lunes, 13 de marzo de 2017

Segunda parte por Flander furiosito

—Que apareciera la niña sangrienta sería lo mejor que podría ocurrirnos  —refunfuñó Raúl,  sacando los víveres del auto—. Pero estoy seguro que en su defecto hallaremos un caserón lleno de telarañas, con olor a orines y un silencio interrumpido solo por el gemir de las tuberías. No habrá niñas, ni sangre en las paredes, ni carcajadas demenciales. Que sí, que organizar el taller literario aquí ha sido una gran idea, pero intuyo que vamos a estar muy incómodos.
Carmen dejó de oír los graznidos quejumbrosos de Raúl en cuanto comenzó a rodear la hermosa fuente de mármol. Frente a ella la casa se erguía soberbia, provocadora.
Sergio, menos romántico, gritó desde el interior de la casa:
—¡Corred! ¡Esto es alucinante!
La amplia escalera dividía de manera simétrica la mansión; arriba, en el descansillo, una vidriera de colores recogía los últimos rayos del sol, que ya declinaba. Bajo los cristales un reloj de pie marcaba las tres y treinta y tres.

—Es la hora demoníaca  —susurró Roberto, esbozando una sonrisa lobuna —. Los del pueblo aseguraron que la casa de muñecas sigue arriba. Que la robaron mil veces, pero siempre vuelve a aparecer. ¿Subimos a averiguar si es cierto?

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