; ¿te acuerdas de aquella noche en casa de Sam? Todos estaban en el salón mientras que nosotros estábamos en la cocina cortando la tarta de cumpleaños. Se fue la luz debido a la fuerte tormenta y tú y yo nos quedamos a oscuras. 

Me atrajiste hacia ti acariciándome la base de la espalda, me pusiste un pegote de nata en la comisura de los labios y te acercaste para lamerlo y entonces...entonces entró Sam con una linterna, berreando porque todos tenían hambre y estábamos tardando mucho en llevar el postre.

Pasé el resto de la velada lo más alejada de ti que pude, echándote miradas de reojo y esquivando las tuyas, avergonzada.

No puede pegar ojo en toda la noche.  La imagen de nuestros cuerpos rozándose en la oscuridad y de tus labios acercándose a los míos no dejaba de repetirse en mi cabeza; ¿qué nos había pasado?, ¿cómo nos iba a afectar lo ocurrido como amigos? Sin embargo, ni tú ni yo hicimos por sacar el tema en los días siguientes, lo que simplificó mucho las cosas y poco a poco el incidente a oscuras pasó a ser un recuerdo; aunque pensase en él a todas horas.

El segundo acontecimiento sucedió a mediados del verano pasado: toda la pandilla se había cogido vacaciones e íbamos a viajar a la casa de la playa que tenía el bueno de Sam. Se había dispuesto que viajaríamos los ocho en dos coches, tocándome a mí viajar en el tuyo.

Cuando íbamos por mitad de trayecto, quisiste parar en un área de servicio a estirar un poco las piernas y a tomar aire fresco, pues el ardiente sol de agosto iba dando todo el tiempo en tu lado del coche y te había causado un pequeño mareo.

Dejando a Sam y a Blanca en el asiento trasero, el uno inmerso en su Blackberry y la otra escuchando música de su cantante favorito; fuimos tú y yo a dar un paseo por el campo y a observar cómo el sol poniente iba tornando el cielo de color malva y naranja mientras se escondía tras las lejanas montañas.

Dijiste que los rayos del sol enfatizaban el tono pelirrojo de mi cabello y, como siempre, me chinchaste llamándome por el mote que tú tan inteligentemente te habías inventado en una noche de farra: “pelo panocha”.

Decidí ignorarte una vez más, como siempre que te metes conmigo, y me puse a hacer fotos del bonito paisaje con la cámara del móvil. Me suplicaste riendo que por favor te hiciese caso y me juraste que no volverías a llamarme eso nunca más. Me miraste fijamente y tus labios se volvieron a acercar a los míos.

—Esta vez no hay nata —susurraste en mi oído.

Quería que lo hicieras. Deseaba más que nada que me besases, pero no sé por qué en ese instante me pareció una mala idea, aparté la cara y emprendí el camino de vuelta al coche mientras pude percibir como suspirabas detrás de mí.

Las vacaciones en la playa trascurrieron con normalidad: no sucedió nada más ni volvimos a coincidir a solas o a hablar al respecto. A la vuelta del viaje, tu empresa te destinó a Copenhague durante cuatro meses y yo empecé a salir con Javi.

Javi. Es tu mejor amigo, ¿recuerdas?, y además es el chico con el que se supone que me voy a casar dentro de ocho meses. Bueno, mejor dicho me iba, porque la boda se ha cancelado y él y yo hemos roto.
Tuvimos una discusión muy fuerte hace tres días a raíz de tu carta. Me preguntó qué tenía pensado hacer y si te quería. Le dije que la respuesta era obvia: te quería; te quería desde siempre.

Javi es la mejor persona del mundo y me parte el corazón haberle hecho daño y haberme convencido durante todo este tiempo que le quería a él en vez de a ti, que a ti te podía olvidar y que solo a su lado podría ser feliz. Una gran mentira.

Te amo, y siento enormemente haber tardado tanto en reconocerlo. Siento haberte dado tantas largas, haber dudado, y haber jugado con los sentimientos de Javi; pero lo cierto es que tú eres para mí y yo soy para ti.

No podía contestar tu carta con un simple “la he recibido, gracias” como sugerías, tenía que contarte todo y hacerlo bien.

Javi ha regresado a casa de su padre mientras me ha dado unos días para sacar todas mis pertenencias de su apartamento. El mío lo vendí cuando me fui a vivir con él, y como sabes mis padres viven lejos, por lo que no tengo de momento a donde ir…pero sé que a partir de ahora mi hogar eres tú.

Te amo




Mi amor

Por Evelia Garibay.


Un lugar en el mundo, 27 de marzo de 2012

Mi amor:


Te miró sentado frente a la ventana observando el jardín, tu doctor me dio las hojas en dónde volcaste tu interior, él quiso hacerme perder la esperanza, hacerme ver que tú mente esta más haya de lo racional pero para mí es una esperanza, es la prueba de que quieres regresar a mí, cuando me las dio el engreído psiquiatra me miró y me dijo que estaba considerando agregar “personalidad múltiple” a tu cada vez más grueso expediente, el muy idiota no tiene idea de quién es Bill Denbrough y por supuesto no tiene idea de nuestra broma privada al decir que tú eres Bill y yo Audra, porque queríamos que nuestro amor fuera como el de ellos, un amor tan grande y verdadero que siguió existiendo aún después de enfrentarse al aterrador “it”.

Sostengo las hojas e incluso antes de comenzar a leer suelto una carcajada ante los asombrados ojos del psiquiatra, las hojas están llenas de tu pulcra escritura, sin apenas espacio entre las palabras, en vez de ser Bill quién escribió esto más parece que fue Harold Lauder quién lo hizo, mi risa muere abruptamente en mi garganta y deseo que no sea Flagg quién tiene tu mente perturbada, la última bomba atómica a la que le podía echar el guante se me escapo por una nada. No es gracioso ya lo sé, pero de alguna forma tengo que sobrellevar esto, quiero que volvamos a vivir juntos, pero en nuestra casa y no en este hospital, por momentos siento que me vuelvo loca pero también sé que ahora yo debo ser tu roca, debo ser firme para ti y esperar pacientemente a que venzas a los demonios que te encerraron en tu propia mente, comienzas a escribir de nuevo y eso es un gran avance, yo creo que esa es la mejor manera de exorcizar a los monstruos de tu cabeza, atrapándolos en el papel  y después compartiéndolos con los demás, mientras más gente lea tus escritos mayor es la fuerza que pierden esos demonios. Esta carta no es desalentadora, al contrario, mis esperanzas vuelven con más ímpetu que nunca.

