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sábado, 18 de junio de 2016

Entrevista a Gean Rossi, autor de «El espejo»


Tocó la puerta del cuartel del Edén justo a la hora indicada. Esperó unos segundos antes de que la puerta se abriera con un clic y le diera paso a un amplio salón lleno de cajas y libros sobre los sillones y mesas. Una amplia ventana cubierta con una cortina de velo dejaba correr una leve corriente de aire, pero ahí no había nadie. Lleno de curiosidad, exploró un poco de camino al comedor donde encontró una enorme mesa de madera con cuatro sillas alrededor, un cuaderno, una taza de café junto a un cenicero y un pizarrón lleno de papelitos amarillos con recordatorios. Sonrió al ver uno que decía: Entrevista con Gean Rossi, Cuartel del Edén, cita agendada, Atte: Carmen. Solo que Carmen no aparecía por ningún lado.

Consideró seguir recorriendo las habitaciones pero pensó que su madre no lo aprobaría. Así que tomó asiento y esperó. Después de cinco minutos, Carmen apareció en la puerta cargando cuadernos y un estuche de pinturas; venía despeinada y agitada, y se veía a leguas que había corrido un buen trecho.
Sonrió al verlo y dijo:
—Hola, Gean. Perdona la tardanza pero últimamente andamos todos ocupados y me salió un trabajo urgente —suspiró—. Pero ya estoy aquí.
Gean encogió los hombros.
—No pasa nada —dijo sonriendo—, en realidad acabo de llegar.
Carmen dejó sus cosas en una pequeña mesa donde encontró un hueco.
—Robe aún no encuentra donde acomodarse —dijo, señalando todos los libros en el salón—, por eso este desastre. Yo propuse que usara esa oficina que está sola, y que nadie usa hace mucho tiempo; pero como no tiene ventana prefiere, de momento, quedarse aquí. Ven, preparemos algo de beber y vamos a mi oficina.
La oficina de Carmen es amplia, con una mesa llena de manchitas de pintura y un estuche de pinceles en un lado. Gean tomó asiento frente a ella y, nervioso, esperó a que comenzara. Carmen sacó un ejemplar de «El espejo» de una estantería etiquetada como «e-pub»; él se sorprendió al ver en físico su libro, pero notó que las orillas del mismo temblaban, como un holograma.
—Estamos en internet, querido —dijo Carmen guiñando un ojo—, aquí todo es posible. Ahora comencemos; «El espejo» acaba de ser lanzado a la venta en línea…


¿Qué sientes al ver tu libro disponible para todo el mundo?

Demasiada felicidad. Es increíble el nivel de satisfacción al ver la portada (que es lo que primeramente representa a la novela, por supuesto) rondando por allí. Me siento muy orgulloso de mí mismo, de haberlo logrado, pues era algo que hasta hace no mucho me parecía distante e inalcanzable. Me emociona ver mi nombre designado como “autor” y pensar «¡Eh!, ¡de verdad soy yo!».

¿Qué fue lo que te orilló a optar por la publicación en línea?

Muchos factores. Para nadie es un secreto que en cualquier rama cultural en la que uno decida desenvolverse, lo más difícil es entrar y, de alguna manera, pertenecer. La publicación en papel me ha parecido una posibilidad un tanto imposible. Especialmente en Venezuela donde, por poner un ejemplo, los periódicos tienen que recortar el número de páginas de sus ejemplares porque no tienen papel. Entonces, ¿cómo esperar que las editoriales estén funcionando (si es que lo siguen haciendo) cuando hacerse con papel y tinta, materiales imprescindibles, es imposible? Los pocos libros que llegan a las estanterías lo hacen con precios disparatados pues de alguna manera tienen que buscar cubrir los costes y, por supuesto, en su mayoría son de celebridades venezolanas que tienen mucha mayor ventaja que el escritor desconocido. Mi intención no es lucrarme de esto sino hacer conocidas mis letras e iniciarme de alguna manera en este mundo tan hermoso. Amazon ofrece esta posibilidad de publicar en formato digital que muchos escritores han venido aprovechando en los últimos tiempos. Soy fiel creyente de que el Internet es inmenso y extremadamente fructífero si se sabe manejar. Y estoy en eso, pues, descubriendo qué tanto puedo cosechar por estos medios.

¿Has recibido apoyo de tus seres queridos para dar este paso?

Es curioso, mis padres apenas se enteraron de la existencia del libro luego de que estuviera ya en Amazon. Podría contar casi con una mano las personas que sabían de este proyecto. Es algo que me traía muy bien reservado y no quería divulgar mucho hasta que tuviera realmente claro el rumbo que tomaría. Creo que el que camina en silencio parece dar pasos más largos, así que les conté más que todo a personas que de alguna manera pudieran ayudarme con dudas, detalles y opiniones.

¿Qué opciones viste antes de decidirte por este método de publicación?

Pues intenté mandar la obra a un par de editoriales del exterior, pero no vi mucha luz. Tampoco puedo decir que intenté mucho, creo que siempre estuve resignado a irme por la opción digital, al menos, por ahora.

    ¿Cuánto tiempo le has dedicado al libro?

Ufff, muchísimo. Todo esto comenzó, casi podría asegurar, allá por el 2012. Tenía la idea pero me costaba mucho desarrollar la historia. Recuerdo que cada año, cada vez que se acercaban las vacaciones, pensaba «Esta vez sí voy a aprovechar el tiempo para escribir el libro». Mentira, siempre lo dejaba. Por suerte este 2015 pasado supe que mi tiempo había llegado, así que me metí de lleno en la historia y poco a poco descubrí cómo iba fluyendo todo hasta que, casi sin darme cuenta, tenía noventa mil palabras escritas y una historia que me emocionaba con solo pensarla. Más o menos podría decir que unos seis u ocho meses.

¿De dónde salió la idea de «El espejo»?

Una vez, hace unos buenos años atrás, estaba con mi familia en un centro comercial de por acá y había una especie de exposición de muebles. Recuerdo que mientras mis padres veían las camas y sofás, yo me concentré en un espejo bastante grande que había allí. Me imaginé cruzándolo, así sin más, como si hubiera otro mundo más allá. Desde entonces me han llamado la atención los espejos y he tenido esa premisa de imaginar y descubrir qué podría ocurrir al atravesarlo.

