miércoles, 31 de octubre de 2012

La ventana. Raúl O. García




"No encuentro el camino a casa."

    Estamos a 31 de octubre. Ya, ya sé que lo sabéis y que, poco a poco, la tradición de Halloween nos ha ido llegando a todos. Una tradición que cada cual adapta a su modo. Hay opciones para todos, cine de terror, fiestas de disfraces plagadas de zombies, libros que nos parecen espeluznantes... pero yo soy una clásica. No se si lo habíais notado ya... pero me gustan las cosas al modo antiguo, con la parafernalia que conllevan, el ambiente, los ruidos de puertas chirriantes y las bombillas que titilan en noches de tormenta. Por eso esta vez mi opción para Halloween es ofreceros unas vistas muy especiales, las que ofrece La ventana.

     
Hoy os propongo una colección de relatos al alcance de todos, online. Relatos de esos que se cuentan a media voz mientras aguzas el oído por si hay un ruido que nuestra imaginación transforme en susurro. De esos que no gastan tiempo buscando ambiente porque no lo necesitan. Os ofrezco el Halloween más clásico basado en historias a la luz de una linterna. Sentaos, hacedlo con cuidado mirando quien es vuestro compañero, porque ese cuya rodilla toca casi la vuestra, puede ser Raúl, el encargado de hacernos pasar miedo esta noche.

     La ventana es una colección de relatos pasmosa, por su forma, su estructura y su concepción del terror. No son muchos, apenas una decena. Pero en ellos el autor nos lleva por los diferentes estados del terror. Hay hombres con cuchillas en las manos... sí, justo ese en quien piensas. Hay padres, madres, hadas y monstruos bajo la cama. Hay teatro, porque parte del encanto de un relato es la escenificación, la voz, el ambiente. Y en este teatro improvisado, el terror se oculta en cualquier parte, y nos lo muestran acoplando sonidos utilizando el medio digital para combinar la lectura con el ambiente adecuado. Porque no olvidemos que el ambiente siempre hizo mucho en las historias de terror, nadie ve una película de miedo con todas las luces encendidas, si acaso... deja una encendida para dormir.

     Me han recordado en cierta medida a esas historias que transcurrían pasadas la media noche de la mano de King. Pero no por la temática, ni porque sus personajes se le parezcan, no. Lo hizo por lo certero a la hora de delimitar el espacio cotidiano en que irrumpe ese miedo. Esa cotidianidad que no necesita inventarse un mundo para hacernos sudar, simplemente tiene que mirar la sombra que hay bajo la cama. Y luego dar un paso más y no quedarse en asustar al niño. Justo eso es lo que harán los relatos de Raúl con su lenguaje directo, unas descripciones que bien pudieran clasificarse de realistas si estuviéramos hablando de otro tema. Una prosa que ha sido cuidadosamente despojada de cualquier elemento superfluo, sin florituras. Los adornos no tienen cabida esta noche, no son necesarios. El autor parece decirnos a cada momento; "Aquí hemos venido a leer terror, así que si luego sudas cuando oigas un ruido a tus espaldas, no te quejes. Mis personajes también sudan, incluso se mean de miedo delante de ti sin pudor alguno".  Todo eso y alguna vuelta de tuerca es lo que hoy os ofrezco, si os atrevéis claro. Porque, por si no ha quedado claro, esta noche es la noche del terror.

     Y vosotros, ¿hay alguna historia que recordéis que os haya causado esa incómoda sensación de intranquilidad cuando todo se queda en silencio? Yo recuerdo una de una chica que aparecía siempre en una curva oscura en una carretera...

     Gracias.

sábado, 20 de octubre de 2012

El ángel malvado


Por Palomba Lainez.



