miércoles, 14 de marzo de 2012

Los fantasmas no usan reloj


Por Norma Villanueva.


DIA 1
He despertado... mis dos ojos abiertos de par en par indicando que es el momento de interrumpir este largo letargo.
Pero no sé si ha sido largo, no recuerdo cuando me dormí, o cuánto tiempo he pasado así. La verdad es que no recuerdo mucho.
Mis pensamientos han sido interrumpidos por un enfermero, pero esto no es un hospital.
Me han informado que estoy en condiciones para marcharme de aquí, que me he recuperado y puedo seguir con mi vida.
Me han dado un par de folletos, explicando algo, pero no les he prestado atención, pues me siento bien, no siento frio ni calor, sed, hambre, no siento la soledad, tampoco abandono o miedo... me siento libre...

DIA 2
No sé dónde ir, pero sigo sintiéndome bien, una libertad nunca antes conocida, he caminado, sin rumbo, sin sentido, he visto personas, lugares, animales, cosas realmente interesantes... he vuelto a revisar esos folletos...
FANTASMA: PASO A PASO... leí en voz baja... mis ojos no creen lo que ven, ¿qué quiere decir esto? ¿Soy un fantasma? ¿Cómo?
¿Desde cuándo? ¿Como paso?... Oh!!! No siento miedo... sé que esto no está bien pero no tengo miedo. Simplemente regresare y pediré una explicación.

DIA 3
Hay un hombre en la entrada, me ve como si supiera a que he venido. Un simple hola ha servido para que me estreche la mano y empiece a explicarme, que el día que me fui no me explicaron nada, pues pensaron que ya había recibido el curso de orientación, y como mi cara expresaba una profunda felicidad concluyeron que el hecho de ser fantasma estaba asimilado, por eso no me hicieron preguntas.
Pero, yo no sabía nada, ¿cual curso?, ¿qué es esto? ¿A dónde estoy? y mi voz se empieza a tornar confundida y alterada...
El hombre, toma mi mano nuevamente y entramos a esta especie de hospital de fantasmas.
Esta especie de enfermero me dice que debo de esperar un poco, que un agente del personal de Aceptación y Seguimiento está revisando mi caso, que desde hace mucho están esperando mi regreso.
¿Desde hace mucho? si hace dos días que salí de aquí- replique
Me vio y una sonrisa de lastima afloro en sus labios. Es un fantasma joven- dijo entre labios
¿Fantasma joven... que me quiso decir con eso? ¿Qué agente de Aceptación y Seguimiento? ¿Desde hace cuanto me esperaban? Empiezo a desesperarme... a donde están los relojes, necesito saber cuánto llevo esperando... ¿pero que es desesperación?
No sé si paso mucho o poco, pero el Agente que me atendió me explico que afirmativamente, YO SOY UN FANTASMA... y UN FANTASMA JOVEN! que puedo elegir de uno a tres compañeros (como máximo), para recorrer mi nuevo mundo de fantasmas, o puedo escoger un niño vivo, que son los únicos vivos que pueden vernos e interactuar con nosotros.
Me explico, también, que es muy extraño que no sienta miedo, que sienta libertad, y que es normal que no recuerde nada, que en su momento recordare lo más importante, pero así como lo recuerde, así lo olvidare, pero que tomara mucho ya sabes que para que eso pase.
Al final decidí unos compañeros al azar, Casius un fantasma neardental y madame Struddle del siglo 14... Hahahahahahaha
Creo que un fantasma joven conserva su buen humor... que pareja ¿no creen? no escogí un niño, pues crecen y tengo que buscar un nuevo compañero, y creo que lo tímido no se perdió después de mi conversión a fantasma. No se me permitió escoger fantasmas jóvenes, como compañero, reglas de fantasmas...
¿A qué se refería con el ya sabes qué? ¿Se referirá al ti...? Madame Struddle me dijo que no pronunciara esas palabras... no entiendo... ¡pero le añade mas incógnita a esto de ser fantasma!

DIA 10
Me di cuenta que es inútil llevar la cuenta de los días, así que los números serán al azar pero en orden ascendente.
Mis nuevos compañeros de viaje son tan divertidos, bueno a mi me parece eso, Casius siempre mira extrañado a Madame Struddle por sus modales refinados, ¡él si sabe que es ser un neardental! valga decir que Madame Struddle es un nombre de pila que decidí ponerle, pues su nombre se me hace impronunciable, creo que han pasado siglos o quizá horas repitiéndome su nombre, hasta que se canso; además le invente una historia que su apodo es una especie de postre que solo los aristócratas de mi tiempo degustaban a la hora del te... hahahahahahahahaha!!! Se lo ha creído.
Les he pedido que me cuenten un poco de sus épocas, de su vida, de lo que hacían, de su f... nuevamente Madame Struddle me ha dicho que no hable de eso, la información es vaga y siempre cambian de tema.

DIA 21
Casius, ¡es un gran compañero de viaje! No habla mucho, pero me muestra cosas hermosas de la naturaleza, hace unos días fuimos a ver una aurora boreal, en el Ártico, viajamos en globo, visitamos el Gran Cañón... todos esos lugares Casius los propuso.
Esto de ser fantasma es interesante, puedo ir a donde me plazca, entrar sin necesidad de ser invitado, el otro día fuimos, a petición de Madame Struddle, al palacio de Buckingham.
Tampoco dormimos, no conocemos el cansancio, ni el enojo, el hambre... bueno Madame Struddle me explico que como soy un fantasma joven, puedo tener algunos deseos... comida, algo que los humanos llaman fumar, hacer algo que cuando vivía disfrutaba, sexo, visitar a mi ya saben que... ese grupo de personas que viven en un mismo techo... ¡qué sé yo! ¡Cosas de seres vivos!