Quisiera que como Audra regresó a Bill tú regresaras a mí, pero yo no tengo a Silver ni puedo llevarte a dar un alocado paseo por las calles de Derry, no puedo encontrar la forma de traspasar la niebla que invade tu mente, tu increíble mente tan llena de historias, monstruos dirían algunos, genialidades, lo llamó yo.

Tengo un plan para hacerte regresar, no se lo he contado a nadie porque es tan loco que van a querer internarme a mí también; cada que lo pienso mi mente racional me grita que es una locura pero precisamente por eso es que estoy segura que funcionará, cuando estoy en tu habitación y suena mi teléfono siempre te pones alerta, y me miras como esperando que la llamada sea para ti. Hice una grabación, en ella esta nuestra canción y te digo cuánto te amo, cuánto necesito que regreses a mi, a nuestras vidas, ¡oh Dios, has que esto funcione por favor!. Voy a hacer que suene el celular, y cuando tu mirada este atenta en la mía, me voy a acercar a ti y te voy a decir: “para ti amor, pa pa ti ti”… después de todo It no es el único libro de Stephen King que hemos leído juntos.


Tu Audra.

Escritora mía



Por Juan Esteban Bassagaisteguy.




Marzo de 2012

Escritora mía:

En la solitaria madrugada otoñal leo y releo tu carta.
Sigo sonriendo todavía con las frases “churrito a medio cocer” y “flaquito descolorido”, fantásticas ocurrencias que me alegraron la mañana aquella en que leí esas líneas por primera vez.
Pero algo me descorazona: entre la espada y la pared he quedado al llegar al punto final de tu redacción, sumido en millones de dudas.
La amistad, el amor y la obligación de optar por una cosa o por la otra. Indefectiblemente, sin términos medios, sin tristes grises que opaquen nuestra existencia.
Aún no puedo creer que aquellas letras que acompañaban nuestras madrugadas on line a través del mundo que nos separa, y que fueron forjando una amistad a prueba de balas en todo este tiempo, pudieran encender en ti eso que llamas amor.
El amor… ¿La muerte de la soledad? ¿La risa del sol que derrite estalactitas de rocío invernal? ¿El escucharte sonreír hasta el final de los tiempos? ¿Entregar el corazón sin esperar nada a cambio?
No sé. Imagino que un poco de todo eso, más la certeza de que si falta de tu lado la persona que amas, te falta la sangre, el aire…, te falta todo y nada más tiene sentido.
¿Y la amistad?
Estar, acompañar, brindar un hombro para que puedas llorar, un oído atento a las alegrías y tristezas que ensanchan o encogen el corazón, una aprobación o un reto en el momento oportuno. Amigo es aquel que no te condiciona ni te juzga por cometer errores (todos somos humanos, está en nuestra naturaleza equivocarnos con periodicidad viviendo nuestra vida), sino quien te guía como una antorcha refulgente de fuego y brasas en la oscuridad; y no se fija en ti por el dinero, por tu condición social, por tu edad; él o ella te necesita como una enredadera requiere de una vara, de una pared para llegar a tocar el cielo.
Diferencias y semejanzas distancian y acercan ambos estados de nuestro corazón, de nuestro ser.
Y cuando convergen las estrellas y los planetas en simétrica confluencia, amor y amistad se unen hasta el final de los días con la fuerza de un pequeño barco remolcador llevando un transatlántico mar adentro.
Eso ya me sucedió mil años antes de conocerte.
Ocurre una sola vez en la vida y la dicha tocó a mi puerta en el momento menos pensado, regalando a mi fútil pasar por este mundo una razón de ser. No dejé pasar el tren, claro, y para siempre Mariana, esa morocha de dulce sonrisa, de ojos marrones que cambian en su tonalidad sin avisar, se adueñó de mi corazón.
Y allí, aquello a lo que me atrevo a llamar amor ha dictaminado que hay lugar solo para una persona. Para Mariana.
Por otro lado, cambiar el concepto que tengo de ti sería imposible. Tu alegría de vivir, la fortaleza que tienes al encarar con renovados bríos cada desafío, cada piedra que se interpone en tu camino, la manera de entregar entero tu corazón en todo lo que emprendes, el brillo que tu alma despide en diarios fulgores, hacen de ti una persona distinta a las demás.
Que me honra con su amistad.
Y debo contarte —experiencias (de las buenas y de las malas, éstas últimas sobre todo) acumuladas sobre mis hombros así lo rubrican— que la vida, a medida que la transcurras —tu juventud es tu esencia—, te enseñará que no siempre las cosas son blancas o negras, no siempre tenemos que discernir entre el bien o el mal, no siempre tenemos que optar entre la fría pared (la negación de tu amistad) y el filo herrumbroso de la espada (la negación de mi amor).
Déjame seguir teniéndote entre mis afectos, déjame seguir contando con la posibilidad de intercambiar ideales y risas en la distancia, déjame continuar siendo multimillonario con la riqueza que me brinda tu amistad.
El cariño de siempre.


Mi estimado admirador secreto

Por Palomba Lainez.