El crepúsculo con su cielo acelajado, el lúgubre manto de la noche presagiaba.Domitila era una mujer añosa, robusta, su vestimenta extravagante y su cabellera, hirsuta, una maraña enguedejada.
En Buenaventura las casas se acerrojaban inútilmente a la noche que había caído ya y a la historia que aquella mujer pregonaba, cuando como por arte de magia el cruel y macabro obrar del destino adarvaba a los ciudadanos.
Aquel fabuloso relato bloqueaba sus pensamientos e implacable se aseguraba de no dejar una sola mente sin amedentrar.
Cierto día llegó a aquella ciudad una hermosa mujer.Tenía una bella figura, ojos muy azules y cabellera larga y dorada.Llevaba a un pequeño de la mano tan bello como ella, los mismos ojos, el mismo cabello.Su dulce hijo era muy lindo en verdad y despertó la envidia de las otras madres que inconscientemente trasmitían este vil sentimiento a sus hijos.
Una tarde el pequeño paseaba a orillas del río, disfrutando del sol y de la belleza del lugar.
En la verde pradera, pinos y árboles se regocijaban felices anidando a los pájaros que entre sus ramas alegres cantaban.
Ya empezaba a anochecer cuando de entre las sombras aparecieron pequeños duendecillos.
Acercándose cada vez más al niño atemorizado lo empujaron a las profundidades del río.Así el pobre indefenso murió ahogado y los duendecillos no eran más que un grupo de perversos niños del pueblo motivados por la maldad y la envidia.Expertos nadadores eran; al salir del agua escondieron sus trajes donde nadie jamás pudiera hallarlos.
Al otro día, ante la noticia de la desaparición del niño, en el pueblo resurgió la leyenda de unos duendecillos.Se decía que éstos capturaban a los niños y los transformaban a su imagen y semejanza.
Así, la crueldad de aquellos malvados quedó encubierta.Jamás apareció cadáver alguno y la desdichada madre casi estuvo al borde de la locura sin conocer el destino real de su hijo.
Del pequeño no hubieron rastros, en su lugar, en el sitio de su desaparición misteriosamente se instaló una escultura con la figura de un ángel, la imagen perfecta del niño era pero su rostro dejaba traslucir una mezcla de dulzura y venganza a la vez.
Desde ese momento, nadie osaba visitar el lugar.
Los presagios de Domitila dividían a los habitantes.Estaban los que opinaban que era una vieja hechicera y que con su atemorizante relato sólo quería mantenerlos alejados del río para poder llevar a cabo en la oscuridad de la noche allí sus maleficios.No faltaban los que por miedo se negaban a creer en esto o aquello y no querían ni oír hablar de dicha historia ni los que no ocultaban su miedo encerrándose en sus casas ante el último rayo de sol.
Así fue hasta que un día un niño se escapó de la protección de su madre y desafiando tantas supersticiones, se dirigió hacia el río.Y  efectivamente allí estaba el ángel malvado escondiendo tras su dulce apariencia su sentimiento de  maldad y venganza.
Se fue acercando tímida y despaciosamente hasta que el ángel lo vio y con una sonrisa maléfica lo hizo estremecer.
No sabía si seguir acercándose cuando, de repente, el ángel pareciendo adivinar sus sentimientos le habló:
-No temas que daño alguno te haré.
A lo que el pequeño contestó:
-¿Cómo puedo creerte?
-Sólo mira mis ojos, en ellos verás al niño que un día la maldad y la envidia a este destino condenó y hoy tú salvarás.
-Sí creo en ti, tus ojos me dicen lo que dicen tus palabras.Pues, entonces ¿qué debo hacer?
-Sin dejar de mirar mis ojos toma mis manos y a la vida me devolverás.
Así el pequeño de un salto se liberó de aquella prisión de mármol.Sin embargo en ella quedó eternamente inmortalizada la maldad para que nunca fuera olvidada ni volviera a ocurrir algo así en aquel pueblo.
Nunca se supo de la salvación del niño quien junto a su madre escapó de allí para jamás regresar huyendo aún de
aquel sentimiento de venganza que a su inocencia de niño impusieron.
Allí dejó a la estatua angelical bautizándola con el nombre de Ariel porque precisamente su significado era ángel malvado.



Fin

jueves, 11 de octubre de 2012

Pesadilla, Despertar y Viernes

Por Carmen Gutiérrez.

Pesadilla

Al despertar, mis manos aún apretaban su cuello y siguieron hasta que su corazón se detuvo. Esta noche ningún monstruo volverá a molestarme.   

Despertar

Entre sueños su mano se aferra a la mía y su aliento acaricia mi cuello. El tiempo corre y debo irme. Entregaría mi reino por quedarme aquí.

Viernes

Malo es soñar que vuelas y caerte de la cama. El golpe deja impresión de fracaso. Peor es levantarte y sentir la risa sofocada de tu pareja.

Venganza, Soledad y Farola

Por Paris Legaz.