DIA 26
Hace mucho que mis compañeros me dejaron, creo que es una especie de vacación de fantasmas, no es que nos aburramos de estar juntos por la eternidad, pero eso yo lo descubriré mas adelante o algo así me explico Casius.
Ahora que gozo de soledad... puedo... gritar: TIEEEEEEEMPOOOO!!! No me paso nada... TIIIIIEEEEEEEMPOOOOOOOO!!!
TIIIIIIIIIIIIIIIEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEMPOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!
No me paso nada... entonces también puedo decir FAMILIAAAAAAAAAAAAAAA!!!! FAAAAAAAAAAAAMIIIIIIIIIIIIILIIIIIIIIIAAAAAAAAAAAA!!
No me paso nada... después de este infructuoso experimento vagare por el mundo... no creo que sea tan malo andar por ahí sin compañía.

DIA 28
No han pasado dos días...no, ha sido mucho tiempo después de mi "infructuoso" experimento. He conocido el mundo...
He ido a lugares mágicos, y visto salir el sol, el ocaso, he visto formarse la nieve, he observado detenidamente como se descongelan grandes lagos, he visto como desaparecen, como dije anteriormente puedo entrar a todas partes... nadie me ve, por tanto, he visto nacimientos, muertes, he observado, impotente, guerras, asesinatos, suicidios...
Los fantasmas no podemos intervenir en las acciones de los vivos. Podemos jugar bromas, en lo personal me gusta esconder objetos importantes, desconectar aparatos... pero nada que asuste, de vez en cuando hablo con algunos niños, les digo cosas importantes, que luego obviamente olvidaran, y he sido fantasma por mucho tiempo, como para presenciar como mis consejos fueron omitidos...
Hace unos días fui a la casa blanca... (Todavía digo días, horas, segundos... creo que por eso nunca seré un Fantasma de Mediana Edad...) hahahahaha hahahahaha me divertí mucho escondiéndole las corbatas al señor presidente, cuando las encontraba las volvía a esconder...paso el bochorno de su vida al encontrar las corbatas en la refrigeradora, en la casa del perro, en la chimenea...
También ocasione que suspendieran una entrega de los premios Oscar... desconectaba cada media hora el sistema eléctrico...y ¡sí! apareció en las noticias fue un evento mundial hahahahahahahahaha ser un fantasma es divertidísimo, muchos famosos pensaron que habían malos espíritus, así que decidieron convertirse en religiones budistas, sintoístas y claro cristianas... todo gracias a mi!!
Los fantasmas, no tenemos problemas para entrar o salir, cruzar fronteras, ser invitados a fiestas, dormir en camas ajenas, así que puedo decir que he estado en muchas casas presidenciales, ya perdí la cuenta de cuantas veces estuve en Londres, Ibiza, Paris, El Cairo, el Taj Majal... y la cuenta sigue y sigue...
He estado en las mejor fiestas, con los famosos y ricos, con las mujeres más hermosas, he estado en la cama de cada una que me ha gustado, y como dijo Madame Struddle... he tenido que satisfacer una que otra necesidad...
Pero hay varias cosas que no podemos hacer los fantasmas... no podemos saber a cerca del tiempo... he ido al Big Ben, a la ciudad de Tokio, New york... y el tiempo, para mí siempre está detenido, siempre es la misma hora 2:10.
Los fantasmas vivimos en una especie de mundo paralelo, estamos como en una especie de vitrina, no podemos regresar a nuestro país de origen, es más muchos, como yo no lo recordamos, por tanto no recordamos a nuestra fa... que mas da FAMILIA!. Tampoco sentimos odio, rencor,
culpa, arrepentimiento por cosas no hechas, pero tampoco sentimos amor o nostalgia. somo seres libres y sin miedo.

DIA 31
Mis compañeros aun no han regresado... no sé qué está pasando siento que desde que dije tiempo y familia, las cosas han cambiado, pero no he querido regresar a la especie de hospital para Fantasmas y averiguar.
Sé que está pasando algo raro, porque he empezado a recordar... siempre he recordado personajes famosos, lugares históricos, datos interesantes a cerca de la raza humana... pero todo eso no es importante aquí con los fantasmas, no hay títulos, ni riquezas, clases sociales, corrupción, desigualdad... nada por eso algunos me miraron extrañados cuando conocí a Marilyn Monroe, Adolf Hitler, que es un fantasma de mediana edad, de carácter afable y callado, que juega una especie de ajedrez de fantasmas con el fantasma de Juan Pablo II.
Pero creo que mi envidiable cultura general no vale de nada, aquí en mi nuevo mundo...
Tampoco vivimos en comunidad, no hay bares de y para fantasmas, peluquerías, canchas de football, billares, vamos de en pequeños grupos, pero no nos quejamos, pues no hay guerras, peleas a decir verdad es un poco utópico.
Pero mis recuerdos son del día en que desperté, desperté con una sensación de dolor en la espalda, un dolor muy fuerte.
Muchas veces cuando estoy en silencio y en paz me invade un sentimiento de tristeza, de algo inconcluso. He recordado a mi familia, pero son recuerdo vagos, abuelos, padres, hermanos... en una ocasión pensé que sería posible encontrarme con algún fantasma de mi familia, pero amablemente, el fantasma de Michel Jackson, me explico que es poco probable, pues entre los fantasmas evitamos dar órdenes, cosa que en la familia se da muy seguido, muchos pasan a ser fantasmas por culpa de su familia y hay que evitar el resentimiento a toda costa.
Además me explico que a los fantasmas nos envían a épocas a las cuales no pertenecemos. Pero que en nuestro ir y venir nos encontramos unos a otros.

