martes, 27 de noviembre de 2012

Cambio de guardia


Basado en Arqueología de Héctor Priámida Troyano.


El guarda dormitaba en el pasillo ante la sala de Egipto. No escuchó a sus espaldas las pisadas del monstruo, amortiguadas por los vendajes.


Por Raúl Omar García.


El retén que habían enviado de la planta como reemplazo del personal nocturno de seguridad no estaba acostumbrado a trabajar de noche. Al terminar su ronda con un recorrido por la sala de Egipto, que se encontraba en el pasillo lindante a la base de vigilancia, le invadió una modorra impresionante.
A las tres de la mañana pasó por teléfono el QRU correspondiente y se acomodó en su silla. En la mano sostenía un rollo de lo que parecía ser un papel, el cual había encontrado en el piso junto al sarcófago que habían traído el día anterior en una embarcación procedente del Mediterráneo.
El hombre desplegó la lámina y trató de interpretar el galimatías que allí había escrito: palabras como IbKaBaAjRenSheut y jeroglíficos extraños donde destacaba el de un halcón con cabeza y brazos humanos. No entendió un carajo.
El guarda empezó a adormecerse y al rato sus párpados acabaron por cerrarse. El papiro se le resbaló de las manos y fue a parar al linóleo verde.
Pasados unos segundos, y con el hombre completamente ajeno a lo que acaecía a su alrededor, una sombra se cernió sobre la figura del durmiente y alguien lo tomó por la espalda. En el sobresalto, abrió los ojos como platos y se vio sofocado por un montón de trapos sucios que hicieron presión en su boca. Aterrorizado, se impulsó con los pies hacia arriba para intentar asestar un cabezazo a quien lo atacaba. El impacto provocó una súbita polvareda nauseabunda que le causó escozor en la vista. El vigilante echó su osamenta hacia atrás y tuvo la sensación de estar recostándose en un almohadón macizo. Forcejeó hasta zafarse y, al girar en redondo y quedar de cara al agresor, el tipo se quedó de piedra: ante él había una momia.
Lo poco que se apreciaba del monstruo bajo el atavío de tiras astrosas era parte de su piel curtida como el cuero, carne seca de cadáver deshidratado. Resuelto a eviscerar a su presa por cada uno de los orificios del cuerpo, el ser avanzó con movimientos anquilosados y atenazó con sus petrificadas zarpas marchitas al estupefacto mortal.
En el cambio de guardia, nadie reparó en el vigilador que se retiraba con una peculiar sonrisa en su rostro; pero sí en los órganos, la sangre, la mierda y los sesos en torno al cuerpo vendado del ataúd egipcio.




sábado, 17 de noviembre de 2012

Algo nuevo, algo viejo...



Por Nati Lou.



