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sábado, 21 de diciembre de 2013

5º Especial de Sábados de Brutos Escritores


El karting a pedal y la bicicleta de carrera
Por Juan Esteban Bassagaisteguy.

Treinta navidades sufrí mirando cómo el gordo seboso surcaba el cielo de mi ciudad dejando caer sus paquetes en las chimeneas de cada hogar; y cómo volaba por encima del mío sin regalarme nada.
Hoy también el muy boludo sonreía, jocoso, con su clásico «¡Jo, jo, jo!».
Y nunca se dio cuenta del balazo que le perforó el cerebro.
Ahora todos los regalos son míos y solo me queda abrirlos para encontrar el karting a pedal que me debe hace tres décadas.
Aunque lamento mucho que el trineo haya impactado contra el techo… Pero, bueno, tengo carne de reno como para alimentarme gratis un par de meses, je. Y algunos días por delante para disimular el suceso y cubrir el agujero en el cielorraso.
Porque es el turno de los otros tres hijos de puta y sus camellos: nunca se acordaron de mí cuando les pedí la bicicleta de carrera.

Santa Clauss, el Judío errante
Por Gabriel Herbas.

Al final resulto que los mayas no se equivocaron, sólo se erraron por dos años.
Cuando al fin, el mundo llegó a su fin el 21 de diciembre de 2014 nadie se entero.

Tres días después un hombre salió a hacer su trabajo como todos los años, montó su trineo y se paseó por sobre las casas del mundo, llevaba consigo una bolsa mágica llena de regalos y alegría pero apenas unos minutos después de su salida sólo sentía preocupación. No veía luces encendidas, no escuchaba las alegres melodías navideñas.

Al sentir su preocupación los renos empezaron a tambalearse, primero sólo un poco y después como si sufrieran de narcolepsia. Cuando iban cayendo hacia una casa solitaria de Colorado supo lo que sucedía. El mundo había llegado a su fin, al fin el mundo había desechado a los seres humanos. Se estrello sobre el techo de la casa y los renos con su magia perdida salieron disparados en todas direcciones, el trineo y los regalos cayeron al suelo. El permaneció en el techo de la casa del bombillo rojo lamentándose y preguntándose ¿Qué hacer?, él era el judío errante, él era el hombre inmortal que para hacer más interesante su vida había decidido repartir regalos cada año, pero ahora sin personas a las cuales darle nada ¿Qué sentido tenía su vida? Tendría que aprender a vivir en soledad, él era inmortal, no podía suicidarse.

[Sin título]
Por Robe Ferrer.

Y en ese momento el hombre que vestía de rojo pensó: ¿Por qué me habré ido bebiendo todas las copas de anís que me dejaban en cada casa?. ¿Por qué le daría un sorbito a cada reno? ¿Y por qué coño le robaría el trineo a Papa Noel cuando entró en mi casa?


sábado, 23 de noviembre de 2013

Dragon key (La llave en el dragón)


Por Gabriel Herbas.


    “Buscar, buscar al dragón y matarlo, después, buscar la llave en su estomago”.
    Este era el pensamiento que inundaba la cabeza de Yurk, el vikingo, caminaba por un campo inmenso, sin árboles, su siempre fiel escudero y hermano menor Yark caminaba junto a él. Yark había perdido su fiel espada de la Iluminación en los Bosques Neblinosos, en una batalla contra los Noarms. Uno de los Noarms más pequeños había aprisionado las piernas del vikingo con sus fuertes patas y lo había hecho caer al suelo rocoso inundado de espesa neblina, al caer, Yark soltó la espada y otro monstruo aprovechó para patearla hacia el precipicio. Ahora, la poderosa espada de la iluminación yacía a kilómetros y kilómetros bajo ellos, no había forma de recuperarla, a menos por supuesto que pudieran domar un dragón, lo que era bastante difícil pues debían cortarle la cola, lo suficiente como para que sintiera el dolor y se docilizara, pero no tanto como para que se desangrara.
    — ¿Te sientes bien Yark?
    Yark caminaba cabizbajo, solo miraba sus botas de piel de dragón rojo.
    — Sólo me siento mal por haber perdido la espada Yurk — se acarició la larga barba pero no levantó la vista.
    — No te preocupes por eso — dijo su hermano — si esta en los planes de la providencia encontrarla de nuevo, así será, de lo contrario no nos hará falta — se acarició la amarillenta barba — nos hemos acostumbrado a cosas peores ¿no crees?
    — Sí… — dijo Yark pensativo — ¿recuerdas cuando perdimos a Kalyuk?
    — Ahh… — exclamó Yurk — Kalyuk fue el mejor caballo alado que jamás tuve, a veces sueño con él, sobrevolando toda la ciudad de Nayet, custodiándola… después despierto — su mirada estaba perdida en los recuerdos —  y por supuesto no está… Qalü me contó una vez que los sueños nos los da la providencia a veces para prevenirnos de algo — Yark asentía — a veces un sueño nos muestra algo que anhelamos pero que ya no está… creo que tiene razón.
    — Qalü está loco — dijo Yark sonriendo — una vez hizo unas pócimas de inmunidad que casi matan a media docena de compañeros de la práctica de tiro de arco y flecha…
    — Quizá sólo se equivocó… ya está bastante viejo.
    — Me aterra ver su ojo blanco cuando hablo con él — continuó Yark — le da un toque de demente…
    Yurk rio, siguieron caminando en silencio.

***

     Jordan estaba sentado en el sofá de tres puestos en medio de la sala, su corpulencia ocupaba casi dos tercios del mueble. Siempre había sido lo que su madre llamaba “un niño grande”, “un niño elefante” decían sus compañeros de colegio, sonreía cuando lo llamaban así, pero en el fondo lloraba, les hablaba a todos sus compañeros sin excepción pero en el fondo los odiaba, sobre todo a ese imbécil del Jonathan Vélez, lo odiaba aún más cuando tenían las prácticas obligatorias de Fútbol y el maldito se quitaba la camiseta y corría por ahí con sus abdominales perfectos, atrayendo las miradas de las chicas de todo el colegio. Solo habían 10 varones en su salón de clase y el maestro de educación física los hacía jugar unos contra otros, cuando el profesor veía a Jordan le decía:
    — Jordan, si te da un paro cardiaco en medio del partido, que no me culpen a mí, yo no apruebo que tú juegues futbol.
    Jordan lo miraba con rabia y le respondía lo mismo cada vez:
    — No se preocupe maestro, voy a ser el arquero — Siempre era el arquero y siempre le hacían los goles tirando el balón al nivel del suelo.
    Pero los estúpidos compañeros de colegio no importaban en este momento, y tendrían menos importancia en cuatro meses, cuando terminaran el año escolar y se graduaran. Al fin descansaría de todos esos idiotas, quizá los viera de vez en cuando en la universidad, pero solo sería un saludo y adiós, hasta luego, tengo previos, quiz o lo que fuera que hicieran en las universidades. Solo extrañaría a una persona de su vida escolar, Jessica Contreras. Ella era lo más rico que él había visto jamás, y aunque veía mucha pornografía, no había visto nunca nada como Jessica, tenía el cabello largo y negro azabache que contrastaba con su piel blanca y sus ojos azul claro, un trasero hermoso y firme y unos enormes senos operados como regalo que su decimosexto cumpleaños. Jordan había escuchado muchos rumores sobre Jessica, unos absurdos y otros ridículos, una vez escuchó que se iba a graduar pero sólo porque había follado con el rector, o porque lo hacía seguido o algo así, los rumores inventados siempre cambian. También escucho que Jessica iba por las noches al colegio y se follaba al vigilante, a Jordan le pareció particularmente estúpido este último, ya que el vigilante era un viejo de 70 años o más y aunque Jessica estuviera dispuesta a hacer algo con él, seguro el viejo era impotente.
    Respecto a Jessica los rumores siempre eran sexuales, quizá porque ese era el sentimiento que despertaba en los hombres, dos meses atrás habían ido a piscina por cuenta del colegio, Jordan estaba reacio a ir, hasta que escuchó el rumor (esta vez de una fuente confiable) de que Jessica llevaría una tanga brasileña. Se embarco con sus compañeros de clase y tres profesores a una tarde de piscina en un club privado. El rumor resultó ser cierto y los hombres disfrutaron de una Jessica Contreras semidesnuda nadando en la piscina y tomando el sol boca arriba y boca abajo. Jordan estudió durante unos minutos su bonito trasero y sus grandes senos plásticos y después se dirigió a uno de los baños, una vez allí, se masturbó.
    Apostaba lo que fuera a que no fue el único en hacerlo aquella tarde.
    Sentado en el gran sillón, en la comodidad de su sala, este recuerdo lo azotó, algo empezó a crecer dentro de sus bóxers sueltos (que era lo único que llevaba puesto) y empezó a pedir que lo liberaran.
    — Con gusto lo haría amigo — dijo Jordan sin despegar los ojos de la pantalla — si esto no fuera un GAMEGURD* 3D.
    Llevaba 6 horas “probando” el GameGurd, un increíble videojuego que aún no salía a la venta, su padre se lo había traído de Japón, se lo compró a un tipo que lo había robado de las instalaciones de Gameland, una mega fábrica de videojuegos japonesa. Según el ladrón, sólo existían 3 de estas consolas en el mundo, también le obsequió “Dragon key”, uno de los 4 videojuegos diseñados exclusivamente para esta consola.
    Jordan miró la protuberancia que ahora sobresalía de sus bóxers y dijo:
    — Déjame encontrar el dragón y te atiendo ¿ok?
    Jordan siguió embelesado con el juego, las gráficas eran increíbles, el realismo era latente en cada pixel.

***


    — ¿Aún te quedan bombas camaleón? — preguntó Yark tras unos minutos de caminata en silencio.
    Le debían la vida a las bombas camaleón, estas no habían sido fabricadas por Qalü sino por un aprendiz de mago a las afueras de Nayet, el viejo mago estaba capturado con los demás, en la fortaleza dorada de Proklo. Habían utilizado las bombas camaleón para “desaparecer” breves segundos de la vista de los Noarms y así escapar por un atajo de los bosques neblinosos.
    Yurk y su hermano tenían una ventaja sobre los Noarms, tenían brazos y armas, aunque por otro lado los monstruosos engendros sin brazos les superaban en número y sus piernas con garras en los dedos eran muy fuertes. Los Noarms eran seres exclusivos de los bosques neblinosos, su piel era débil y si permanecían a la luz del sol mucho tiempo se les empezaba a caer a pedazos, también, eran casi ciegos a la luz del sol.
     — Déjame revisar — dijo Yurk, abrió la bolsa de cuero que llevaba a las espaldas (la bolsa estaba confeccionada con piel del dragón mas extraño jamás conocido, el dragón celeste oficial de Nayet, la capacidad especial de este dragón era que no escupía fuego por la boca sino un aire congelante, Yurk le había cortado parte de la cola y el rey Krenety le había obsequiado el trozo. Ahora ambos, dragón celeste y rey, estaban secuestrados en la fortaleza dorada — Tenemos tres bombas camaleón — dijo Yurk —, debemos utilizarlas con sabiduría, sabiduría y cuidado.

