Mostrando entradas con la etiqueta Juan Esteban Bassagaisteguy. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Juan Esteban Bassagaisteguy. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de enero de 2016

VERSUS 2015 en Youtube


Arte

Por Raúl Omar García

(hacé clic aquí para seguir con tu lectura el video)


************************************


El lienzo

Por Robe Ferrer

(hacé clic aquí para seguir con tu lectura el video)


************************************


De bastones y amores

Por Carmen Gutiérrez

(hacé clic aquí para seguir con tu lectura el video)


************************************


Piel cetrina

Por Juan Esteban Bassagaisteguy

(hacé clic aquí para seguir con tu lectura el video)


sábado, 31 de octubre de 2015

8º Especial de Sábados de Brutos Escritores


De vuelta.
Por María Galerna.

El bosque está callado, sombrío. Los árboles cobijan a los dueños de los ojos que me vigilan, docenas, cientos de miradas malévolas que no se apartan de mi un segundo y siento que me traspasan.
Camino entre la niebla, perdido, el miedo me atrapa y por un instante me quedo inmóvil…algo más grande, más maligno, me observa, lo noto.
De repente todo queda en silencio, ningún habitante de la espesura se atreve ni siquiera a respirar,algunos huyen despavoridos.
La bestia se acerca, la huelo, siento sus gemidos en mi interior y mientras la luna llena lanza uno de sus rayos, comienza la transformación.
El lobo ha vuelto


Hambre
Por Carlos Ultraman.

¿Qué es esto? ¿Dónde estoy? Mi cabeza… Mi cabeza pesa como si fuese más grande. Y el cuerpo, ¿qué pasa con mi cuerpo? ¿Qué es este malestar que siento? Este aturdimiento, este cansancio.
Ah, Dios, pero nada supera al hambre. Estoy desesperado por comer algo.
Comida. Allá adelante, detrás de aquella línea de árboles hay comida. ¡Lo sé! Tengo que ir a buscarla. Sí. Sí. Ya estoy cerca. Ya casi puedo saborearla.
Gente. Una familia, quizás haciendo camping. Parrilla con asado. Mesa con sándwiches y tortas. Frutas. Dulces. Salchichas. Ensaladas…
No, no. Esto me repugna. No. Quiero otra cosa. Mi cuerpo pide otra cosa.
Ese nene.
Despacio, despacio. Seguí jugando con tu camioncito, querido. Despacio. ¡Por favor! ¡Qué hambre tengo! Ya casi lo alcanzo. Sólo necesito estirar mi brazo y… ¿y esa mordida? ¿Quién me la hizo? ¿Fue en el bosque?
Bah, que importa.
El nene ya es mío.


Por culpa de un aguará guazú
Por Juan Esteban Bassagaisteguy.

Todos los que jugábamos en la canchita salimos disparados cuando vimos acercarse al aguará guazú desde el monte vecino.
Pero Valentín no fue tan rápido.
La fiera saltó sobre él y le clavó los dientes en la mitad de la espalda. Su padre, el entrenador del equipo de baby fútbol, logró espantársela pegándole con una rama de quebracho.
Valentín se salvó. Pero nunca lo volvimos a ver, ni a él ni a su familia. Se decía que se habían mudado a Empedrado, acá cerquita, nomás.
De todo eso hace más de treinta años.
Hoy lo tengo frente a mí, con la luna llena como su principal aliada. Valentín, mi amigo de la infancia y séptimo hijo varón de don Dante Palotta. El lobizón que asola a toda la región.
No lo duda un instante: famélico, se lanza directo a mi yugular.
Y la bala de plata le atraviesa el corazón.


Una mano entre la niebla
Por Gean Rossi.

¿Hasta cuándo seguiría caminando? Sus piernas temblaban y su sedienta boca pedía a gritos una gota de líquido. Empezaba a anochecer, mientras la neblina se hacía más densa dificultando su visión. Todo había sido culpa de aquel pendejo perro callejero, ¿por qué lo había seguido? Quería ayudarlo y terminó perdido en el bosque luego de que el can desapareciera entre los árboles. Aún era bastante claro cuando eso ocurrió… ¿Cuántas horas habían pasado ya desde que intentó seguir su camino de vuelta sin resultado alguno? Todo adonde mirara era igual, no recordaba tan inmenso aquel seco bosque otoñal.
Se cruzó con una figura, un hombre en traje negro. ¡Sería su salvación!
—Disculpe, ¿sabe cómo salgo de aquí? —llamó el chico en la lejanía mientras se acercaba al hombre.
—Donde termina la niebla, termina el camino —aseguró sonriendo.
—¿Me puede ayudar?
—Claro, toma mi mano. Te llevaré adonde termina todo.
Accedió.