¡Algo azul y algo prestado! Grito Vicki, ya al borde del colapso.
Yo la mire. Ahí estaba Vicki, preciosa en su vestido violeta, con esa larga melena enrulada aun despeinada, pero en proceso de resultar el más hermoso tocado de novia, lo que hubiera estado bien, en efecto, si no fuera porque ella era dama de honor.
Una de las tres damas de honor. Pau, vestida de plateado, me miro. Por una parte, no sé que hubiera dado por compartir el entusiasmo de Vicki (el cinismo de Pau le pertenecía solo a ella) pero, sinceramente no podía. Mire poco convencida mi vestido naranja (Niní, vos vas de naranja había dicho Vicki, la autoproclamada Wedding planner (si, ahora les dicen así) de la fiesta) no importaba que odiara el color naranja, que el negro también fuera un color que comenzaba con la letra de mi nombre (si, un pobre argumento, pero tenia que intentar defenderme) porque una de las 4 se casaba, y Vicki estaba ahí, para hacernos la vida imposible hasta el dia del mágico evento. Más específicamente, el 15 de noviembre. Para más datos, hoy.
¿Donde se metió Ro? -  Pregunto Vicki.
-          Si yo me fuera a casar con alguien como Juan, tampoco vendría. – esta era Pau, el optimismo hecho mujer.
-          La voy a buscar – me ofrecí
-          Decile que se apure ¡que se le va el novio! -
-          ¿Y donde se va a ir ese pelotudo? Gracias que encontró a alguien como Rosa.
Camine por la enorme casa en silencio, lejos de Victoria y Paula. Lejos de todo lo que implicaba ese dia, más cerca de nosotras cuatro, de las “amigas para siempre” desde la secundaria. Sabia exactamente donde estaba Rosa. No por nada ella era mi mejor amiga. No por nada yo era la única hermana de Nicolás.
La encontré abajo del pino, por supuesto. Iba de jean y camisa. Sonreí pensando en el grito de Victoria al verla aun sin el vestido puesto.
-          Nena, esta bien que Vicki haya estado imbancable últimamente, pero me parece que matarla de un paro cardiaco no es necesario.
-          Hola Niní. Decile que ya voy, que estoy pensando, tengo mis derechos como novia a pensar ¿no?
-          Si, y obligaciones: ponerte el vestido, sonreír, saludar y bancarte a Vi. A las damas de honor nos tiene un poco hartas.
-          ¿Pau como esta?
-          Te odia profundamente. Y yo también. ¿puede haber algo más ridículo que un vestido naranja?
-          Si, que tú amiga decida que como te llamas Rosa, tu vestido va a ser rosa.
-          Yo que vos no le hubiera dejado tomar el mando de todo esto.
-          No tuve opción. Y Juan esta contento, esto parece de cuento de hadas.
-          Veni que tenemos que hacer una especie de ceremonia creo.
-          ¿Otra mas?
-          Yo no elegí casarme, es mas todos estos preparativos me curaron de espanto. Me voy a casar solo después de Victoria.
-          Si, casarse primera es jodido.
Me agarro por el brazo y fuimos hasta su habitación. Sorprendentemente, aun no debía tener el vestido puesto. Faltaba la última ceremonia:
-          Algo nuevo amor, el vestido que diseñe. – Victoria lo saco del armario y se lo tendió
-          Algo viejo, tu cadenita. – Paula se esforzó por sonreír.
-          Algo azul, el prendedor. – la abrace.
-          Algo prestado. Las pulseras de las 4.
Y todo iba a salir bien. La novia tenía el vestido, lo azul, lo nuevo, lo prestado, lo viejo. La novia también tenía alguien que la amaba. Y tres amigas que estarían ahí siempre. Y a mí, la mejor amiga, que estaba aun menos convencida que ella.
-          ¿Che no les parece que se esta nublando?
-          Y… creo que en una boda en noviembre debería llover.
-          Si creo que en el video llovió los putos 10 minutos.
-          No, llovió al final, en la fiesta.
-          ¿En que video?
-          En uno de los Guns Vi, y ahora que lo pienso, si yo organizara esto, vos estarías de traje, pelo suelto y sombrero. Tendrías mas onda a Slash entregando el anillo.
-          Pau la piba del video se muere.
-          Y esta boluda se va a casar con Juan.  Con esas alternativas, yo ni lo pienso.
Le dirigí a Pau la mirada más cortante que pude, mientras intentaba atarme la espalda de ese bendito vestido. Vicki vino a ayudarme. Paula había encontrado un álbum de fotos nuestras, y, al menos, estaba callada.
-          Chicas ¿Cómo estoy?
Todas la miramos. Ahí estaba Rosa, lista para dar el si, y ser felicitada por todos, lista para la perfecta e idílica vida de Rosa Martínez de Beltran. Y para dejar atrás el resto.
-          Niní, estoy muy nerviosa.
-          Creo que es normal nena, estas hermosa.
-          Si quieren Vi y yo nos vamos.
-          ¿Harían eso?
-          Privilegios de ser la mejor amiga. Tener a solas con ella el último momento de soltería.
-          ¿Eso de que revista lo sacaste? Porque hasta ahora es lo único que tiene sentido.
Las chicas se fueron y me quede peinándola, aunque no hiciera falta. Solo para no mirarla. Si la miraba, todo se volvería mas complicado. Porque entre nosotras no había secretos. No, y nunca los hubo. Creo que eso es lo único que me queda de ella, saber que, hasta el último momento, procuramos ser sinceras entre nosotras.
-          ¿Tu hermano viene?
-          Si, sabes como es Agustina, no se perdería por nada tu casamiento.
-          ¿Que le vio a ella?
-          Las tetas.
-          ¿Aparte?
Habíamos tenido esa conversación demasiadas veces, tantas que ya había perdido el sentido. Las cosas eran así y listo. Mi hermano estaba felizmente casado, y Ro tendría que hacer lo mismo. Era algo llamado superación.
-          Me quiero morir nena, yo no quiero esto.
-          No, no queres esto, pero es lo que te mereces, es lo mejor para vos.
-          No, Paula tiene razón, Juan es un idiota.
-          Nicolás es un idiota, Juan es una buena persona.
-          Tu hermano también.
-          Si, pero a veces lo disimula bastante.
Ella sonrió. Era, lejos, la más hermosa de las 4, y me gusta recordarla así, sonriendo de verdad. El otro dia lo hable con Victoria. Ella todavía esta en shock, pero me dijo que, en el altar, que a ella le gusta recordarla así. Con Paula no hable. No quiere hablar de eso. Creo que se siente culpable. Por eso quiero hablar con ella. Pero es, lejos, la más testaruda de las 4. De las 3. De nosotras, que ya no se cuantas somos. Que ya no se ni que somos. Vicki nos unía, Paula era la mas practica, yo la mas  estudiosa (cosa útil en mi secundario, de no haber sido por mi, ni en pedo egresábamos las 4 juntas) y Rosa era la mas irreverente. La que nunca aceptaba las cosas como eran. La que al plantearnos lo implanteable, nos hacia mas fuertes.
Ojala lo hubiera recordado a tiempo. Eso de que era incapaz de aceptar la vida que tenía. Dudo que, con la decisión tomada alguien pudiera haber hecho algo. Pero podría haber dicho algo. Algo que recordar. Algo de ella que me quedara. Que me acompañara. Que me hiciera sentir que aun esta conmigo. Pero no importa la oscuridad,  aún puedo encontrar un camino, por que nada dura para siempre, hasta la fría lluvia de noviembre.