DIA 35
Mis compañeros han regresado, y saben muy bien lo que me paso, mis recuerdos, mis sentimientos, todo. No se han molestado pues... desafortunadamente sigo siendo un fantasma joven. Me han explicado que increíblemente pero, mi personalidad y mi estado coinciden con un fantasma de mediana edad, pero mi "edad" corresponde a un fantasma joven.
Por lo tanto tengo la capacidad de usar una especie transporte, el cual me trasladara, por un breve momento, a mi época, podre ver a mi familia, ver a mis amigos, recordar ciertas cosas, y en uno de esos tantos viajes, veré como me convertí en fantasma... pero no sé cómo será, su color, su forma, tamaño…
Saber cómo morí, siempre que lo he pensado esa sensación de dolor, o recuerdo de dolor, me invade, ese sentimiento de tener algo inconcluso...
También sabré que edad tenía al morir, hay detalles de mí que desconozco, ¿está mi cabello largo? ¿Tengo arrugas? ¿Me veo bien? ¿Me hace falta algo? se lo trate de preguntar a mis compañeros, pero su respuesta es siempre la misma:
¿Cómo luzco?- pregunto de forma intrigante
¡Como fantasma!
¿Cómo es, entonces, un fantasma? ¿Qué color soy? ¿Blanco? ¿Negro? ¿Uso una sabana? Los fantasmas no nos podemos ver en los espejos....
Este transporte, aparecerá cuando menos lo espero, le pregunte a Casius, cuando tenía que bajarme, a donde tenía que sentarme, cuantas vueltas tendría que dar, que color era, y me dijo que no lo sabia... ¿no se habría subido él? ¿Todavía es un fantasma joven?

DIA 37
Un día mientras contemplaba como salía es sol sobre Venecia, ¡apareció! Pero esto debe de ser una broma, ¿qué medio de transporte es este? Era un CARRUSEL
Sin embargo sabía que era para mí, un sentimiento indescriptible y nuevo me invadió. Así que me subí, asombrosamente sabia justo lo que tenía que hacer:
Tercer caballo,
En la séptima vuelta me bajo,
y camino hacia el sur...
Pude ver a mi mama, estaba llorando, mi familia estaba llorando, ¡no lo soporte! cerré mis ojos y estaba, nuevamente en Venecia.

DIA 41
Estaba justo en la cima del Empire State cuando apareció... todos seguían con su vida, mis amigos, mis profesores mi familia, trataba de hablar con ellos pero era más que imposible. No sabía si eso era después de mi conversión o antes...
Vi viejos amores, amigos de la infancia... vi a mi mama... lloraba amargamente, esta vez soporte hasta que ella se quedo dormida, quise arroparla y besarla en la frente, pero había algo que me lo impedía.

DIA 46
Casius y Madame Struddle, jamás me preguntaban de mis viajes... hasta que un día les pregunte como eran los suyos.
Sorprendentemente, ellos no sabían nada de mi carrusel, Casius me dijo que su medio de transporte era una especie de vórtice. Madame Struddle, me explico que ella ocupada un portentoso carruaje.
Así que asumí, que cada fantasma tiene un medio de transporte. Casius, me explico que cada viaje era después de mi conversión.
Lo que significa que mi mama lloraba por mí, que mi primer viaje fue a mi funeral, que mi pequeña burbuja en la que vivía, había explotado... y nada era igual.

DIA 48
Mis viajes son más frecuentes, he muerto joven, y si me veo bien, todo está justo como el dia en que me convertí en fantasma, pero sigo sin entender varias cosas,
¿Por qué la sensación de dolor cada vez es más fuerte? ¿Por que ya no siento pena por mi familia? ¿Por qué no me hacen falta mis amigos? ¿Por qué siempre que veo el reloj son las 2.10?...
Al principio era doloroso, penoso y agotador. En cada viaje, quería correr, le gritaba a todos:
¡Aquí estoy!
¡No me he ido!
¡Los puedo ver! – pero todo era en vano, no podían verme, mucho menos escucharme…
Pero en cada viaje gritaba menos, quedaba en paz: ya no habían reclamos, ni para mi familia, ni para mí; perdonaba: cada vez eran menos las personas que veía; me liberaba: dejaba ataduras y empezaba a olvidar ciertas cosas de mi vida humana...
Pero había algo que no podía olvidar… y se empezaba a hacer muy, pero muy real: este dolor, este terrible dolor de verdad.

DIA 52
Presiento que este es mi último viaje... lo recordare nuevamente: tercer caballo, séptima vuelta, y al bajarme camino hacia el sur...
Ya no veo a nadie mas... solo una persona queda... y es como estar viendo una película, ¡puedo verme! ¡Y me veo muy bien!
Voy caminando, alguien va junto a mi... no puedo distinguir ¡quién es! ¡Nos despedimos! un beso en la mejía, basta para decir muchas cosas.
Y yo... tengo una cara de absoluta felicidad, por lo tanto puedo deducir, que acabo de disfrutar de una buena compañía. La persona que me acompañaba, se ha perdido entre la calle y el tráfico, aun así gire mi cabeza para tratar de ver como se aleja…
Pero ¿que estoy haciendo? ¡¿Que estoy haciendo?! ¡NO! ¡No mires el reloj! ¡no tengo que mirar el reloj! ¡tengo que mirar la calle antes de cruzar! ¡Demasiado tarde! Ya no podía hacer nada, ni retroceder, ni avanzar... morí a las 2.10... Eso fue lo último que vi: mi reloj, marcando las 2.10... Mire mi reloj pero no la calle... un carro me golpeo en la espalda y morí al instante... a las 2.10...
Todo me da vueltas... se me nubla la vista, y si no fuera fantasma, diría que no puedo respirar, que estoy apunto de vomitar y desmayarme...

DIA 60
Desperté nuevamente en esta especie de hospital para fantasmas... Casius y Madame Struddle están a mi lado, mi agente de Aceptación y Seguimiento revisa unos papeles y una especie de computadora... solo quiero cerrar mis ojos, quiero sumergirme, y no salir jamás... no quiero ver a nadie
Escucho la voz de Casius, como un eco lejano y distorsionado, dice que es normal, y que cuando a él cruzo esta etapa, no habían tantos cuidados, Madame Struddle solo asiente.
No quiero escuchar nada...

