martes, 11 de abril de 2017

Cuarta parte por Flander furiosito


La niña lo miró como se miran los juguetes rotos: con fastidio. Luego le propinó una fuerte patada en los testículos y salió en busca de otra presa. En la penumbra de la biblioteca, Ángela leía, ensimismada. No le fue difícil colocarse a su espalda y administrarle una dosis justa de cloroformo. Luego, ya dormida, la arrastró escaleras arriba y la ató en el lado opuesto a Sergio, que aún yacía desmayado y esposado.
—A ti te voy a arrancar los tatuajes uno a uno y luego te pondré sal sobre la carne viva. Verás que risa.
La niña soltó una carcajada y Sergio se despertó asustado, buscando a su agresora.
—¡El bello durmiente despertó por fin! ¿Quién de los dos me va a decir lo que quiero saber? —preguntó la niña, recorriendo el perfil de Sergio con su dedito. Se paró justo en el lápiz.
—¡Ella lo sabe! —chilló Sergio, histérico, señalando a su compañera.
—¡Deja de moquear, nenaza. Bien, entonces voy a despertarla. Quiero verla aullar mientras la desuello.
Cuando Ángela abrió los ojos vio frente a ella a una dulce niña blandiendo una navaja.
—Hola puta. ¿Qué tatuaje te gusta menos?
Un alarido profanó el silencio.


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