¿Qué consejo les das a los autores nuevos para lograr una publicación?

Que nunca dejen de creer en sus capacidades. Es fácil desanimarse rápido en este mundo, realmente yo no conozco mucho de él, pero lo que sí sé y lo que puedo aconsejar es que no se cansen de aprender, de corregir, de volver a leer, de investigar, de aceptar críticas y buscar siempre seguir superándose. Si tienes alguna duda, o no estás muy seguro de algo tan simple como un signo o una coma, no dudes en preguntarle a alguien o en investigar sobre ello. Creo que lo más importante no es solo escribir, pues cualquiera en el mundo puede hacerlo, sino presentar un texto muy bien pulido y con cierto nivel de profesionalismo, que siempre será bien recibido en cualquier parte. 

  
¿Llevas algún tipo de rutina o método a la hora de escribir?

Como que sí y como que no. Cuando estoy libre me gusta levantarme temprano (de por sí soy madrugador) y meterme directo en la computadora. Tengo mi playlist para escribir, así que lo dejo correr mientras ando en la labor. En esto se me puede ir toda la mañana, y a veces incluso buena parte de la tarde. Unos días escribo mucho, otros no tanto. Admito que me distraigo bastante. Pero de por sí, no tengo una rutina fija.

¿Cuál es el lugar ideal para escribir? (descríbelo, aunque sea imaginario)

Un lugar con mucho silencio, pero que al mismo tiempo esté ambientado con música o alguna bulla lejana; quizá la naturaleza, quizá la voz de alguien que te recuerde que aún estás en este mundo. Pero aparte de todo esto, para mí cualquier lugar en donde pueda dejar plasmadas palabras es un lugar ideal para escribir. Mi favorito, por supuesto, es en mi casa frente a la computadora. Pero cuando ando en la calle, el teléfono funciona muy bien para escribir lo que se me ocurra estando lejos del Word.

¿A qué edad descubriste que tenías facilidad para la escritura?

Más o menos como a los dieciséis, tiempo después de que empecé a participar en los ejercicios y talleres que se han realizado en esta página. Pero si soy sincero, creo que me di cuenta realmente de mi potencial el año pasado. A veces yo mismo me sorprendo.

¿Qué cosas has hecho para explotar esa habilidad?

Escribir, mucho. Escribir de lo que sea, no solo ficción, sino cualquier cosa que me viniera a la mente. Trato de hacerlo todos los días, así sea escribir un párrafo con un pensamiento o una página entera de un cuento. Y por supuesto, investigar y nutrirme para lograr una redacción que sea gustosa para la vista.

¿Cuál es tu escritor favorito?

Esta está fácil… Stephen King, claro. Creo que ha inspirado a muchos por su ligereza y fluidez para crear historias increíbles. Me incluyo en el combo.

Menciona cinco libros que  hayan sido un parteaguas en tu vida como lector…

1. Navidades Trágicas – Agatha Christie.
2. Cell – Stephen King.
3. Los Miserables – Víctor Hugo.
4. El viaje del elefante – José Saramago.
5. IT – Stephen King.
Sé que algunos no son los mejores de estos autores, pero cada uno tuvo una importancia importante para guiarme o enseñarme algo en el momento en el que los leí.

Menciona cinco que te sean insoportables (aunque no los hayas leído, eso suele pasar entre lectores).

1. La saga Crepúsculo en general.
2. Cincuenta Sombras de Grey y los que le siguen.
3. Cualquier libro de la mano o donde haya participado un youtuber.
4. Libros de política.
5. Once Minutos – Paulo Coelho. Lo veo demasiado en las manos de jóvenes que lo cargan por allí solo para parecer intelectuales y no, no queda bien.

Menciona cinco libros que quisieras leer y por alguna razón no hayas podido.

1. Guerra y paz – León Tolstoi.
2. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo – Haruki Murakami.
3. Ensayo sobre la ceguera – José Saramago.
4. Frankenstein – Mary Shelley.
5. La sombra del viento – Carlos Ruiz Zafón.

¿Cuál sería tu biblioteca perfecta?

La que tengo me gusta. Cualquier biblioteca a mi parecer es perfecta si la has armado tú. Efectivamente me gustaría cumplir con ciertos placeres o metas: tener todos los libros de Stephen King en español, hacerme con los de Harry Potter, agrandar mi colección de Saramago y Agatha Christie y tener un montón más de clásicos.

Eres uno de los escritores más jóvenes que han pasado por estos lares… ¿qué opinas de la literatura juvenil que se está poniendo de moda en estos años?

Mala, muy mala. La nueva literatura que se les está vendiendo a los jóvenes es pésima, llevada de la mano de personas que ni siquiera podrían considerarse escritores, que por su influencia en medios y redes han conseguido acaparar también, y de una manera muy pobre y baja en calidad, el mercado editorial. La última vez que me compré un libro, me entristeció no solo ver que las estanterías estaban llenas de libros de estos llamados “youtubers”, sino que los pocos jóvenes y niños que entraban, lo hacían solo para buscar esos libros que, a mi parecer, son una burla para muchos que buscan la manera de crear y compartir increíbles historias que terminan frustradas en el disco duro.


¿Qué hace Gean Rossi en su tiempo libre?

Más que todo escribir y leer. Toco el piano, cosa que hago también casi todos los días. Y me gusta mucho hacer ejercicio y entrenar, creo que soy casi profesional saltando la cuerda, ¡ja, ja! Me gusta mucho investigar sobre temas de nutrición y comidas saludables, aunque antagónicamente, me encanta preparar y comer dulces.

Aparte de ser escritor, ¿a qué te dedicas?

Pues estudio, claro. Estoy atrapado (por motivos ajenos a mí) en el cuarto semestre de Contaduría Pública, pero pronto saldré de él. Por otro lado, en algún momento de mi vida intenté dedicarme a la música. Participé en un par de conciertos de piano y uno de flauta cuando era más pequeño. Luego lo dejé y ahora solo me dedico a ello como hobby o pasatiempo diario.

Descríbete en siete palabras.

Curioso, alegre,  paciente, optimista, reflexivo, competitivo y sincero.

