martes, 11 de abril de 2017

Cuarta parte por Mesme


Ángela frunció el ceño y casi tuvo lástima del guiñapo en el que se había convertido su compañera. Carmen se retorcía sobre el suelo de la biblioteca con el vientre sajado de parte a parte. Sus últimos estertores le tiñeron de sangre los labios.
—No me creerás si te digo ahora que lo siento, ¿verdad? —Ángela se acuclilló junto al cuerpo de la mujer y limpió el filo del cuchillo en se camisa—. No hay otra opción. Tengo que conseguir la maldita casa de muñecas como sea y no consentiré que alguno de vosotros me la arrebate. Esa cría no sabe lo que ha hecho al enviarnos la ubicación de esta casa. Tantos años esperando volver a encontrarla…
Se levantó de nuevo al escuchar cómo Raúl se arrastraba hacia la puerta dejando un rastro rojizo tras de sí. Ángela cubrió los metros que le separaban de él y, con un golpe seco, le clavó una de las palmas de la mano a la madera del suelo. La mujer le tapó la boca.
—Shhhh… No puede saber aún que soy yo y que sé que viene a por mí. Primero conseguiré la casa de muñecas y después… borraré su historia. 


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