DIA 65
Puedo salir nuevamente y me han informado que ahora puedo ostentar mi titulo de Fantasma de Mediana Edad, me pueden elegir como compañero y consejero. Mi recuperación fue más rápida de lo que esperaban...
Mientras doy una vuelta por el Machu Pichu, aparece mi carrusel, nuevamente. Miro a mis compañeros y solo asienten, debo subir nuevamente.
El sentimiento de algo inconcluso aparece nuevamente...
Tercer caballo, esperar siete vueltas para bajarme y caminar hacia el sur...
Puedo verme... estoy parada, con mi cabello despeinado por el viento, mis manos en los bolsillos; y puedo, también, verla a ella, ver su cabello largo jugando con la brisa, puedo sentir su mirada penetrando mi alma, su risa acoplándose a la mía...
Y ahora entiendo, que mi único lamento como Fantasma de Mediana Edad, es no haberla besado.




Fin.

Vampiro en la línea


Por Mauricio Vargas.


—¿Sí? —Dijo el locutor en esos momentos—. ¿A quién tenemos en la línea?
—Buenas noches —respondió el oyente. Era un adolescente. Había estado escuchando el especial paranormal de la emisora toda la noche y se había trasnochado, como siempre lo hacía en los fines de semana. 
—Hola, cómo estás. Qué historia deseas compartir con nosotros.
—Sí, estee… pues en realidad no deseo contar una historia, El motivo de mi llamada es hablarles sobre mi vida, una confesión.
—¿Confesión?
—Esta es la primera vez que digo esto en público, y decidí que esta sería una buena opción para hacerlo. Es algo que no me deja dormir en paz y necesito decirlo.
—Está bien, aquí estamos todos los oyentes para atender a tu confesión. ¿Cómo te llamas?
—Preferiría permanecer en el anonimato.
—Bien, bien, adelante.
—Bueno. Yo tenía nueve años, aproximadamente. Recuerdo que tenía mucha hambre y había estado preparando un bocadillo cuando me corté un dedo sin darme cuenta. Obviamente, el dedo me empezó a sangrar, salpicando el piso con gotas rojas diminutas. No sé por qué razón, aún me lo sigo preguntando, me metí el dedo a la boca y, curiosamente, lo disfruté, ¿me hago entender? me gustó el sabor de mi sangre. 
—Sí, continúa —intervino el locutor. En el fondo tecleaban con rapidez.
—Bien. Estuve embelesado succionando hasta que caí en cuenta de mi letargo y mi extraño deleite. Luego de lavar la herida con agua y colocarme una cura, pensé en la sensación que había causado el contacto de la sangre con mi boca. Era curioso pero no lo suficiente para alarmarme; muchos también lo hacen cuando se lastiman ¿no? Era algo instintivo.
—Sí, claro —dijo el locutor.
—Sí, por eso no me alarmé. Pero en las horas de la noche me llegó el sabor de nuevo. Lo sentí en mi boca. Esta vez sí fue realmente extraño ¿entiende? No aguantaba la tentación de saborearla. Sin pensarlo me descubrí la pequeña herida y empecé a succionar, pero al ver que la sangre no salía mordí con fuerza hasta que sangró de nuevo ¿entiende? Así estuve durante una hora.
—¿Eran tan fuertes las ganas de probar la sangre? 
—Sí; no le miento. ¿No me cree?
—No, no he dicho nada. Es que es impresionante lo que cuentas.
—Es todo verdad —recalcó el joven oyente—- Como le venía diciendo, esa misma noche tuve un sueño muy extraño. Soñé que un sujeto vestido de negro, piel pálida y ojos inyectados de sangre salía de una espesa niebla. Yo me sentí atraído ¿entiende? Extrañamente me había parecido atractivo y cuando miré sus ojos quedé como hipnotizado. Luego desperté. No recuerdo nada más. Curiosamente, en la mañana, sentía el mismo síntoma de debilidad y unas intensas ganas de probarla.
—¿La sangre?
—Sí, la sangre.
—Y qué más sucedió —intervino el locutor—. ¿Alguien supo sobre sus nuevos y particulares gustos?
—No. Preferí mantenerlo en secreto, por lo menos hasta que se me pasara, cosa que nunca sucedería. A muchos les hubiera parecido un cuento de hadas ¿entiende? Pero estaba empeorando y yo me alarmaba.
»Durante mucho tiempo seguí experimentando los mismos episodios. Cuando tenía unos catorce años los eventos que se me presentaban eran más curiosos. Había empezado a soñar con épocas lejanas, ¿entiende?, cosas que no conocía, batallas medievales y escenas sangrientas de guerreros luchando ferozmente y muriendo de las formas más atroces. En aquellos días había empezado a perder el apetito por la comida corriente y solo me provocaba la carne a medio cocinar, o, en su defecto, cruda. Me producía un cosquilleo ver el trozo con su jugosidad de color rojo intenso, ¿entiende? 
»Una vez —por esa época estaba enamorado de una niña que estudiaba conmigo en el mismo salón a la que yo no era capaz de hablarle—, iba yo de camino al colegio cuando la vi que se acercaba. Noté que su rostro estaba pálido como el yeso y cansado ¿entiende? Cuando se acercó a mí se quedó mirándome con el ceño fruncido, como si estuviese tratando de escrutar algo en mi rostro, luego se desplomó en mis brazos y me preguntó algo que me dejó desconcertado: “¿Cuándo te volveré a ver? ¿Esta noche quizá?”
»Quedé frío al escuchar esas palabras. Desde ese momento asumí que yo me estaba convirtiendo en un no-muerto ¿entiende?
—¿Un no-muerto?
—S; un vampiro. Ahora, con dieciséis años sé que fui elegido para eso. Ya no es raro ver cosas extrañas en los sueños. A veces, a escondidas, como carne cruda o me corto los dedos y succiono la herida con un gusto indescriptible. Yo sé que muchos no me creerán, pero estoy seguro de qué soy.
Hubo una breve pausa y el locutor habló de nuevo.
—¡Tremendo! ¿Y has acudido a alguien que te pueda ayudar?
No hubo respuesta.
—Hola, oyente, ¿estás ahí?
Silencio.
—¿Hola?
No hubo respuesta.
—Bueno, parece que se ha caído la llamada. ¡Tremenda historia la que hemos escuchado esta noche! Algo de verdad muy serio. Según investigadores de ese campo, estas criaturas existen. Tal vez no como los pintan en las películas, pero sí con aquellas inclinaciones hacia lo oscuro y con gusto por la sangre. Es un tema que tenemos planeado tratar en algún programa. Es de por sí muy interesante. Esperemos que nuestro oyente vuelva a llamar —Sonó un fragmento de la cortina y luego continuó—: Estamos esperando sus historias. Las líneas están abiertas, mientras tanto vamos con música y ya regresamos. 
El locutor dudó por un segundo de la veracidad de la historia de aquel joven oyente, pero no lo dijo al aire. Su trabajo no consistía en poner en tela de juicio las experiencias de los oyentes; no estaba en su contrato. Él sólo se encargaba de conducir el programa. 
Por otro lado, Miguel Ángel había colgado para crear impacto, agregarle suspenso a su historia ficticia. Se reía de solo creer que el conductor del programa se había tragado semejante patraña. En ese momento había empezado a sonar la música. Música para maricas, pensó. Cambió la estación rápidamente a una donde si pasaban música de verdad. Estaba solo en su casa, sus padres estaban en una reunión. Podría subir el volumen todo lo que quisiera, bueno, al menos lo suficiente para no despertar a los vecinos; sólo tenía que cerrar la puerta de su habitación.

