martes, 11 de abril de 2017

Cuarta parte por Abram Gannibal

Carmen abrió los ojos, sobresaltada. Se palpó, temerosa de no encontrarse, pero su cuerpo estaba intacto. Quizá todo había sido una horrible pesadilla.
Miró a su alrededor, hacia los brazos y piernas amputados que chorreaban sangre. Tuvo que reprimir una arcada para no vomitarse encima. Entonces, se fijó en que a su lado yacía una cabeza humana. Ya no medía dos metros, pero el rostro de Raúl era inconfundible
Toda la ropa acabó empapada de náusea.

***

Estos bastardos no sueltan prenda. O son muy valientes —¡ja!— o no tienen ni idea de lo que está pasando... quizá ellos no tienen la culpa.
Quizá la culpa es tuya, querido lector.
¡Sí, no me mires así, maldito sádico cabrón! Eres tú quien está disfrutando con cada gota de sangre que extraigo a estos idiotas. Eres tú quien se ríe de mi enanismo, de la puta de mi madre y del cabrito que se la follaba todas las noches. ¿Pues sabes qué te digo, jodido monstruo?
Que sé dónde vives. Qué comes. Cómo duermes. En quién piensas mientras te tocas.
Lo sé todo sobre ti. Y tú, escritorzuelo de pacotilla, no sabes nada.
Ni siquiera me has oído entrar en la habitación.

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