sábado, 10 de noviembre de 2012

PARTO

Por Mauricio Vargas.

 Basado en Zombaby de Raúl Omar García.

                      El feto, declarado muerto hacía unos minutos,
                      se revolvió en la placenta y devoró a su
                      madre por dentro hasta surgir por el vientre rasgado.



El demonio surgió de la oscuridad y dejó ver sus ojos flameantes. Luego, otro demonio más pequeño vino corriendo hacia ella, le agarró por los pies y trepó por su entrepierna para introducirse por su vagina. El demonio rió y ella sintió el dolor en su vientre…
…y luego despertó gritando en la oscuridad. De nuevo su vientre le estaba doliendo. Puso su mano temiendo sentir los extraños movimientos como las veces anteriores, pero no sintió nada. Sin embargo, eso no la tranquilizó. Las horribles imágenes que embargaban sus sueños y la zozobra con la que despertaba cada noche estaban a punto de enloquecerla.
Sus sueños habían dejado de ser un lugar seguro desde que la violación en el callejón. Esa noche solitaria en la zona roja, el hombre se acercó a ella y la invitó a un trago, pero antes de llegar al establecimiento el hombre la empujó hacia el callejón y  la penetró violentamente. Ella quiso librarse, pero el sujeto la sometió, eyaculó y la dejó tirada en el callejón, gimiendo y llorando de dolor. Desde ese momento se había recluido en su casa. Decidió abortar cuando supo que estaba embarazada, pero a los tres días descubrió que su vagina estaba sellada. Trató de introducir un dedo adentro, pero no pudo; los labios estaban pegados. Ahora, una semana después del incidente, su vientre había crecido insólitamente. Cuando iba al baño, la orina alcanzaba a filtrarse, pero cuando intentó despegarse los labios fue inútil.
Mañana iría al médico, buscaría a alguien que la hiciera abortar, no sabía. Sin embargo, su preocupación inmediata era que, nuevamente, estaba desfalleciendo ante el sueño.

Cuando despertó en medio de la madrugada, no fue a causa de ningún sueño, pero encontró alrededor de su cama a cinco hombres observándola. En el centro había una criatura enorme de ojos centelleantes que sonreía. Ella trató de gritar, de salir corriendo, de despertar, pero algo le impedía moverse y emitir sonido. Escuchó las plegarias de los hombres a su alrededor y volvió a sentir el olor a azufre. Su vientre se empezó a  estremecer y el dolor la invadió. Vio cómo una pequeña garra rompía la piel del estómago, vio salir el brazo lleno de sangre y luego la cabeza con cuernos. La criatura emitió un agudo chillido. Luego, antes de morir desangrada, vio cómo el padre de ojos llameantes recibía a  la criatura en sus brazos.