Si pudieras pedir tres deseos… ¿Cuáles serían?

Ver «El espejo» en papel, viajar por el mundo y que exista otra vez la Venezuela de esperanzas y posibilidades.

¿Cómo te ves a ti mismo en diez años?

Ufff, no sé. Quizás estudiando aún (otra cosa para entonces), con varios libros más escritos y tal vez manejando mi propio negocio. No me pregunten de qué, ya veremos cómo está todo en diez años…

Si te encontrarás con tu yo de 9 años, ¿qué te diría? 

«¿Todo eso lo escribiste tú? Te pasaste...».

No nos queremos meter en tu vida privada, bueno, sí queremos así que…
¿Qué tal tu vida sentimental?

¡Además de brutos, chismosos! ¡Ja, ja! Bueno, a pesar de que creo que soy muy bueno en muchas cosas, no lo soy tanto en el amor. Esto no me entristece, pues he conocido, estado y compartido con personas muy buenas. Pero aún tengo mucho por aprender, como en todo, así que voy sin apuros.

Menciona a cinco personas a las que les estés profundamente agradecido y menciona el motivo (por cualquier cosa).

Me tomaré la libertad y la rebeldía de responder esta pregunta a mí manera. Mis agradecimientos especiales, con nombre y apellido, se encuentran al final de la novela, así que si quieren curiosear los invito a echarle un ojo. Por otro lado, estoy sorprendido y sumamente agradecido con todo el apoyo y la buena recepción que he recibido de mis familiares y amigos. Es increíble. Cada mensaje, cada vez que comparten el anuncio del libro que hice en Facebook. Me emociona mucho ver la cantidad de personas que creen en mí y saben casi con los ojos cerrados cuánto habré trabajado en este proyecto. Así que mis gracias son eternas, y espero que todas sus felicitaciones, bendiciones y buenos deseos, se les multipliquen en absolutamente todo lo que hagan.
Por eso les digo gracias, siempre, a todos los que de alguna manera han pertenecido al viaje de mi vida.

—Pues las gracias debo dártelas yo en esta ocasión, Gean —dijo Carmen apagando la grabadora—, gracias por venir hasta acá y dejarnos conocer un poco de ti.
     Se pusieron de pie y estrecharon las manos, ella señaló el ejemplar sobre la mesa y añadió:
—Y gracias por mi libro, lo leeré en cuanto pueda.
Caminaron hacia la puerta; antes de salir, Gean dijo, ruborizándose:
—Carmen, ¿puedo tomar una foto?
Ella sonrió y dijo:
—Claro que sí, recuerda que en el mundo virtual todo se puede.
Y posó para la fotografía, sonriendo junto a Gean Rossi, el escritor más joven y osado que haya tenido El Edén De Los Novelistas Brutos.


lunes, 25 de enero de 2016

VERSUS 2015 en Youtube


Arte

Por Raúl Omar García

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El lienzo

Por Robe Ferrer

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De bastones y amores

Por Carmen Gutiérrez

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Piel cetrina

Por Juan Esteban Bassagaisteguy

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sábado, 17 de octubre de 2015

Mañana de una tarde de Versus por la noche



Hace 4 días.
Juan abre la puerta del cuartel general del Edén y el olor a humo de cigarro le golpea la nariz. Sonriendo, abre las ventanas y descubre una taza de café con residuos de lápiz labial en el borde; Carmen deja las tazas por dondequiera, al igual que los ceniceros.  Juan es el primero en llegar y siempre hace el mismo recorrido: de la puerta a las ventanas y de ahí directo a su escritorio. Revisa las notas del día; es una jornada larga la que espera por delante. Su instinto de contable lo domina, descarga los datos de los polls, elabora un archivo de Excel con los datos descargados, hace un nuevo archivo para controlar el desarrollo de Versus, hace capturas de pantalla y revisa las notificaciones de la página de El Edén de los Novelistas Brutos. Deja notas en la pizarra con el trabajo elaborado, termina el mate que se preparó antes de llegar y se va a su despacho real, donde lo esperan más datos y hojas de cálculo por elaborar.
Es curioso este cuartel. Es un refugio y sala de reuniones al mismo tiempo que ejerce el papel de oficina ejecutiva. Todos tienen su lugar especial y su modo personal de trabajo. Cada uno tiene su propio portal que los lleva de sus casas y vidas reales hasta este sitio secreto del ciberespacio en el que la magia del Edén se forma.
El siguiente en llegar, por lo general, es Raúl. Entra de prisa, vacía los ceniceros, lleva las tazas de café a la cocina y revisa las notas que ha dejado Juan. Da su visto bueno, chequea la actividad en la página y deja aclaraciones pendientes para cuando llegue Carmen. Con la misma prisa con la que entra, sale como un bólido directo a dormir. En su vida real trabaja de noche, así que no regresará al cuartel hasta que haya descansado. Ya en la cama recuerda que la consigna de la siguiente ronda de Versus necesita elaborarse, así que regresa y deja una nota amarilla que dice: «Más tarde hago el sorteo de las parejas y redacto las consignas».
Carmen es la última en llegar y entra directo a la cocina para lavar sus tazas y prepararse otro café. Usará el lugar de Juan para trabajar solo por ese día —y porque no encuentra su lápiz—. Descarga los datos de las encuestas y diseña una imagen para dar a conocer los ganadores de la primera ronda. Coteja los datos de Juan con los suyos, imprime la imagen y la deja para revisión. Tiene que irse, pero aún tiene medio cigarro encendido y decide esperar para terminarlo. Mientras, revisa los archivos que dejó Juan y la aclaración de Raúl. Sonríe. Antes de salir agrega una nota al pizarrón: «Deberíamos de estar orgullosos, 20 participaciones de 22 apuntados».
Más tarde, cuando Juan regresa, repite la operación de revisión y descarga de datos. Revisa la imagen con los ganadores de la ronda y escribe debajo de esta: «Bárbaro, che».
 