Mi estimado admirador secreto:

      Nunca imaginé que a esta altura de mi vida, cuando mis cabellos comienzan a pintar sus primeras canas, recibiría una propuesta de amor. Pero, ¿existen quizá reglas para la pasión? Tu carta me hizo olvidar mi edad si es que ésta cuenta al momento de abrir el corazón y amar. Como dice cierto cantante por ahí “Señora no le quite años a su vida, póngale vida a los años que es mejor”.
      Conmovida la leí una y otra vez intentando descubrir quién eres. He pretendido cada  noche, en la tibieza de mi lecho, sobre la suavidad de mi almohada, crear tu imagen a partir de tus palabras. Nada he logrado así.
      Salí a la calle a buscarte en mi ruta cotidiana. Sospeche del verdulero… No!!! Don Juan? Imposible!!! Recién acaba de enviudar, pobre…Cómo extraña a su mujer… El carnicero? Jamás lo imaginaría… Éste sí que es un don Juan… adula a todas sus clientas… pero como quien dice es “puro espuma”… se hace el galán cuando Rosita se descuida… pero hay que verlo lo serio y correcto que anda cuando merodea su mujer por el local… Del panadero? Ni hablar con su mujer y sus seis hijas para que complicarse con una más… Del peluquero, menos… Parece que le tiene mucho cariño a Diego su ayudante… No se si será cierta fama que tienen los peluqueros o las habladurías de las chusmas del barrio… por las dudas, definitivamente descartado. Y el diariero? No que va… conozco a su mujercita, que linda y cuan felices se los ve juntos… parecen vivir en una eterna luna de miel…
      Ya no se que pensar…
      Que otros personajes ciudadanos me quedan por revisar?
      El jardinero?...Talvez… Aunque…pensándolo bien…no!!! No puede ser… Don Raúl, el lustrabotas? Que amable y con que simpatía me saluda cuando paso cada mañana para la panadería!!! Podría ser…no? Pero, no, decididamente, no!!! Si el vive para sus nietos… No creo que una nueva mujer esté en sus planes!!!
      Y esto estaba en los míos?
      Seguro serás quien menos me imagine….
      Volví a casa perdida en mi andar y mis pensamientos. Solo tenía en mi mente descubrir a mi admirador secreto.
      Esa noche me fue difícil conciliar el sueño. Di vueltas y vueltas en la cama. Cuando lo logré caí en un sueño tan profundo que al despertar tuve la sensación de no haber dormido nada. Como si recién me hubiese acostado. A pesar de la somnolencia, me incorporé en mi cama y lentamente me levanté. De que servía seguir en la cama si una vez que me despertaba aunque fuera temprano nunca podía volver a dormir.      
      Además me había despertado con hambre y un buen desayuno me esperaba. Mientras lo preparaba, salí a buscar el diario. Y ahí lo recordé. Aquella mañana había encontrado la carta cerca del diario. Cómo no lo había pensado antes…El repartidor de diarios... Sí, seguro. Míralo nomás al viejito picarón…Tan calladito… Cómo se lo tenía guardado…
      Ahora solo resta responderte esta carta, mañana cuando vengas a cobrarme la cuenta de la semana te ocultaré entre los billetes mi respuesta.
      Y sí….porqué no permitirme volver a sentir mariposas en la panza….

Querido “Alguien Secreto”

Por Camila Carbel.


     Querido “Alguien Secreto”:

     Bueno, quizás sea mi media naranja. Lo digo porque me pasa lo mismo que a vos; hace más de dos horas que estoy mirando el cursor parpadear en la hoja en blanco de Word, y no se como empezar. Se me ocurren ideas, pero al momento las descarto. Esto es raro pero divertido al mismo tiempo.
     Creo que soy novata en esto de responder cartas románticas, la verdad que no tengo mucha idea de cómo se hace, espero no desilusionarte.
     Creo que lo correcto seria comenzar agradeciéndote por tu escrito. A medidla que avanzaba en él, mi sonrisa se ensanchaba cada vez más.
     Comencé diciendo eso de la media naranja, por que aparentemente tenemos mucho en común. ¿Habrá algo mejor que leer con alguien a tu lado y que lo disfrute tanto como uno? La verdad no lo se, por que nunca me paso. Pero creo que no, me encantaría poder terminar un libro y comentarlo con alguien que este a mi lado y no a miles de kilómetros, a través de una computadora, lo cual no esta mal, pero no es lo mismo. No puedes ver sus ojos y saber si le gusto tanto como a ti.
     Y te confieso algo más, los hombres suman puntos conmigo si les gusta cocinar. Me parece que no hay nada más lindo que verlos en la cocina, concentrados mezclando especies y preparándolo todo.
     Haríamos la dupla perfecta, yo me encargaría de las pastas y tú de la salsa. Ya puedo imaginarme cada fin de semana yo amasando toda la mañana y luego tú preparando una rica salsa. Toda la casa impregnada en un exquisito aroma. Luego la mejor parte sentarse a la mesa a ver si funcionamos tan bien como pensamos, lo cual seguramente será así. Después del gran almuerzo, jugaríamos piedra papel o tijera para ver quien lava los platos. Si me toca a mi, puedes venir y sorprenderme con un beso y un abrazo, como pasa en las películas. Y podemos tener una linda charla de cualquier tontera del momento. Por que no importaría el contenido sino el momento.
     Pero lo que realmente más me gusto de tu carta fue donde dices que estarías a mi lado mientras escribo. Sabes, escribir es un acto muy solitario y vendría muy bien tener una compañía silenciosa, comprensiva, que respete mis tiempos y se muestre interesado. Creo que con eso, caí en tus manos. 
     Yo no puedo decirte que eh mirado tus fotos y decirte lo lindo que sos, pero lo que si vi fue tu alma. Y eso es lo más importante. No me importa tu color de cabello, ni de ojos, tu estatura, ni nada de eso. Soy de esas que piensan que solo importa lo de adentro. Yo no me enamora de un cuerpo, me enamoro de una persona, de su ser. Según sus gestos, sus pensamientos, su forma de actuar. Pero creo que lo más importante es la comunicación, si uno no sabe expresar sus ideas, sus sentimientos por más buena persona que sea es imposible generar empatía. Y al menos vos por escrito lo lograste.
Ya no hay nada más que decir. Solo que me tienes aquí “Alguien Secreto”. Creo que ahora seré yo quien espere que la saludes por una pequeña ventanita en facebook.


jueves, 22 de marzo de 2012

Raúl

Por Carmen Gutiérrez.


Raúl:

Primero que nada quiero disculparme de antemano por escribir esta carta. He repasado muchas veces lo que tengo que decirte, pero aún no encuentro las palabras adecuadas.

Hoy desperté pensando en ti, es algo que me pasa muy seguido ultimamente y traté de no darle importancia. Pero supe que por mas que lo intentase, tu nombre me vendría a la mente todo el día. Me molesta eso, ¿sabes? Es engorroso el sentir algo tan grande por alguien quien con seguridad no piensa en ti. No me gusta.

Así que como resultado estoy molesta. Por ser tan tonta. Por dejarme atrapar en un sentimiento que no me lleva a ningun lado. ¿Qué carajos espero obtener de esto? ¿Qué puedo pedirte si yo misma no tengo nada que ofrecerte?