Venganza

Los sesos esparcidos en el suelo le hicieron cagarse. Olor a humo y sangre. Su última visión, un hombre llorando antes de jalar del gatillo.

Soledad

Hoy dejé los lazos del amor enterrados en una botella. El líquido calentaba mi estómago y me embriagaba en el olvido. Se fue para no volver.

Farola

Su risotada me enfadó, ella no sabe el dolor que sentí  física y emocionalmente. La próxima vez tú caminaras a la izquierda. Maldita farola.



Boda

Por Palomba Lainez.

Boda

Novio: ¿locura? ¿amor?
Novia: inmóvil envuelta en su traje blanco.
Había dos anillos, flores y cortejo.
¿La noche de bodas? ¿En el velatorio?

Fantasma, Eclipse y Juicio

Por William E. Fleming.

FANTASMA

Tenía miedo de que aquellas personas siguieran en la casa. Desde su ático, recogió la bola de su tobillo, viendo cómo se alejaban asustados.

ECLIPSE

Separados para unirse durante apenas unos minutos. Un baile de amantes, contemplado por insectos, desde un planeta azul en soledad perpetua.

JUICIO

El juez preguntó al ciego si había visto algo. Este, intento balbucir pero era mudo. Nadie escuchó al mimo asesinar al manco quien conducía.

Ritual, Corazón y Retorcido

Por Pepe Martinez.

Ritual

Tomó la daga entre sus manos y con pulso firme lo corto.

—¡Esté es mi destino y mi maldición! —dijo con una monstruosa sonrisa en el rostro.

Corazón

Los lloros cayeron, en verdad sentía amor. Nadie creía que albergaría tales sentimientos. Pero ya no podía dar marcha atrás, él está muerto.

Retorcido

—Ríe hija mía —dijo el reverendo—. Ya comienza el rito.
—No hay porque reír,  no me es gracioso que a alguien le metan una piña por el culo.



miércoles, 10 de octubre de 2012

Delicatessen, Ilusión e Indigestión

Por Angie Leal Rodríguez.

Delicatessen


Clavó la daga en su pecho y sacó el corazón aún palpitante, sintió la sangre chorreando por su brazo… lo llevó a su boca y empezó a comerlo.


Ilusión

Bajó su rostro probando los cálidos labios de su amada en un dulce, sugerente y eterno beso. Ahora sabían que nadie podría separarlos jamás.


Indigestión

Sus tripas se movían como abejas en enjambre y tuvo que vomitar. No debió comer el corazón crudo, el próximo lo cocinaría con arroz y papas.





Arqueología, Agonía y Bibliofilia

Por Héctor Priámida Troyano.

Arqueología

El guarda dormitaba en el pasillo ante la sala de Egipto. No escuchó a sus espaldas las pisadas del monstruo, amortiguadas por los vendajes.


Agonía

«nEl viejo se aferraba a la vida. Toda resistencia cesó cuando reconoció a su amada entre los habitantes de la luz. Ya nada podría separarlos.




Bibliofilia

¡Plaf! El tomo aterrizó de pleno sobre el mojón. Ante la visión de esas láminas del test de Rorschach, se prometió dejar de leer«normalidad»«normalidad» en el baño.

Plenilunio

Por Diego Adrián Olguín Flores.

PLENILUNIO

Tras la pelea sigo en la calle. Su mordida quema. La luna llena lo ampara y me cambia. Oigo su aullido. Me niego, pero al final yo iré a él.



Vendetta, Salomé y Contrariedad

Por José Alonso Casas.

Vendetta.

Con la furia contenida, de un hachazo castigó a quien le quitó lo más preciado, si simplemente su papá no le hubiera escondido la bicicleta.


Salomé.

No quiero que esta noche te vayas de mi vida así nomás, dije, y se fue, así nomas, con mi enamorado corazón y el dinero que dejé en el buró.


Contrariedad

El puesto, el salario buscado, la oportunidad, los bonos en especie, la mayor fábrica de dulces del mundo; diagnosticado con diabetes ayer.

Monótono

Por George Valencia.

MONÓTONO

El hombre de negro entró al bar, se sentó a la barra y ordenó un vodka. Nadie le atendió. Ser el último habitante de la Tierra era aburrido.

martes, 9 de octubre de 2012

Control

Por Evelia Garibay.