Desaparecer
Por Juan Carlos Santillán.

–¡Ya no te quiero ver!–gritó él. Y no volvió a verla.
Ella salió corriendo más rápido de lo que él se arrepintió. Veloz como una mala decisión.
Él corrió detrás de ella siglos después, cuando ya ella se había internado del todo en el bosque, en la noche, en la niebla.
Él la buscó, llamándola a gritos, hasta que él mismo se fue difuminando, se fue borrando.
Y hasta el último instante antes de desaparecer para siempre, él la siguió llamando:
–¡Ven, hija, vuelve, mi niña!

[Sin título]
Por Calista Manríquez.

Si su sombra es todo lo que queda ¿De qué sirve seguir caminando?
Miles y cientos de arboles lo rodea y su vaporosa cabeza voltea de un lado a otro buscando el camino que lo lleve hasta la casa de la que fuera su amor.
¿Cuánto tiempo llevaba caminando? Los días y las horas no tenían sentido cuando solo eres el terco recuerdo de una antigua vida, una muy antigua de la que solo mantiene la idea de llegar a su hogar.
Una vuelta, un giro a la izquierda o a la derecha, ya no le importa, lo que importa es salir y mira… un árbol con el que no se había cruzado antes en todo el tiempo caminando ¿O será flotando?
Ella está ahí, dejando flores bajo un árbol. Esta vieja y triste pero igual de hermosa. Vaya, aun lo recuerda. Quizá no debió colgarse.
Si, fue un idiota.


sábado, 17 de octubre de 2015

Mañana de una tarde de Versus por la noche



Hace 4 días.
Juan abre la puerta del cuartel general del Edén y el olor a humo de cigarro le golpea la nariz. Sonriendo, abre las ventanas y descubre una taza de café con residuos de lápiz labial en el borde; Carmen deja las tazas por dondequiera, al igual que los ceniceros.  Juan es el primero en llegar y siempre hace el mismo recorrido: de la puerta a las ventanas y de ahí directo a su escritorio. Revisa las notas del día; es una jornada larga la que espera por delante. Su instinto de contable lo domina, descarga los datos de los polls, elabora un archivo de Excel con los datos descargados, hace un nuevo archivo para controlar el desarrollo de Versus, hace capturas de pantalla y revisa las notificaciones de la página de El Edén de los Novelistas Brutos. Deja notas en la pizarra con el trabajo elaborado, termina el mate que se preparó antes de llegar y se va a su despacho real, donde lo esperan más datos y hojas de cálculo por elaborar.
Es curioso este cuartel. Es un refugio y sala de reuniones al mismo tiempo que ejerce el papel de oficina ejecutiva. Todos tienen su lugar especial y su modo personal de trabajo. Cada uno tiene su propio portal que los lleva de sus casas y vidas reales hasta este sitio secreto del ciberespacio en el que la magia del Edén se forma.
El siguiente en llegar, por lo general, es Raúl. Entra de prisa, vacía los ceniceros, lleva las tazas de café a la cocina y revisa las notas que ha dejado Juan. Da su visto bueno, chequea la actividad en la página y deja aclaraciones pendientes para cuando llegue Carmen. Con la misma prisa con la que entra, sale como un bólido directo a dormir. En su vida real trabaja de noche, así que no regresará al cuartel hasta que haya descansado. Ya en la cama recuerda que la consigna de la siguiente ronda de Versus necesita elaborarse, así que regresa y deja una nota amarilla que dice: «Más tarde hago el sorteo de las parejas y redacto las consignas».
Carmen es la última en llegar y entra directo a la cocina para lavar sus tazas y prepararse otro café. Usará el lugar de Juan para trabajar solo por ese día —y porque no encuentra su lápiz—. Descarga los datos de las encuestas y diseña una imagen para dar a conocer los ganadores de la primera ronda. Coteja los datos de Juan con los suyos, imprime la imagen y la deja para revisión. Tiene que irse, pero aún tiene medio cigarro encendido y decide esperar para terminarlo. Mientras, revisa los archivos que dejó Juan y la aclaración de Raúl. Sonríe. Antes de salir agrega una nota al pizarrón: «Deberíamos de estar orgullosos, 20 participaciones de 22 apuntados».
Más tarde, cuando Juan regresa, repite la operación de revisión y descarga de datos. Revisa la imagen con los ganadores de la ronda y escribe debajo de esta: «Bárbaro, che».
 