Justo después llega Raúl. Ya descansado y con la mente despejada se sienta al lado de Juan a realizar los sorteos. Simultáneamente, ambos se ponen al tanto con lo acontecido en el día. El recinto se llena con el suave aroma a mates, Juan hace una broma y Raúl ríe alegremente. Así los encuentra Carmen.
—Noté algo raro —dice esta después de dar un beso en la mejilla de cada uno—. Como saben, los polls nos dan la dirección IP de cada votante. Hay dos personas que votan por los mismos relatos, Fulana y Zutana, con una diferencia de un minuto o tres, y comparten la misma dirección IP. ¿Las conocen?
—¡La pucha! —dice Juan, revisando los datos—. No me había fijado. Fulana lleva años participando con los votos y de vez en cuando veo algún comentario, pero a Zutana no la ubico.
—Me llamó la atención porque siempre aparecen juntas —dice Carmen desde la cocina; ya está con otro café.
—¿Anulamos esos votos? —pregunta Raúl sin levantar la vista de su block de notas.
—¿Y si son hermanas?
—¿Son votos en beneficio de algún autor en particular? —vuelve a preguntar Raúl.
—No —responde Carmen, sentándose a la mesa—. Están en todos los polls. No veo algún voto viciado, lo que veo es una posible identidad dudosa. No infringe las reglas del anonimato.
—Pues nada —dice Raúl, encogiéndose de hombros.
—Por lo que decís sobre cada una de las dudas, Carmen, y dado que no benefician a nadie, podríamos, en este caso en particular, aceptar ambos votos... Pienso en voz alta —agrega Juan, tocándose la frente.
—Otra cosa, mariposas… —interviene Carmen—. ¿Puedo poner la imagen de los que pasan a la siguiente ronda? ¡Por favor! ¡Por favor! ¡Por favor!
—Si ya no hace falta nada, publicá —responde Raúl, sin dejar de anotar cosas en su libreta.
—¡Yeah! —festeja Carmen, y se va, pegando saltitos y bailando, a hacer la publicación.
Juan y Raúl la miran sonriendo mientras se aleja.
—Me da gusto que regresara —menciona Juan, señalándola con un gesto—. Tú no das esos saltitos y esos bailes.
—Eso es porque no apreciarías mis movimientos, pero mirá. –Raúl se levanta y hace los pasos de la Macarena.
Juan suelta la carcajada antes de volver a sus hojas de cálculo.
En ese mismo instante, se escucha el sonido que hace el agua cuando aprietan el botón de la mochila del inodoro, y Pepe sale del baño:
—¿Me perdí de algo?

jueves, 8 de enero de 2015

Yúrei y un mundo raro

Por Carmen Gutierrez.


Despertó en medio del bosque, igual que la noche anterior. Y la anterior a esa. Estaba hambrienta y adolorida por haber dormido hecha un nudo bajo un árbol. Años atrás atravesó el mismo bosque en menos de dos días, pero ahora parecía que la zona se había extendido hasta triplicar su tamaño. Había árboles nuevos, jóvenes; árboles que no estaban ahí la primera vez que cruzó el área. Al ponerse de pie, estiró su delgado cuerpo con un movimiento gatuno que le permitió desentumirse. Buscó en su ajada mochila un poco de agua y pan que le dio El Cocinero días atrás. El agua estaba helada y el pan duro, pero era más de lo que había conseguido en meses. La miseria de su vida no le molestaba, lo que le molestaba era que había sido su elección. 

A veces pensaba que podría solucionar las cosas si ella fuese diferente. Si no hubiese vendido su alma ahora tendría una casa, comida, agua, una cama caliente y con seguridad sería amada por alguien. Si fuera una simple mortal viviría en alguna comuna de las nuevas, con sistemas perfectos de irrigación y un sentido abstracto de la naturaleza. Pero era un Sicario. No era mortal, ni normal, ni mucho menos tenía un alma.

Comenzó a caminar despacio pero con decisión, consciente de que su condición de renegada la llevaba más allá de lo que quería. No podía ser la única. El Cocinero había mencionado entre acertijos, como siempre, la existencia de los artefactos, la existencia de Babel. Él estaba en algún lado, ella lo sentía, escuchaba los latidos de su corazón enterrado en la cotidianidad. Babel se había dejado conquistar por “El cambio”.

Fue un sistema tan puramente planeado y tan rápido que ella apenas tuvo tiempo de huir. La humanidad había “cambiado”. Se habían contagiado de un modo inevitable y ella se había quedado sola; sin tener con quien pelear pues no había contrincantes, sin misiones que seguir, sin Kulja, su creadora.

Kulja, la eterna, la cegadora de vida, la armonía espiritual; el arcano perfecto, guía de su camino y poseedora de su alma. Pensaba en ella al despertar, al comer, al caminar, a cada momento. La llamaba con desesperación desde que “El Cambio” inició, pero Kulja se negó a atender sus plegarias y ella comenzó a creer que había perdido. «Mi Dios está muerto»escribió con letras rojas de aerosol afuera de una de las comunas, años atrás. Los humanos rieron al ver el anuncio y escribieron con pintura vegetal color verde«Ven con nosotros, nuestros Dioses viven»

Enfurecida planeó un ataque nocturno, incendiarles la comuna sería tan gratificante. Se le ahogaron los planes al no encontrar combustible, la distrajo aquel estúpido oso que trató de comérsela en la noche y terminó perdiendo las ganas, aunque siguió pintando la misma frase en cuanta comuna se encontró.

Todo fue por el internet, de eso estaba segura. La gente comenzó a darse cuenta de su poder, a rebelarse contra la tiranía, a mostrar al mundo lo que el poder de los humanos podía lograr. Si un gobierno oprimía a su pueblo este se ponía en movimiento casi de inmediato. Los países tercermundistas fueron los primeros. Haití organizó un cambio de gobierno tan eficaz y de una rapidez tan espeluznante que los demás países siguieron su ejemplo. En las redes sociales se denunciaba la esclavitud, el maltrato animal, el abuso de poder, la violencia contra los vulnerables y a todo se le encontraba una solución.

Un caso muy sonado fue el del niño maltratado por sus padres en El Salvador. Una vecina grabó mientras lo mojaban con una manguera en el patio de su casa, era de noche y estaban a temperaturas muy frías. La mujer subió el video a su muro, y de inmediato una agrupación de vecinos tomó cartas en el asunto. El chico fue rescatado y enviado a vivir a España con una pareja que se ofreció a cuidarlo.