CONTROL

Mientras las agujas perforan mi piel no emitiré ni un ruido. El control es lo que importa, mi control. Y no darle la satisfacción al cabrón.

QEPD

Por Camila Carbel.

QEPD


Deseó ver a su amada solo una vez más.
Sonó su celular, era su voz. Le dijo: Voy por ti.
Minutos más tarde escuchó sus rasguños en la puerta.



Prematuro, Sorprendidos y Madrugador

Por Juan Esteban Bassagaisteguy.


Prematuro


Despertó y se notó desnudo, tapado con una... ¿sábana? Tocó la madera que rozaba su cara y tembló.
Tres toneladas de tierra cubrían el ataúd.


Sorprendidos


La tomó de las manos y Ana se dejó llevar: el beso dulce llegó.
Pero la seño los vio.
Fueron expulsados del Jardín de Infantes inmediatamente.




Madrugador


Amanecía cuando José se despertó, sacudido por su hijo adoptivo.
—Al que madruga, Dios lo ayuda —dijo Jesús, y corrió a abrir la carpintería.



Reflejo

Por Mauricio Vargas.

Reflejo


¡Bang!
El tipo cayó muerto en el baño. Había hecho que se suicidara y, por fin, se sentía real. Pero aún seguía atrapado detrás del cristal.

Puñal, Tacto y Letras

Por Cristian Barbaro.

PUÑAL

Espera el final del sueño. Un dolor más, una caricia menos. El brillo del filo atraviesa su corazón, enfría su alma. La Muerte tiene tiempo.



TACTO

Su mano se posa en mi brazo y me arde; me retiene. Sus ojos me iluminan y dicen: "quédate". No huyo, aún la amo. Quiero morir en sus labios.



LETRAS

No puedo acabar. Estoy vacío. No hallo el hueco del final; es oscuro. No lo siento; sin palabras. Este libro sobre el sexo no sabe del amor.

lunes, 8 de octubre de 2012

Truenos, Perros y Chiste

Por Antonio Tomé Salas.

Truenos

Estaba en la cama, el tercer trueno iluminó toda la habitación, con el corazón en la mano, la garganta cerrada. El rostro pálido me miraba.



Perros

Acababa de despertarme y le pregunté: "¿Me quieres?". No contestó, tampoco lo esperaba. Se acercó a mi cara y suavemente empezó a lamerme...




Chiste

Se abre el telón, y se ve a una niña que se cae saltando a la comba y se mata, se cierra el telón, ¿cómo se llama la película?
Mortal Kombat.

Templo

Por Axel S. Salas.

Él y su hijo apenas  parpadearon. La multitud de la iglesia se volvió a ellos.
El hombre que colgaba desnudo sobre el altar era vecino suyo.




Escaleras, Deseos y Comprando

Por Gean Rossi.

          Escaleras

Uno a uno empezaron a sonar los peldaños de la escalera, pasos lentos. Es sólo mi padre, pensé, pero en la casa no había nadie más que yo...


Deseos


—Si se te cumpliera un deseo ¿qué pedirías?
—Un iPhone.
—Creí que dirías algo como "Tenerte toda la vida".
—No hace falta, ya se me cumplió.


Comprando

—Hola me da un Nintendo DS.
— ¿De cuál? ¿De éste?
—No, no, un Nintendo DS.
— ¿Cuál de ése? ¿Éste?
— ¡No!
— ¡¿BUENO CUAL?!
—DS
— ¡¿CUÁL DE ESE?!

Zapping, Esperanzas y Café

Por Nati Lou.

Zapping
Puso las noticias y vio las imágenes de un choque. Reconoció la patente de su madre. Sonó el teléfono. No contesto. Tampoco pudo dormir más.


Esperanzas
¡Me quiere! Salió a buscarlo, lo encontró súper feliz, con ella. Eso le enseño a nunca jamás confiar en una docena de margaritas silvestres.

Café
Soñó que volaba, surcando el cielo en un aparato con alas. Lo despertaron los gritos de la tripulación. Soñar que se vuela es más divertido.

Zombaby, Aria y Astado


Por Raúl Omar García.



Zombaby

El feto, declarado muerto hacía unos minutos, se revolvió en la placenta y devoró a su madre por dentro hasta surgir por el vientre rasgado.