Justo después llega Raúl. Ya descansado y con la mente despejada se sienta al lado de Juan a realizar los sorteos. Simultáneamente, ambos se ponen al tanto con lo acontecido en el día. El recinto se llena con el suave aroma a mates, Juan hace una broma y Raúl ríe alegremente. Así los encuentra Carmen.
—Noté algo raro —dice esta después de dar un beso en la mejilla de cada uno—. Como saben, los polls nos dan la dirección IP de cada votante. Hay dos personas que votan por los mismos relatos, Fulana y Zutana, con una diferencia de un minuto o tres, y comparten la misma dirección IP. ¿Las conocen?
—¡La pucha! —dice Juan, revisando los datos—. No me había fijado. Fulana lleva años participando con los votos y de vez en cuando veo algún comentario, pero a Zutana no la ubico.
—Me llamó la atención porque siempre aparecen juntas —dice Carmen desde la cocina; ya está con otro café.
—¿Anulamos esos votos? —pregunta Raúl sin levantar la vista de su block de notas.
—¿Y si son hermanas?
—¿Son votos en beneficio de algún autor en particular? —vuelve a preguntar Raúl.
—No —responde Carmen, sentándose a la mesa—. Están en todos los polls. No veo algún voto viciado, lo que veo es una posible identidad dudosa. No infringe las reglas del anonimato.
—Pues nada —dice Raúl, encogiéndose de hombros.
—Por lo que decís sobre cada una de las dudas, Carmen, y dado que no benefician a nadie, podríamos, en este caso en particular, aceptar ambos votos... Pienso en voz alta —agrega Juan, tocándose la frente.
—Otra cosa, mariposas… —interviene Carmen—. ¿Puedo poner la imagen de los que pasan a la siguiente ronda? ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor!
—Si ya no hace falta nada, publicá —responde Raúl, sin dejar de anotar cosas en su libreta.
¡Yeah! —festeja Carmen, y se va, pegando saltitos y bailando, a hacer la publicación.
Juan y Raúl la miran sonriendo mientras se aleja.
—Me da gusto que regresara —menciona Juan, señalándola con un gesto—. Tú no das esos saltitos y esos bailes.
—Eso es porque no apreciarías mis movimientos, pero mirá. –Raúl se levanta y hace los pasos de la Macarena.
Juan suelta la carcajada antes de volver a sus hojas de cálculo.
En ese mismo instante, se escucha el sonido que hace el agua cuando aprietan el botón de la mochila del inodoro, y Pepe sale del baño:
—¿Me perdí de algo?

sábado, 9 de mayo de 2015

7º Especial de Sábados de Brutos Escritores



[Sin título]
Por Calista Manríquez.

Jugar a ser valientes nunca había sido su fuerte. Incluso, no le avergonzaría decir frente al mundo que era un cobarde.
Frente a todo el mundo menos frente a ella. La linda pelirroja que le robaba el sentido común y convertía sus fluidas palabras en un montón de silabas entrecortadas y mucha veces sin sentido.
Así que cuando ella le dijo que probara su valentía él tomó su linterna y se metió por entre los sucios y laberínticos pasillo de aquel abandonado edificio.
Estaba oscuro, sucio y solitario. Su mente racional le decía que todo ese asunto de los fantasmas solo era un mal chiste usado para asustar a los ilusos, que él no era así, que él no debía temer, que debía esperar los 15 minutos de la apuesta y salir vencedor.
Último pasillo, una única luz y la clara sombra de una niña.
"Quizá deberías empezar a creer"


[Sin título]
Por Eva Leonor García Bogado.

Se alejaba al fin de si misma.
Por ese pasillo que conocía al detalle, que guardaba sus ecos, sus huellas, su sangre primera, su horror.
Simplemente lo decidió así. Espontáneamente. Ya sin miedo ni rencor. No sabia del tiempo, ni del frío ni el adiós.
Olvidada de ella, se fue. No se llevo. Y estuvo bien. Mora ahora en otra, en todas. Ella sos.


[Sin título]
Por Miguel Ángel Di Giovanni.