Feliz cumpleaños

Por Antonio Tomé Salas.

Basado en Vendetta de José Alonso Casas

                                                       Con la furia contenida, de un hachazo. 

                                                       Castigó a quien le quitó lo más preciado, 
                                                       si simplemente su papá no le hubiera escondido la bicicleta.



Aquel frío día de Noviembre José entró como una exalación en su casa.

Era su cumpleaños. El niño que apenas cumplia trece años corrrió en busca de su padre.
–Papá papá, ¿y mí bicicleta papá?, hoy es mi cumpleaños.
El padre bajó las escaleras de madera y se acerco a su hijo, inclinandose hacia él hasta tocarse las rodillas con las manos, y le dijo:
–Lo siento muchísimo pequeño, pero me temo que este año no va a poder ser, tendrás que esperar al año que viene.

José sintió un hormigueo que recorria todo su cuerpo, pero reprimió las lágrimas que pugnaban por salir a flote.  
Su padre se fue a la cocina, y sentándose en una silla, le contó a su mujer lo sucedido:
–Cariño, no puedes ni imaginar la cara que ha puesto José cuando le he dicho que este año no le podemos regalar la bicicleta que le prometimos.

–Pablo no seas cruel y sube la bicicleta del sótano. Solo cumple trece años, y estaba muy ilusionado con su bicicleta. Anoche no podía ni dormir, tuve que hacerle una tila y todo.
–No te pongas así mujer. Voy arriba a dormir un rato, después cuando vengan todos sus amigos a la fiesta me despiertas ¿vale?, y mientras tú sacas la tarta, yo subo la bicicleta del sótano, ¿de acuerdo?
–Bueno, vale, que descanses cielo.
Pablo le dió un beso a su mujer, y después se dirigió hacia las escaleras que conducian al primer piso, donde se encontraba su habitación.
Iba subiendo las escaleras pensando en la cara que iba a poner José cuando viera la bicicleta, pero de pronto tuvo que pararse en seco.
José estaba sentado en el penúltimo escalón.

–¿De verdad que no me vas a regalar la bicicleta?
–¿Piensas que te estoy mintiendo?

Pablo rodeó a su hijo para subir el último tramo de escalera, reprimiendo la risa con el antebrazo tapando su boca.
"¿Y encima te vas a reir de mí?", pensó José con un destello de furia en los ojos.
Habían pasado dos horas cuando la puerta de la habitación se abrío muy lentamente.
Pablo notó una leve brisa que le hizo incorporarse de la cama. En la puerta, una silueta temblorosa se recortaba al trasluz.

–¿José?
La silueta atravesó la habitación en un suspiro. El hacha que portaban las manos temblorosas descendierón con una fuerza atroz.
–Ya no quiero mi bicileta.

Dualidad.

Por Carmen Gutiérrez.

Basado en Ritual de Pepe Martinez

                                                            Tomó la daga entre sus manos y con pulso firme lo cortó.
                                                            —¡Este es mi destino y mi maldición! —dijo
                                                            con una monstruosa sonrisa en el rostro.


El camino había sido largo y frío. Pasó años escondido en la pobreza y miseria, pero ahora estaba listo.

Frente a la casa dudaba en acercarse. Temía presentarse ante Jeshua, pues sólo uno sobreviviría aunque estaban viejos, cansados y fastidiados.  ¡Si Dios pudiera verlos ahora! ¡Renegados! ¡Rebeldes! El terrible dolor de cabeza le provocó arcadas. Una luz se encendió, vio la silueta de su amigo asomándose por la ventana y perdió el conocimiento. 

Cuando despertó, Jeshua le humedecía los labios con vino caliente y la chimenea templaba sus piernas.

—Creí que nunca me encontrarías, Damián.
—Sabes que no puedes huir.
—Tú tampoco, amigo mío.
—No. Pero te he buscado y tú te escondes de mí.

Jeshua se alejó  y avivó el fuego en el hogar.