La humanidad se dio cuenta de que podía hacer un mundo perfecto. Distribuir equitativamente el poder, el dinero y el amor.

Y lo hicieron.

En un momento, sin que nadie aparte de Yúrei lo notase, surgió “El Cambio”. Nuevos Dioses fueron creados abandonando a los antiguos, aquellos que no pudieron mejorar nada durante siglos. No había religiones, ni credos, ni rezos. Había filosofía y bienestar. El Vaticano cayó cuando el Papa en gestión sacó a la luz todas las mentiras; no había un redentor, ni un salvador, ni una virgen. Cada humano era un dios en potencia, un ser de luz. Hasta la ilusión de la vida extraterrestre se perdió en cuentos infantiles. Si un niño escucha una historia, la cree, la analiza y la cuenta a otros niños entonces esa historia no existe.

La Diosa Rehtom creadora de vida era la más grande. No se le rezaba, ni se le pedía; se le agradecía por lo que daba. Si la cosecha era buena, gracias. Si no, gracias. Anojra, Dios del arte y la música era el siguiente, se le representó como un hombre solitario, lleno de alegría y amor al mismo tiempo. Cada canción creada y por crear llevaba una alabanza implícita.
Y así la humanidad dio rienda suelta a su armonía.

Un buen día se acabaron los robos. Las noticias destacaron que era la primera vez en la historia, en que las personas no envidiaban a sus semejantes. Esto sorprendió a Estados Unidos, líder del capitalismo basado en el deseo de poseer. Al poco tiempo el presidente de la nación más poderosa del mundo anunció el desarme total de su sistema de defensa y nadie se escandalizó, pues no había miedo en el pueblo.

Las ciudades, antes rebosantes de vida, se programaron para ser únicamente alojamientos. La prioridad de la gente era el campo, la cosecha, la naturaleza. La salud mejoró, desapareció el cáncer, el SIDA, el ébola. Los animales fueron liberados de sus jaulas y se restableció el control natal. El marfil, los diamantes, incluso el oro perdieron su preciado valor. A nadie le resultaba atractiva una cadena dorada cubierta de piedras preciosas, o las estatuillas hechas con colmillos de elefantes y estos fueron los más agradecidos.

Surgieron las comunas, se abolió el matrimonio pero se protegió a los niños por sobretodo. Se les enseñó a respetarse, a cuidarse y a defender sus ideales. Se les enseñó a sembrar tres árboles por cada uno que se cortaba; recuperaron los caminos y eliminaron los automóviles. Sin embargo, el internet prevaleció. Había ciudades enteras que se dedicaban a que siempre hubiera conexión disponible y a mejorar los sistemas de comunicación. La televisión se volvió obsoleta y dejaron de usar papel.

Así que después de casi diez años el mundo… era un mundo perfecto para ellos, las ovejas. Para Yúrei era un mundo post apocalíptico donde era la única sobreviviente. Las ovejas trataban de llamarla a su lado cuando la notaban cerca. Le dejaban comida y agua si la veían rodear algún campamento. Le dejaban respuestas a sus graffittis invitándola a conocerlos. Apestaban.

En más de una ocasión se había topado con alguna tropa de exploración y había huido despavorida ante sus llamados; al principio incluso desenvainaba su katana sólo para devolverla a su lugar casi de inmediato. Las ovejas “cambiadas” ni siquiera se amedrentaban ante sus amenazas, seguían sonriendo y ofreciendo amparo. La veían de un modo escalofriante, como si la conocieran de toda la vida.

Una noche acampó cerca de una comuna en la montaña dedicada a resaltar el valor del arte. Hacía tanto frío que renunció a dormir a la intemperie y se coló en un pasillo protegido del viento helado, desde donde escuchaba a un grupo pequeño de ovejas que contaba historias dentro de uno de los campers. Estaban bebiendo y disfrutando de los cuentos que una anciana de dientes amarillos dibujaba con acuarelas a medida que soltaba la narración con voz pastosa pero demasiado juvenil para su aspecto.

Yúrei estaba haciendo planes mentales para entrar sin ser vista y disfrutar del calor de la estufa de hierro a pesar de la peste a oveja, cuando se quedó paralizada al escuchar una palabra en especial: Kulja.

«…un arcano terrible y poderoso, lleno de rencor y ambición, creado en las entrañas mismas de la tierra vistiendo espectro de mujer. Kulja es la más poderosa defensora de todo lo prohibido, de lo bajo y la traición. Antes creíamos que una entidad maligna, con cuernos y alas de murciélago nos llevaba por el camino de la perdición. Pero esas eran mentiras inventadas para subyugar nuestra luz. Kulja iluminó el sendero de la envidia y el odio pues ella misma envidiaba a los demás arcanos y odiaba a la humanidad. Su poder se ha debilitado con el paso de los años y hoy en día, nuestros nuevos dioses la detienen y le impiden destrozar todo lo que hemos conseguido, por lo cual hay que agradecer cada mañana y cada noche.»

—¿Hay más arcanos, madre? —preguntó un chico de unos once años que miraba a la anciana con una sonrisa tranquila.

—Ya no. El cocinero de la ciudad de Angerona, el gran conocedor, es el único que podía localizarlos a todos. Es el vigilante nocturno, aquel que alimenta las fuerzas de las energías creando platillos exquisitos que sólo unos cuantos pueden probar.

—¿Dónde está Angerona? —preguntó una pequeña.

—Ah, es una ciudad que no existe para nosotros —dijo la anciana y volvió a pintar—, nosotros los simple mortales tenemos prohibida la entrada a la cocina de la creación. Somos los restauradores, repararemos el daño que hicimos durante siglos. Nosotros pagaremos la deuda que la humanidad se ha echado a cuestas. Angerona está rodeada por murallas invisibles que protegen secretos más antiguos que nuestra tierra. Los antiguos dioses despreciaron la protección de la ciudad para acercarse a nosotros y llenarse de alabanzas y sacrificios; han sido castigados. La puerta a Angerona, es ésta…

La anciana presentó a sus oyentes un dibujo en tonos grises. Yúrei arriesgó su seguridad y asomó la cabeza por la ventana para ver la ilustración que mostraba una grieta en un gran monolito de piedra sin tallar. La piedra tenia la forma reconocible de un huevo y la textura porosa de las rocas de mar. Yúrei la reconoció al instante. Ella había visto esa piedra en otro tiempo, ella no era una mortal.

