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miércoles, 27 de junio de 2012

Asamblea de Recuperación de la Integridad y Dignidad de los Oprimidos por los Malditos Dioses


Por Carmen Gutiérrez.


—¡Hermanos! —dijo Caín— Estamos reunidos para rebelarnos a la tiranía de los Dioses. Por siglos han hecho su voluntad, usándonos como instrumentos de ira o lujuria. ¡Medusa, mira lo que le han hecho a tu hermosa cabellera! Mejor no mires, ¡Nadie la mire! ¡Dije nadie! ¡Oh, que pena, hemos perdido al querido Goliat! Secretario Job, que lo pongan en el puerto de Rodas, soportará mejor los terremotos.

Un hombrecillo lleno de pústulas se acercó y tomó nota.

—¡Y el pobre Minotauro, lo que ha soportado! Encerrado, deforme en la oscuridad. Ya no estás solo, hermano, estamos contigo.

Un triste mujido llenó la sala antes de que la bestia notara las cortinas rojas y embistiera hacia ellas. 
Caín se lanzó al suelo para evitar un brazo petrificado de Goliat  que pasó sobre su cabeza.
—¡Dije cortinas blancas! ¡Especificamente pedí cortinas blancas! ¡Y me acusan de envidioso!

FIN


Cuando todo lo malo pasa, siempre hay alguien que te jode aun más el día.


Por Pepe Martinez.


Dando su ronda por el barrio Apolinar Pantoja descubrió un tumulto en la pulquería.

—¡Abran paso a la autoridad! —grito el gendarme.

Entre las mesas, tirado en el suelo un hombrecillo de piel quemada por las arduas jornadas de trabajo escupía espumarajos por la boca y era pateado por un hombretón con cara de pocos amigos.

—Deténgase jovenazo —dijo con voz tranquila Apolinar—, cálmese ¿Qué es lo que pasa?
—¡He tenido un muy mal día y usted quiere que me calme!—grito al policía—, me he quedado sin trabajo y me corrieron de la casa porque mi vieja se coje a otro. Ya nada me importa en esta vida.
—¿Es él quien lo ha despedido o es el canalla que retoza con su mujer?
—Ninguno de los dos.
—Entonces ¿Por qué lo golpea?
—Porque este es el que se bebió mi veneno.

FIN



martes, 26 de junio de 2012

Las heridas pueden sanar, pero pase lo que pase siempre hay que darle para delante.


Por Camila Carbel.


Acababan de llegar a la casa, ya no podían contener más las ganas. Fueron directamente hacia la habitación de él.
Progresivamente la temperatura fue subiendo entre la joven pareja. Mientras no dejaban de besarse y decirse tiernas palabras de amor.
Exequiel dejo un momento de besar a su novia, recostada en la cama, para sacarse su remera, pero se había olvidado de un pequeño detalle. El ventilador de techo estaba encendido y al levantar los brazos para quitarse la remera, uno de sus dedos se metió en el camino de una aspa a toda velocidad.
Luego de revisar la herida y comprobar que no era nada grave, el susto inicial dejo paso a las risas. Pero el clima se había roto.
—Vamos a comprar algo, tengo hambre —Propuso con una sonrisa la chica.
Exequiel, no tenía hambre, pero no podía resistirse a la sonrisa de su novia.
—Bueno, gorda. Vamos.

FIN



En la vida se hacen tantas cosas porque te obligan, ¿por qué no hacerlas por...?


Por Marje Musa.

—Tengo lupus—dijo Susana en la ventanilla de recepción de urgencias.
—¿Perdón?—repuso la administrativa.
—Lupus—aseveró fríamente, pues había captado la ironía de la preguntita.
Begoña tomó aire, esbozó la mejor de sus sonrisas, a la vez que respondía—¿Algún síntoma más?
—Fotosensibilidad. De ahí que no me haya quitado las gafas de sol al entrar—contestó esta vez imperturbable.
—¡Ajá!—pasando a mordisquearse el labio inferior, para evitar la carcajada.
—Fuerte dolor en el “torso” (Dramático gesto simulando la presión en el pecho), cansancio, pérdida de peso, fiebre, dolores articulares y musculares y el “eritema en alas de mariposa”–señalándose el rostro.
—¡Seriedad! “House” no ha conseguido un lupus en 177 capítulos... Begoña añadió—Recuerde: El doctor Ruiz es “ginecólogo”, tiene guardia: este sábado noche.
Susana se alejó ruborizada, no por el maquillaje.
Begoña pensó:
—Otra más a la lista de “enamoradas” del macizo...
—¡Siguiente!—exclamó atónita.

FIN



lunes, 25 de junio de 2012

La verdadera historia jamas contada de como se perdió el paraíso. Versión adulta sin cortes.



Por Adrián Granatto.



           Eva lamió una vez más y alzó la vista a Adán. Este la instó a seguir, guiñándole un ojo con una sonrisita socarrona. No muy convencida, Eva dio otra lamida.
—Así, así —gemía Adán, los ojos en blanco—. No pares, no pares…
—¿QUÉ ESTAÍS HACIENDO? —tronó una voz desde las alturas.
Adán se sobresaltó y cayó hacia atrás. Eva se escondió detrás del manzano.
—Nada, nada —dijo Adán mientras buscaba, desesperado, una hojita para taparse sus partes gentiles.
—¿NADA? NO ME MIENTAS, ADÁN, O CONOCERAS MI CÓLERA. ¿Y TÚ, EVA, QUÉ TIENES QUE DECIR?
Eva se ruborizó y se tapó el rostro con las manos. Lágrimas amargas se deslizaron entre sus dedos. Dios se apiadó de ella y volvió a enfrentarse con Adán.
—¿Y? ¿NO PIENSAS CONTESTARME, ADÁN? ¿QUÉ DIJE YO DEL FRUTO PROHIBIDO, EH?
—Bueno —contestó Adán—, vos hablaste de manzanas, pero de bananas no dijiste nada…

FIN