Cuando acabó la música, el locutor recibió otra llamada.
—Buenas noches, ¿con quién hablamos?
—El sujeto que acabó de llamar… debe retractarse.
—¿Disculpe?
—Aquel que dijo que era un vampiro, debe retractarse de inmediato. 
El locutor no entendía lo que estaba sucediendo, así que guardó silencio.
—Contáctenlo. Si no se retracta, las consecuencias serán muy serias. Buenas noches.
El locutor no se pronunció. La cortina comenzó a sonar nuevamente. Duró varios minutos.

Los señores Hernández habían llegado a eso de las tres de la madrugada y estaban algo extrañados. ¿Por qué Miguel Ángel habría de cerrar con seguro la puerta estando solo? La música sonaba duro en el interior de la habitación.
Tal vez se ha quedado dormido con la radio prendida.
Su madre abrió el cajón superior de su mesa de noche y sacó la llave que abría todas las puertas de la de la casa. 
Miguel estaba en el suelo, sobre su alfombra, dormido. Su madre lo movió sin que se inmutara. Su padre se dispuso a cargarlo y dejarlo sobre su cama cuando notó algo extraño. Dos agujeritos rojos en su cuello.
Un vampiro.
Bah, qué estupidez más grande. 
Pero la posibilidad existía, más de lo que su padre llegó a creer y desechar como una patraña de su cabeza. La visita de uno de verdad, uno al que no le gustaba oír a la gente tratándolos como criaturas míticas y haciendo uso de la larga existencia de su raza como cuentos de hadas para triviales entretenciones, pero su padre era muy viejo, obtuso e incrédulo para pensar en cosa más absurda. Su madre no le había visto las marcas, sólo se había ocupado de bajar el volumen a la radio. 
«Mañana le revisaré bien esas picaduras», pensó su padre. «Ahora es tiempo de dormir».




Fin.

Otoño de amor


Por Cristian Daniel Barbaro.


1
Andrés observaba a las hojas del otoño caer al suelo; las observaba en su último trayecto luego de una lenta agonía y lucha contra la muerte; las veía caer lentamente susurrando al viento piedad, intentando llegar a un lugar que jamás conocerían; las veía morir. Su mirada era pensativa, analizaba cada movimiento de su día mientras el sol se ponía en el horizonte, mientras el frío se aproximaba desde el sur, traídos por fuertes ráfagas despiadadas y crueles. Pensaba en ella, en Dolores. Ella sufría por culpa de un imbécil que no la quería, que la maltrataba, que no la apreciaba; mientras él se quedaba sentado viendo morir a los días y nacer a las noches otoñales. Debía hacer algo urgente, no podía dejar pasar el tiempo o sería muy tarde para volver atrás.
—Necesito hacerlo, Damián —le dijo al muchacho que estaba sentado a su derecha sin apartar la mirada de las hojas suicidas, cansadas de la fotosíntesis y de todo el maldito ciclo de la vida—. Ella está sufriendo y no puede hacer nada.
—No puedes hacer nada al respecto —le recordó Damián—. Lo sabes muy bien. Tienen un hijo en común. Eso es suficiente para que tú te apartes de todos sus problemas. Ella no te incumbe por más que la ames.
—Me cago en toda esa mierda sobre la paternidad. Ese hijo de puta no quiere a su hijo. ¿No te das cuenta? Es un ser egoísta, todos somos así. Queremos lo que no nos pertenece. Y ella ya no le pertenece a él.
—Le pertenece. Lo sabes, Andrés. Él es el padre y decidió volver para cumplir con su rol, con su papel. Este es el argumento.
—La historia se puede cambiar, Dami. Lo voy a demostrar.
—No. No harás ninguna locura. No lo permitiré.
Andrés giró su mirada hacia Damián; esa mirada expresaba súplicas y ayuda. Él había perdido a la mujer de su vida por culpa de los caprichos de un pendejo que no sabía lo que quería en su vida.
—Lo voy a matar, Damián. Y no lo vas a evitar. Lo mataré. Lo juro.