Tan embebida estaba con el relato de la anciana que no se dio cuenta de que ésta la miraba por encima de las cabezas de sus discípulos.

—Gogino te dará las respuestas, chinita —dijo la anciana dirigiéndose a la intrusa; los oyentes se volvieron a ver a Yúrei quien por instinto llevó su mano a la empuñadura de la katana. La anciana la tranquilizó con un gesto—. Debes buscarlos a todos, es tu destino.

Yúrei se alejó de la ventana sin poder dejar de observar los ojos de la vieja que le sonreía con un cinismo que no había olvidado. ¿Sería posible que fuera…?

—Cuando lo veas, dile que La Sanguijuela le envía sus saludos.

Yúrei escapó.

Encontró al cocinero, a costa de muchos viajes y huidas. Y ahora estaba a punto de encontrar a Babel.

Llegó a la ciudad que antes se llamaba Madrid (y que ahora era el Asentamiento de investigación  no. 10), una mañana de invierno. Tuvo que soportar el hedor a oveja mientras atravesaba la ciudad guiándose sólo por el olor a quemado que aun distinguía al gran BabelAldajaskary. Lo encontró sin mucho esfuerzo, pero apenas pudo reconocer a su antiguo líder en aquella imitación de oveja en que se había convertido. Babel había cambiado sus ropas oscuras por un traje de lino blanco, demasiado ligero para el clima, se había quitado la barba y unos rizos escandalosos cubrían su cabeza anteriormente calva.

Yúrei se mantuvo distante, alerta mientras lo seguía por la calle. Los mortales la miraban, siempre con compasión y tuvo que subirse el cuello de la chaqueta para soportar el mal olor y esquivar sus palabras curiosas. Babel no se fijo en ella. Fue su sombra cuando él llegó al campamento de niños, lo observó mientras jugaba en el parque con una pequeña muy hermosa y parecida a él, lo acompañó cuando él llevó a la niña a sus clases de canto y se quedó afuera hasta que lo vio salir. De nuevo se encaminó junto con él desandando el camino hasta una pequeña y austera oficina donde Babel se sentó frente a un ordenador. «Se convirtió en un investigador» pensó Yúrei mientras se colaba detrás de él y se preparaba para saludarle.

—¿En qué puedo ayudarle, señorita? —preguntó el hombre sin volverse a verla, presintiéndola, como siempre.

—Ayúdame —suplicó ella sin pensar en sus palabras pues sólo al verlo tan cerca se dio cuenta de que no sabía que decirle.

Babel se giró entonces para encararla.

—¿Cómo me encontraste? —preguntó con frialdad.

—Cómo se encuentras las cosas perdidas —contestó ella con más seguridad—, buscando.

—Ha pasado mucho tiempo, querida. No deberías estar sola.

—Ya no lo estoy —replicó Yúrei mirándolo con desconfianza, también como siempre.

—Ni yo —dijo Babel desafiante y ella entendió que se refería a la niña.

—¿Dónde está Kulja? —preguntó la oriental sin más preámbulos.

—Está muerta —contestó el moreno encogiendo los hombros, sin darle importancia.

—Sabes que eso no es cierto. Ella no se rendiría sin buscarnos.

—Está muerta —repitió el hombre justo antes de recibir un puñetazo en la nariz.

Yúrei estaba enfurecida, llena de miedo y perdida. No hay nada más impredecible que una mujer insegura que se siente defraudada por las personas que aprecia. Ella adoraba a ese hombre, era su mentor, su líder y ahora se había convertido en un guiñapo cambiado. 

—¡No seas una oveja común, Babel!—gritó con lágrimas en los ojos— ¡Tu no!

Él se quedó justo donde estaba, se llevó una mano a la nariz, sin apenas hacer caso del chorro de sangre que le manchaba las ropas blancas. La miró sonriendo, le guiño un ojo, y soltó una carcajada escalofriante.

—Mi pequeña niña, no puedo regresarte el golpe —se quitó la camisa y la rompió para usarla como esparadrapo improvisado—. Sigo en el radar, si lo hago me expulsarán.
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—Que lo hagan. —dijo ella en un siseo antes de asestarle otro golpe sin que él hiciera nada por detenerla.

Esta vez sí logró que Babel se recostara en la silla ergonómica con ambas manos en el rostro, sin quejarse pero demostrando dolor. Sus ojos se llenaron de lágrimas aunque siguió sonriendo.

—No voy a detenerte si me matas —dijo con voz apagada por la tela en el rostro—. ¿No lo ves? Puedes asesinarme aquí mismo y dejarme tirado como una basura, pero no pasará nada. ¡Nada! Kulja no vendrá, no vendrá porque está muerta…

—No quiero matarte, quiero que vengas conmigo a buscarla —dijo ella conteniendo un sollozo, no había llorado en siglos, pero ahora al ver a su mejor amigo abatido por las rutinas y las costumbres tuvo miedo, pavor de estar realmente sola —. Si está muerta me enterraré con ella, si está viva la liberaré. Si no vienes… no puedo obligarte, pero necesitaré a alguien que cabe mi tumba. 

Babel se puso de pie mirándola a los ojos, era mucho más alto que ella, más corpulento, más fuerte pero Yúrei no retrocedió cuando él se abalanzó sobre ella, al contrario, abrió los brazos y lo recibió en un abrazo eterno, como una madre recibe al hijo ausente, como un arcano recibe el caos y lo dejó llorar en su pecho. Y Babel lloró al percibir el olor a eternidad que desprendían las ropas de la mujer. Olía a muerte, a destrucción, a dolor… a todo aquello que lo había mantenido vivo por muchos años, antes del “cambio”, antes de Claudia.

—Vamos, entonces —dijo él cuando pudo controlarse—. Todos vamos a morir, pero eso es irrelevante; lo importante es que ahora estamos vivos.