En fin. Que he pasado toda la tarde buscando tus defectos y tratando de hacer que te vayas al cuerno y te salgas de mi corazón. No sabía que fuese tan dificil. ¿Tal vez si te imagino disfrazado de payaso...? No. No funciona. Los colores rojos y azules le dan un tono a tu piel que...

A ver... trataré de recordar algo que me moleste de ti... ¡Bien! Encontré algo... pero creo que culpar a la geografía por haberte hecho nacer en Argentina no es buena idea. Ademas los argentinos me caen bien. Con ese acentico, ese tonito de voz. El romanticismo que le imprimen a las frases mas simples... No es muy buena idea... Entonces... Ya sé. Eres demasiado solitario para mi gusto. Pero creo que eso tampoco es un buen motivo para dejarlo... Al contrario. Si tu estuvieras conmigo ya nunca más te sentirías solo. Estaría a tu lado día a día apoyandote en esta loca empresa que tomaste al escribir. Dedicaría mis mañanas y mis noches para que sintieras mi presencia y esto es lo que me molesta. Que no sabes esto que siento por ti. Aunque mis letras me delaten y mis acciones no puedan disimular el hecho de que me estremezco sólo de pensarte. Dios mio, Dios mio. Que cursi me siento. Entonces ¿Qué haré? Nada, pues nada puedo hacer.

Nada. Me he quedado en blanco frente a la pantalla. Ya no pensaré mas. De todos modos ¿Qué? Pienso en las noches que podriamos pasar juntos. Las caricias que mis dedos anhelan plasmar en tu piel. Esos besos que deberían ser para mi. Ese saludo que debería de escuchar yo primero que nadie. Entonces mandaré todo al caño y no seré mas la que espera. Dejaré de creer que llegaríamos a algun lado. Porque no soy nadie, no soy suficiente para que dejes nada. Bueno, no es cierto. Soy mucha mujer. Soy mucha mujer esperando de todos modos. 

¡Diablos! Los boletos de avión a Argentina son carísimos. Creo que mi bipolaridad me obliga a renunciar a ti y al mismo tiempo buscar el medio para verte. ¿Ves? Así o más loca puedo estar...  

Debo confesar que escribir esto me resulta más dificil que quedarme callada. Es injusto que te lo diga, lo sé. Pero no puedo ignorar algo que me sale por los poros. Suelo decir lo que pienso y lo que siento aún sabiendo que es una locura. Pero la locura es una genialidad para algunos. 

¿Qué puedo ofrecerte yo? Es muy vanidoso de mi parte el pensar que marcaré una diferencia en tu vida. Yo, que mi corazón tiene mas agujeros que un colador. Me consolaré pensando que esto que siento por ti se evaporará con el tiempo y no lo recordaré en unos meses... años... o días. No puedo prometer algo "para siempre" porque no hay nada "PARA SIEMPRE" y menos conmigo. Creo que por tu bien me mantendré alejada. La gente a mi alrededor siempre sale lastimada y no quiero eso para ti. Dicen que no se puede gobernar en el corazón pero yo si puedo. Te sacaré de ahi, de ese oscuro y rojo rincon y me dedicaré a olvidarte. Es lo mejor. Comienzo en uno... dos... tres... cuatro... ¡Listo! Olvidado. ¿De qué escribía? ¡Oh, si! De que me iba a olvidar de ti y de todo las tonterias que siento por tu adorado ser. De que iba a dejar de pensar en ti por las noches y por las mañanas. De que dejaría el tiempo pasar hasta que suprima las ganas de decirte "Te quiero".

¡Oh, Dios! Ahí estoy otra vez. Bueno... Te quiero, Raúl.  Creo que esto será más duro de lo que pensé.

La verdad es que esto me lo tengo merecido.Pero si yo ya sabía que todo esto pasaría ¿cómo diablos fui a caer? (Creo que esa es una cancion... creo que sí)   Yo no quería conocerte. No tenía ganas de hablarte ni de acercarme a tí. Pienso que si me hubiera mantenido firme en mi propósito esto no estaría sucediendo. Pero ahi voy. Sin aprender. Voy a quemar esta carta. Voy a pensar en tus hermosos ojos negros mientras la quemo, voy a recordar tu boca, a pensar en tus manos y a desear que todo se borre con las últimas cenizas. No debes saber que esto está pasando. ¿Qué dices, pequeña vocecita interior? ¿Qué tengo que enviarla para el ejercicio? ¡Oh, Dios! Es cierto. Bueno, así tengo el consuelo de que puedas pensar que todo esto es ficción.

Tengo que terminar esto, porque dialogando "conmigo misma" no termino. Sólo espero que sepas apreciar esta carta. Que sepas que aquí estoy. Desde este lugar tan alejado y  pensando en tí. Espero que cuando mires las estrellas recuerdes que hay una pequeña y minúscula mujercita que estará soñando con tus ojos mientras intenta quemar la pantalla de la computadora. ¡Ah! y que se está zampando un kilo de chocolate a tu salud. Espero que no me haga daño.

Te quiero, Raúl... y no sabes cuanto... 

Atentamente: 

.....


Hola, Pepe

Por Palomba Lainez.



Hola Pepe:

Después de todo este tiempo transcurrido, al fin, adquirí el valor suficiente para revelarte mis verdaderos sentimientos y este secreto quizás egoístamente guardado. Jamás pude borrarte de mi mente.
Tu recuerdo vive aún en mis sueños. En esas noches revives tan intensamente esos momentos vividos en nuestra adolescencia que en la mañana despierto con una sensación mezcla de felicidad y desconsuelo. Sufro por ya no tenerte y no poder saciar la sed que mi cuerpo reclama y solo tú podrías calmar. No entiendo lo que me pasa, como puedo seguir pensando en ti. En esos momentos soy una mujer infiel, luego todo vuelve a la normalidad y me entrego en cuerpo y alma a los brazos del hombre que amo y llena mis días con todo su amor. Siento como si dos mujeres vivieran en mí: aquella a la convertiste en mujer y la que hoy soy. Vivo entre dos culpas: la infidelidad, de pensamiento, pero infidelidad al fin y la verdad que por todos estos años te oculté y hoy voy a revelarte.
Mi otro yo no olvida a aquel muchacho flacucho de largos cabellos castaños, ojos pardos y el original lunar de su nariz. Como verás en ti también conviven dos Pepes: el adolescente de ayer y el hombre de hoy.
Que linda esa época en la que compartíamos el esplendor de nuestra juventud. Estudiábamos, disfrutábamos las salidas con nuestros amigos, los días del estudiante, los picnic de la primavera…. Todo era felicidad… hasta el fatídico instante que marcó mi vida para siempre. Al salir de mi clase encontré aquel niño que lloraba intensamente; entro sollozos balbuceaba estar perdido y me imploraba que lo llevara a sus casa. En mi inocencia accedí: quien imaginaría que utilizaran a un niño para cometer delito. Al llegar allí, a pesar de mis forcejeos y gracias a la oscuridad de la noche y la soledad reinante en dicho suburbio, fui introducida  raudamente en aquel lúgubre caserón. Todo allí olía a suciedad y a marihuana. Así fui sometida por ese vil sujeto que se apoderó de mi cuerpo de mujer. Nunca recordé con claridad como huí de allí solo en la niebla de mi memoria me veo desorientada deambulando por las calles hasta regresar a mi hogar.
Desde ese día mi vida fue un antes y un después. Por mucho tiempo no podía imaginar el futuro como si mi vida se hubiera detenido en ese día que no podía borrar. Fue muy duro de sobrellevar, sólo los años de terapia lograron atenuar el dolor. No quería que nadie se enterara de lo que me había sucedido y solo dentro de los límites de mi hogar el secreto podía estar a salvo.
Así fue como repentinamente, simulando una nueva propuesta laboral de mi padre, nos mudamos de ciudad.
No podías entender ni creer lo que te decía cuanto te conté que nos íbamos y además de dejar mi ciudad natal te dejaba a ti. Sé que me habrás odiado en aquel momento pero como podía contarte. Si me moría de vergüenza. Me sentía sucia, manchada cada vez que el recuerdo afloraba en mi mente. Como podía seguir a tu lado fingiendo que todo estaba bien.
Ya han pasado dieciocho años y creo que ya es tiempo de desenmascarar el pasado. Admito que deberé afrontar las consecuencias pero ya no puedo más con este secreto y esta duda que se fusionan, agigantándose, agolpan mi corazón por salir.
Casi al mes descubrí que un nuevo ser crecía en mí. Fue muy duro asumir que quizás tendría un hijo fruto de una violación. Dudaba porque bien podría ser tuyo. Pero saber la verdad implicaba mi vergüenza al salir a la calle y sentir las miradas clavadas en mí. Así decidí callar.
Ya no debo seguir siendo egoísta. Mi hijo ya conoce parte de esta historia y ahora al conocerla tú, los dos tienen el derecho de saber si son padre e hijo. Solo resta que estés de acuerdo en someterte a un análisis de ADN.
Escribiendo estas líneas, rememorando nuestra vida juntos y ante la posibilidad de que este hijo sea nuestro, descubrí algo muy importante: volví a ser una única mujer, la que te sigue amando y espera que comprendiendo lo que ha sufrido, puedas perdonarla. Tengo mucha fe que gracias al amor que me tenías puedas hacerlo.

                                                                                           Tu fiel amor de adolescencia.

Princesa Carmen

Por Pepe Martinez.





Princesa Carmen:

Mientras escribo estas líneas ruego porque te encuentres bien. Los días trascurridos después de nuestro encuentro en la estrella mortal han sido un suplicio. Me bastaron solo unos minutos para saber que eres la mujer con la que quiero compartir mi vida. Al velar tu sueño en el gavilán espacial y contemplarte en silencio, descubrí que podría decirte en un futuro cercano que te adoro.

Quisiera dormir contigo sin la urgencia del deseo, acariciar tus rulos castaños y llevarte al paraíso de mi imaginación donde, sin saberlo ya habitas. Saborear la suavidad de tu ternura y besar tus carnosos labios. La envidia me corroe al ver tus ropajes blancos, esa maldita tela encargada de proteger tu silueta y que se atreve a rozar tu delicada piel.

Quiero acunarme en ti, en tus cálidos y solidarios brazos, que nunca niegan su caridad a éste herido. He visto como otro pretende ocupar mi lugar en tu regazo, pero pierde el tiempo, los dos sabemos que el lazo entre nosotros es casi eterno, como si nos conociéramos desde el día en que nacimos.

El deseo de conocer ese espacio y que es un territorio prohibido a mí, me envenena. Sé que no puedo tocarlo, que no puedo ni acercarme a él, pero te aseguro que sabré tratarlo como se merece, rodeándolo de caricias y ternura. Así que déjame llevar tu corazón a los confines de la galaxia, donde sabré amarlo, donde viviremos una aventura tan inmensa que los sueños serán una burda imitación de lo que será nuestra realidad.

Falta poco para que me despida de ti, he de seguir con mi formación. No sé cuánto tiempo me lleve, lo único que tengo presente es que en mi vida faltará tu presencia, tu sonrisa, tus caricias, tu cuerpo, tu olor y hasta esa forma rara de mirarme. Al prepararme para el viaje me he dado cuenta de que dependo de ti. Que al conocerte pasé de ser un ser independiente a ser un ser dependiente de lo que tú dices, de lo que tú quieres, de lo que tú ansias. De ser un ser racional a uno irracional.

 Es por eso, que quiero ver tu rostro y oler el perfume de tu alma, para que se graben con fuego en mi mente y así llevarte a todas partes. Es de locos pensar que todo mi sentir pueda conmoverte. En mi saber, comprendo que la misión que llevamos en nuestros hombros no nos dejara estar juntos. Quisiera que toda esta locura terminara, para que mi nueva profesión sea el quererte y adorarte, esa es mi NUEVA ESPERANZA.

Quiero, por fin, amanecer contigo, tranquilo y confiado.
    
     Atte. El caminante del cielo.

Dr. Pantoja hemos seguido sus órdenes al pie de la letra, dejando así, que los internos se comuniquen entre ellos por medio de cartas. No sé que pretende con este experimento.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Ester


Por Raúl Omar García.