Familia Valenzuela:
Primeramente agradezco haber elegido nuestra firma para la refacción.
Como dijimos en la charla telefónica, el objetivo era convertir su casa en un espacio humano.
Ya en el estudio, con la arquitecta Quivera nos abocamos a proyectar una mejora en la iluminación natural del corredor que conecta habitaciones, sala y patio. Al ampliar las fotos vimos lo que nos pareció un defecto, pero no. En la foto (que saque yo mismo y en vuestra presencia), se ve claramente una extraña silueta femenina.
Conmocionada, la señorita Quivera hace un llamado, y pasándome el celular dice “cuéntele arquitecto”. Me presenté. Expliqué lo que ocurría. Del otro lado de la línea me piden un mail con la foto. Eso hice. Cuarenta minutos después sonó el celular. Familia Valenzuela, la voz del otro lado de la línea dijo: Abandonen la casa, y cortó.
Por eso, apreciada familia, renunciamos realizar la obra.
Atte. Arquitecto Salvador Castañeda


[Sin título]
Por Luis Seijas.

Esta sentado en el pasillo sintiendo como el frio del piso se apodera de sus nalgas. Ve la pantalla de su computadora y el cursor titilando le taladra los ojos. No sabe sobre qué escribir.
Alza la vista y los bombillos se apagan uno a uno. Vuelve a su página en blanco esperando que la musa le llegue.
Los bombillos titilan y la ve...
Sin pensarlo sus dedos empiezan a golpear las teclas.


[Sin título]
Por Matías Raña.

Un paso. Eco. Otro paso. Eco. Silencio.
Una risa cálida, inocente, se escapa entre el ladrillo húmedo de las paredes.
Ella sabe que el miedo es la reacción adecuada. Más siente el más profundo acceso de ternura y empatía.
“Así es la entropía”, advierte la niña. Suena inteligente, algunos dirían ancestral. Su interlocutora asiente. Las epifanías no se discuten.
Durante toda su vida la mujer padeció la presencia de la niña en los pasillos, en recovecos sombríos. La niña que pervertía lugares sacrosantos con su fantasmal figura.
Siempre con un paso, el eco consiguiente, y el silencio.
Hasta ese día.
“Así es la entropía”, repite ella, mientras nota que el dolor de ovarios que ningún analgésico pudo calmar había desaparecido.
Repite las palabras cual mantra al mismo tiempo que da cuenta que lleva un vestido corto.
Repite las palabras mientras camina hacia la luz, aceptando por fin su destino.


La búsqueda
Por Juan Esteban Bassagaisteguy.

Camino por el pasillo del hospital y no lo encuentro. Estoy sola pero eso no me preocupa. Y no estoy asustada, como cuando tenía dos o tres años. No. Ahora ya tengo doce, soy mayor y me las tengo que aguantar.
Él no tuvo piedad de mí y no me olvido. Tenía dieciocho años y era mi papá. Y dio el visto bueno para que, con solo dos meses de habitarla, me rasgaran de la panza de mamá.
Privilegió estudiar para ser médico, que amarme y ser padre por primera vez. Y yo, en aquel entonces, no me pude defender.
De todas maneras, sé que algún día, ya recibido, volverá a Rauch para trabajar en el hospital (cómo no saberlo, si soy —fui— su sangre).
Y ahí finalizará mi búsqueda, para bien o para mal.


[Sin título]
Por Ultraman SesentayTres Libros.

La luz al final del pasillo es un imán y un destino para Ana, quien camina por el corredor hacia su encuentro. Avanza despacio, como tanteando con sus pies cada baldosa y de cada baldosa cada grieta o imperfección. Camina con cuidado, los ojos al borde de la ceguera de tanto mirar la meta distante. ¿Distante? No, ya no.
Ana percibe que la luz va a su encuentro más velozmente que lo que ella misma procura acercarse y decide detenerse. En un par de segundos la luz va a abrazarla, envolverla, alzarla... La luz encenderá a Ana como una tea viviente, y en un segundo la niña y el pasillo serán una misma cosa, ardiente primero, incandescente después, invisible al final.
Kilómetros más allá del pasillo y la niña que ahora son menos que cenizas, el hongo atómico se yergue majestuoso y malévolo.


[Sin título]
Por Sergio Bonavida Ponce.