—Tienes que hacerlo, es necesario. Naciste para ello—dijo su invitado a sus espaldas.
—Damián, no eres el indicado para darme sermones. También quieres evitarlo. 
—Debes salvar a la humanidad, Jeshua. Lo sabes.
—No quiero sacrificarme por ellos, no de nuevo. Dejé todo eso atrás y es injusto que vengas a pedírmelo; estoy retirado y viejo, sólo déjame en paz.
—Si no lo haces, —dijo Damián mordiéndose los labios— todo comenzará otra vez.
—No has hecho tu parte, aún no es el momento…
—¿Y vienes con tecnicismos? Sabes lo que pasará, conoces el resultado. ¡Mírame! Soy un monstruo. ¡Toca mi frente y lo entenderás! Antes de encontrarte, una familia me abrió sus puertas, me alimentaron, me cuidaron y los maté… sin pestañear. Esto va a empeorar… te lo suplico… —Damián rompió en sollozos desgarradores— ¡Soy un peligro, un demonio, debes hacer el ritual!

Jeshua asintió y sonrió tristemente. Damián se levantó y salió a la noche helada. La luna reflejada en la nieve le cegó. Se despojó de sus ropas y contuvo otro quejido antes de tumbarse.

La transformación era más visible. Su piel se confundía con la blancura y absorbía la luz. La oscuridad se extendía rápidamente cuando estaba cerca de Jeshua.

“Es hora” pensó Damián.
      —Es hora —murmuró Jeshua.

Silenciosamente rezó pidiendo perdón. Expuso el cuello de Damián, quien comenzaba a retorcerse y temblar, tomó la daga entre sus manos y con pulso firme lo cortó.
—¡Este es mi destino y mi maldición! —dijo con una sonrisa perturbadora en el rostro.   

Mientras Damián agonizaba en la nieve, Jeshua lanzó la daga contra el cielo.
—¡Reniego de ser tu hijo! —gritó a Dios, desesperado. 




Liberación

Por Evelia Garibay.

Basado en Pesadilla de Carmen Gutiérrez.


                                                            Al despertar, mis manos aún apretaban su cuello 
                                                            y siguieron hasta que su corazón se detuvo. 
                                                            Esta noche ningún monstruo volverá a molestarme.


Para Laura la noche en el club había empezado como cualquier otra, los tragos, sus amigas, el baile y el ligue, tres hombres sentados en la barra  no les quitaban los ojos de encima, pero al final de la noche a la única que se llevaron fue a ella. Sus amigas le advertieron que se quedara pero la emoción y el querer probar algo nuevo fue lo que la convenció.
Una hora después estaba a bordo de una camioneta con los tres hombres, ella iba en el asiento trasero en los brazos de él, no le importaba su nombre, solo lo que le hacía sentir, las manos masculinas recorrieron su cuerpo sin dejar ni un centímetro sin explorar, cuando las toscas manos se detuvieron sobre sus senos y pellizcaron los pezones Laura se estremeció y suspiró de placer nunca la habían tomado de forma tan brusca, la mezcla de temor y placer eran muy excitantes.
El ambiente cambió en cuanto la puerta de la casa a donde llegaron estuvo cerrada tras ellos, él la empujó por los hombros haciendola caer y uno de los otros hombres la tomó por el cabello y la arrastró hasta una habitación donde le arrancaron la ropa entre los tres, Laura intentó gritar pero le pusieron una mordaza y los movimientos desesperados de su cuerpo lo único que lograron fue agotarla rapidamente, cuando la fuerza la abandono, el agarre de los hombres se hizo menos fuerte pero aún así no consiguió moverse, las manos masculinas recorrieron su cuerpo pellizcando y apretando sin consideración, esto ya no era para el placer de ella sino solamente para ellos. Los tres la violaron, la golpearon y mordieron todo lo que quisieron, en algun momento de la noche uno de ellos trajo un cinturón de cuero y la golpeó hasta hacerla sangrar, Laura dejó de intentar gritar porque su garganta se sentía desgarrada pero las lágrimas no dejaron de fluir en toda la noche. Al final la dejaron sola con uno de ellos, él siguió usandola y golpeandola hasta que exhausto se quedó dormido junto a ella.
No la habían atado.
Sin hacer ruido Laura tomó el cinturón que el hombre había dejado a su lado lo enroscó en su cuello y comenzó a apretar y siguió apretando hasta que su corazón se detuvo, esta noche ningún monstruo volvería a molestarla de los otros dos ya se ocuparía mañana.