    Llevaban un buen tiempo caminando y ahora una colina se alzaba ante ellos, era de un verde prado, al igual que todo el camino desde los bosques neblinosos.
    — Dame agua Yurk, me siento muy cansado — Yark dio media vuelta y se sentó en el prado, apoyo su espalda en el ángulo que formaba la colina —. ¡Por los dioses Yurk! — Yurk se había detenido y bebía agua de la cantimplora de plata que centelleaba con los rayos del sol, la cual era otro obsequio del rey krenety — ¿Qué es eso?
    — ¿Qué es qué? — pregunto Yurk siguiendo la mirada de su hermano.
    — ¡Dame agua ser envidioso! — dijo Yark, se levantó y arrebató la cantimplora de las manos de Yurk.
    — ¿Qué es qué Yark? — preguntó de nuevo Yurk.
    Yark bebió con ganas y entre resoplidos ruidosos, estaba asustado.
    — Esa oscuridad… ¿Qué es?
    — ¿Oscuridad?, la oscuridad llegará en unas horas pero aún no,  yo veo el horizonte perfectamente bien Yark, el paisaje es hermoso desde aquí.
    De hecho lo era, una amplia meseta verde se deslizaba hasta los grises tonos de los bosques neblinosos, mas allá, el monte Nayet, a las faldas de éste, el reino de Nayet y aún más allá, donde los dragones temen volar, las misteriosas y temidas Montañas Azules, un trío de montañas de similar tamaño en ese momento, aunque a veces sus tamaños y texturas parecían cambiar, parecían combarse y engañar el ojo humano.
    Sí, el paisaje era hermoso, pero sólo a los ojos del hermano mayor. Yark, el más joven, miraba hacia la distancia con terror, tenía los ojos muy abiertos y la boca abierta a medias.
    — ¿Qué hay mas allá de los bosques neblinosos? — pregunto Yark.
    — ¿Qué clase de preguntas son esas Yark?, tu sabes perfectamente lo que hay… el monte Nayet y mas allá las Montañas Azules…
    — Te lo pregunto por qué no puedo ver nada mas allá de los bosques neblinosos Yurk… sé lo que hay mas allá… pero no logro verlo — recalco la última palabra — oh por los dioses, estoy hechizado, tengo un hechizo de ceguera, ¡veré las cosas a medias…!
    — Por supuesto que no Yark, estas bien, quizá solo es un problema temporal, ¿Qué ves entonces? — preguntó el hermano mayor tratando de disimular su preocupación, el malvado Proklo era un ser poderoso y le preocupaba lo que fuera capaz de hacer.
    —Es… es como si en medio de los bosques neblinosos… —dijo Yark pensativo —hubiesen puesto un gran telón, una cortina color negro que me evitara ver mas allá.
    Yurk pensó un momento y luego exclamó:
    — Vámonos Yark, estamos perdiendo de vista nuestra misión, aún nos faltan tres llaves para poder abrir la fortaleza dorada de Proklo, y una vez ahí dentro, no sabemos qué peligros nos esperan… no perdamos tiempo y energía en algo así.
    Yark meditó un momento la opinión de su hermano y decidió que tenía razón, Yurk siempre encontraba la razón en los momentos más críticos.
    — Muy bien, andando.
   
    Subieron la colina, paso a paso, sin prisa, en calma pero con constancia. Al llegar a la cima pudieron divisar una nueva sorpresa.

***


    — ¡Ahí esta! — Gritó Jordan — ¡ahí está el maldito! — rio un momento y al serenarse dirigió la mirada a su entrepierna, lo que se había despertado hacía un momento dormía de nuevo. Con esta excusa, Jordan prosiguió el juego, había encontrado el dragón, ahora empezaba lo bueno, sería un reto para él y para el juego, para él, lograr matar al dragón; para el juego, sorprenderlo de nuevo con sus gráficas y efectos en 3D.

***



    Ambos vieron la cueva, era poco más que una roca hueca, grande y majestuosa. El dragón en su interior debía medir al menos unos 60 metros de punta a punta, sólo la cola debía medir unos 5 metros, si lograban cortar al menos una cuarta parte de esa extremidad, podrían atontarlo lo suficiente como para abrirle el estomago y buscar la llave.
    Sigilosos, bajaron la colina, no querían hacer más ruido que el estrictamente necesario.
    — Fíjate en eso — dijo Yurk, estaban a unos 20 metros de la boca de la cueva —, sobre la entrada.
    — Dos cabezas… — dijo Yark, un grabado en bajo relieve mostraba como sería la bestia contra la que deberían enfrentarse, así había sido en las ultimas 4 cuevas, todos los grabados habían acertado. Esta vez sería un dragón de dos cabezas — dos cabezas es doble problema Yurk, debemos tener un plan, sólo tenemos una espada, dos escudos, unas cuantas bombas ruidosas…
    — También hay una bomba de ceguera — le interrumpió Yurk — y tres bombas camaleón.
    — ¡Son dos cabezas! — Casi gritó Yark — necesitaremos al menos dos bombas de ceguera…
    — GRRRRRUAAARRRR… — el eco de la caverna hizo que el rugido se oyera aún mas terrorífico, dándole cierta similitud a un trueno provocado por un dios colérico.
    — Shhhh — dijo Yurk susurrando — también tenemos un… — lo que iba a decir era “un cuerno de unicornio”, el cual reproducía un sonido imperceptible para el oído humano que en cambio martillaba los oídos dragonianos. Eso era lo que Yurk quería decir antes de que una inmensa nariz se asomara por la caverna y lanzara un resoplido que casi los hizo vomitar por el nauseabundo hedor que emitió. Segundos después una cabeza alargada, escamosa y dura se asomó y un momento después otra cabeza de igual tamaño y características le hizo compañía.
    Todo pasó muy rápido, los hermanos vikingos apenas si pudieron ponerse en guardia, Yurk desenvainó su espada, la espada de fuego, forjada en conjunto por los herreros y hechiceros mas experimentados de Nayet, su característica, una hoja increíblemente afilada que estaba constantemente caliente al tacto. Yurk había entrenado con ella desde hacía mucho tiempo, cortaba gruesos y nudosos arboles como si de tallos de rosas silvestres se tratara.
    Primero las cabezas, después los cuellos, el gran dragón salía despacio, al parecer no había visto a los vikingos, éstos a su vez daban pasos hacia atrás manteniendo la distancia entre ellos y el dragón. En cuanto estuvo fuera, el gran dragón de dos cabezas estiró sus cuellos y lanzó al cielo dos bocanadas de fuego, primero por una boca y después por la otra.
    — Prepárate Yark, vamos a hacer esto rápido, debemos aprovechar su ensoñamiento.
    Yark asentía, cuando se percató de que Yurk le había lanzado algo.
    — ¿Qué…? — Sólo pudo decir, cuando su hermano le lanzo la espada de fuego — ¡aay! — por error, tocó el canto de la fina hoja de acero y se quemó a pesar de los guantes de cuero.
    — Tú, a la cola, de inmediato — dijo Yurk mientras buscaba algo en su bolsa de cuero — yo voy al estómago — sacó la ultima bomba de ceguera y la sostuvo en su mano, después se inclinó sacando una daga del compartimiento secreto de su bota izquierda.
    — Espero la señal — dijo Yark, sabía que su hermano utilizaría primero el cuerno del unicornio para atontar al dragón.
    Yurk sacó el cuerno y lo dirigió a su boca, las gargantas del dragón seguían lanzando llamaradas de fuego naranja, pero al escuchar el agudísimo sonido producido por el cuerno, empezó a gemir, molesto.
    Yark corrió hacia la cola del dragón. Por su parte, Yurk, daga en mano, lanzo un grito de guerra dirigiéndose hacia el abdomen del escamoso ser. Las triangulares cabezas del dragón se balanceaban de un lado a otro aun aturdidas por el molesto ruido.
    Yurk llegó al abdomen y clavó el cuchillo en él, Yark llegó a la cola que se meneaba  movimientos frenéticos, lanzó un espadazo y falló. El dragón lanzó un zarpazo a su estómago, golpeando a Yurk y haciéndolo volar cinco metros sobre el verde prado, cayó boca arriba y una de las cabezas del dragón se inclinó hacia él, Yurk preparó la bomba de ceguera y cuando la nariz del monstruo casi lo había tocado la lanzó hacia sus amarillentos ojos.
    La otra cabeza buscaba el calor que podía sentir, el calor que emitía la espada de fuego, se preparaba para lanzar una bocanada de fuego contra el hermano menor cuando la otra cabeza recibió la bomba de ceguera. Al recibir la bomba, la cabeza del dragón y todo su cuerpo se inclinaron hacia arriba, empujando también a su gemela. Emitió un rugido ensordecedor dirigido al cielo sin nubes que sonaba como una lluvia de rocas gigantes.
    — ¡Ahora! —gritó Yurk desde el suelo, Yark asintió y embistió la espada contra la cola del dragón con todas sus fuerzas. Como si de la cola de un lagarto se tratase y con la velocidad de un parpadeo, los últimos cuatro metros de la cola del dragón se despegaron del cuerpo, una sangre púrpura y hedionda brotó de ambas partes.
    El grito del dragón se ahogó al sentir el filo de la mítica espada y se tambaleó un poco mientras su rugido de odio se transformaba en un gemido de dolor puro.
    Yark corrió hacia su hermano, un poco de sangre resbalaba por la hoja de la espada.
    — ¡Tú turno! — le dijo al dársela. Era la tradición que el hermano mayor cortara la panza de los dragones.
    Yurk se levantó – hizo una mueca de dolor al hacerlo – y con un nuevo grito de guerra se dirigió al estomago del enfurecido dragón.
    A pesar de las gruesas escamas del animal, su abdomen se abrió de un tajo. Un momento después, el gigante de dos cabezas se desplomó, sus días de lanzar llamaradas habían terminado.
    Dentro, los vikingos encontraron una grata sorpresa.

***



    Jordan oprimió del botón de “Pause” y muy a su pesar soltó el control remoto sin cables del GAMEGURD. Amaba la sensación de tener un control de videojuego en las manos, otras personas se sujetaban a ellos con furia, con la desconfianza provocada por la inexperiencia, él no, él lo tomaba suavemente, acariciaba el control remoto en medio del juego, si algo salía mal, no lo culpaba, no era su culpa, si algo salía mal sólo debía practicar mas, jugar más, obtener más experiencia. El mando inalámbrico del GAMEGURD hacía las cosas más fáciles, estaba diseñado de una manera casi perfecta, de forma que se hacia uno con sus manos.
    El GAMEGURD era de lejos, la mejor consola de videojuegos que había tenido en sus manos, y había tenido muchas, su afición había empezado a los 5 años cuando por casualidad un primo había ido a quedarse a su casa, había llevado un Play Station de  primera generación y se la pasó jugando FIFA 98` todo el fin de semana, para el domingo en la tarde el pequeño Jordan ya sabía las funciones de cada uno de los 12 botones y también se desempeñaba bien con las palancas Análogas.