 «Mamá, Mamá... Papá ha vuelto. No, maldita estúpida, no corras, le pondrás nervioso otra vez, Papá es muy sensible y no le gusta que corras. Eso es. Tranquila. Mira tú bonito reflejo en el filo. ¿Si he sido una niña buena? Claro, Papá. ¿Y Mamá?¿Si ha sido buena? No, Mamá no ha sido buena. Siempre triste y llorona. Se queja y hace aquello que está mal. Es una chivata. Y en esta familia no somos así. Claro que no Papá. Te eché de menos. ¡Claro que sí! ¿Por qué te acercas tanto a la ventana Mamá? Cuidado, a Papá no le gustan tus manías. ¡Maniática imbécil! Siempre es culpa tuya, Papá es bueno. Maldita loca. Mira tú reflejo en el filo. Míralo. Maldita sea. Míralo maldita puta. ¿Mamá?¿Mamá?¿MAMÁ?»


[Sin título]
Por Enrique Hernández Negrete.

La luz trascendió pese al mar de oscuridad. Con el alma manchada y la inocencia perdida, dejé atrás aquel infierno sumergido en sangre. Sin la esperanza de que el umbral recobrará tan siquiera una mínima pizca de felicidad. Después de haber sobrevivido a la masacre del materno infantil, salí a rastras esperando morir de agonía mental.


domingo, 23 de marzo de 2014

SÁBADO DE BRUTOS ESCRITORES - ¡Cinco Haikus Para Un Haiga!


Por Ricardo José Vega.


"el ángel cayó
todo despatarrado ...
alas y brazos...

Fue socorrido
asombrados vecinos
tambien lo vieron ...

traía mensaje
desde los altos cielos
de amor fraterno

y de igualdades
azul misericordia
y caridades

Del Vaticano
del santo Papa Pancho
era enviado ."

*****

La huida

Por Juan Esteban Bassagaisteguy


Yacés inerte,
mi daga en tu corazón,
muerta sin piedad.

El horizonte,
ceniciento como vos,
se yergue lejos.

Y el torbellino
me impide avanzar veloz
―mas no me estanco―.

Yo nunca pensé
que el descenso al infierno
comenzaba así.

Con el aroma
de tu sangre en mi mente
cual brújula hostil.

*****

Por Carmen Gutierrez.


Figuras de aire
busca el pequeño aún.
Tarde de juegos.

¿Es una cara?
¿Es un león furioso?
¿Es una madre?

Las nubes le dan
cuerda a su imaginación.
El sol se pone.

Debe regresar
ha jugado, reído,
ha sido feliz.

No tiene padres
No tiene ni familia.
Niño sin hogar.


*****

La hija

Por Raúl Omar García.


El fuerte viento
no detiene su marcha;
es optimista.

En la barcaza,
una niña con fiebre,
aguarda a su .

El río bravo
agita su agua dulce
y peligrosa.

Próximo a llegar,
ve los amarres, pero…
la barca no está.

El horizonte,
de un cobrizo poniente,
tiñe misterios.

*****

Por Carolina Dilo.


Ojos cubiertos
caminando en silencio
sin rumbo fijo.

En paz transitas
con delcalza pisada,
nada te guía.

Guiando tu vida
el desnudo sendero,
sin horizonte.

Sigues directo
no importa el destino, es
solo encontrate.

El fin cercano,
al que todos llegamos,
pronto se acerca.

sábado, 21 de diciembre de 2013

5º Especial de Sábados de Brutos Escritores


El karting a pedal y la bicicleta de carrera
Por Juan Esteban Bassagaisteguy.

Treinta navidades sufrí mirando cómo el gordo seboso surcaba el cielo de mi ciudad dejando caer sus paquetes en las chimeneas de cada hogar; y cómo volaba por encima del mío sin regalarme nada.
Hoy también el muy boludo sonreía, jocoso, con su clásico «¡Jo, jo, jo!».
Y nunca se dio cuenta del balazo que le perforó el cerebro.
Ahora todos los regalos son míos y solo me queda abrirlos para encontrar el karting a pedal que me debe hace tres décadas.
Aunque lamento mucho que el trineo haya impactado contra el techo… Pero, bueno, tengo carne de reno como para alimentarme gratis un par de meses, je. Y algunos días por delante para disimular el suceso y cubrir el agujero en el cielorraso.
Porque es el turno de los otros tres hijos de puta y sus camellos: nunca se acordaron de mí cuando les pedí la bicicleta de carrera.

Santa Clauss, el Judío errante
Por Gabriel Herbas.