Ester:

     Tengo unas ganas incontrolables de confesar que te amo y poder ver en tus ojos el recíproco sentimiento sin la necesidad de que utilices palabras, y así dejar que tu boca emplee los labios solo para pegarse a los míos y ceder ante la pasión y el deseo. De esa manera quedaríamos envueltos en esa atmósfera única e irresistible que hace aparentar que el tiempo se detiene por toda la eternidad.
    Soy una llave para ese corazón de mil ranuras, la cual anhela poder abrir la puerta a tus sentimientos y lanzarse dentro de algún mundo en soledad que necesite de mi compañía.
     Quiero hacerte el amor bajo las estrellas y percibir en el cielo oscuro cómo se forman constelaciones de nuestros nombres convirtiéndolos en un lucero, el cual espera que pidamos el deseo de que nuestro amor sea hasta que la muerte nos separe.
     Ansío verte empapada  en el mar de mi lujuria y que te ahogues en mis olas de placer hasta que sientas las aguas de mi esencia estallar en rabiosa espuma en tu interior.
     Dime si es verdad. Dime si me sueñas cuando estás dormida; porque yo lo hago cada noche. Si es así, sabré entonces que ese es el lugar que eligen nuestras mentes para encontrarse y quererse.
     Ante mis insinuaciones te he visto vacilar en varias oportunidades, por eso quiero aprovechar un tiempo entre los dos y, al margen de esquivar miradas, te invito al juego del amor.
     Casi siempre sé lo que me conviene más en diversas situaciones que conciernen a los sentimientos, pero lo que sé poco importa en comparación con lo que siento hoy por ti.
     ¿Cómo se hace para no caer en el abismo de tu belleza sin quedar atrapado en ese pozo de tentaciones infinitas?
     Vamos, contéstame.
     No puedes, ¿verdad?
     Claro que no.
     Me tienes a tu merced y, desde luego, eso te gusta.
     ¿Qué?
     ¿Oyes que te nombran?
     Pues no te equivocas, es mi corazón quien te llama con cada latido que da. Golpea mi pecho intentando ser libre de la cárcel que representa mi cuerpo. Quiere ir contigo. Quiere ser tuyo.
     ¿Lo quieres?
     Por favor, di que sí.
     Está en tus manos. Puedes hacer con él lo que quieras. Pero te pido que no lo dejes caer.
    Me despido de esta misiva  aseverando cada palabra que has leído en ella. Me rindo a tus pies a la espera de una respuesta. Con un: «he recibido tu carta, gracias», me basta, te lo aseguro.
     Espero que al leerla tengas la sensación de que te recito las palabras al oído, causando que se te erice la piel con cada susurro de mi respiración. Y cuando termines, cierra los ojos y piensa en todas las cursilerías que aquí te entregué, y tal vez se dibuje una sonrisa en tu cara.
     Si logro eso, puedes apostar que estaré más que satisfecho.
    Ahora sí. Gracias por enloquecerme. Gracias por ser la mujer que pretendo a mi lado. Gracias, ya que por ti es por lo que soy un hombre completo. Ahora sé que tengo sentimientos que son imposibles de controlar.
     Te lo debo a ti, Ester, por cruzarte en mi vida.
     Te amo.


Cherman

Por Camila Carbel.
                                                                                              

17/03/12
Cherman:

     Hace más de 3 semanas que no te veo. No sabes todo lo que te extraño, no creo poder aguantar un día más.
     Pero lo haré, lo haré esperando tu respuesta.
       Cherman se que no nos conocemos hace demasiado tiempo, pero siento y creo que eres el hombre perfecto para mi. No imagino un futuro sin estar a tu lado. Creo que es el destino. No te rías, por favor. Piénsalo un minuto, mi vida.
     Nunca agrego personas a mi cuenta de Facebook sin conocerlas, pero como mi amigo me hablo tanto de ti, y tú enviaste la solicitud ese mismo día. Me dije, ¿porque no? si Facu lo conoce debe ser un buen chico. Y luego, bueno, te volviste como mi obsesión. No podía dejar de estar frente a la maquina.
     Ya te conté la historia mil veces, y sabes los detalles, no debería gastar papel en decírtelo de nuevo.
     En fin, solo te quería comentar mi plan, el plan perfecto Velv. Y no pongas esa cara, por que seguiré llamándote Velv siempre. Aunque no te guste, pero ambos sabemos que en el fondo te encanta que te llame así.         
     ¿Recuerdas el día en que nos conocimos? pensé que el corazón podría escaparse de mi pecho, latía tan rápido, Velv, Solo tú consigues eso.
       Siempre fuiste especial para mí. Contigo fue todo diferente. Durante los siete meses que intercambiamos mensajes por Internet, no pude dejar de pensar en ti. Todo eras tu, me despertaba y lo primero que hacia era encender mi laptop para ver si estabas en línea, y no la apagaba hasta entrada la noche cuando el sueño nos vencía a los dos. Se me de memoria cada conversación, como me aconsejabas cuando yo estaba mal, las bromas y las peleas que teníamos, como dos niños de quince años, descubriendo el amor. Me acuerdo como sufría cada vez que no estabas en línea, como te extrañaba y mi mente barajaba miles de posibilidades de que estabas haciendo en esos momentos, fuera de nuestra vida virtual.
     Hasta que nos reunimos y pasamos juntos las dos mejores semanas de mi vida. Matándonos a besos y caricias, nuestras caminatas tomados de la mano, la lucha de siempre por el control remoto en mi habitación, ver películas hasta el amanecer, y luego la gran noche, en tu casa. Aún le agradezco a Dios que tu madre estuviera de viaje, para poder dormir a tu lado, pero sobre todo y lo mejor fue despertar aun abrazados. Abrir mis ojos y verte descansar tan tranquilo, tan hermoso.
     Como imaginaras, no te puedo sacar de mi mente, y tampoco lo quiero. Para ser sincera ya me hace daño desearte tanto y no tenerte conmigo. Miro nuestras fotos juntos, leo los mensajes del celular, las conversación vía Internet, reviso tu muro una y mil veces cada día, desde aquella tarde que dejaste de contestarme los mensajes.  
     Ahora bien, mi vida te digo la propuesta. El miércoles te espero luego de que baje el sol en el parque de los naranjos. Llévate un bolso con ropa y todo el dinero que puedas reunir. Mi idea es irnos a las afueras por un tiempo, hasta que tu madre se calme y nosotros reforzaremos nuestro amor. Y cuando te sientas listo podremos volver si tú lo deseas. Ya tengo el lugar donde nos quedaremos y un posible empleo para ti.
     Te puedo prometer que todo saldrá bien, pero debes confiar en mí.
Espero que no me falles, de verdad. Tú una vez me dijiste que hay que jugársela por lo que uno piensa, y siente. Esta es nuestra oportunidad. La gran oportunidad de ser felices. Yo estoy dispuesta a dejarlo todo por estar a tu lado. Espero que tu también. Y si no lo estas, lo entenderé, pero debemos vernos, aunque no te quieras ir conmigo.
     Vé al parque y hablemos. Pero por favor, no me dejes esta historia, nuestra historia por la mitad, o al menos sin la palabra fin. Yo necesito seguir con mi vida. Y quiero hacerla tu lado. Lo sabes.
Yo te amo, sin ninguna duda. Y se que tu también. Aunque nunca me lo dijiste, lo vi en tus ojos el tiempo que pasamos juntos. No dejes tus sentimientos de lado, solo por que tu madre cree que no soy la chica indicada para ti. Solo tú puedes decidir eso.
     Aún queda tiempo para que lo pienses, no te presiono, tienes tres largos días. Por favor toma una decisión. Te estaré esperando en el parque cuando el sol baje. No me falles, si no vas a marcharte conmigo, al menos ve, mírame a los ojos y dime que no me amas y que no quieres estar a mi lado. Pero por favor, te pido no dejes esta historia inconclusa, mi corazón jamás lo soportaría.
    