    Había llegado a un punto crítico del juego, debía recuperar energías. Dejó el control  en el lado del mueble que no era ocupado por su corpulencia y se levantó, al hacerlo percibió un olor extraño y hediondo que provenía del mueble, era el olor provocado por su propio cuerpo al permanecer tanto tiempo sentado en el mismo sitio. No le extrañó, ya lo había percibido antes, tampoco le molestaba mucho, era algo cotidiano.
    El reloj de pared de la sala, marcaba las 11:37 am, en una hora o menos, sus padres llegarían a almorzar y se suponía que él debía tener lista la comida. Cruzó la sala y se adentro en el diminuto baño que había en un extremo junto a las escaleras.
    “¿Quien pone un baño en una sala?”, se preguntó a sí mismo “¿qué clase de loco arquitecto hace algo como eso?”.
    Al entrar en el baño — y dejar la puerta abierta por supuesto, estaba solo ¿Qué necesidad habría de cerrarla? — Jordan se percató de que si engordaba un poco más, no pasaría por el espacio entre la pared del baño y el lavamanos en la entrada, pero igual no le importaba, había dos baños más de tamaño normal en el segundo piso, solo había entrado en este porque no quería subir escaleras. Se bajó los bóxers y se acomodó como pudo en el inodoro, le molestaba no verse el pene así que lanzó una mano hacia él para sentirlo, al percatarse de que estaba en su mano, de que no había desaparecido entre los pliegues de grasa, se dispuso a relajar sus intestinos. Cuando hubo terminado, sintió hambre y tuvo una idea para el almuerzo.
    Veinte minutos más tarde alguien afuera pulsó el timbre, Jordan estaba en la mesa comedor de la sala revisando algunas cosas en su portátil, buscaba información sobre el GAMEGURD, pero no encontró absolutamente nada, se sentía decepcionado y al mismo tiempo excitado, tenía en su poder algo único, de unas características increíbles, estaba pensando en hacer una reseña del GAMEGURD y del juego Dragon Key en su antiguo blog cuando llegó el tipo de la pizza.
    Tomó el dinero, que tenía listo junto a él y se dirigió lentamente hacia la puerta, recibió las pizzas sin mediar palabra con el repartidor y se sentó de nuevo frente a la pantalla del portátil.
    El juego seguía en pausa y así permanecería hasta que sus padres llegaran, almorzaran y se fueran de nuevo. Le faltaba muy poco para llegar a la parte decisiva del juego y debía hacerlo sin interrupciones.
    Apagó la computadora portátil y se sentó de nuevo en el sofá, con el control remoto del televisor pasó de la opción “video” a la opción “TV”, sintonizó uno de sus programas favoritos, MAN VS FOOD. Normalmente sentía envidia por Adam, el conductor del programa, tantas comidas, tantos sabores, tantos lugares, pero ahora, con una pizza mediana en su regazo (la pizza grande seria para el almuerzo) se sentía como él, tanto que al terminarla dijo:
    — Hoy, en la casa de Jordan Estévez… ¡el hombre ganó!
    Sus padres llegaron, almorzaron, hicieron uno que otro comentario sobre la comida y se fueron tal como hacían de lunes a sábado, los domingos era el único día que tenían para pasar tiempo juntos, pero de igual manera, hacia mucho que no lo hacían. Los domingos Jordan los dedicaba a jugar videojuegos, estar en Facebook y mucho mas tarde en la noche hacer parte de sus deberes escolares. Su padre era un periodista que gozaba de cierta fama local, él dedicaba el domingo a leer el periódico y escribir algunas reseñas, también veía los partidos de futbol televisados de la liga nacional. Su madre dedicaba el domingo a ciertos quehaceres hogareños y también gozaba de las mieles que le ofrecía el Facebook, según ella, por medio de la red social se había reencontrado con sus amigos de la infancia, un día se fue de la lengua y le contó a Jordan que se había encontrado a un ex novio.
    Cada miembro de su familia había tomado caminos diferentes, cada vez eran menos frecuentes las charlas entre los tres.

    — Adiós Jordan — dijo su madre al irse — pórtate bien — miró el reloj que marcaba las 2:01 pm, se le hacía tarde.
    — Sí mamá… siempre lo hago.
    — No te pegues mucho a ese aparato, haz tus deberes — toda su vida, esa fue la forma en que le dio órdenes a Jordan, casi le pedía el favor de que hiciera las cosas que debía hacer por obligación.
    — No mamá — dijo Jordan dirigiéndose al gran sillón frente al televisor de 48 pulgadas — sí, mamá… — dijo al cabo de un momento. En cuanto su mama cerró la puerta que daba a la calle, Jordan pulsó de nuevo el botón de “pausa” para reanudar el juego.

***


    Eran dos las llaves que encontraron en el estomago del dragón de dos cabezas, eso significaba que solo faltaba una para completar las 7 llaves necesarias para abrir la fortaleza dorada de Proklo. Una vez allí, no sabían contra que se enfrentarían.
    Proklo fue el anterior rey de Nayet, cuando se descubrió que los asesinatos perpetrados a 5 jornaleros habían sido planeados por él, ó por sus ordenes, todo el pueblo se rebeló pidiendo su retiro y la entrega inmediata del trono. Se contaba que Proklo se había exiliado, andando como una enfermedad viajera por diferentes reinos, cada uno más corrupto que el anterior, había aprendido diferentes artimañas de engaño y persuasión de personas y se había puesto a la cabeza de todos los exiliados del Reino Arcaico. Ahora, gobernaba a sus anchas y a su manera la fortaleza dorada, la cual era casi un mundo aparte, un mundo desconocido y temido que según decían había sido construida con ayuda de los TAGINODS, los Anti-dioses enemigos de todo lo bueno y todo lo moralmente aceptado.
    También unidos a Proklo, estaban los alquimistas más audaces y sin escrúpulos de todo el Reino Arcaico, eran ellos quienes se atrevían crear pócimas anti-naturales nunca antes vistas y mucho menos probadas, las cuales tenían como único objetivo la corrupción de la sociedad conocida.  Fue gracias a estos forajidos magos y a sus clandestinos conjuros que “La Sombra” (como lo llamaban algunos) Proklo, logró perpetrar el secuestro de gran parte de la población de Nayet, entre ellos el rey Krenety, la reina Maguna, el dragón celeste y todo el ejército del reino, llevándolos y encarcelándolos en la fortaleza dorada. Podrían pasar décadas sin que el malvado Proklo tuviese la necesidad de abrir los gigantescos portones del palacio, la única forma de entrar por tanto, era conseguir las 7 llaves introducidas por Proklo a sus 6 dragones, protectores de su reino.
   
    Estaban más cerca, casi podían ver los reflejos dorados de la fortaleza en sus ojos, casi podían escuchar los rugidos del dragón celeste. Sólo una llave más y podrían penetrar la gran fortaleza, su único punto a favor, como bien lo había dicho Yurk, sería el factor sorpresa.
    Un aire de esperanza se apoderó de ellos cuando encontraron las dos llaves.
    — Es una señal de la inteligencia superior —dijo Yark —, una señal de la Providencia. — su entusiasmo iba en aumento, sólo faltaba un dragón, después, descansarían, y después la fortaleza dorada, pasara lo que pasara serian héroes, su hazaña sería recordada por siglos.
    Tomaron las dos grandes llaves, estaban cubiertas de una viscosidad púrpura maloliente, debían limpiarlas y después asegurarlas con las demás en el cinturón de Yurk.
    rodearon la gran roca ahuecada que sirvió de cueva al dragón de dos cabezas y detrás de ella encontraron un delgado río que corría de derecha a izquierda, el agua cristalina del río dibujaba una división hasta donde llegaba la vista, parecía una línea hecha por los Dioses Creadores para partir en dos el mundo conocido. Lavaron las llaves en el río y después las aseguraron junto a las otras cuatro que colgaban del cinturón de cuero de Yurk. Estas llaves al igual que las otras eran de oro, y en su parte superior tenían labrada la forma de un dragón, cada labrado era diferente en cada llave.
   
    — Oye Yurk — dijo el menor, se acariciaba la barba en un gesto de inseguridad — en vista de la gran responsabilidad que nos espera, y de lo cerca que estamos de llegar a la fortaleza ¿Por qué no nos refrescamos un rato en este río?... así recargamos energías y estaremos en un mejor punto para la lucha con el ultimo dragón.
    Yurk sonrió.
    — Bien pensado Yark.
    Con calma se deshicieron de su indumentaria, dejando todo a la orilla del rio, sobre una roca para mantenerlo vigilado, se metieron al agua, estaba fría y cristalina, lavaron sus cuerpos y cabellos y se relajaron un momento olvidando al último dragón.

***


    Jordan vio que algo andaba mal, aunque oprimía con fuerza los botones del control, los personajes vikingos del videojuego no le “obedecían”, se estaban dando un baño en un delgado río que dividía la tierra.
    — ¡Fuera! — Gritó Jordan — ¡fuera de ahí maricones!, ¡todavía falta un dragón y una llave!
    Por suerte el control remoto era inalámbrico, pues a diferencia de hace un momento, Jordan empezó a moverlo de arriba abajo y de un lado a otro con furia, este no era el momento de tomar un baño ¡por dios!, ni siquiera él había tomado un baño desde ayer viernes cuando había ido al colegio… y eso fue a las 6 de la mañana.
    — ¡Ya basta cabrones! — gritó de nuevo.
    La señora Amparo Bermúdez quien vivía tres casas más abajo, pasaba frente a la casa de Jordan con su perro Rocky, un fresh puddle color gris que era su consentido desde que había muerto su esposo. Al escuchar los gritos provenientes de la casa Amparo pensó: “este chico, además de obeso parece tener problemas sicológicos diferenciando lo que es real y lo que es un juego”. La mayoría de vecinos conocían la afición (adicción) de Jordan por los videojuegos, también sabían de la poca autoridad que sus padres ejercían sobre él.
    “A este chico le hizo falta autoridad le faltaron limites”, pensó amparo y después dijo a su consentido:
    — Vamos Rocky, vamos al parque.
    Dentro de la casa, Jordan seguía tratando de evitar el momento de recreación de los vikingos.
    — ¡Fuera!, ¡fuera maric…! — dejó la frase a medias, entrecerró los ojos sintiéndose tonto por no haberlo pensado antes y se levantó del sillón con la misma habilidad de un perezoso que camina por un árbol. ¡Las baterías!, de seguro las malditas baterías del control se habían agotado. — disfruten del baño señoritas — dijo al levantarse —, disfrútenlo, yo ya vuelvo — se dirigió a su habitación en el segundo piso para buscar nuevas baterías, siempre tenía un par de repuesto para emergencias como esta.

