lunes, 29 de septiembre de 2014

Marcha

Por Juan Carlos Santillán.

1
“Todos los novios tienen cara de imbéciles el día de su boda”, pensó Mateo, acomodándose el smoking frente al espejo. En el reflejo vio a Wilde a su lado, mirándolo con cara de extrañeza.
   ¿Y tú qué miras, mierda?
El perro le movió la cola y se acercó a olerle los zapatos nuevos.
   ¡Quién como ustedes, carajo, que sólo se huelen el culo y ya están cachando!
Wilde le mordisqueó la bastilla del pantalón, gruñendo.
   Sí, ya sé, mierda: yo también lo he hecho siempre. Pero no todos los culos.
Wilde se irguió y ladeó la cabeza, dejando colgar una larga oreja peluda. Gimió.
   ¡Ya, mierda, sí, todos! Pero ese culo fue especial. Fue “EL” culo, ¿me entiendes? ¿Contento? Ya deja de joder.
Mateo cogió el vaso de whisky de la consola, bebió un largo trago haciendo tintinear los cubos de hielo contra sus dientes, y se dirigió a la sala de estar dibujando pronunciadas eses al caminar. El perro lo siguió ladrando.
   Sí, mierda, ya sé que es el quinto. Métete en tus cosas y no jodas.
Se dejó caer pesadamente en el taburete, colocó el vaso en la mesilla del costado y levantó la tapa del piano. En ese instante, sonó el teléfono.
   ¡Puta madre, toda la mañana han estado jodiendo!
Se levantó a duras y se apoyó mal en la mesilla, volteándola al caer al piso de rodillas. El vaso se hizo añicos. Wilde se ocultó bajo el piano.
   ¡La puta madre, mierda!
Se dirigió el teléfono furioso y le arrancó el cable de un tirón, silenciándolo. Luego se encaminó al bar para prepararse otro whisky, esta vez puro. Con el vaso en la mano, regresó a su asiento, pero antes de llegar ya había vaciado el contenido íntegro. Se sentó de nuevo y volteó a ver a Wilde, que se había sentado a su costado, moviéndole la cola con las orejas gachas.
   ¿Pedidos? ¿No, ninguno? Qué aburrido eres, mierda. Bueno, lo que salga, entonces.
Arrancó con la “Marcha Nupcial” de Mendelssohn.
   Tú sabes, para estar a tono con las circunstancias.
Pero, algunos acordes después, cambió a la “Marche Funèbre” de Chopin.
   Boda y funeral es lo mismo, mierda.
Mateo empalmó esta vez de nuevo con la “Marcha nupcial”, pero a un ritmo muy acelerado, burlesco. Acto seguido, hizo lo mismo con la “Marcha fúnebre”. Y así, siguió alternando las marchas una y otra vez, siempre muy aceleradas, gritando y riendo a carcajadas.
   El perro saltó de su puesto, empezando a brincar frenéticamente sobre las tablas del piso alrededor del piano. Mateo tocaba con más fuerza a cada nota.
   ¡Eso, mierda, baila, baila…!
Bailaban las patas sobre las tablas, los dedos sobre las teclas, las notas sobre las notas…
   Ya era una sola marcha ininteligible la que salía de sus manos cuando Mateo cayó de bruces sobre las teclas, provocando una estruendosa disonancia. Wilde lo vio babear sus propios dedos, balbuceando incoherencias.
   Boda y funeral, mierda… la misma mierda.
Vomitó hasta casi ahogarse, espantando al perro, embarrando el piano, cayendo al piso.
   Ella debía casarse conmigo, mierda. Quiero morirme.
Y se quedó dormido.

