lunes, 13 de marzo de 2017

Segunda parte por Raskólnikov

En un paraje ideal para encontrar inspiración, los chicos han tomado la casa y, tras instalarse en sus habitaciones, beben cervezas en el jardín. Una preciosa enredadera sube hasta la ventana de Ángela, para acabar coronando el marco con pequeñas flores rosadas. Raúl la observa imaginando cómo sería...
—¿Qué ha sido eso? —grita de pronto.
—¡Eh! ¡Qué susto, tío! —contesta airado Sergio—. ¿A qué te refieres?
—Una sombra —murmura Raúl levantándose de la silla—, hay alguien en la habitación de Ángela.
Los amigos se miran sorprendidos. Es cierto que la luz de una lámpara hace que se distingan algunos muebles de la habitación a través del visillo, pero el entorno y el viejo caserón dan para que vuele la imaginación. Tras comprobar las miradas incrédulas de los demás, Raúl se dirige a Ángela.
—Tú deberías ser la primera en preocuparte —vaticina una voz.
Pero no es Raúl quien ha hablado. Ni nadie del grupo. El tono suave, incluso dulzón, se queda flotando en el ambiente unos segundos. Cuando orientan la cabeza hacia el lugar de donde proviene, observan horrorizados una figura menuda con un vestido de niña.

—¿No os han dicho que vivo en la casa?

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