***


Cuando se sintieron frescos y lo suficientemente listos para seguir adelante, tomaron su ropa y las llaves y las llevaron al otro lado del río. Salieron del río, se vistieron y se prepararon para seguir.
    — Por los dioses… — dijo Yurk —… ¿qué es eso? — miraba al cielo, detrás del camino que acababan de recorrer.
    — ¿Qué es qué? — preguntó esta vez Yark siguiendo la mirada de su hermano, pero sin lograr divisar nada anormal, solo el cielo, unas cuantas nubes, una que otra ave y mas allá nada, la cortina negra seguía puesta pero se había movido, ahora no podía ver los bosques neblinosos, parecía que la cortina de oscuridad hubiera avanzado con ellos. Yark quedó mudó por la impresión.
    — Eso… — dijo Yurk, levantando su brazo ahora para señalar con un dedo — es… como un gran espejo… flotando en el aire… pero no se mueve.
    Lo que había flotando en el cielo, era una placa de un metro y medio de ancha y mas de medio metro de alta, un rectángulo que quedaba (al menos para Yurk, quien era el único que la veía) completamente fuera de sitio en el hermoso paisaje que podía divisar.
    — No puedo ver nada Yurk — dijo su hermano menor, sonaba asustado de nuevo — ¿Dónde está?
    — ¡Ahí! — Dijo Yurk moviendo el brazo — se ve claramente, parece un espejo…
    — Yurk… ¿tú ves los bosques neblinosos?, ¿puedes verlos?
    Yurk desvió su mirada al horizonte.
    — Por su puesto — dijo — están ahí, ¿Dónde deberían estar si no ahí?
    — Pues yo no los puedo ver — dijo Yark claramente preocupado.
    — ¿QUE?, ¿no los puedes ver?
    — No, sigo viendo sólo oscuridad, hace un momento podía verlos, pero ahora no… es como si esa “cortina negra” avanzara de la misma forma que lo hacemos nosotros.
    — Muy bien — dijo Yurk dirigiendo de nuevo la mirada al rectángulo que flotaba en el cielo — tú ves la extraña cortina de oscuridad y yo no, así mismo, yo veo el extraño objeto que flota en el cielo pero tu no. — Reflexionó un momento — creo que estamos a mano. Tú me crees y yo te creo.

***


    — ¿Que miran? — Dijo Jordan indignado — ¡avancen, avancen! — había cambiado las baterías pero parecía que los vikingos seguían actuando como se les daba la gana, ahora se veía claramente que miraban en dirección a Jordan, como si supieran que él estaba ahí. Era un poco terrorífico. Cuando los vikingos siguieron avanzando y Jordan se sintió un poco mejor, sólo le preocupaba un poco que se le habían agotado las bombas de ceguera, no le quedaba ni una.


***



    — Debe ser una trampa — dijo Yurk mientras seguían su camino en la búsqueda del ultimo dragón — esto debe ser obra de Proklo, no hay duda, ¿Qué opinas tu Yark?
    — ¿Sabes que creo? — Dijo pensativo— creo que por medio de ese objeto que tú ves flotando Proklo puede vigilarnos — Yurk levantó una ceja al escuchar esto, no se le había ocurrido esa posibilidad — sí — continuo el hermano menor— quizá como la lente de un catalejo flotante… pero… más especializado. ¿Qué opinas?
    — Creo que suena razonable, pero… si es así… que la providencia se compadezca de nosotros, ya que estarán pisando nuestras botas todo el tiempo y sabrán cuando lleguemos a la fortaleza dorada… no tendremos el factor sorpresa.
    Yark asintió. Siguieron caminando en busca de la cueva del último dragón, de vez en cuando miraban por encima del hombro. Yark veía como avanzaba la cortina de oscuridad y Yurk veía como avanzaba el extraño rectángulo resplandeciente.

    Al cabo de un momento pudieron divisar la cueva del último dragón, era más pequeña que la anterior y en el grabado superior no avistaron nada anormal, se veía en él un dragón delgado, más delgado que los anteriores y con unas alas enormes, casi tan grandes como su cuerpo, “este dragón será mas ágil”, pensó Yurk.
    — Muy bien Yark, tengo un plan —dijo en un susurro—, toma la espada de fuego y ve a un lado de la entrada de la cueva, hazlo sigilosamente — seguía susurrando. Yark escuchaba y asentía, confiaba en su hermano a ojo cerrado — en cuanto salga el dragón, le vuelas la cola ¿entendido?
    — Entendido Yurk —. Tomó la espada y se encaminó a un lado de la cueva, caminando en las puntas de sus botas grises.
    Cuando estuvo frente a la cueva a una distancia razonable, Yurk tomó el cuerno del unicornio de su cinturón y lo llevó a su boca, miró a Yark y asintió, cuando Yark asintió, lo que significaba que estaba listo, hizo sonar el cuerno. Por un momento no pasó nada, no escucharon ningún ruido proveniente del interior de la cueva. Yurk sopló de nuevo el cuerno del unicornio, mas prolongadamente esta vez y de la cueva salió un rugido de disgusto.
    — GRRRRUAAAAARRRR…
    El dragón salió deprisa, tomando por sorpresa a los hermanos. Yurk corrió hacia atrás y lanzó delante de sí mismo una bomba camaleón, desapareciendo a los ojos del dragón. Cuando la casi totalidad de su cola había visto la luz, Yark lanzo el espadazo, cortando de forma perfecta un trozo de cola que salió volando y haciendo que el dragón lanzara otro rugido, de sorpresa y de furia al mismo tiempo.

***



    — ¡Sííí! — gritó Jordan, lo había logrado, y sólo llevaba 7 horas jugando. Su padre había llegado de Japón con el juego 4 días antes pero solo se lo dio a Jordan el sábado, pues no debía ir al colegio.
    — Esto es por tu cumpleaños hijo — le había dicho su padre ese mismo día, muy temprano antes de ir al trabajo — se que faltan dos semanas todavía, pero también se cuánto te gustan los juegos de video.
    — Gracias papá… — le había dicho Jordan no muy sorprendido, “¿GAMEGURD”, que carajo es eso?”, pensó Jordan al ver la caja — ¿de qué empresa es papá?, ¿Sony?, ¿Microsoft? — y después abriendo mucho los ojos: — ¿Apple?
    — No lo sé Jordan, el tipo que me lo vendió dijo que no encontraría nada como esto en el mercado… ¡pruébalo! Y en la noche me dices que tal estuvo
    — OK… — “y una vez más…” pensó Jordan, “estafaron a papá”.
    Al final resultó que no lo habían estafado, el juego enganchaba y la película de la introducción era genial, casi se podía sentir el calor de las llamaradas de los dragones.


***



    Yark corrió hacia su hermano.
    — ¡Yurk!, ¡la espada! — Gritó— ¡ábrele el estomago!
    Yurk tomó la espada, la miró pensativo y después la guardó en su vaina especial que no se calentaba.
    — ¿Qué haces? —le grito Yark.
    — Ya lo veras.
    El dragón seguía un poco atontado, estaba perdiendo sangre por el corte de la cola, Yurk se acercó hasta él y montó sobre su lomo con la soltura que sólo muchos años de práctica pueden dar. Sacó una gruesa cuerda que llevaba atada al cinturón y la amarró al cuello del dragón a modo de embocadura, apretó con fuerza y el dragón apenas opuso resistencia, el corte de la cola siempre los docilizaba, al menos de momento. 
    — ¡Hek! — gritó Yark mientras golpeaba el torso del dragón con sus piernas — ¡arriba!, ¡arriba!, Hek, Hek
    Yark lo miró sorprendido.
    — ¿Qué haces? — Le gritó — ¡es muy peligroso!
    — ¡Voy a destruir la lente del catalejo!— gritó Yurk forcejeando con el dragón, quien ahora empezaba a obedecer y movía sus alas — ¡debemos mantener la ventaja! — las alas fuertes y membranosas se movían con mayor rapidez, el vuelo era inminente. Yark se alejó, con un golpe de una de esas alas el que podía volar era él.


***


    — ¿Qué haces? — Gritó de nuevo Jordan, este juego empezaba a parecerle muy extraño — ábrele el estomago, saca la maldita llave y vámonos — una vez más, los vikingos no obedecieron.



***



    Yurk se hizo uno con el dragón, volaba por sobre la roca ahuecada, ahora el reto consistía en volar lo suficientemente cerca del espejo, para cortarlo con la espada de fuego. Después de 3 vueltas por sobre la cueva, el dragón se dejó llevar hacia la extraña placa iluminada. Yark los miraba maravillado desde el suelo, siempre era emocionante ver como cabalgaban un dragón.

    Jordan tiró el joystick a un lado del mueble, estaba muy molesto, molesto y asombrado, “quizá solo sucede porque es el último dragón” se dijo a sí mismo, “quizá es un video que se activa al matar al último dragón”. Se acercó a la pantalla del LG de 48 pulgadas para ver más de cerca.

    — Veo algo —gritó Yurk y después corrigió: — no, no es algo, es alguien— el dragón se alejó, la próxima vuelta lo haría detenerse y atacaría.
    — ¡Destrúyelo! — Gritó Yark emocionado, el sol le molestaba en los ojos y no podía ver bien — destrúyelo!

    Jordan acercó la cara a la pantalla, le parecía que los malditos gritaban algo.
    — Increíble — dijo con la cara a 20 centímetros de la pantalla.

    — Quieto —grito Yurk — hok, hok — el dragón se detuvo, aleteaba en el mismo lugar, frente al extraño espejo rectangular y la cara grande y fofa que reflejaba. Desenvainó la espada de fuego y la clavó en la extraña placa, no falló.
    — Muere secuaz de Proklo!— gritó.

    La punta de la espada salió desde dentro del televisor y quedo a 5 centímetros de su nariz, sintió el calor que emanaba de ella y fue esto lo que lo hizo reaccionar, su cabeza gritaba todo tipo de maldiciones y groserías pero Jordan sólo tuvo la cordura de soltar un ahogado “aaagghhh”.

    — ¡Muere!— gritó de nuevo Yurk atacando la pantalla del televisor de Jordan desde adentro.