   

     

Un lugar en el mundo



Por Juan Esteban Bassagaisteguy.

 
Un lugar en el mundo, 18 de marzo de 2012

Evelia:

El cemento intransigente me devuelve hastío, mal humor y cansancio ante cada intento por derrotar el día a día. Gusanos motorizados contaminan el aire aturdiendo la paz y la tranquilidad.
Todo se vuelve gris, monotonía absurda de una ciudad sin almas que pugna por romper nuestra coraza de metal protectora ante el incierto porvenir.
Sepultados en negras criptas laborales consumimos nuestro tiempo sin ton ni son, solo alcanzando metas temporarias que no nos servirán para nada cuando llegue el Día del Juicio Final.
En la frontera del infierno de hierro y acero estás tú, imagen inalcanzable en la lejanía, única posibilidad de salvarme (de salvarnos) del naufragio seguro.
Llegar a ti no es sencillo: caminos repletos de espinas invisibles rasgan con crudeza la piel curtida del espartano mejor preparado para la guerra.
La indiferencia en tus ojos se asemeja a puñaladas de frío filo atravesando el firmamento. Te diluyes en mis sueños y solo me queda el silencio sonoro de esta urbe aplastante.
Quizás no sea el momento.
Quizás las agujas del reloj aún no marquen la hora exacta.
Quizás el invierno haya llegado para quedarse toda la eternidad instalado con comodidad, custodiando severo cualquier atisbo primaveral que llene de aromas exquisitos el espacio que nos separa.
No lo sé.
Rendirse siempre es una posibilidad, pero el ostracismo de la soledad me lo impide. Retroceder parece ser una alternativa, pero mucho más rigurosa que la ausencia de la música de tu risa.
Por eso le doy una última chance al rey carmesí que guía mi existencia y me sumerjo a nadar en el bravío océano de gente aviesa por no vivir, por no disfrutar, por no sentir cada segundo como si fuera el último.
Intentando lo imposible: encontrarte allí.
Corro hacia el infinito con ojos cerrados, braceando hasta agotar mis fuerzas ante la marea humana que azota con saladas gotas en cada oleada en mi contra.
Y vuelvo a distinguir tu figura inalterable en la distancia, brillando en la oscuridad.
Moscas negras de batientes alas intentan opacar tu luz, zumbando odiosas en el firmamento. Se les unen en ataque infernal abejas poseídas cayendo en picada sobre mis ojos, y alacranes crujientes trepando voraces por mis extremidades inferiores. Seres egoístas y grotescos que solo anhelan tus sentimientos más puros para alimentar su sed vampírica y vivir la inmortalidad más putrefacta.
Enfrentarlos no es solamente la única opción, sino que es también la diferencia entre lo que fui y lo que soy.
La timidez vuelve a cubrir el sol con su manto azabache y la batalla se desata feroz, cruenta hasta lo indecible entre relámpagos de fuego. Es el brillo intermitente de estos lo que me permite seguir distinguiéndote al otro lado de la ciudad beligerante.
Saco fuerzas de donde no tengo y los insectos caen unos aplastados con puños (el corazón) de acero, otros destruidos su existencia vil con soplidos huracanados (el deseo) que salen de mi boca y los empujan contra el pavimento caliente.
Cruzo la avenida que nos separa acortando nuestra distancia. Sigues allí, imperturbable aún, pero mirándome fijo a los ojos como no pudiendo creer lo que acaba de ocurrir.
Llego hasta ti cansado, nublada mi visión pero con nuevos bríos y más coraje. No hacen falta palabras para que comprendas lo que pasa en mi interior, y cuando tomas mis manos y sonríes sé que el esfuerzo sobrehumano reciente ha tenido su premio.
Una oportunidad.
Para los dos.

(alias) Bill Denbrough

martes, 20 de marzo de 2012

A ti, amor

Por Angie Leal Rodríguez.


