Mostrando entradas con la etiqueta ETCL: Ejercicio 1 —Micro-relato—. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ETCL: Ejercicio 1 —Micro-relato—. Mostrar todas las entradas

miércoles, 23 de mayo de 2012

El Diablo


Por Carmen Gutiérrez.


El Tarot tenía razón. Después de tanto tiempo, EL DIABLO posó su mirada en ella y le señaló. Que el marido se largara sólo  fue cuestión de suerte. El camino se abría placenteramente ante sí y pensaba seguirlo.

Con la copa en la mano sonrió. El hombre a su lado devolvió, confundido, la sonrisa. Mirándolo  con desfachatez se sintió bella y feliz.

Lista para ofrecerle todos los placeres carnales, bebió su vino, se levantó y salió del bar.

Listo para recibir el infierno de su vientre, él la siguió.

El diablo desde su cárcel de papel fue feliz.  

miércoles, 25 de abril de 2012

La huida


Por Luis Del Val Carrasco.


     ¡Ha regresado la Bestia!, se alarmó la mujer sumergida en el agua. Enseguida se tranquilizó al percatarse del origen del estrépito: la copa había resbalado del borde de la bañera, estrellándose contra las baldosas. Había temido que el vino le supiera desagradable, pero lo había encontrado delicioso. Seguramente a causa de la felicidad que le inspiraba su inminente liberación. Pronto huiría de su maltratador. No más cabezas impertinentes volviéndose para contemplar su rostro magullado. Nunca más interrogatorios de médicos entrometidos.
     Los barbitúricos disueltos en el vino serían suficientes para escapar. Mas no correría ningún riesgo: la mujer tanteó el suelo y llevó un trozo de cristal hasta una de sus muñecas.

Pasión



Por José Luis "Pepe" Martínez.

    Mentira si dijera que ella no toco mi corazón. Sería un pendejo si contara todo lo que sufrí a su lado, un malnacido si ocultara la dicha que compartimos durante esas noches de pasión. En todos nuestros encuentros bebía vino, de la misma forma que lo saborea ahora frente a mí, en este bar y con ese estilo tan suyo. Solo ver sus labios al contacto con la copa me derrite. ¿Habré cometido un error al dejarla ir? En mi mente la locura se desencadena, quiero ir a platicar con ella, pero la razón me susurra: ella ahora es parte del pasado. 

Ella


Por George Valencia.


Siempre. Todos los días, a la misma hora, en la misma mesa. Sola.

Da cuenta de su almuerzo con elegante lentitud.

Y mientras tanto, yo la observo detenidamente, absorbiendo cada detalle de su fisonomía, cada ademán, cada gesto…

Es hermosa.
Pero lo mejor viene al final, cuando le traen su copa de vino. Siempre tinto. Observa su textura y color a contraluz como una experta catadora. Luego huele su aroma. Después cierra los ojos y bebe pausadamente, saboreando su consistencia. Siempre con los ojos cerrados.

Siempre.

Me encanta cuando hace eso, me fascina…
Lástima que tenga órdenes de liquidarla.


Soy tu idea



Por Cristian Barbaro.


Déjame huir de esta cárcel de cristal. Quiero sentir tus labios en todo mi ser. No esperes, el tiempo es valioso. Cierra tus ojos y déjate llevar por tus instintos, por mis palabras.
No hay demasiado por decir: soy la idea que gira dentro de tu copa mientras esperas a que el tiempo pierda su valor. Soy lo que no quieres ver; soy tú. Entrega tus labios a mi ser.
Déjame huir dentro de tu cuerpo. Déjame borrar tu memoria con mi aroma. Déjame morir en tu calor. Déjame ser libre.

Con aroma a Vino


Por Leonardo Chirinos.



  La viuda reía en el gran salón, sus carcajadas rebotaban en las paredes convirtiéndose en lamentos que paseaban por la casa. Con su pálida mano hacía girar una copa frente a sus cristalizados ojos. La aproximó a su nariz y aspiró el aroma del espeso líquido rojizo atrapado en el costoso cristal. Llevó la copa hasta sus labios y tomó de ella dejando escapar la bebida por la comisura de sus labios. Junto a la mujer estaba el robusto cadáver de su esposo con una enorme herida en su garganta de donde manaba el espeso líquido con aroma a vino.

Una verdadera herejía


Por Adrián Granatto.


Emiliano y Santiago miraban a la mujer sentada en la mesa con la copa de vino en la mano. No bebía de ella, sólo la sostenía cerca de sus labios como sabiendo las fantasías que despertaba. La mujer les daba el perfil.
—¿Me queres decir qué mierda hace con el vino? —dijo Emiliano mientras bebía de su propia copa—. Con el vino no se juega. Y menos con estos que cuestan un ojo de la cara.
—Una verdadera herejía —comentó Santiago.
En ese momento la mujer giró la cabeza y ambos hombres vieron que era tuerta.
No dijeron más.

La Botella De Vino


Por Camila Carbel.


Para Ana no fue fácil quedar embarazada.
Pero un día lo consiguió.
Los doctores fueron muy exigentes con los cuidados, ya que era un embarazo muy delicado. Nada de hacer fuerza, cuidarse con las comidas, los nervios, la bebida y el tabaco. No podía beber una sola gota de alcohol.
Quería tener su bebé, pero cada vez veía una botella de su vino favorito, no podía evitar desear beber un sorbo, en realidad se quería beber la botella entera. Eso no era nada comparado con su pasado cercano, en el cual tomaba  de 3 a 6 botellas por día.

El primer trago


Por Mauricio Vargas.


Esa noche era la primera vez que la probaba, pero ya vendrían más… por toda la eternidad.
—¿Y? —dijo temerosa. Ella jamás imaginó que habían otras modalidades para alimentarse.
—Creo que es capricho mío —le dijo él entregándole la copa—, pero me gusta más cuando proviene de la muñeca izquierda.


Inspiración


Por Sandra Geringer. 



Sabía que la seguía.


Veía su figura difusa tras el cristal. Fingió indiferencia, sorbió lentamente el vino, mirando por entre las pestañas, atenta…

Sentía la angustia latir, furiosa, en su pecho. Las ideas de fuga se atropellaban en su mente, pero la impotencia la anclaba a esa silla.

Se erizaron los vellos de su nuca segundos antes de que un susurro la volviera a la realidad.

Sus pupilas se dilataron mientras la sangre se agolpaba, apretada, en las venas de su cuello.

La copa se quebró en su mano… sangre y vino se mezclaron… Ella no lo notó.

Bebiendo cadáveres


Por Norma Villanueva.



Cruzo sus largas piernas, llevo a sus labios una bocanada más de cigarro, nodeando un poco su cabeza arreglo su cabellera marrón.  Su cuello era largo y deseable. Sus pechos perfectos para perderse entre ellos, su torso era un campo pidiendo ser recorrido con los labios. Tomó una copa de vino tinto entre sus manos.

A tu salud Jack Dempsey- dijo mientras baja la mirada al piso y sonreía diabólicamente. Y hacía pasar el vino mezclado por su garganta.
Abajo, Jack Dempsey, con el cráneo destrozado por una bala en la sien había invitado a la ultima copa.