    Jordan corrió a la toma corriente y desconectó el televisor y el GAMEGURD y después soltó otro “aaagghhh” al ver que el televisor y el juego seguían encendidos. Desde atrás del televisor y con una valentía que luego lo sorprendió, empujó la gran pantalla hacia adelante, al caer, la pantalla se quebró, haciendo volar trozos por todo el suelo de la sala. Jordan agarró el GAMEGURD y lo lanzó contra la pared, la luz que indicaba “ON” se apagó al estrellarse.
    Jordan corrió como nunca lo había hecho, corrió escaleras arriba lo más rápido que su gordura le permitió y en su habitación buscó unos pantalones cortos y una camiseta, bajó de nuevo las escaleras y antes de llegar a la sala le pareció escuchar un sonido metálico, como el de la punta de una espada estrellándose contra un piso de mármol, sin mirar hacia el televisor tendido en el suelo abrió la puerta de la calle y salió al porche, una vez allí se puso los pantalones cortos y corrió hacia la calle, se puso la camiseta en el camino mientras se lastimaba sus pies descalzos con las micro piedritas de la carretera.
    Cuando llegó al parque, Amparo Bermúdez seguía allí con Rocky, ella miró a Jordan y lo vio pálido, parecía que acabara de llegar de Transilvania, pensó en preguntarle si estaba bien, pero recordó los gritos que había escuchado al pasar frente a la casa del chico y decidió no hacerlo, siempre es mejor no meterse en asuntos ajenos.
    Cuando llevaba media hora sentado en una banca del parque tratando de esconder sus pies descalzos bajo la misma, Jordan se percató de que no había sacado llaves y sintió un escalofrió al pensar siquiera en esa palabra. Tendría que esperar hasta que sus padres llegaran para poder entrar en la casa, aunque, con lo que acababa de suceder, quizá no fuera mala idea no volver jamás allí.

sábado, 12 de octubre de 2013

Angélica


Por Gabriel Herbas


I

Cuando Angélica se despertó se dio cuenta de dos cosas: primero, no estaba en su casa, segundo, tenía un hambre atroz. Se incorporó de la banca del parque en que había dormido y revisó su bolso, a pesar del desorden particular, todo estaba en su lugar. Otra novedad, a pesar de haber amanecido en un parque no la habían robado, violado o algo peor. Después de una breve mirada a su alrededor se dio cuenta de que estaba en el parque de la avenida Humbolt con calle 33, el parque está ubicado en un buen sector de la ciudad. Miró su reloj (un viejo CASIO digital que usaba para ver la hora cuando su celular estaba descargado), marcaba las 4:33:20am.
– ¿Qué carajos? – Dijo para sí misma – ¿Cómo es que…? – golpeó el cristal del reloj. Igual.
Se levantó y empezó a caminar sin destino alguno, sin pretender llegar a ningún lugar en especial, no se sentía mareada, pero si solitaria, las calles la hacían sentir nostálgica. Los domingos las calles de la ciudad de Mérida están abandonadas, los domingos las personas descansan y se preparan para una semana más en el infierno de sus labores diarias.
– ¿Qué pasó anoche? – preguntó a nadie. El susurro del viento fue la única respuesta.
De pronto, recordó a Daniela, una amiga suya, vivía a tres calles de allí.
Se encaminó hacia la casa que Daniela Medina compartía con su madre, su padre se había fugado con la joven sirvienta cuando Daniela y Angélica aún eran compañeras de colegio, “eso suena como a telenovela mexicana”, le dijo Angélica cuando Dani le contó y el comentario no le hizo ni pizca de gracia a la chica.
Angélica no la veía desde la graduación, hacía ya tres meses (titulada como no, promoción “honor a mis padres”) y en ese corto periodo de tiempo, Daniela había pasado de “amiga” a ser simplemente “ex compañera”, aun así, recordaba exactamente donde vivía. Cuando pasaba por la calle 31 vio una botella vacía de Red Label tirada en la cuneta.
– ¡Claro! –Exclamó sin sorpresa, pero feliz de recordar algo– por eso no recuerdo nada, si anoche bebimos como locos… pero… –dudó– ¿qué celebramos?
Al menos una parte de su misterio estaba empezando a esclarecerse.
Cuando llegó a casa de Daniela, se alegró de verlas en el comedor, Dani y su madre estaban desayunando. Cruzó el portal en el que años antes había habido una reja y llegó hasta la ventana que daba al comedor, puso sus manos a ambos lados de su cara a modo de visera y se pegó en la ventana para verlas mejor, ambas devoraban severos platos con huevos revueltos y salchichas, acompañándolos con pan y café humeante. El estómago de Angélica empezó a rugir.
Tocó la ventana con los nudillos, esperaba sonriendo pues cuando la volteasen a mirar, ella adoptaría una pose cómica de zombie típica de las malas películas de terror actuales, pero sus cabezas no giraron, Dani y doña Aura siguieron charlando y desayunando como si no hubiesen escuchado nada. Angélica golpeó la ventana con más fuerza siendo igualmente ignorada por las habitantes de la casa, molesta, se encaminó hacia la puerta principal y tocó el timbre muchas veces, estaba decidida, ya no haría la pose zombie, ya no estaba de humor.
Nadie salió y Angélica se dirigió de nuevo a la ventana para utilizar el último recurso:
– ¡¡Dani!! –Gritó, utilizando ahora sus manos como altavoz – ¡ábreme! –Todo igual– maldita sea – dijo para sí misma – ¡Daniela!, ¡doña Aura!... tengo hambre… – desistió y rodeó la casa, se paró frente a la ventana del lavaplatos y cuando doña Aura se dispuso a lavar los platos, Angélica la tuvo enfrente. Le gritó y le rogó, pero la señora ni siquiera se percató de su presencia. Angélica empezó a sentirse invisible, como la chica de esa película infantil, Los Increíbles.


II

– Invisible, hambrienta y sola – se dijo – ya me siento como en uno de esos malísimos cuentos de R.L. Stine.
Dejó de insistir y se alejó poco a poco de la casa de Daniela, sentía que cada pie le pesaba una tonelada.
– Anoche festejamos, bebimos, pero ¿Dónde? Y ¿por qué? –de pronto una imagen llegó a su mente. Se sentó en la acera frente a la casa, después se acostó, con los ojos muy abiertos por la sorpresa, recordando.
La imagen era la siguiente: ella, María Camila, Marcela y Julio posando para una fotografía, quien sostenía la cámara era Camilo Parra (a quien Angélica consideraba su mejor amigo y por quien sentía una secreta atracción). Y como sucede casi siempre cuando estamos sumergidos en lagunas mentales, una sola imagen puede hacernos salir a flote… o por lo menos medio cuerpo.
Acostada en la acera, con el sol iluminando su rostro y sus hermosos ojos color miel, Angélica empezó a hablar en voz alta para escuchar su voz y así entender mejor sus descubrimientos:
– Anoche festejamos… celebramos porque a Marcela la habían aceptado en la Universidad de los Andes… bebimos mucho anoche – dijo entornando los ojos. Acostada veía formas sin sentido en las nubes – recuerdo que casi caigo por las escaleras del bar Azkena, tomamos cocteles, estábamos en el automóvil del papa de Julio, pero… ¿Qué mas paso?, ¿Por qué terminé durmiendo en un parque? – en este momento Angélica se dio por vencida, alzó los hombros y torció la boca en un gesto que quería decir “no sé” y se puso de pie.
Empezó a caminar con más soltura y más tranquilidad, pues pensaba que sencillamente habrían bebido mucho y se le había “borrado el cassette” como solía decir su tía Luisa, “tía, mi cabeza funciona con almacenamiento en la nube, a mi no se me borra nada”, le había respondido Angélica una vez, al parecer se había equivocado. Caminó unas calles sin rumbo fijo, si llegaba a su casa recibiría unos cuantos regaños pero ya estaba acostumbrada a hacer oídos sordos a los comentarios de su mamá.
Unos pasos más adelante otra imagen llegó a su cabeza, eran árboles, más exactamente, pinos. Una vez más, Angélica habló en voz alta para sí misma:
– Salimos del bar, Julio condujo hasta el parque que hay junto a la ULA –sonrió, a Angélica le gustaba mucho ese parque, por su limpieza y porque muchos años atrás había dado su primer beso a la sombra de uno de sus altos pinos– en el carro tenía una botella de Black & White, compramos hielo y brindamos con vasos de plástico –Angélica seguía caminando sin ir a ningún lado en realidad, el 99% de su energía estaba ocupada escarbando en las cavernas de su mente– yo no dejaba que julio bebiera, el debía conducir… sin embargo lo hizo.
Estaba absorta en sus pensamientos y por primera vez se fijo en cómo se sentía, se detuvo en la calle.
– No tengo resaca, a pesar de haber bebido tanto anoche, me siento bien, solo siento un… vacio… quizá sea el hambre –dijo al fin y empezó a caminar de nuevo.
Su mente volvió a la casa de Daniela y a cómo “no la habían visto”. ¿Cómo era posible que no se hubieran fijado en ella? “Quizá sí me vieron” –pensó– “y me quisieron jugar una broma…”
– Una muy cruel. – dijo en voz alta.