Aria

Le dedicó una serenata a su amada a las tres de la madrugada.
«Te amo», leyó ella en los labios de él cuando se lo llevaban en el patrullero.





Astado

La odio. Un toro no tendría cuernos si la vaca fuera honrada.
Un niño me confundió con ella e intentó ordeñarme. ¡Qué ultraje más denigrante!


sábado, 6 de octubre de 2012

Una carta obscena


Por Álvaro Salandy.



Querida tía Sandra, me parece excelente que le exijas el dinero que te debe mi madre. Fue un error de su parte haberlo pedido y no pagarlo lo más pronto posible. Lo que no parece justo es el maltrato constante al cual nos estas sometiendo. ¿Quieres saber qué me maltrata? Tu hipocresía, tu falso amor, tu descomunal descaro al presentarte como una amadora de tu patria lejana, tú familia querida y tus hermanas virtuosas. Cuando te escucho en conversaciones telefónicas con alguno de mis primos se me retuercen las tripas, porque al contrario de ellos, sí sé lo que en realidad piensas: tu patria hedionda, tu familia de mojigatos y tus hermanas poca cosa.  
Lamento no tener otra opción sino el lenguaje soez y vulgar hacia ti. Llamarte puta rastrera sería un insulto a las putas y a los animales rastreros. Pero no escribo para insultarte, escribo para rogarte que te quites la careta, que descubras ante todos lo que en realidad eres. No puedes imaginarte la cantidad de veces que he barajado la idea de que estas siendo dominada por él –tío Leocadio– y sus deseos más viles.
Durante mi estadía con ustedes logré detallar sus colores más variados, es ciertamente un camaleón y un experto en la manipulación. Enmascarada en un aura pseudo espiritual él esconde su vileza con una gracia forzada. Tía, no quiero darle más preámbulo a esto: ¿recuerdas las muchas veces que intentó hacerme tener sexo contigo? Por el puro placer de presenciar incesto además de ver a otro hombre cogerse a su mujer. Yo lo recuerdo vívidamente, con arcadas en el estomago y para que negarlo con cierta dureza en el pene.
También es una de sus técnicas favoritas, racionalizar:
-          El puritanismo católico te tiene atascado Oliver.
Me decía una y otra vez ante sus intentos fallidos. Con argumentos antropológicos racionalizaba el erotismo bajo cualquier concepto y forma. Me pregunto qué cosas te habrá hecho hacer una vez racionalizadas y detalladas como una experiencia de crecimiento personal y espiritual. Durante un fin de semana mientras trabajabas me preguntó varia veces:
-          ¿Acaso fuiste manoseado por algún cura Oli? Tú pasabas mucho tiempo en la iglesia cuando eras pequeño, ¡coño! hasta fuiste monaguillo.
-          No tío, al cura de mi parroquia no le gustaban los gorditos.
Logré rehuir de esas y de otras racionalizaciones pro sexualidad abierta como:
-          Los monjes tibetanos se cogen todo el tiempo. ¿sabes coger por el culo no puede ser tan malo? Si tanta gente lo hace.   
No puedo anticipar tu reacción ante semejantes líneas. Pero no es un secreto a pies juntilla lo de su perversión; mi tía Miriam dijo una vez que él quiso estar con ella una de las veces cuando vino a visitar a la familia. Pero, como suele ocurrir en esta familia de locos donde caímos de eso no se habla. ¡Oliver! no te sigas metiendo con la familia, escucho a mi abuela riñéndome desde el fondo del salón. Permítanme una más, porque precisamente esta involucra a la abuela.
Hace una cinco años te visitamos, la abuela y unos parientes más a tu casa en la playa, a pesar de que llegamos un viernes por la noche, nos marchamos el sábado por la tarde luego de las implacables insistencias de la abuela por marcharse. Tú entendías lo que había ocurrido, pero ninguno de nosotros lo entendió sino hasta después: al llegar a tu casa de playa nos presentaste a Carolina una muchacha de la comunidad que se quedaba en casa para ayudar con los quehaceres, si tendría catorce años es mucho. Ocurrió que tarde en la noche después de las muchas reprimendas para salir del agua, todos dormían, excepto la abuela.