REVANCHA

Por George Valencia.

Basado en Venganza de Paris Legaz

                                                               Los sesos esparcidos en el suelo le hicieron cagarse. 
                                                               Olor a humo y sangre. Su última visión, 
                                                               un hombre llorando antes de jalar del gatillo.



Había experimentado un temor supersticioso por lo que pudiera acontecer después, pero jamás imaginó lo que ocurrió.
Lo primero fue la increíble cantidad de sesos desparramados que se esparcieron como un caldo blanquecino. Luego vino la sangre, una mancha roja bajo el cuerpo desplomado. Y por último el olor a pólvora, que inundó las fosas nasales de César en una vaharada tan penetrante que le lagrimearon los ojos.
Paradójicamente, esto último fue lo que más le impresionó. Había previsto la desagradable carnicería, pero nunca antes había disparado un arma, y no contaba con el pestilente hedor que sucedió al disparo. De hecho, pensaba estar muy lejos a esa altura, pero las cosas habían tomado un giro imprevisto.


Ella había sido la culpable. Ella se lo había buscado.
César trató de evitarlo, pero se hallaba ante una situación que había llegado a su límite. Uno muy jodido.
A veces la vida es un maldito callejón sin salida.
La amaba, y mucho, y le había dado todo, pero al final ella había decidido que lo mejor era la separación. Una separación definitiva, de raíz. Encima tenía el cinismo de decir que era por su bien. Sí, cómo no, pensaría más tarde cuando se enteró de que llevaba un par de meses saliendo con alguien. Un estúpido con muchos músculos y poco cerebro.
Cómo le había dolido eso, por Dios. Nunca pensó que sufriría tanto. Pero ahora ella tendría lo que se había buscado. Sí, señor.


Así que compró el arma, y aprendió algunas bases para su uso observando un video en internet. Nada complicado. La madre de César solía decir que su hijo aprendía rápido, aunque a falta de tiempo y de un lugar para practicar, solo cuando llegara el momento decisivo sabría qué tan efectivo había sido su aprendizaje.
Se moría por ver la cara aterrada que pondría ella.
Se dirigió a la habitación que solían compartir juntos, abrió la puerta, entró y disparó.
Sesos desparramados, sangre por doquier… Una escena desagradable, sí. Y ni hablar del olor a pólvora.
Pero lo peor era que su temor se había materializado.
Sabía que nunca iría al cielo, pero ver su propio cuerpo tirado en el piso segundos después de haber disparado le hizo tomar consciencia de que tampoco iría al infierno.
Un alma en pena, errante.
Lo que tanto temía…
…Aunque al menos podría verle la cara a ella después de todo…

Rabioso celuloide


Basado en PLENILUNIO de Diego Adrián Olguín Flores. 

                                                                                Tras la pelea sigo en la calle. Su mordida quema. 

                                                                                La luna llena lo ampara y me cambia. Oigo su aullido.

                                                                                Me niego, pero al final yo iré a él.


Por Raúl Omar García.