Al final resulto que los mayas no se equivocaron, sólo se erraron por dos años.
Cuando al fin, el mundo llegó a su fin el 21 de diciembre de 2014 nadie se entero.

Tres días después un hombre salió a hacer su trabajo como todos los años, montó su trineo y se paseó por sobre las casas del mundo, llevaba consigo una bolsa mágica llena de regalos y alegría pero apenas unos minutos después de su salida sólo sentía preocupación. No veía luces encendidas, no escuchaba las alegres melodías navideñas.

Al sentir su preocupación los renos empezaron a tambalearse, primero sólo un poco y después como si sufrieran de narcolepsia. Cuando iban cayendo hacia una casa solitaria de Colorado supo lo que sucedía. El mundo había llegado a su fin, al fin el mundo había desechado a los seres humanos. Se estrello sobre el techo de la casa y los renos con su magia perdida salieron disparados en todas direcciones, el trineo y los regalos cayeron al suelo. El permaneció en el techo de la casa del bombillo rojo lamentándose y preguntándose ¿Qué hacer?, él era el judío errante, él era el hombre inmortal que para hacer más interesante su vida había decidido repartir regalos cada año, pero ahora sin personas a las cuales darle nada ¿Qué sentido tenía su vida? Tendría que aprender a vivir en soledad, él era inmortal, no podía suicidarse.

[Sin título]
Por Robe Ferrer.

Y en ese momento el hombre que vestía de rojo pensó: ¿Por qué me habré ido bebiendo todas las copas de anís que me dejaban en cada casa?. ¿Por qué le daría un sorbito a cada reno? ¿Y por qué coño le robaría el trineo a Papa Noel cuando entró en mi casa?


sábado, 9 de noviembre de 2013

4º Especial de Sábados de Brutos Escritores


La configuración del lamento
Por Raúl Omar García.

Kirsty aferró la caja de Lemarchand con sus manos temblorosas y se recostó en la cama. Cerró los ojos y al instante se halló frente a una casa, donde unas niñas saltaban la soga en el jardín delantero al son de una canción macabra.
—Hola, perra. —La bienvenida le llegó por sorpresa, y se giró con celeridad—. ¿Me extrañaste?
La joven dibujó unas caricias con los pulgares sobre la pulida superficie de «la configuración del lamento*» y, cuando esta empezó a desmontarse, la arrojó a las manos del hombre del guante con navajas, quien se encontró, de pronto, rodeado de ganchos y cadenas; desde lejos oyó las risas de aquella puta atrevida.
Un ser con la cabeza llena de alfileres sentenció:
—Solo quieres ser maligno, letal e inmortal. Suéñalo, jamás ganarás.
—¿Tú quién eres? —preguntó Freddy Krugger.
—Yo… soy… dolor —declamó, Pinhead.
Sonriente, Freddy desafió:
—Ven por la aspirina.

*La Configuración del Lamento es un tipo de caja oriental ficticia creada por el novelista británico Clive Barker, propia de la serie de películas de la saga Hellraiser y la novela de terror del mismo nombre, escrita por Barker.
     Esta caja tiene forma cúbica, y en la misma hay que resolver un rompecabezas muy complejo. Cuando este se resuelve se produce una entrada espacio-tiempo por la que ingresan a nuestro mundo unos seres llamados cenobitas.

Leyenda
Por Juan Esteban Bassagaisteguy.

¡Pum!
El golpe sonó en medio de la noche lluviosa de Braşov, la capital del distrito homónimo de Rumania, y los ojos de Vasile se abrieron, enormes y temerosos, como dos lunas negras.
¡Blam!
Los postigos que cubrían la ventana de su habitación, en lo alto del primer piso de la casa, se abrieron de par en par con el ventarrón y él tembló más que nunca ―y no debido al frío―.
La figura del anciano apareció suspendida en el aire. Tenía el cabello recogido en un rodete canoso y vestía un traje rojo propio de otra época.
Los colmillos asomaron blancos como el marfil en la sonrisa demencial del viejo, y Vasile supo que todo lo que contaban sus amiguitos sobre Vlad Tepes y el castillo de Bran era verdad.
La oscuridad inundó sus venas cuando estallaron los vidrios del ventanal.

EFECTO 3D
Por Gean Rossi.