Y tomó a Yúrei dela mano y salió al mundo, sin importar que no llevara camisa.


martes, 9 de septiembre de 2014

Entrevista a Sebastián Elesgaray (Autor de Tierra de Nadie)

Sebastián acudió a la cita con un poco de retraso. Carmen lo esperaba sin presiones, tranquila. Tenía un libro en la mano, “Mujercitas” de Louise May Alcott y se reía a carcajadas con el episodio de “Cuadrillas y Correos” cuando Elesgaray entró en los cuarteles del Edén. Carmen levantó la vista y se encontró con la mirada risueña del escritor, quien la observaba divertido.

Entre disculpas y risas se prepararon mates y cafés, se acomodaron sillas y cojines y Carmen encendió la grabadora. 

—¿Estás nervioso? —preguntó ella.
—Un poco —contestó él mirando a la mesa—, casi nunca hago esto.
—No te preocupes, Sebastián —lo tranquilizó Carmen—. He hecho varias entrevistas antes y todos han sobrevivido. Seré gentil—agregó con un guiño.    


Hablemos de… trabajo literario:

¿Cómo te sientes con una obra ya publicada?
Contento. Lo cierto es que faltan palabras para describir en concreto cómo me siento, pero no dejo de pensar en el camino recorrido y en lo genial que es tener algo propio impreso.

¿Cómo surgió la idea de “Tierra de Nadie”?
En realidad iba a ser un cuento. Fue una tarde en una plaza. Necesitaba hacer tiempo hasta que me pasaran a buscar y tenía mi cuaderno y un bolígrafo. Me preguntaba cómo sería ver esa plaza sin gente, sin nada que lo rondara. ¿Qué podría pasar para que estuviera vacía? ¿Qué clase de catástrofe asolaría la ciudad para que no quedara nada? Empecé en ese mismo momento, y mientras pasaban los días y seguía escribiendo me di cuenta de que podía ser más grande. Fui agregando personajes, y así, la novela fue tomando forma.

¿Qué tanto de Sebastián Elesgaray encontramos en tu libro?
Todo, sino no sería mío, jajaja. No, en serio. Cada personaje es una parte de mí, de mis valores y de mi forma de ver las cosas. El argumento está pensado como un recorrido por la ciudad en la que vivo, La Plata; pero desde mi perspectiva, claro. Creo que encuentran todo de mí en el libro, ya que vuelco muchas cosas que siento o he sentido para darle forma a lo que sucede en la historia.

Escribir una novela es un reto para la mayoría de los escritores… ¿Fue así para ti?
Sí, por supuesto. La primera duda que surgía era: ¿cuánto tiempo puedo dedicarle a algo tan largo sin saber qué posibilidades tengo de sacarlo adelante? Creo que el mayor reto era no saber qué futuro le deparaba a la novela. Más allá de eso, yo sabía que siempre estaba la posibilidad de subirla a Internet y tener mi devolución desde ese medio, pero el deseo de llevarla a imprenta era enorme. Después surgían dudas sobre el tono de la novela, el camino que estaba tomando, mi forma de escribir; y un sinfín de inconvenientes que he ido esquivando o enfrentando, según lo ameritaba cada uno.

¿Te ha sorprendido el recibimiento que ha tenido “Tierra de Nadie”?
¡Mucho! Desde internet hasta La Plata. Tengo la suerte de trabajar en el centro, y algunas personas de librerías conocidas me han comentado que al libro le está yendo muy bien, así que contento. También me sorprendió el impacto que tuvo en Taringa o Facebook, donde la página llegó muy rápido a más de cuatrocientos “me gusta”.

 ¿Quién o quiénes te apoyaron en esta travesía?
Bueno, ellos aparecen en los agradecimientos, pero siempre tuve plena confianza de mis amigos y mi profesor y compañeros de taller literario. Ellos son muy atentos al leerme y saben hacer hincapié en correcciones justas.

Suponemos que este es un género con el que te sientes cómodo. ¿Es así? ¿Y, por qué?
Sí, me siento cómodo. Tal vez porque mis gustos van por este tipo de cosas, junto con el terror y el fantasy. Sin embargo, no espero estar siempre a la saga de escribir historias de este tipo. No es que vaya a negarlas, pero no me veo como un escritor post-apocalíptico/distópico/ciencia ficción.

¿Cuál es el género que te pone en apuros?
En una ocasión tuve que escribir un cuento romántico para “El Edén de los Novelistas Brutos”. Era parte de una consigna de juego literario. No me sentí cómodo haciéndolo, aunque debo decir que me quedó bastante bien y obtuve el primer lugar en las votaciones del público.

Aparte de “Tierra de Nadie”, ¿hay algún otro trabajo que te haya representado un reto?
Todos. Muchas veces tengo la idea pero ni sé cómo empezar. Otras me quedo en blanco a la mitad y tengo que hacer alguna otra cosa para tratar de destrabarme. Escribir me representa un reto constante de querer mejorar, y a veces, no saber bien cómo.

¿Has trabajado con otros escritores?
No. En una ocasión casi escribo con George Valencia, pero el ejercicio quedó trunco por razones personales. Sí he tenido que escribir bajo consignas de otros, pero nunca he trabajado concretamente con nadie. No hay ninguna razón en particular, simplemente no se dio.

¿Sigues algún método o proceso para escribir?
No tengo ninguna rutina. A veces escribo con música, otras en silencio. Incluso hay ocasiones donde tengo Facebook conectado, y entre párrafo y párrafo lo voy revisando e incluso chateando si se da el caso. Lo que sí, siempre escribo en computadora. Tengo una letra horrible y soy de corregir mucho, de ir y venir.

¿Cómo te llegan las ideas?
Tal vez sea la eterna pregunta a los escritores, jajaja. No lo sé bien. Lo que siempre me pasa es preguntarme: “¿qué pasaría sí…?” Esa pregunta surge de disparador muchas veces. En “Tierra de Nadie” la pregunta era: “¿qué pasaría si la plaza está vacía y con cadáveres tirados por todos lados?”.

¿Cómo llegaste a Ediciones B? ¿Y qué consejos les das a los escritores amateurs?
A Ediciones B llegué por intermedio de mi profesor de taller literario, Leo Batic. Él hizo llegar mi novela a los lectores de la editorial.
Creo que el mejor consejo para escritores que quieran publicar es que tengan un proyecto claro para ellos, una novela de la cual estén contentos de presentar. Lo ideal es tener en las manos algo terminado, concreto, que se sepa dónde llega y que se quiere lograr. La predisposición para aceptar correcciones y críticas debe ser fundamental, porque la editorial (la buena editorial), busca trabajar con el escritor.