2
Las cartas juegan en contra del amor, a veces es así. A veces los caprichos de la misma vida tejen marañas de redes que nos controlan a su voluntad cual marionetas controladas por un dios con unas manos invisibles.
Andrés no encontraba la vuelta de tuerca a todo este asunto que le provocó un giro de ciento ochenta grados. Ahora debía volver a su casa, donde sus padres le acobijaban pero les negaban su comprensión.
—No queremos que estés con esa chica, Andrés —le dijo su padre mientras jugueteaba con su cigarrillo a medio terminar, hablando por él y su esposa—. Tiene un hijo, te quiere utilizar. Quiere que te hagas cargo de lo que no te corresponde.
—¡A la mierda con todo eso! —Gritó Andrés mientras se expulsaba de su silla y se ponía frente a su padre—. Tú has hecho lo mismo con mi madre, ella estaba sola y conmigo a cuestas. ¿Por qué no puedo hacer lo mismo yo también si la amo?
—Porque estás haciendo las cosas muy mal. No estás en tus cabales, Andresito y…
—No me llames así, Raúl —lo interrumpió Andrés.
—Discúlpame, Andrés. No volverá a suceder. Digo que ella no es quien aparenta. ¿Acaso no te das cuenta?
Raúl se quedó mirándolo, esperando una respuesta por parte de Andrés que nunca llegaría. La ausencia de respuesta fue lo único que halló esa noche de otoño.
Andrés lo miró un momento más, resopló, viró ciento ochenta grados y se dirigió a su habitación.
—La amo. No lo entienden —concluyó para sus adentros Andrés, asegurándose de que sus padres lo oyeran.

3
—No entiendo por qué todos están en contra de mi amor por Dolores, Damián —dijo Andrés. Pidió—: explícame, por favor.
Damián bajó su mirada al suelo, pensó un momento lo que iba a decir, levantó su mirada y le respondió:
—Sencillamente, porque ella tiene un hijo con él. Legalmente no puedes hacer mucho al respecto. Ella eligió volver con él y son una familia unida nuevamente.
—No —dijo Andrés suavemente—. Ella no lo eligió. Lo sé.
—Escúchame, Andrés. Estas volviéndote loco, estás mal. Se nota en tus ojos. Lo que has dicho sobre matarlo, en verdad lo has creído. Por tu cabeza pasó la idea de asesinar a alguien. Quiero que te tranquilices y que te vayas a dormir. Por favor, tus padres no querrían verte en este estado tan deplorable. Descansa hermano. Descansa.
Andrés se quedó mirando a Damián por un rato más y decidió, finalmente, ceder al cansancio. Sus manos estaban lastimadas, sus brazos agotados. Necesitaba dormir y recobrar energías. Mañana sería un día demasiado largo, lo sospechaba en su interior.
—Está bien. Me iré a descansar. Te pido, por favor, que no me vigiles esta noche. Te juro que estoy bien. Lo que sucedió fue un simple desliz. Prometo que no volverá a suceder.
—Vete a dormir —le reprochó Damián.
Andrés se levantó del banco, observó un momento más a las hojas suicidas y entró en su casa. Damián se quedó sentado en el banco, mirando al suelo, al parecer, pensando.
Dentro de la casa, un silencio reinaba el ambiente. Sus padres estaban durmiendo muy plácidamente, no había dudas al respecto. Ya no les reprochaba nada, hasta los había ayudado a descansar. Después de tanto esfuerzo por parte de ellos para sustentar este hogar que estaba al borde del colapso nervioso.
—No quise hacerlo, lo saben ¿verdad? —Se dirigió al aire—. Me obligaron a hacerlo.
Se recostó en su cama. Mañana iría a verla, dijeran lo que dijesen sus padres al respecto, aunque suponía que ya no le dirían nada. Confiaba en que Damián no se entrometiera esta vez. Pero no se confiaba del todo. Ese muchacho era muy impredecible. Su hermano era muy impredecible.

4
Los sucesos tomaban rumbos inesperados (si aún no lo habían hecho). Dolores había aceptado salir con él a pasear. Él quería demostrarle que el mundo estaba hecho para regalar segundas oportunidades, quería enseñarle el lado amable de la vida. Quería decirle que le pertenecía a ella.
La llevó a conocer los lugares más pacíficos y hermosos del lejano oeste platense. La llevó a recorrer los campos y a acariciar el aire con sus labios. Ella reía mientras se dejaba despeinar por la brisa suave que corría hacia el norte. Estaba muy enamorado. Y ella estaba aparentemente feliz.
—El Peligro, Dolores —le dijo—. Así se llama este pueblo: El Peligro. ¿Lo puedes creer, un lugar tan tranquilo que se llame tan mal? Parece una controversia.
Ella le sonrió pero no le dijo nada, estaba ensimismada en la belleza del paisaje oculto de una tarde de verano avejentado, al borde de su final.
Era hermosa, no había dudas. Su belleza necesitaría mil páginas para ser volcada en palabras. Él lo sabía a la perfección. Vio lágrimas en sus ojos.
—¿Qué te sucede, Dolores? —le preguntó.
Ella se sentó en un tronco solitario que estaba en medio de un campo vacío.
—Él quiere volver.
—¿Quién es “Él”? —preguntó Andrés algo anonadado.
—Mi ex novio. El padre de mi hijo.
A Andrés se le cayó el mundo encima. Ese hijo de puta que la había maltratado verbal y físicamente, luego abandonado mientras estaba embarazada, quería regresar.
—Supongo que le dijiste que no —dijo él, esperanzado.
—Debo pensarlo, Andrés. Es el padre de mi hijo y se merece una segunda oportunidad.
—¡Una segunda oportunidad! Mierda, ese hijo de puta te cagó a palos y quieres darle una segunda oportunidad.
—Andrés, por favor, cálmate.
—No puedo calmarme. Yo te amo. Yo… yo te quiero a ti y a Cristian. Los quiero.
—Por favor, no me lo hagas difícil, Andrés. Dije que lo debo pensar.
—Volverás con él. Lo sé. Lo sabemos.
No pudo continuar porque los sollozos ahogaron sus palabras y sus lágrimas cegaron su vista. Todo había llegado a su final. Todo había terminado para él. La vida real no era un cuento de hadas, era una pesadilla de Stephen King.
—Debemos volver, Dolores —dijo finalmente secándose los ojos y esnifándose los mocos—. Se hace tarde.