—Silencio que ya va a empezar —dijo Andrés.
—¡Espera! —exclamó Samantha y su hermano detuvo la película— Mami, pásame unos lentes que yo no tengo. Listo, ponle play. —concluyó la pequeña con los enormes lentes oscuros sobre su nariz.
La película empezó repentinamente, sin cortos ni créditos, ni nada por el estilo. Las cincuenta pulgadas de la tv Led 3D se vieron ocupadas por un triste campo forrado al fondo por un frondoso bosque. Lo único que resaltaba era un pozo en medio de aquel solitario y oscuro campo.
—Hijo, ¿De qué va esta película?, se ve muy extraña —comentó María.
—No lo sé, creo que es de terror, el joven de la tienda me la recomen… —Se detuvo, del pozo de la pantalla empezaba a salir una silueta negra que se iba acercando  a tropezones cada vez más.  Entre un parpadeo y otro aparecía más cerca que antes.
Lentamente la cabeza de la silueta empezaba a asomar fuera de la pantalla, seguido de sus brazos sucios y oscuros hasta salir por completo.
—¡Tremendo el efecto del 3D eh!—Exclamó el padre de la familia —Hasta pareciera que de verdad estuviera aqu…
Un parpadeo y la silueta de la chica del pozo se encontraba frente a ellos. Rápida y silenciosa como sólo la muerte puede ser. No les dio tiempo de gritar, de pensar, ni de darse cuenta de lo que estaba pasando. Simplemente se limitaron a disfrutar el efecto del 3D mientras la oscuridad inundaba sus vidas.

La última habitación
Por Esteban Di Lorenzo.

El pasillo es lo único que me separa de mi destino, mejor dicho el cuarto de maquinas. 
Revisé toda la nave, solo me queda marchar hacia la puerta. Camino aferrando mi fusil. Necesito dejar de ser la presa de este monstruo.
Al acercarme, la puerta se abre deslizándose hacia un costado. La oscuridad deja de estar inmóvil y de ella sale un cráneo enorme, el mas grande que vi desde el abordaje de estos “pasajeros”. La cabeza parece estar formada por huesos haciendo una corona ¡SU REINA!. Disparo hacia la extraterrestre pero es inútil, las balas solo hacen rasguños en su coraza.
La velocidad de su garra me sorprende y me arranca el ultimo suspiro de aire, me sostiene del cuello en alto, casi toco el techo, no puedo gritar... solo me queda pensar:
«No pude matar a su reina, el derroque va por mi cuenta»

SMS desde el infierno
Por Sergio Bona.

Mi buen Doctor Lecter:

Sigue costándome aparecer delante de un espejo siempre que un idiota pronuncia mi nombre cinco veces. Si, si, lo se Doctor, es mi carga, forma parte de mi maldición. Sé que me dijo que tenía que aceptar mi rol en el papel del universo. No luchar, dejarme llevar por mi naturaleza. Pero cuando veo sus imbéciles caras con la única motivación del morbo, o peor aún, azuzados por el alcohol...pierdo el control. Y entonces mis manos-ganchos comienzan a hablar por mí. Y me detesto. Mis manos son pinceles de mi alma, podría dar tanto amor con ellas. Odio matarlos de esa manera. ¿ Me puede sugerir mi buen amigo, algún sustituto para proporcionarles una muerte agónica, desmembramiento, ojos fueras de sus órbitas,etc... pero sin utilizar mis manos-ganchos?
Gracias mi buen Doctor.
Atentamente su amigo Candy.


sábado, 30 de marzo de 2013

2º Especial de Sábados de Brutos Escritores


Distinto tiempo
Por Juan Esteban Bassagaisteguy.

El agujero en medio de los ojos rezumaba humo, sangre y sesos, y el olor a pólvora invadía el lugar.
Se habían terminado los días en que, sumisa pero sufriendo un calvario inimaginable, aceptaba todo sin decir palabra.
Ya no más «¡hijadeputa!», «¡conchudademierda!», «¡boludaaa!» y el golpe certero posterior con que él, mientras le tiraba de los pelos, rubricaba su firma indeleble, ennegreciéndole un ojo, quebrándole la nariz o rompiéndole un brazo.
Todo tenía un final.
Y un principio.
Comenzaba la etapa donde el mayor de sus hijos, todavía adolescente, debía rendir cuentas ante la sociedad por lo que acababa de hacerle a su padre.

Cinco segundos
Por Raúl Omar García.