III

Sin darse cuenta, Angélica estaba cerca de casa, estaba en el parque homenaje a Cristóbal Colón, el cual estaba a unos 500 metros de su casa, al ver el busto de Colón en medio del parque recordó la “hazaña” –como ella la llamaba– que había hecho cuando aún era una niña.
La mañana de un 12 de octubre, 7 años atrás, una Angélica de 10 años se había dirigido al supermercado y había comprado una docena de huevos, después, camuflada con unos lentes de sol y una gorra azul con el logo de los Yankees de Nueva York bordado en el frente, se había parado frente al Cristóbal Colón de bronce que la miraba casi retándola, casi diciéndole que no sería capaz de lanzarle ni un solo huevo. La niña –sin importarle las personas sentadas en las bancas ni las que improvisaban picnics en el prado– sacó uno a uno los huevos de la bolsa de papel y se los arrojó al busto de Colón, mientras gritaba con su voz chillona: “Asesino, ladrón de oro, asesino de indios, devuélveme el oro, devuélvenos el oro”
Ahora Angélica reía, “recordar es vivir” dicen por ahí, y con este recuerdo Angélica vivió por última vez, pues ella estaba muerta y una parte de su ser ya lo sabía.
Rio como si hubiese visto la grabación de su hazaña
 – Hubiera tomado una foto ese día –dijo recordando al Colón bañado por huevos podridos– una foto… ¡fotos!, ¡anoche tomamos muchas fotos! – Exclamó con un entusiasmo que duró solo un segundo –pero… algo raro pasó con las fotos… salían borrosas… todas las fotos… –dejó la frase sin terminar pues recordó que sólo ellos se veían borrosos, habían tomado una foto a la botella de Black & White (“para el Facebook” había dicho Marcela) y había salido perfecta.
Se detuvo en mitad de la solitaria avenida, sentía como si un insecto se paseara por su cuerpo, ella se sacudía cuando lo sentía en sus brazos o sus piernas. A ambos lados de la avenida las casas parecían de mentiras, malos dibujos en un lienzo, hechos por un pintor mediocre. Solo a dos calles estaba su casa y al fijarse bien, vio el portón de su casa abierto de par en par, dos personas se dirigían hacia él, y ambos iban vestidos de negro.
– Quizá… –pensó con un último resquicio de esperanza– quizá haya una fiesta gótica en mi casa –la idea le pareció tan absurda que la hizo sonreír con tristeza.
    “No seas estúpida Angélica González” –le gritó una parte de ella misma, la parte que aceptaba la verdad– “sabes muy bien lo que sucede y si quieres sufrir un poco más ¡ve allá y compruébalo maldita sea!”
– No me gusta que me reten –dijo a modo de respuesta– Cristóbal Colón me retó y no le fue nada bien.
Su mirada estaba fija en su casa, renovó la marcha y no había dado cinco pasos cuando un rugido gutural la hizo detenerse. Al bajar la mirada, se encontró con un perro de gran tamaño que le obstaculizaba el paso, el rugido parecía provenir desde lo más hondo de su alma.
“¿Acaso los perros tienen alma?” –Se pregunto Angélica, una amiga suya adepta a la secta Hare – Krishna le había dicho una vez que hasta las hormigas tienen alma.
El rugido parecía de odio, Angélica no sabía mucho de razas de perros pero definitivamente este parecía uno que podía operarte la cara de un mordisco y no sentir remordimiento ni porque lo fusilaran. El animal seguía mostrándole sus dientes y haciendo ese rugido gutural, un hilo de baba le colgaba por un lado de su hocico.
“Parece que mirara un fantasma” – pensó Angélica – “pero… eso es absurdo…”
    “¿lo es?” – Dijo de nuevo la voz en su interior – “corre hasta tu casa, ¡hazlo ya, no lo pienses más!”.
Esta vez Angélica no acalló su voz interior, sino que obedeció, saltó sobre el can y cuando se disponía a correr sintió que su pierna izquierda pesaba más de lo normal, se detuvo y miró sobre su hombro con los ojos muy abiertos, vio al perro mordiendo su tobillo izquierdo.
No sentía dolor alguno, era como si lo que el animal estuviera mordiendo no fuera parte de ella, pero sí lo era, era su tobillo y estaba adherido a su pierna.
Sin pensarlo gritó como nunca en su vida (o tal vez sí, como aquel doce de octubre) y empezó a sacudir al perro, lo golpeó en sus cuartos traseros y en su cara con los puños cerrados, hasta que la bestia la soltó y huyó calle abajo. Incluso cuando el perro la soltó Angélica siguió gritando, pues la verdad era horrible, la realidad en la que había despertado hoy, no era real en absoluto, NO PODÍA SER REAL. Seguía gritando pues debía acallar esa voz interior, esa que no conocía hasta hoy, esa que le recordaba esa verdad imposible. Pero ahora la voz no le reprochó nada, sólo le dijo “vete a tu casa”.


IV

Corrió hacia su casa pero sus pasos se hicieron lentos, como si tratara de correr bajo el agua, y en el corto trayecto recordó todo, como si hubieran abierto un grifo en su cerebro pero en vez de agua saliera un torrente de imágenes y recuerdos de la noche anterior, se lo contó todo a sí misma de forma entrecortada mientras corría, como había hecho hasta ahora:
– Salimos del parque, Julio estaba muy ebrio, yo no quería que manejara, traté de disuadirlo pero no lo logré, íbamos en el auto para dejar a Marce en su casa, las calles estaban vacías, eran más de las 4 de la mañana, cuando la rueda estalló íbamos a mas de 130 km por hora, Julio perdió el control y empezó a zigzaguear  por la carretera.
>> Marce alcanzó a abrir la puerta del copiloto y a lanzarse fuera del auto, ¡mierda!, no sé si sobrevivió.
En su mente vio todo esto, lo vio a través de sus propios ojos como en una pesadilla, recordó que le gritó a marcela cuando vio su intención de saltar del auto, recordó que abrazó a María Camila mientras Camilo junto a ellas se agazapaba en su asiento, recordó que Julio sólo gritaba groserías y maldiciones a medias, estaba muy ebrio.
>> Salimos de la vía, caímos, caímos por una eternidad, pero no me mató el choque final… a Julio sí. –recordó a su amigo, atrapado en medio del volante y el asiento, miró sus ojos, ya no tenían vida, miraban hacia ningún lado.– Después el auto estalló… –el recuerdo de Angélica se fue difuminando poco a poco, como una canción que se hace cada vez mas silenciosa mientras termina.
Se detuvo frente a su casa y miró su reloj una vez más:
“4:33:20am”
“La hora de mi muerte” – pensó.
Y ahora para Angélica todo tuvo sentido, que ni Daniela ni doña Aura la vieran (o escucharan), que pudiera acostarse en la acera y sentir el sol en sus ojos sin necesidad de entrecerrarlos, que el perro la mordiera y no sintiera dolor. Todo se reducía a una verdad que nunca hubiera podido imaginar ni en su peor pesadilla (esas pesadillas provocadas por una velada de películas de terror), y así al darse cuenta de su estado (o su “no-estado”), el hambre que sentía desapareció, y con ella, se fueron las pocas sensaciones de vida que aún tenía.
Al entrar en su casa, sintió deseos de echar a correr, huir de allí para siempre, se detuvo dos segundos, pero las ganas de ver a su madre por última vez se impusieron. Los muebles de la sala estaban con los espaldares hacia la pared, había algunas personas sentadas allí, otras en pequeñas bancas de plástico, otras en el suelo, bebían café negro en pequeños pocillos.
Por supuesto cuando Angélica entró, nadie se percató de su presencia, en medio de la sala había dos pequeños cofres, estaban sobre una mesa con un mantel blanco que Angélica nunca había visto. Algunas personas miraban los cofres, otras los grandes arreglos florales y otras sencillamente miraban hacia el vacío, como siempre suele haber personas en los velorios. Angélica veía amigos, vecinos, ex compañeros de colegio, pero no veía a la persona por la que estaba allí.
– Mami… ¿dónde estás? –dijo sin miedo a ser escuchada.
Y como si en realidad Angélica hubiese estado allí, la señora Marta salió de su “oficina”, que no era otra cosa que una habitación donde tenía algunas maquinas de coser y un pizarrón para dar sus clases, en las manos llevaba dos fotografías enmarcadas, ambas en tono sepia. En una se veía a una hermosa María Camila Carvajal con su cabello bien planchado y su sonrisa encantadora, la otra era la fotografía de grado de Angélica (la cual era en palabras de su mamá: “mi fotografía favorita de mi hija favorita”, el chiste radicaba en que Angélica era su única hija), sus ojos miel se veían aun más hermosos en ese tono sepia.
Su madre puso una fotografía frente al cofre blanco y otra frente al cofre beige, se acercó a las personas y empezó:
– Buenos días –a lo que todos respondieron su saludo, algunos con cierto ánimo, otros con ningún ánimo en lo absoluto– quiero agradecerles por venir –se limpió una lágrima que amenazaba con salir y Angélica se percató de lo hinchados y rojos que tenía los ojos– gracias por acompañarme en esta pena…
Angélica se acercó a su mamá y de su mente brotaron imágenes de su vida juntas: aquella vez que no tenían dinero para contratar quien amenizara el 8º cumpleaños de Angélica y la propia señora Marta se había disfrazado de payasa, y lo más increíble fue que ningún niño supo que era ella; el día de su grado, apenas tres meses atrás, cuando su madre le dijo que la felicitaba y que esperaba que la vida la tratara un poquito mejor que a ella; los días en que su madre le decía “te amo”, sin ninguna explicación, sólo se lo decía muy cariñosamente.
Se detuvo frente a su mamá, mientras ella seguía con su discurso:
–…Mucho cuidado, el alcohol es la peor droga… y es legal…
Angélica alzó su mano derecha y rozó la cara de su madre mientras seguía recordando cosas buenas, malas, feas, alegres, tristes, toda clase de cosas por las que pasan las familias, incluso una en la que sólo hay una madre y una hija.
– Te amo mami… –su madre seguía hablando, pero había dejado de llorar, ahora era Angélica quien lo hacía.
Se puso en puntas de pies y dio a su madre un beso en la frente, como se los daba antes cuando se iba a pasar un fin de semana con su padre. Después dio media vuelta y mientras caminaba hacia la puerta de la calle recordó otra cosa, el día que salieron a festejar era jueves, pues ese día era 2 x 1 en cocteles en el bar Azkena.
– Pero hoy es domingo –dijo. A su parecer sólo habían pasado unas horas– cuando estás muerto el tiempo es extraño –finalizó. Al salir a la calle, su imagen se hizo difusa con la luz del sol.


V


Adentro, la señora Marta se detuvo en su discurso, había sentido un extraño calor en la frente, no era molesto ni doloroso, sólo algo caliente, y muy adentro de su cabeza, quizá en el lugar donde residía su instinto maternal, escuchó el sonido de un beso.

sábado, 24 de agosto de 2013

Testigo


Por Gabriel Herbas.



Creo que todo empezó cuando mi hermana compró las dos computadoras portátiles, eran de una marca que no conocía pero acepté con gusto cuando Marly me regaló una.
Es irónico, pues creo que mi hermana seguiría con vida si no hubiese comprado las computadoras, por otro lado, gracias a que ella me regaló una, puedo escribir este pequeño relato, que no es un diario ni un testamento, sino un testimonio de hasta donde ha llegado la decadencia humana.
La computadora fue mi escape de la realidad, a mi realidad, que nunca llegué a aceptar. Me pasaba las horas viendo videos en Youtube, leyendo sobre acontecimientos de la humanidad o jugando a ser otra persona en algún chat, cuando me aburría con la compu veía televisión, no me gusta salir a la calle, el mundo exterior es desconocido para mí desde hace mucho tiempo, así que mi habitación se convirtió en el mundo que necesitaba para vivir.
Marly en cambio utilizaba la computadora para buscar novio, no le conocía uno desde que tenía 15 años y era mucho más delgada, así que no la culpé por eso. Cuando compró la compu, empezó  a convertirse en un robot, llegaba a casa a las siete o siete y treinta de la noche, calentaba en el horno microondas restos del almuerzo que preparaba doña Luisa y se sentaba frente al computador, con la pantalla iluminándole la cara, yo la veía desde mi cuarto, desde mi mundo y pensaba “antes hablábamos mas” (bueno, ella hablaba, yo escribía), las computadoras nos alejaron, nos dieron algo mejor que nosotros mismos, nos abrieron los ojos a mundos desconocidos, nos entregamos a esos mundos con los brazos abiertos y sin la menor de las precauciones, quizá por eso pasó lo que pasó.
Dije que todo empezó con las computadoras, sí, lo malo empezó con ellas, pero lo terrible, lo realmente trágico empezó con un mensaje de texto. Lo sé, porque Marly no dejó de hablar de ello durante una semana y porque lo vi con mis propios ojos. Al parecer tenía un “admirador secreto”, y aquel día le envió un mensaje diciéndole que estaba muy hermosa, supongo que la emoción de mi hermana recaía en que ella no se sentía cómoda con su figura. A pesar del ejemplo que tenía en mí, siempre renegaba de su cuerpo, a veces entraba a mi cuarto y se miraba en el espejo grande del armario:
– Creo que estoy muy gorda Lucio, ¿no crees? – Decía – pero, ¿por qué?, ¡si yo casi no como!, doña gloria cocina todo frito, creo que voy a dejar de ir allá, voy a buscar unos almuerzos más saludables… ¿tú qué opinas Lucio? – Me miraba. yo le escribía que estaba bien, que se aceptara como era, que lo importante va por dentro y toda clase de cosas que se le dicen a las personas con baja autoestima, yo siempre trataba de articular una sonrisa lo mejor que podía.
El día del mensaje de texto, entró bailoteando en mi cuarto (hacía bastantes días que no lo hacía) y me tomó de las manos para bailar conmigo e irradiarme un poco de su felicidad.
– ¡Mira lo que me enviaron hoy Lucio! – Me dijo con una gran sonrisa que inundaba su cara, sacó el celular y lo puso en mi cara – ¿Qué tal eh? – el mensaje decía:

Eres más linda en persona
que en fotos, hoy te vi mientras almorzabas
espero que nos podamos
conocer muy pronto
;)

Salió de mi cuarto y se dirigió a donde la señora Luisa, seguramente a mostrarle el mensaje también. La señora Luisa es una vecina del edificio, la única amiga de Marly – y mía – en realidad. Tiene 76 años, no tiene familia cercana, solo una hermana en Venezuela que se llama Marta, enviudó hace 8 años, lo único que tiene es el apartamento en el edificio. Es nuestra única compañía y nosotros la suya, muy seguido me cuida en las tardes y hace el almuerzo. No acepta que Marly le pague un peso por ello.
Cuando Marly regresó aquel día de ver a Luisa, regresó molesta, la miré y le pregunté qué pasaba.
– La estúpida anciana me dijo que quizá se habían equivocado de número al enviarme el mensaje… está celosa, está celosa porque su vida sexual se acabó hace mucho, y yo en cambio tengo una vida por delante, ¡vieja envidiosa!
Estos altercados entre mi hermana y doña Luisa no eran infrecuentes, de hecho, esa actitud fue la que hizo a los demás vecinos alejarse de Marly. Pero Luisa y mi hermana siempre terminaban reconciliándose porque sabían que no tenían a nadie más.
Al pasar de los días sucedieron cosas similares (al parecer Luisa se había equivocado), Marly llegaba feliz del trabajo y me mostraba mensajes que le enviaba su admirador, muchos de los cuales, similares al primero. Desde la muerte de mamá y papá creo que mi hermana no había estado realmente feliz, pasó 8 años sintiéndose mal, y cuando encontró algo que le alegró el día, lo exageró magnánimamente hasta cegarse, ya que esa es la única palabra para expresar el comportamiento de Marly durante el poco tiempo que duró su relación, ceguera.
Una noche, diez o doce días después del primer mensaje, Marly me sacó de mi letargo nocturno con un grito:
– ¡Lucio!, ¡Lucio ya sé quien me está enviando los mensajes! – Corrió hasta mi cuarto, se sentó en la cama junto a mí y me mostró la pantalla de la computadora, – Se llama Fernando Caselle, es de España, hace tres días cambió su ciudad actual de Facebook a Bucaramanga, ¿te imaginas Lu?, ¡yo! Con un español – el tipo de la foto tenía el cabello largo atado en una cola de caballo, sostenía entre su boca sonriente un cigarrillo encendido, tenía la camisa abierta y dejaba al descubierto un pecho velludo.
– ¡Ay dios mío! – Gritó Marly de pronto – ¡Se conecto! – Se paró de la cama y se encaminó a la sala – voy a hablarle, buenas noches Lu.
La mañana siguiente Marly no fue a trabajar, de hecho cuando desperté, la vi en la sala, aún pegada a la computadora, era poco menos de las siete de la mañana.
Marly trabajaba en un salón de belleza, más o menos diez horas diarias, sus ingresos eran nuestro único sustento, por lo menos hasta que aprobaran la indemnización por la muerte de papá y mamá, que parecía imposible, ya que llevaban 7 años posponiéndolo. A veces las cosas buenas tardan tanto en llegar que olvidamos que nos las debían.
Después de una semana de charlas virtuales, escuché a mi hermana y a su admirador hablando por teléfono, al principio solo hablaban cosas triviales, como había estado su día, como se sentían, cuál era su comida favorita. Marly aprovechaba este interés, para desbordarse y hablar de todo tipo de cosas, hablar de sus tristezas, sus deseos, sus alegrías, sus más íntimos sueños. Me parecía que Marly se dejaba llevar y se ilusionaba muy rápido con alguien a quien ni siquiera había visto en persona, pero a pesar de todo, la entendía. ¿Qué mujer no quiere hablar de ella misma?
 Una noche, pasada la medianoche, estaba en el chat de turno tratando de convencer unas chicas para que me enviaran fotos ligeras de ropa, y de pronto escuché unos gemidos extraños que provenían del cuarto de Marly, al principio pensé que le sucedía algo malo, pero después de escuchar con atención lo entendí. Eran los ruidos inequívocos del sexo, del sexo telefónico en este caso. Imaginar a mi hermana tocándose con placer me dio asco, cerré el chat y abrí Youtube, puse música y busqué los auriculares bajo mi almohada.
El día siguiente de su relación sexual telefónica, mi hermana conoció a su admirador, lo invitó a cenar a nuestra humilde morada. Vivimos – creo que debo decir: yo vivo. – en un apartamento en un tercer piso, alquilados. Al morir nuestros padres nos dejaron una casa a medio pagar, el banco nos la quitó dos años después del accidente. Marly no podía reunir el dinero de la cuota, a pesar de la ayuda de nuestros abuelos, ellos eran la única familia que teníamos, papá era hijo único y el único hermano de mamá se fue a Estados Unidos, y al no poder hacer realidad el “sueño americano”, se dedicó a la fabricación y comercialización de drogas ilícitas, ahora está en la cárcel, y aun falta mucho para que le den la libertad condicional. Mis abuelos murieron hace dos años, con dos meses de diferencia, el anciano no soportó vivir solo.
A pesar de todo lo negativo en mi hermana, su baja autoestima, su poco valor para hacer una dieta o seguir un régimen que le diera algún tipo de resultado, también salían a flote sus cualidades positivas, me cuidó durante muchos años, aún a sabiendas de que mi condición tenía muy pocas posibilidades de mejorar. No le molestaba sacrificar sus necesidades con tal de comprarme algunos medicamentos, – creo que en el fondo Marly seguía siendo una niña, y creo que era muy inocente, tal vez por eso pasó lo que pasó – pero su mayor cualidad era su esperanza, siempre tenía esperanza de que podríamos recuperar la casa que nos dejaron nuestros padres, siempre estaba esperanzada en recibir la indemnización. Cuando estaba muy triste, entraba a mí cuarto llorando, me abrazaba y me decía:
– Oh Lucio, muy pronto nos largaremos de aquí – las lagrimas hacían más brillantes sus hermosos ojos verde claro, creo que en realidad era lo único hermoso que tenia Marly – vamos a recuperar la casa, vamos a encontrar una cura para ti, volverás a caminar, viviremos felices, ¡LO MERECÉMOS!
Yo lloraba con ella, por supuesto me emocionaba la idea de volver a caminar, de hacer todas las cosas que hacía antes, pero al final sólo fueron castillos en el aire, sueños que fue mejor nunca haber tenido. Los sueños se mueren cuando empiezas a confiar en algo que no eres tú, mi hermana confiaba en cosas ajenas a ella (la agencia de seguros por ejemplo), nunca en sus capacidades como persona, y vaya que las tenía.

Lo que más me sorprendió al conocer al novio de Marly, fue que en realidad era la persona que aparecía en su foto de Facebook, el tipo era bien parecido, el desgraciado era tan bien parecido que no necesitaba editar las fotos que subía a Facebook. Esto me hizo dudar de él, en mi letargo he leído las suficientes novelas de Agatha Christie como para sospechar de cualquier actitud extraña en una persona, en este caso lo extraño era que este tipo se hubiera fijado en Marly, la gorda Marly, la gorda y bajo-autoestimada Marly.
Por la expresión de su rostro al verme, supe que Marly no le había hablado de mí, no la culpo por eso. Traduje la expresión de su cara en una frase: “todo no podía ser tan fácil”. Y después una expresión de resignación.
– Hola – me dijo mientras estrechaba mi mano, el olor de su colonia era agradable, esta clase de tipos siempre usan aromas agradables. – Me da gusto conocerte – “mentira”, pensé -, tu hermana me ha hablado mucho de ti – “mentira” –, soy Fernando – ahora con el tiempo, sé que esto fue mentira también.
Antes de la cena, mi hermana había limpiado el apartamento de pies a cabeza, cambió el mantel de la mesa por uno más limpio y decorado, y puso dos velas blancas sobre él.
En la cena, Marly tomó la palabra y habló de más, como suele hacer la gente emocionada, la gente que no calcula las consecuencias de sus actos.
– Tengo tres cuentas en tres bancos diferentes – le dijo, entre muchas otras cosas – una para emergencias, en esa casi no hay nada, y otras dos donde ahorro para poder recuperar la casa que nos dejaron papá y mamá. – Fernando asentía con la cabeza – no es que haya muuucho dinero pero si ha significado un gran esfuerzo para mí ahorrarlo.
– Muñeca – dijo Fer – nunca me has contado lo que le sucedió a tus padres.
Marly contó toda la historia, todo el accidente aéreo, todos los percances y pormenores que sufrimos. Fer escuchaba con atención y asentía comprensivamente cuando era necesario, cuando Marly terminó, Fer habló:
– Mis padres también murieron en un accidente, yo tenía 9 años, era un chaval, es muy difícil relacionarte con las personas después de una tragedia como esa – se secó una lagrima que no estaba allí – te entiendo, te entiendo perfectamente, es difícil ver a tus amiguitos con sus padres, disfrutando, viviendo…
Fer tenía la cara de un “chaval” regañado, y mi hermana, cuando la miré, supe que estaba rendida a los pies de ese “chaval”. Esa historia era lo último que le faltaba para derretirla emocionalmente.
– Dime una cosa – le dijo Marly en medio de la cena – ¿Por qué escogiste Colombia para re-hacer tu vida?, en Europa hay países muy hermosos.
– Te diré una cosa muñeca, – al parecer ese era el apodo con el que se referiría siempre a Marly, en todo caso si mi hermana parecía una muñeca, sería a una Matrioska – no me va bien con otros idiomas – rió entre dientes y agregó: ­– además, no hay como las mujeres Colombianas ¿eh? – levantó una ceja en ademán sexy y ambos rieron.
– Además Europa está en crisis, – dijo al cabo de un momento – no hay a donde ir. Colombia está en vías de desarrollo, – sonrió – siempre se dice que los países del tercer mundo están en “vías de desarrollo”, pero eso es mentira, es un eufemismo. Colombia tiene un buen futuro – concluyó.
Al terminar la cena, “Fer” invitó a mi hermana al cine, el español apagó las velas con las yemas de los dedos y después salieron.
Pocos días después “Fer” se quedó en la casa por primera vez, después se quedaba día por medio, hasta que un día llegó con una maleta de viajes con sus pertenencias. Fer no tenía trabajo, según le contó a Marly, desde que llegara a la ciudad se estaba quedando con un tío abuelo lejano o algo así, Fer no tenía confianza con el tipo, así que se ofreció a “cuidarme”, y a cambio vivir en la casa mientras conseguía un buen trabajo. Marly no puso ningún reparo, a veces dicen que los hombres piensan con el pene, no diré que mi hermana pensaba con la vagina, pero sí creo que actuaba algo similar a cuando los hombres “piensan con el pene”.
La primera semana que Fer se quedó en casa, empecé a intuir lo que tramaba, lo imaginaba en mi cabeza, pero me parecía un plan tan maléfico que preferí no darle importancia, preferí tratar de aceptar la nueva realidad. Fer era un buen cocinero, cuando estuvo en casa siempre cocinaba y tenía la comida lista para cuando Marly llegaba, a mí no me dirigía la palabra, no lo culpé, ya estaba acostumbrado al rechazo.