2
Dos horas después, Mateo despertó y se levantó de su propio vómito. Se quitó el smoking, se duchó de nuevo, se puso su mejor terno y se volvió a mirar al espejo para colocarse la flor en el ojal de la solapa. Cogió las llaves de la consola y abandonó el departamento. Ya no habló al perro, que lo miraba otra vez desconcertado.
   Sin responder al saludo del portero, salió del edificio a la noche nublada, entrecerrando los ojos al sentir las fuertes luces de la calle. La cabeza le estallaba. Salió a la avenida a buscar un taxi que lo llevase a la iglesia. Al pasar por las vitrinas de un centro comercial, observó su reflejo apresurado.
   Y encima, me hacen su padrino de bodas.

3
   ¡Yo me opongo a la boda porque forniqué con la novia! —gritó Mateo.
El taxista estuvo a punto de chocar.
   ¿Qué cosa?
   ¿No le parece buena idea?
El viejo se rascó la barba hirsuta, después de mostrar el dedo medio al colega que le increpaba desde el otro carril.
   Me parece que la mitad de la gente no va a saber qué es “forniqué”.
   ¿Usted sabe qué significa?
   Sí, quiere decir que la hiciste voltear los ojos.
Rió con tal fuerza que casi pierde el control del auto una vez más.
   Cuidado, maestro.
   Por ahí que te entiende el cura.
   Bueno, eso es lo importante.
El vehículo salió de la vía expresa. Su destartalada carrocería contrastaba con la moderna arquitectura del distrito financiero.
   ¿Te das cuenta de que te van a sacar la mierda?
   ¿Cómo?
   ¿Tú crees que te metes a un casorio, te llevas a la novia y se quedan tan contentos? Y no esperes tampoco que ella se arroje a tus brazos apenas te vea.
   No lo había pensado.
   Hay que pensar en todo.
   No importa, vale la pena.
   ¿Tan rica está la hembra?
   Estoy enamorado de ella, maestro. La amo.
   No te pregunté eso. ¿Qué tal está?
   Es hermosa, su rostro es bellísimo.
   O sea que le faltan tetas.
   Bueno, sí, un poco.
   Ya. ¿Y de culo cómo andamos?
   Bastante bien.
   Eso es lo importante: por un buen culo, vale la pena que te saquen la mierda.
“Pero ese culo fue especial”, recordó Mateo, “fue EL culo”.
La vuelta a un vistoso óvalo marcaba el límite con el tradicional balneario. El chevrolet del ’59 disminuyó la velocidad hasta detenerse frente a la iglesia de grandes arcos catenarios, entre audis, mercedes y alguno que otro BMW. Delante de él, la limosina era un reluciente cadillac del ’72. A los ojos de Mateo, parecía una carroza funeraria, con esos arreglos florales que semejaban crespones blancos.
   Bueno, muchacho, llegamos.
   Quiero vomitar.
   Todavía estás borracho.
   Sí, es cierto.
   Mejor así.
   ¿Será buena idea?
   No te acobardes, galán, anda y rescata a tu princesa.
   Sí, tiene razón, maestro. Muchas gracias.
   Pero primero págame, pues.
   Ah, sí, disculpe. Aquí tiene. Quédese con el cambio.
   ¡Vaya! La próxima vez que quieras interrumpir una boda, me pasas la voz.
   Ya.
   ¡Suerte, galán!
El chevrolet arrancó, rozando la defensa del cadillac con un chirrido desagradable. Dio la vuelta a la plaza y desapareció. Mateo lo vio perderse, tragó saliva y subió las escaleras del atrio, decidido a todo.

4
   El velorio es al costado, joven.
La nave estaba vacía. No había nadie en las bancas, ni mucho menos en el altar. Sólo estaba el viejito que se le acercaba arrastrando penosamente los pies, haciendo sonar el manojo de llaves.
   ¿Cómo dice?
   Que el velorio es al costado. Ahí están.
   No, yo venía a la boda.
   No hay boda, joven, hay velorio.
   ¿Y qué pasó con la boda, dónde está la gente?
   En el velorio, joven.
   No, señor, yo no vengo al velorio, vengo a la boda.
   Por eso, joven, es lo mismo.
Mateo lo miró sorprendido, como en un deja vú.
   ¿Qué quiere decir?
   La gente de la boda está en el velorio. Recién me doy cuenta de que no le han avisado. Disculpe usted a un viejo tonto.
   Descuide. ¿Me explica?
   Sí, cómo no. Ayer murió el padre de la novia.
Mateo se aferró a la banca que tuvo más cerca.
   ¿Cómo?
   Fue a cruzar la pista y lo atropelló un camión. Quedó irreconocible.
Sin preguntar más, Mateo se dirigió al velatorio, arrancándose en el camino la flor del ojal.