Giro sobre mis talones al oír el percutor, tan rápido como me es posible. La bala queda congelada a centímetros del orificio del revólver, envuelta en una espesa nube de humo. La oscuridad del ruinoso túnel resulta apenas quebrantada por el fogonazo de la detonación con un círculo de luz mustio, que me permite apreciar el rostro inconmovible del que me disparó.
Al principio me querían como conejillo de indias, pero hace meses que desean verme muerto.
Puedo detener el flujo del espacio-tiempo con solo cerrar los ojos por cinco segundos, y revertir la situación del mismo modo. Aun así, no fui capaz de impedir que asesinaran a mi familia.
Y todo por mi don.
Me rasco la cabeza, avanzo lagrimeando hacia mi atacante, me detengo ante la bala y abro grande la boca.
Estoy cansado de huir.
Dejo caer mis párpados y cuento mentalmente: uno, dos, tres, cuatro, cinco…

Bienvenida
Por Alejandra Lopez.

La paz del campo se había roto por una serie de robos en las humildes viviendas de Vaca Grande.
Ramón compró un arma para defenderse, no lo tomarían desprevenido.
Y llegó la noche en que la tuvo que usar. Escuchó ruido afuera de la casa y a los perros ladrando alborotados. Se asomó a la ventana y, aunque estaba muy oscuro, alcanzó a distinguir una sombra agazapada al lado de su puerta. Nervioso, apuntó con el revólver y le disparó al bulto. Esperó, y vio que no se movía, entonces fue a abrir la puerta y con horror comprobó que era su hermano menor a quien había matado.
Durante más de un año no supo nada de él, que ahora había recorrido más de ochocientos kilómetros desde su pueblo natal para darle una sorpresa.

Siendo un mercenario
Por Adrián Tovar.

Detrás del gatillo el miedo no tiene razón, sin embargo es un visitante frecuente, algo contrario a la compasión. Mis ojos recorren el lomo del cañón y mas allá, pendientes a quien aparezca amenazante, en perfecta coordinación mis dedos jalan del gatillo enviando al mas eficaz de la muerte. El disparo es preciso, la bala ahora se aloja en el ojo de un hombre, que tuvo la desgracia de ser mas lento.
Relajo mi arma confiado y dando un respiro hondo saboreo la pólvora flotante. Escucho un movimiento, mi amiga asesina salta preparada para defenderme.
Abro la puerta del armario para encontrarme a una mujer indefensa cuyos ojos se esconden mientras su boca invoca a la misericordia. "Misericordia entonces" ahora en su frente un hilo de sangre divide su cara. No me pagan por victimas, pero un alma desesperanzada reconoce a otra.
"Misericordia..." saboreo el cañón "...no para mi".

El magnicida
Por Héctor Priámida Troyano.

¿Cómo era posible que nadie lo percibiera? ¿De veras confundían a semejante fantoche con el primer mandatario de la nación? Su entonación era idéntica —eso era innegable, sí—, y su fisonomía imitaba la original —tampoco esto lo discutía—, pero en sus ojos no fulguraba destello alguno de humanidad. ¿Solo él advertía el brillo reptiliano de aquellas pupilas?
Mas la suplantación del Presidente saldría pronto a la luz. Allí estaba él, alerta gracias a las voces que le prevenían en el fondo de su cabeza. El Señor lo había honrado designándolo con su dedo, y los médicos, cómplices de la conspiración de los monstruosos invasores, habían resultado incapaces de acallar las revelaciones.
«¡Mátalo!», resonó la orden en su mente. El «elegido» disparó el arma y el proyectil, provocando una lluvia de diminutos cristales, impactó de lleno contra el rostro que le hablaba al país desde la pequeña pantalla.

[Sin título]
Por Jaume Albiol Escayola.

El chico se movió por pura supervivencia.Una acción,una reacción.Lo que vió despertó en él un instinto que hizo que únicamente pensara en defenderse.Tenía un arma y aunque no había disparado nunca lo había visto millones de veces en las películas.Presionó con el dedo índice el gatillo y ya estaba todo hecho.Una vez el proyectil salió del tambor no había vuelta atrás.La bala salió a una velocidad endemoniada y el chico se quedó embobado intentando seguir la trayectoria del proyectil con la vista.Imposible.Casi al instante de haber presionado el gatillo el tipo que tenía delate suyo dejó caer lo que llevaba en la mano e intentó tapar la hemorragia con las palmas de las manos en pleno estómago.Cuando el tipo cayó al suelo pudo observar lo que le había caído de las manos y no parecía ninguna amenaza.Quizá se había precipitado,pero una vez sale la bala no hay vuelta atrás.