Tras una breve estática y un fundido en negro de la pantalla, la luz roja de la cámara titiló dos veces en señal de que continuaba grabando.
La escena se veía torcida, como si el asfalto se apreciara cuesta arriba. Unas patas peludas pasaron frente a la lente. De fondo, muy lejos, una mujer cruzó a las corridas con un bebé en brazos; seguidamente, un auto estrelló su trompa contra un poste de luz en esa misma esquina: quedó con el capó abierto y echando humo del motor. Gritos, pisadas, gruñidos, cristales que se rompían; el bullicio producía fuertes interferencias en la recepción del sonido, como si se tratase de un acople entre dos sistemas acústicos próximos. Una salpicadura de sangre fue a parar al vidrio de la filmadora y se deslizó por él como una lágrima espesa.
El dueño de la videocámara apareció en el epicentro de la filmación con una de las bestias prendida a su tobillo. Con el pie libre le daba de patadas al hocico para que lo soltara, pero el animal no cedía. Desgañitándose de pánico y de dolor, el chico deslizó su culo hacia atrás por el pavimento impulsándose con sus antebrazos, arrastrando consigo a la fiera hasta dejar en cuadro tan solo los cuartos traseros de la alimaña. A continuación se oyó un quejido y el cuerpo del feroz atacante se fue de lado, quedando apenas a la vista la convulsión de sus extremidades posteriores.
El tomavistas se bamboleó y ofreció imágenes difusas. A modo de toma aérea, enfocó el piso adoquinado y asomaron las puntas de unas zapatillas sucias. El muchacho había regresado por su máquina y, con un primer plano sobrecogedor, mostró su pierna mutilada; jirones de carne y jean colgaban de la lesión que le habían infligido. La mordida se presentaba hasta el hueso y sentía que le quemaba.
Con profundos jadeos filmó a su agresor, el cual yacía con el cráneo abierto en un charco de sangre junto al fierro con el que el adolescente se había defendido. Ejecutó un veloz movimiento en travelling hacia el oscuro y estrellado firmamento para hacer una captura de una impactante luna llena y, en ese instante, alucinó con que él se transformaría en uno de esos seres rabiosos.
Practicó una panorámica del lugar para mostrar el masivo ataque que una jauría de perros de todas las clases estaba efectuando contra las personas.


Iré por ti

Por José Luis "Pepe" Martinez.

Basado en QEPD de Perdón Camila

                                                                             Deseó ver a su amada solo una vez más. 
                                                                            Sonó su celular, era su voz. Le dijo: “Voy por ti”. 
                                                                            Minutos más tarde escuchó sus rasguños en la puerta.



Scrash… scrash… scrash.



Sonó su celular, era su voz.

—Prometiste que estaríamos juntos para siempre, ahora veo que todo fue un error —le dijo la chica sollozando—. No debió pasar, se que eres inteligente y me podrás olvidar —los rasguños en la puerta fueron su despedida.
—Voy por ti —contestó el hombre, era demasiado tarde.

Agradeció a las nubes de tormenta que cubrieron la luna llena. La oscuridad fue su aliada. Se paró frente a la tumba y dejó caer la punta de la pala que rompió la tierra. En ese mismo instante un relámpago pinto el cielo, la llovizna comenzó a caer, tenía que darse prisa. El deseo de ver a su amada una vez más bien merecía cubrirse de barro y podredumbre. Los tres metros de arcilla que lo separaban del cajón fueron superados sin dificultades, con manos temblorosas acarició la tapa del ataúd, dentro descansaban los restos de su amor.

—¡Puedo escucharla bajo tierra! —gritó temblando.
—Tranquilo, ya hemos hablado de esto, no hay nada. Son alucinaciones.
—¡La defraude! ¡Llegue tarde! Si hubiera…
—Toma tus medicamentos.
—No necesito más medicinas.
—Te relajaran —contestó su colega.
—Solo hay una forma en que se vayan esos malditos sonidos —sentenció.

Descendió del coche tiritando, el lodo escurrió por las perneras de sus elegantes pantalones blancos, caminó con poca elegancia hacía el maletero y lo abrió. En su interior tenia los restos y en su laboratorio los objetos faltantes para consumar su obra. Con total respeto colocó el cuerpo sobre la fría plancha de acero y comenzó a cortar delicadamente con el escalpelo. No había sangre; la funeraria había hecho un buen trabajo en la mortaja.

—Pronto nos reuniremos nuevamente —dijo al cadáver de su novia.

La tormenta eléctrica arreció entrada la madrugada, cada relámpago iluminaba la sala de operaciones dejando ver la tétrica escena. Él sabía que lo perdería todo, su brillante carrera de cirujano se esfumaría cuándo vieran el resultado de este trabajo. Pero no le importaba, cada puntada que era dolorosa pero ya no podía parar. 


A la mañana siguiente las enfermeras lo encontraron agonizante, delirando con una sonrisa maniática en el rostro, en su nuevo rostro.


—¡He cumplido mi promesa! —vociferó ante la concurrida sala—. ¡Ahora se irán!, ¡tienen que irse! Ahora estamos unidos y nada, ni nadie podrá separarnos.

Scrash…scrash... scrash.

Escuchó cuando se cerró la puerta del coche patrulla que se lo llevó.