5
Mateo entró al velatorio como a un mal sueño, con ganas de despertar ya. Todos los invitados a la boda estaban ahí, vestidos de gala, murmurando en la penumbra, sonriendo discretamente por algún chiste subido de tono. “Boda y funeral es la misma mierda”, recordó Mateo.
   Al fondo se veía el ataúd con la tapa cerrada.
   Mateo, al fin llegaste.
Era Braulio, su mejor amigo de la facultad. Todos ahí eran de la facultad, incluyendo la novia huérfana, a quien no divisaba aún.
   Recién me entero.
   Te estuve llamando todo el día, pero no contestabas.
   Ah, sí. Me sentía mal y desconecté el teléfono.
   Ahí está Natalia.
La muchacha estaba sentada a un lado del ataúd, con las manos en el regazo de su traje negro. Debía estar de blanco.
   Anda a saludarla.
   Sí, ya voy.
Mateo caminó hacia ella sin mucho convencimiento en sus pasos. Cuando llegó, le pareció que había sido demasiado rápido. Se quedó de pie junto a ella, sin atinar a nada más. Ella levantó la cabeza
   ¡Mateo!
La muchacha se levantó de un salto arrojándose a sus brazos apenas lo vio. Mateo la abrazó por la cintura. “Taxista cojudo”, pensó. Pudo sentir en su pecho las copas del pequeño sostén que tantas veces le había quitado antes de hacer el amor. Sin pensarlo, subió las manos por la espalda de ella, hasta que sus dedos pudieron palpar el broche de la prenda íntima. Tantas veces se lo había abierto así, por encima de la ropa, por hacerle una broma cuando caminaban por la calle, y ella había reaccionado quitándoselo por una manga con total desparpajo, muerta de risa. Debieron seguir riendo y llorando juntos.
     Natalia, lo siento.
     Gracias.
     No, yo quiero decir…
     Mateo, gracias por venir.
Augusto, el novio de Natalia, era un tipo alto, guapo, rico y odiosamente simpático.
   Hola, Augusto.
Mateo recibió el fuerte apretón de manos y la palmada en la espalda con ganas de romperle la cara. Y después tuvo que ver cómo el tipo abrazaba al amor de su vida. Y cómo ella apoyaba la cabeza sobre el pecho de su novio, abandonándose a su pena. Mateo jamás había visto esa expresión de paz en el rostro de Natalia. A pesar del evidente dolor que sufría, era obvio también que se sentía segura y protegida, apoyada. Mateo miró mejor al novio. No era ni más alto, ni más guapo ni más rico ni más simpático que él mismo. Pero era el que estaba ahí, el que la apoyaba.
   Entonces supo que era tarde para impedir la boda.

6
   Sin despedirse, Mateo se dirigie a la puerta como un autómata, con la intención de marcharse. Al pasar junto a su amigo, se detiene un momento, sin decirle nada tampoco. Braulio lo mira con cara de haberlo comprendido todo y le tiende un plato con una cucharita.
   Es el pastel de bodas.
Mateo coge el plato y observa el contenido. En el centro de su tajada, puede ver el agujero donde alguna vez estuvo parada la novia. Lo sabe porque es un agujero muy grande.
   Sin dejar de observarlo, Mateo reemprende la marcha.



FIN


Consigna: Escribir un relato ―género y tiempo verbal a elección― donde cuentes una historia que creas que va a ganar, inédita, escrita especialmente para el torneo.

1 comentario:

  1. Transmite muy bien la dimánica del dolor por lo que está viviendo.

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