Diez días después de vivir con nosotros, me di cuenta de que Marly le había dado a Fer la tarjeta de crédito, quise decirle algo a Marly, pero me contuve, era su vida, era su dinero, era su felicidad. Fer la hacía sentir mujer, la hacía sentir como nadie, o como nada, pues estoy seguro que Fer fue su primer – y único – hombre.
Una tarde no me callé lo que quería decir, vi a Fer espiando la cuenta de Facebook de Marly y sus cuentas en bancos, me dirigí a él con un papel que decía: “NO ME PARECE BIEN LO QUE HACES”. Al leerlo, Fer sonrió, hizo una bola con el papel y me lo tiró a la cara.
– Por mi te puedes ir a la mierda – dijo sin mirarme – no te metas en lo que no te importa. ¿Escuchaste verdad?, ¿puedes escuchar? – me miró. Yo asentí con la cabeza – muy bien, ocúpate de tus cosas o tendré que matarte como pienso hacer con la vieja Luisa.
Me había olvidado por completo de La señora luisa, días atrás había venido y le había expresado a Marly su inconformismo con Fer, le parecía un aprovechado, seguro Marly le había comentado eso a Fer y el planeaba callar para siempre a la anciana.
– ¿Me escuchaste tullido? – dijo Fer, yo reaccioné asustado y asentí de nuevo – si abres la boca… bueno, no puedes abrir la boca porque no puedes articular bien ni una palabra, si dices algo te mataré. O quizá te haga sufrir un tiempo… sufrir en silencio – mientras me decía esto, me miraba, con una mirada de odio, yo era todo lo que el temía ser, él, el bien parecido odiaba siquiera la idea de ser como yo. Al terminar de hablar, volvió la mirada hacia la pantalla, ignorándome.
Era increíble, Marly estaba loca de amor por este tipo, y este tipo estaba clínicamente loco.
No pude, sencillamente no logré acomodar palabras para expresarle a Marly la conversación entre su novio y yo, y de un momento a otro, la muerte encontró la dirección de nuestro hogar.
Una noche, como diez días después de mí “conversación” con Fer, nos visitó doña Luisa, fue la última vez que la vi, y estoy seguro de no volver a verla jamás. Nos contó que se iba para Venezuela, pues la única hija de su hermana Marta, había muerto en un accidente automovilístico. La chica en cuestión solo tenía 18 años, esto me hizo recordar mi propio accidente, y espero que me queden fuerzas para escribir aquí sobre ello.
A pesar de la tristeza reflejada en el rostro de doña Luisa, me alegré por ella, en el tiempo que estuviera fuera de la ciudad, yo convencería a Marly de deshacerse de Fer, y así alejarnos (a los tres) de todo peligro. La señora Luisa se fue el domingo 7 de abril, el lunes 8 Marly llegó al apartamento al mediodía, Fer no estaba, era poco común que Marly viniera a casa al mediodía, tenía que suceder algo inesperado para que ella lo hiciera. Esta vez vino por que tenía miedo, tenía sospechas sobre algo que yo estaba completamente seguro, pero me había rehusado a contar, ahora me arrepiento, me arrepiento con toda el alma.
– Lucio estoy preocupada – me dijo – y tengo miedo, creo que Fer ha averiguado las claves de mis tarjetas… de todas. Le di la tarjeta de crédito, pero creo que me ha robado dinero de las de ahorros.
– “LLAMA A LA POLICÍA” – Le escribí en una hoja en blanco de Word.
– No, Lucio, no tengo pruebas, solo sospechas, en realidad, me falta poco dinero – en su cara vi la esperanza, la esperanza de lo imposible, como un náufrago aferrado a un pequeño trozo de madera, que espera ser rescatado, pero en el fondo sabe que no tiene opción más que dejarse llevar por la corriente. –, pero no puedo dejar que él haga algo así.
– “HABLA CON ÉL” – Le escribí, en cuanto lo leyó, mi hermana iba a decir algo pero se detuvo pues la puerta principal sonó a su espalda. Fer había llegado.
– ¡Hola muñeca! – Saludó – ¿saliste temprano hoy?
Marly me miro preocupada, fue la última vez que me miró.
– Hola muñeco – saludó sin ganas, se levantó de mi cama y se dirigió a la sala – tenemos que hablar – le dijo a Fer.
– Dime muñeca – dijo él, tranquilo, como recitando un guión que hubiese practicado por mucho tiempo.
– ¿Has…? – Para Marly era algo difícil en verdad, un hombre nunca conocerá el corazón de una mujer en realidad – ¿has sacado dinero de mi cuenta de ahorros? – Marly lo miraba como si él fuese su perro que acaba de mearse en la alfombra, con rabia pero sin odio y principalmente con esperanza, esperanza de que aprendiera la lección.
– Muñeca, necesitaba algo de dinero – dijo Fer lentamente, casi disculpándose – sabes que no he conseguido trabajo y no quería pedirte, pues me daba mucha pena contigo…
Marly frunció el ceño, se puso seria, no recordaba que su expresión pudiese denotar semejante seriedad. Yo lo veía todo desde mi habitación.
– ¿Cómo conseguiste la contraseña?
En ese momento vi que Fer estaba perdido, su cuerpo hizo un leve movimiento, como si se agachara ante semejante pregunta, no tenía una respuesta para dar. Se encaminó a la nevera y tomó un poco de agua. Marly lo seguía con la mirada.
– ¿Cómo conseguiste las contraseñas? – repitió Marly mientras metía su mano derecha en su pantalón para sacar su teléfono celular. Fer la miró, rendido. Marly empezó a llorar.
– ¿Pué… puedes… ex… explicarme, por… favor? – dijo entre hipos.
– No… – dijo Fer serio, ahora se acercaba hacia ella – no puedo explicarlo – sonrió, fue la sonrisa más horrible que jamás veré
Se acercó a ella y sin mediar palabra le asestó un golpe en la quijada, Marly cayó, creo que semi-inconsciente y manchó las baldosas blancas con su sangre.
Yo de inmediato abrí mi perfil de Facebook y escribí apresuradamente: “AUXILIO LOCO EN CASA”, fue lo único que se me ocurrió, cuando le di “publicar”, tres líneas ondulantes aparecieron invitándome a que esperara, después una burbuja de texto me anunció que “el cable de red estaba desconectado”. El maldito había planeado todo, lo había planeado en el momento que se dirigió a la nevera.
– Tus días de internet se acabaron hijo de puta – me dijo Fer desde el umbral de mi habitación, después entró y rápidamente me golpeó en la cara y el cuerpo con sus fuertes puños casi tan grandes como mi cabeza.
En la cocina Marly empezaba a hacer ruidos guturales, Fer salió de mi cuarto y fue hacia ella, la golpeó y pateó, eso no lo vi, sólo lo escuché. Cuando regresó a mi cuarto, traía a una ensangrentada Marly del cabello, la lanzó al piso de mi cuarto y se arrodilló como si deseara amarrarse los cordones de sus botas, pero en vez de eso, sacó una pequeña navaja que llevaba pegada a su pantorrilla, después se posó sobre Marly, que aún estaba anestesiada por los golpes. Con la mano izquierda le tapó la boca y con la derecha clavó el cuchillo en su nuca. El sonido que produjo, fue horrible, yo cerré mis ojos y escuché el rugido gutural que provenía de mi hermana.
Fer sudaba pero no decía una palabra, era un profesional, estoy seguro.
No satisfecho con la anterior tortura, agarró el cabello de Marly y levantó su cabeza del suelo, después pasó el cuchillo por el cuello de Marly, el frío y duro metal afilado, contra la suave y delicada piel humana, se rompieron venas y tendones y el suelo se pinto de sangre, color sangre, el color más difícil de traducir en palabras.
Fer se levanto y por fin dijo algo:
– Ahora, te toca… – Permaneció un rato mirándome y de pronto abrió los ojos y sonrió como si se le acabara de ocurrir la mejor idea que jamás hubiera tenido – ¿es cierto que no puedes hablar? – Se acercó a mí con el cuchillo – ¡¿es cierto?! ¿O es solo un engaño para dar lastima? - yo asentí, sólo asentí, no quise escribir nada. Había escondido el portátil debajo de la sabana, para que él no lo viera, para que no lo destrozara.
Fer empezó a reír, con grandes carcajadas. Agarró mi silla de ruedas y la sacó de la habitación, miró rápidamente alrededor y asintió satisfecho, solo había dejado un cuerpo tirado en el piso y un medio hombre asustado en la cama. Nada más importaba.
– Disfruta a tu hermana – dijo mientras cerraba la puerta de mi habitación, pasó el cerrojo por fuera y colocó un candado, lo escuché reírse mientras lo hacía.


Eso pasó hace tres días, en cuanto Fer cerró las puertas me tiré de la cama y me arrastré hasta la puerta, la golpee con mis brazos, pero son muy débiles, nunca los ejercité después del accidente, así que empecé a golpearla con mi cabeza, cuando empezó a sangrar lo dejé.


Las fuerzas se me acaban, en esta habitación no hay agua y menos comida, solo yo y mi hermana muerta, y las moscas que se posan sobre ella y después sobre mí.
Escribo esto en mi computadora con mi último aliento, para que cuando nos encuentren sepan lo que pasó.

Fin.