martes, 11 de abril de 2017

Cuarta parte por Dr. A tomar por el culo


             Los pasos de la niña se alejaban en dirección a la primera planta. Raúl entreabrió lentamente la puerta del zapatero y con la cabeza hizo un gesto a Carmen. Esta asintió. Sus ojos, muy rojos, estaban a punto de derramar lágrimas otra vez. Raúl la agarró de la mano y salieron de su escondite. A pesar de la poca distancia que los separaba de la salida avanzaban con estudiada lentitud. La claridad diurna se filtraba como un eco de salvación por los enormes cristales incrustados en la puerta. Un paso, dos pasos... Y de repente, un tablón crujió bajo sus pies.
            —¿Alguien quiere escapar? —la niña estaba detrás de ellos.
            —Corré... —Pero ya no surgieron más palabras de la boca de Raúl. Algo atravesó brutalmente su corazón y parte de la caja torácica. Un reguero de sangre y tejidos inundó los tablones de la estancia. El cuerpo del hombretón se desplomó al suelo. Carmen se acercó gateando hasta lo que quedaba de él: «Raúl. Raúl...». Sollozaba.
            —Ahora, dime donde está la escritora, y no morirás desangrada como una perra.
            —No, por favor.
            —Llorona como Sergio...
            Un dedito atravesó el ojo de Carmen. El chillido se escuchó por toda la casa.
           




            

No hay comentarios:

Publicar un comentario