Ahora bien, lo que ella confesó haber visto ha pasado por varios oídos y numerosos murmullos pero se resume en: la niña gemía bajo el peso de Leocadio, éste la embestía con alaridos de gusto mientras Sandra apretaba los limoncitos de la carajita. Como para salir corriendo y eso exactamente hizo la abuela. Si hoy de casualidad le preguntas algo sobre el tema, rehusará saber de que hablas y se valdrá de su proximidad al estado senil para hacerse la no enterada.
¿En qué se ha convertido esto? En una carta obscena. Le recordaré a mi madre que te haga el pago del dinero que tanto dices necesitar. Si de verdad es una necesidad imperiosa, lo siento. Imagino que es algo relacionado con tú salud o la de él. Creo que todavía puedes hacer algo por escapar de esa situación.
Ahora además estarás ansiosa de saber cómo me he enterado del dinero, de la cobranza. Bueno efectivamente  habrás oído que estoy en la cárcel de Ciudad Capital, cumplo condena básicamente por depravado y violador. ¿Recuerdas a Mariana Ortiz? La maté, mi vecina de infancia, con quien jugué el patio varias veces a las escondidas.
A los pocos meses de mi retorno a Ciudad Capital, me mantuve callado, austero y lejano. Mi actitud resultaba intrigante para todo el que me conocía y ahora no me reconocía, después de los primeros días mis amigos y los allegados a la familia dejaron de visitar, de invitarme. Volver no es así de fácil; algo que ocurre y ya esta, una parte de mí estaba de camino a Ciudad Capital, tal vez en medio del océano ahogándose en sal y viento. Me sentía fuera de lugar, como un saco de huesos presa de una gravedad ilimitada, mi rostro siempre al suelo y mi aspecto fue empeorando con las semanas, desaliñado y con una barba larga, la mayoría del tiempo me dejaba la ropa sucia durante días. Mariana tiene una hija de tres años, un poco más que el tiempo que estuve fuera. Alicia se llama. Durante una mañana de domingo Alicia y Mariana pasaron rumbo a la Iglesia evangélica Shalom y me llamó mucho la atención un vestido azul pardo que llevaba la niña, las miré pasar frente a casa y no me percaté de la mirada de Mariana, protectora, preocupada.
Esa noche tocaron la puerta de la casa de forma agresiva, mi madre estaba fuera de la ciudad, trabajando así que me hallaba sólo, era Mariana, me habló en un tono fuerte y seco lleno de rabia y asco:
-          Oli no quiero que nunca más mires a mi hija.
-          No la miraba a ella, sino al vestido. –empecé a responder, y sin esperar me gritó-
-          ¡Eres un depravado y un cochino!
Créeme tía, escuchar el tono de asco y desprecio en su voz me regresó a la infancia más cruel que pueda vivir un niño gordo y un poquito afeminado, cuando los muchachos grandes me llamaban afeminado, maricón. Y lo peor de todo fue; DEPRAVADO, DEPRAVADO, en letras rojas y grandes sobre mí.
-          Yo no la,…
-          Si la veías cochino, ni siquiera tiene tu identidad sexual definida.
Maldita sucia, la maldije en mi corazón tía y no sólo eso, le agarre el pelo y me lancé con ella al suelo, en mis recuerdos conservo solamente las imágenes de su cara pegando contra el piso infinitas veces, sus gritos colgando desde la puerta de mi infierno, la oscuridad me tomó despiadadamente y nunca solté su cuerpo hasta que sentí el vacío en mis manos, de pronto no era un cuerpo vivo sino un saco de cochinadas, de sangre y huesos rotos, de sesos esparcidos por el granito. Se arremolinaron sobre mi los vecino traídos por el escandalo y la sangre, el olor de la sangre es dulce tía, es atractivo y nadie lo puede negar, aquí en la cárcel lo huelo siempre.
Dijeron que había violado a la pequeña Alicia y lo negué, con suerte se pudo probar eso, confesé el asesinato y mi condena es de treinta años, tía cuando salga espero visitarte, espero que vivas largo y dulce, hablaremos de ti y de tus gustos sexuales. No olvidaré jamás tus proposiciones, tu dulce mano pajeándome mientras me hacia el dormido, te comiste mi leche esa vez. Mira, supongo que si soy un pervertido, un depravado.  El dinero era para pagarme un abogado capaz de sacar esta carta y llevarla hasta donde estas, el abogado era un paripé, una falacia. Comprendes de eso más de lo que creo. Nos veremos.


Fin