lunes, 13 de marzo de 2017

Segunda parte por Pierre Nodoyuna

—Puras gilipolleces —la cortó Raúl—. Los fantasmas no existen.
—¡¿Cómo que no?! —exclamó Carmen—. O no me vas a decir que nunca te despertaste en mitad de la noche sintiendo la presencia de alguien extraño a tu lado.
—Jamás. A no ser por la maja que duerme conmigo —dijo, acariciando la pierna derecha de Ángela por encima de su rodilla. Su novia mantuvo una de las manos en el volante, y con la otra frenó los dedos vivillos del joven, que subían por el muslo más allá de lo permitido. Y sonrió—. Ella no es ninguna extraña.
—Yo sí creo —señaló Sergio—. Es más, tengo fotografías de ellos sacadas con el móvil.
—A ver, enséñamelas —dijo Carmen.
Sergio sacó su smartphone de uno de los bolsillos del pantalón y, pasando su brazo por delante de la nariz de Roberto (que seguía durmiendo, imperturbable, a pesar del exiguo espacio que los tres compartían en el asiento trasero del auto), se lo entregó.
 Pero su amiga no alcanzó a ver las imágenes: quedó anonadada cuando Ángela, luego de la curva, frenó el auto.

El caserón. Con su lúgubre majestuosidad abandonada.

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