Hablemos de… gustos literarios:

¿Cual(es) es(son) tu(s) escritor(es) favorito(s)?
Stephen King es mi escritor favorito. No solo por gusto, sino también porque es del que más he leído. Pero no puedo concretar un grupo, porque siempre están apareciendo escritores que me hacen pasar buenos momentos. Que se me vienen a la cabeza ahora puedo nombrar a Poe, Stevenson, Martin, Zafón, Rothfuss, Gaiman, Arlt, Cortázar, Orwell, Bodoc, Batic, London, Matheson, Martínez, Asimov, Wells.

¿Qué libros te han marcado y por qué?
“Cementerio de Animales”, de Stephen King. Un libro de puro terror, escrito con un pulso genial e impecable. Cada vez que lo leo no puedo soltarlo, y por lo general es el primero que recomiendo del autor, junto con “Apocalipsis”. También me impactó mucho “El Club de la Pelea”, de Chuck Palahniuk, por su sencillez que no descuida la profundidad del mensaje en ningún momento. “El Corazón Delator” de Poe siempre me fascinó. Esa forma apremiante en la que nos pone en clima sin dejar de lado un suspenso creciente. También recuerdo que me volvió loco “A Sangre Fría”, de Truman Capote. Es un relato de una crudeza increíble, donde el narrador es una figura casi excluyente, como una especie de dios que observa todo desde una lupa limpia y cristalina. “La Saga de los Confines” de Liliana Bodoc me movió las ideas, y terminó de hacerme conocer un rasgo del fantasy que no tenía muy en claro: el del ámbito nacional.

¿Qué opinas de las adaptaciones literarias al cine?
Amo el cine. Disfruto muchísimo de una buena película. Y el cine se nutre de los libros, y creo que está bien. Lo que no me cierra es que muchas veces las adaptaciones buscan ser cien porciento fieles, y el público piensa que quiere eso, y resulta un producto medio blando, perdido, porque los recursos literarios son distintos a los cinematográficos. Ambos artes tienen lenguajes distintos, las búsquedas van por otros lugares. Hay que saber sentarse a disfrutar una película adaptada, saber que es harto probable que nuestra imaginación sea distinta a la del director o el guionista de cine. Esto no quita que haya errores, adaptaciones terriblemente erróneas y asquerosas; así como joyas como “The Shining” de Kubrick, “The Fight Club” de Fincher o “Watchmen” de Snyder.

¿Qué libros te gustaría conseguir que no hayas podido tener aún?
Hoy en día, teniendo un Kindle, casi cualquier lectura está al alcance. Nunca fui bibliófilo, no tengo un ejemplar en la cabeza que quiera y no haya podido conseguir.

¿Cuántos libros lees en promedio al mes?
Debo estar entre dos y cuatro, dependiendo la longitud de cada libro. El trabajo y mi propia escritura no me dejan todo el tiempo que quisiera.

¿Cómo eliges tus lecturas?
Cualquier camino es válido: por recomendación de alguien que sé que tiene un criterio parecido al mío, por meterme en una librería a ojear y terminar comprando, por la sinopsis, críticas en internet o en Facebook, por Goodreads.

Describe tu biblioteca personal.
Lamentablemente no es todo lo grande que quisiera, pero es variada y eso es algo que siempre me he propuesto. Por suerte hay muchos autores, aunque el que predomina es King. Soy muy ordenado, y trato de limpiarla seguido; aunque también soy vago y odio limpiar. Además hay varios comics, entre los que destacaría “Watchmen” y la saga de veinte tomos de “Batman” publicada por Clarín.


 Hablemos de… gustos personales:

¿Qué hace Sebastián para divertirse?
No tengo ninguna extravagancia o gusto insólito, creo que hago más o menos lo que cualquiera: cine, películas, series, salidas, lectura, pasar rato con amigos o mi novia, internet. Por supuesto, escribir también representa una diversión en todo esto.

Describe una tarde perfecta.
Que me pasara a buscar Bilbo Baggins por casa y diéramos una vuelta por la Comarca. Después, si no llega tarde, tomaríamos el té junto al Conejo Blanco, con invitados de lujo como Búho Nocturno, Iorek Byrnison y  Winston Smith. Posteriormente, lo ideal sería ir por el Camino del Haz rumbo sur, hacia las Tierras Fértiles. Si me acompañan Roland de Gilead y Tyler Durden, mucho mejor. Entrando la noche, haríamos una fogata y nos sentaríamos alrededor a tocar la guitarra y compartir anécdotas.

¿Cuál es tu color favorito?
Negro.

¿Qué meta te falta cumplir? ¿Y qué tan cerca estás de ella?
Creo que hay varias todos los días, pero voy a de a poco y pensando en cada paso. Por ahora, terminar mi segunda novela y tratar de llevarla adelante para que sea publicada.

¿Qué lugar te gustaría conocer?
No soy un fanático de los viajes, pero Grecia sería un lugar genial, y tengo cierta predilección por Finlandia y los países de Escandinavia.

¿Qué te gustaría cambiar de tu vida actual para dedicarte a lo que te gusta?
Trabajar de escritor 24/7 sería un sueño, pero tampoco me desespera cambiar mi situación.

¿Si te encontraras al genio de la lámpara… cuales serían tus tres deseos?
(Se queda en silencio, pensando… abre la boca para contestar y no dice nada. Al final se encoje de hombros y niega con la cabeza)

Describe a Sebastián en 10 palabras.
(Igual que con la pregunta anterior, se queda sin palabras) ¡Me mataste!


La entrevista terminó como empezó, entre risas y bromas, Sebastián sigue siendo el mismo jovencito sonriente que llegó una vez al Edén y realzó la calidad de los ejercicios. Siempre nos sentimos orgullosos del buen material que ETCL ha mostrado y ahora estamos como abuelitos al tener el fruto del esfuerzo de Sebastián Elesgaray en las librerías.


Ahora Carmen tiene solo una pregunta más para Ediciones B: ¿Cuándo llegará “Tierra de Nadie” a México? ¿Eh? ¿Eh? ¿EH?