A ti, amor:

Hoy, después de tantos meses callando esto que siento, tratando de reprimir el remolino de sentimientos que aceleran a mi corazón, por fin he tomado la valentía que necesitaba para confesarte lo especial que eres para mí.  Nunca pensé que el amor fuera algo como esto, cierro los ojos, te pienso e inevitablemente sonrío… ya sé, parezco una tonta ¿pero qué se le va a hacer? El amor es así… Un suspiro se me escapa.
Corazón (porque te puedo llamar así, dame ese gusto, aunque sea por esta vez), aquí en la tranquilidad de mi recámara mientras escucho el canto de las aves y el baile del viento a través de la ventana vengo a confesarte que te amo… (¡Qué bueno que de amor nadie se muere, que si no! Me tiemblan los dedos torpes sobre el teclado, mi corazón apresura el ritmo, estoy nerviosa y emocionada); la sutileza no es lo mío. Sí, te amo como jamás imaginé amar a nadie, te amo de una forma tan única y especial que has venido a darle sentido a mi vida, no deseo otra cosa que no sea  estar a tu lado, amarte hasta el final de nuestros días, perderme en tu mirada transparente y disfrutar tu sonrisa dulce hasta el momento de robarte un beso. Imagino lo que será estar entre tus brazos, sentir tu corazón latir al ritmo del mío, estremecerme contigo, sonreír juntitos mientras no dejamos de abrazarnos y darnos besitos inocentes y tiernos.
No sé si alguna vez haya pasado por tu mente la loca idea de imaginarme como algo más que una buena amiga, por mi parte, desde la primera vez que crucé palabra contigo me di cuenta de que eras especial, con el tiempo y poco a poco te fui conociendo hasta que te volviste alguien indispensable en mi vida; un día en el que no hablamos es un día vacío, oscuro, me haces falta para vivir, necesito escuchar tu voz, necesito que me digas que sientes lo mismo que yo, que todo este amor que inunda mi corazón es correspondido y que me amas tanto como yo a ti.
Mi cielo, el solo hecho de evocar tu imagen transforma un día gris en un día lleno de color, tienes el poder de cambiar mi estado de ánimo con una palabra tuya, te escucho y el mundo se paraliza, nadie más existe, solo tú y yo. Igual me pasa cuando pasamos horas hablando por internet, la distancia no es obstáculo para nuestro amor, de lejos nació y así ha ido creciendo día con día. Amarte es lo más bonito que me ha pasado en la vida y lo que más deseo es que tú sientas lo mismo que yo, que nuestros corazones sean uno solo a pesar de todo, y que esto que siento por ti sea tan grande que alcance para los dos.
Es posible que esto que hoy te confieso no sea algo nuevo para ti, seguramente ya lo intuías, no soy muy buena para esconder lo que siento, de repente se me pudo haber salido alguna frase que te hiciera sospechar algo quizás, y no me siento mal ni nada parecido, al contrario, fui cobarde por no habértelo dicho antes, el amor no se debe callar bajo ninguna circunstancia, jamás. Ni tampoco es algo que avergüence, al contrario, el amor engrandece y enorgullece, ¡afortunados somos quienes podemos sentirlo!
No está demás decirte que si tú sintieras lo mismo por mí, mi amado Juan Esteban, me harías la mujer más feliz del mundo. A ver, por un momento sé sincero contigo, escucha a tu interior, cierra los ojos, imagíname ahí a tu lado, frente a ti, mirándonos a los ojos, ¿no se te acelera el corazón?, ¿no te tiembla la voz?, ¿no te dan ganas de abrazarme y decirme que me amas? ¡Mmm…! ¡Lo que sería sentir nuestros labios unidos en un beso de amor!
Me siento liberada al haberte confesado lo que provocas en mí, ahora solo espero que no vayas a cambiar el concepto que tienes de mi persona ni que vayas a pensar que soy una sobrona ni nada parecido, solo digo lo que siento, y siempre voy a defender ese derecho, además, ¿quién dijo que estar enamorada era malo? Nadie… así que, te lo recuerdo una vez más, mi Juan: Te amo con todo mi ser y si hubiera otra frase más significativa te la diría una y mil veces. ¡Te amo! ¡Te amo, mi churrito a medio cocer! ¡Te amo, mi flaquito descolorido! ¡Te amo! ¡Te amo! ¡Te amo!
Te confieso que en el fondo albergo la esperanza de que sientas lo mismo por mí, algo me dice que así será, y eso me pone muy feliz, ya que si es lo contrario, pues no me pondré a llorar, romperás mi corazón y mis ilusiones, te pido por favor que no me ofrezcas tu amistad porque no podría ser tu amiga amándote como te amo.
Te lo digo una vez más porque me encanta decírtelo: ¡Te amo! ¡Te amo! ¡Te amo!
Con todo el amor….

Untitle

Por Leonardo Chirinos.

     
     Mi don está en las palabras, y estas son para ti. Puedes decirle a cualquier persona que lees tu carta de amor y espero poder reflejar aquí, lo maravilloso que es el mundo con personas como tu.
     Es curioso sentir que te amo cuando aun  no somos amigos, pero al detallar esa mirada cálida, perdida en una infinita inocencia, que me transmite esa increíble confianza y detiene el mundo en un momento, haciéndome valorar cada detalle en ese espacio que me rodea, es allí cuando con  tu brillo natural ahuyentas toda oscuridad y no deseo más que revelarte todos mis secretos.
     Es esa mirada que a la vez es dulce y alegre, mas cuando se une a esa bella sonrisa me hace inevitablemente sonreír también, pero no de la manera habitual pues la sonrisa sale del alma. Por eso me pregunto si  realmente te amo ya que al igual que tu belleza me llena de paz y tranquilidad  también la acompaña una sensación escalofriante que solo podría sentir en una pesadilla, no solo me haces preguntar ¿Quién eres? más bien ¿Qué eres? Porque causas  tantas sensaciones en mi que es imposible creer que eres igual al resto del mundo.
     Con tu compañía, cualquier cosa que influya temor no tiene lugar, es la fuerza que logras influir en mi y ese apoyo incondicional que me demuestra tu mirada, como si te conociera de toda la vida a pesar que no hemos cruzado palabras, sin embargo estoy tan agradecido con Dios por haber cruzado nuestros caminos, si con su voluntad  me permite conocerte, me sentiré sinceramente amado por él, por obsequiarme el regalo de tu bella amistad y confiar en que cuidaré de ti como un frágil tesoro de cristal.
     Entonces. ¿Qué eres? Podría apostar a que eres un Ángel, ya que me siento bendecido por saber de ti, no estoy enamorado ni obsesionado, solo estoy agradecido y espero que permitas obsequiarme la dicha de estar a tu lado y compartir contigo cualquier momento,  sea cual sea tu decisión mis puertas estarán abiertas para ti.
    Por eso te pido Señor, cuida y cerciórate de Palomba Lainez pero mantenla feliz y bendícela mucho ya que al bendecir su vida de alguna manera, también bendices la mía.