5
El despertador del celular lo arrancó de sus sueños-recuerdos. Andrés miró el reloj. Marcaba las nueve y media de la mañana. Fue a la cocina y se preparó un café. No había dormido muy cómodo y había llorado en sueños, sentía sus ojos muy hinchados.
—Mierda, eso es la vida. Pura y asquerosa mierda —dijo al aire fresco. O a alguien que no lo escuchaba.
Papá (el que lo crió) y mamá no querían que aquélla relación tomara forma, menos cuando supieron que la chica estaba con el padre de su hijo. Lo hacían por el bienestar de Andrés, y él lo sabía muy bien.
—Me pregunto si aún después de lo que les sucedió serán capaces de entenderme. Yo la amo. Y no estoy loco.
Nadie le dio una respuesta. La casa estaba tan muerta como…, bueno, como ellos.
Se miró sus manos. Estaban todas llenas de rasguños y cicatrices, la tierra entre los dedos estaba seca. Aún le dolían los brazos de tanto remover la tierra. Habría sido más sencillo si hubiese utilizado una pala, pero la situación era muy dolorosa para pensar en esos pequeños detalles. Ahora era tarde para lamentarse.
Miró hacia la puerta que daba a la habitación de sus padres. Raúl se había casado con su madre cuando Andrés tenía apenas tres años. Algo similar pretendía hacer él con Dolores, quería ser el padre de Cristian. Amaba a Dolores, tanto que no le importaba dejar sus estudios para trabajar y alimentar al niño. Sus padres se negaban con suma vehemencia a sus deseos y eso lo irritó demasiado. Damián trató de detenerlo pero había llegado tarde. Andrés había hecho daño. Ahora NADIE se interpondría entre él y Dolores. Nadie.

6
No estaba muy seguro de lo que había hecho, sus recuerdos eran una brumosa niebla que no dejaba ver más allá del alcance de sus manos. Caminaba a ciegas.
En los últimos tiempos había tenido un colapso nervioso y sus padres tuvieron que internarlo unos días. ¿Eso había sucedido realmente? Andrés no lo sabía con certeza.
No lograba diferenciar la realidad de la imaginación. Las hojas le llamaban desde fuera, le pedían que fuera a verlas caer, eso siempre lo tranquilizaba.
—Pero no quiero que venga Damián. No lo quiero cerca de mí. No me gusta cuando tiene razón. La razón de la locura. —Rió al decir esta última frase. Se preguntó qué sería de la vida de ella.
El silencio le respondió con absoluta calma. No estaba Damián como ayer para acallarlo. Sólo estaba él. Sólo él. Bueno, él y sus padres en la habitación matrimonial.
¿Por qué los mataste?, le preguntó una voz, se parecía a la de Damián.
—No los maté —le respondió al vacío. No maté a nadie. Ambos lo sabemos.
Pero la tierra seca decía lo contrario. Había tierra en sus manos.
No puedes negar las pruebas fehacientes. Están allí, impregnadas en tus manos.
—¡Mientes! —gritó al silencio y salió corriendo afuera, a resguardarse bajo el frío clima otoñal.
Se sentó en el banco y se puso a observar las hojas otoñales caer al suelo, al patio, al jardín secreto de su casa.

7
—Voy a volver con él —le dijo ella sin anestesia.
Estaban sentados en un banco en la plaza. Los motores de los autobuses rugían a toda máquina silenciando algunas veces su diálogo triste y de despedida.
—Él me prometió que cambiará, prometió criar a Cristian como debe ser, siendo un buen padre.
Andrés no dijo nada. No entendía por qué sucedía lo que sucedía. Ella no había aprendido la lección. Entonces la dejó. No quería saber nada más al respecto. Ya estaba demasiado loco para resistirse a dejar todo, a sus padres, a su hermano, a ella, a su vida. Dejó que la bruma que lo invadía hiciera su parte.
La mente se escapaba de su cabeza para flotar alegremente por la atmósfera contaminada de humos venenosos expulsadas por los tubos de escape de los autobuses platenses. Ella estaba cada vez más distante. Ella se escapaba de su vida, de su vista, de sus alrededores. Sintió un fuerte dolor en el pecho; a continuación, oscuridad, pura y absoluta oscuridad enamorada de él para dejarlo huir tan sencillamente de ésa escena en la plaza —y de la vida—.

8
Andrés caminó hacia la parte trasera de su casa, allí estaba el jardín de su madre. Las flores que ella tanto quería estaban marchitas por la falta de agua. Andrés recordó a sus padres postrados en la cama matrimonial, pudriéndose como las flores de su madre y sintió ganas de vomitar.
—Yo los maté —dijo al suelo.
—Así es —le respondió una voz conocida. Era Damián.
—¿Qué haces aquí? Seguí tus consejos y mírame. He asesinado a mis padres y a...
—No, yo te dije que les hablaras y los convencieras, que tu amor es eterno. Que la vida no basta para amar lo que debías amar. Nunca te dije que los mataras, lo sabes. Tú estabas muy confundido para saberlo y yo tampoco lo sabía, sino todo hubiese sido diferente. —Pensó un momento y continuó—. La plaza en La Plata, ¿lo recuerdas?
—Sí —respondió Andrés luego de pensarlo un momento—. Casi muero por amor.
—¿Casi? —inquirió Damián.
Andrés lo miró con mucho miedo y tristeza en su rostro. No quería aceptarlo. Ahora estaba muy cerca de ella. Ya sus padres no estorbarían negándoles su apoyo. Y el ex novio de Dolores estaba enterrado —con las fuerzas de sus manos— en el maldito jardín. Lo único que debía hacer era ir a verla a ella y ser felices.
—No será así, Andrés. Lo sabes muy bien. Mírame. Soy un fantasma. Soy un maldito fantasma porque mi propio hermano me asesinó en mi propia cama mientras dormía.
—¡Mentira! —Exclamó Andrés—. Todo es mentira. Toda esta mierda es mentira.
—¿Y Dolores? ¿También la mataste a ella junto a Cristian?
—¡No! —Gritó Andrés tapándose los oídos y negando frenéticamente toda la verdad—. ¡Las hojas! ¡La plaza! ¡Todo es mentira!
Damián sonrió y asintió.
—La oscuridad te abrazó hermano y nunca te abandonó. Mira lo que es este mundo, hermano —dijo señalando su alrededor.
Andrés miró, estaba todo muerto, en la estación muerta. Todo moría: las hojas de los arboles, su familia, el ex novio de Dolores y su amor por ella. E incluso moría él.

9
—Nunca desperté, ¿verdad? —le preguntó a Damián.
—Así es —respondió su hermano—. Aun estás en el hospital, tuviste un infarto. Tu corazón es débil, hermano. Ella, Dolores está muy cerca de ti pero no le permiten verte, nuestros padres son severos con sus opiniones. Aún así la sientes presente. Debes despertar, brother. Despierta…
Andrés lo miró y notó que la bruma volvía a absorberlo. Una vez más se dejó atrapar por ella. La voz de su hermano se perdía en la lejanía al tiempo que todo el mundo se sumergía en la oscuridad absoluta y amorosa.
Andrés abrió los ojos y pudo ver el mundo real, allí estaba su madre, viéndolo a través de lágrimas secas y cansadas.
—Mamá, lamento haberte asesinado —dijo débilmente.
Ella lo abrazó apenas oyó que su hijo hablaba sin prestar atención a sus palabras.

10
Luego de un largo periodo de recuperación, Andrés fue dado de alta y pudo regresar a su hogar, junto a su madre, padre y Damián. Las flores estaban marchitas, tal vez no había tiempo para preocuparse por esas cosas mientras un hijo yacía recostado en el hospital. Sonrió. Miró sus manos. Estaban limpias.
—Tengo que ver a Dolores, Raúl. No la veo desde hace tiempo —le dijo Andrés.
Raúl asintió con una dulce sonrisa en su rostro.
—Ve, hijo. Ve y arregla este asunto. Al fin y al cabo yo fui como tú, un loco enamorado que quería a una mujer con un hijo, dispuesto a amar el doble. Dispuesto a ser un padre, a darle a un hijo el amor que se merece.
Andrés lo miró y, luego, lo abrazó.
—Gracias, papá. —Dolores está muy cerca de ti pero no le permiten verte, nuestros padres son severos con sus opiniones, le había dicho su hermano. Pero la felicidad de ver a su padre aceptando su amor fue suficiente para enterrar una duda emergente.
Salió afuera y observó al árbol, miró por un momento las hojas, eran del color del otoño, un color rojo tan vivo. No sabía muy bien qué había sido parte del sueño de su purgatorio y qué no. Sintió un estremecimiento recorrer todo su cuerpo.

11
—Hola, Dolores —la saludó desde el portón de la casa.
Ella dio un brinco, estaba jugando con Cristian, giró media vuelta y corrió a abrazar a Andrés. Lo abrazó con tanta fuerza que parecía que sus almas se fundían en una sola, a través de la fortaleza del corazón. Le dio un cálido beso en los labios. Eso, Andrés, no se lo esperaba. Le sonrió.
—Tranquila, Dolores. Todo está bien, yo estoy bien. —Aunque no podía disimular su sorpresa ante ése beso.
—Creí que te perdía en la plaza —dijo ella con palabras entrecortadas por el llanto.
—¿Y él? ¿Dónde está? —inquirió Andrés.
Ella lo observó, el terror asomaba por sus ojos.
—Se fue. Simplemente desapareció de un día para el otro. Nadie sabe nada de él, ni sus amigos ni su familia.
Andrés recordó su fantasía, él lo había matado y enterrado en el jardín de su casa, en el fondo del jardín, donde nadie se acercaba, con sus propias manos, todo el trabajo realizado íntegramente por sus manos. Sintió un fuerte mareo pero trató de reincorporarse. Le dedicó una forzada sonrisa a Dolores pero necesitaba volver. Algo no andaba bien, y él lo sabía a la perfección. Sus padres aceptando su relación, ¿qué había sucedido cuando supieron que él había sufrido un infarto? ¿Por qué no hablaron con él durante la semana antes del alta? Ahora las dudas emergían como una bala emerge del cañón de una pistola disparada al corazón.
—Dolores, no sé qué decirte. La verdad es que no me esperaba esto —parecía estar demasiado confundido—. Discúlpame, debo irme.
—Pero, Andrés, quédate. Debo hablar contigo. Debo decirte algo muy importante.
—Ahora no, Dolores. Luego. Debo ir a casa. Discúlpame, de verdad.

12
Cruzó el jardín y llegó a una zona donde las malas hierbas crecían a diestro y siniestro, sin preocupación alguna de que las manos de algún jardinero llegaran a tocarlas porque estaban en la zona del jardín que nadie visitaba. Andrés comenzó a escarbar. Sabía que había sido él. Lo deseó con tanto anhelo que se hizo realidad.
Arrancó algunas malas hierbas y comenzó a escarbar la tierra, estaba blanda, como si recién hubiera sido agregada al suelo. Pero las hierbas decían lo contrario. Necesitaban meses para crecer hasta esa altura y él solo había estado una semana en el hospital.
Pero allí estaba, una mano enterrada en el suelo. Era de él, estaba seguro. Era del ex novio de Dolores. Y Andrés lo había asesinado. De un modo u otro lo había asesinado.
Se paró y se quedó mirando con sumo terror esa mano emergente del infierno. Miró a lo lejos, las hojas de los arboles susurraban que el otoño se moría. Se acercó al árbol y se sentó en el banco. Las hojas comenzaron a caer directo al infierno. Había tiempo. El amor podía esperar, el amor también era un asesino implacable. Debía pensar en el próximo paso. Él era un asesino. Él era un asesino del amor.




Fin.