martes, 25 de diciembre de 2012

CON UN PAR DE NARICES


La Marimorena letra


Ande, ande, ande La Marimorena

Ande, ande que es la Nochebuena *coro

En el portal de Belén hay estrellas, sol y luna


la Virgen y San José, y el Niño que está en la cuna
*coro
Y si quieres comprar pan más blanco que la azucena
en el portal de Belén la Virgen es panadera
*coro


Un pastor comiendo sopas en el aire divisó


un ángel que le decía ha nacido el Redentor
*coro


De Oriente salen tres Reyes para adorar al Dios Niño


una estrella les guiaba para seguir el camino.
*coro


A esta puerta hemos llegado


cuatrocientos en cuadrilla

si quieres que nos sentemos

saca cuatrocientas sillas
*coro


Saca una para mi


y otra "pa" mi compañero

y los que vengan detrás

que se sienten en el suelo
*coro


En el portal de Belén


han entrado los ratones

y al bueno de San José

le han roido los calzones
*coro


En el Portal de Belén hay un hombre haciendo gachas


con la cuchara en la mano repartiendo a las muchachas
*coro


Una estrella se ha perdido y en el cielo no aparece,


se ha metido en el Portal y en Su rostro resplandece.
*coro


En el Portal de Belén hacen Luna los pastores


para calentar al niño que ha nacido entre las flores.
*coro

Por William E. Fleming.


Un boxeador

John Piscoto aguanta los envites de los puños de su contrincante, sin hacer caso de los gritos, insultos e insinuaciones de alguna de las chicas del público. Cuando se sube al cuadrilátero y empieza a danzar, el mundo desaparece. Sus ojos y todo su cuerpo se concentra en la imagen a batir.
Pero esta vez no podía.         
            Se había convertido en el mejor luchador de los pesos pesados a base de esfuerzo, lucha y sacrificio. Había ascendido en ese mundo desde las cloacas –«el ángel» le apodaba la prensa–, por la rápida y meteórica carrera desde los barrios marginales. Lo suyo había sufrido, con golpes, palizas, intentos de ser impoluto ante las mafias… todo en el ring.Eso no quería decir que los moretones y las costillas rotas fueran diferentes.
Allí se encontraba de nuevo, siendo apaleado por un contrincante que ni tendría la mitad de fuerza que él en el menique… «¿Por qué lo estoy haciendo? —se preguntó—.Puedo derribarlo de la forma más fácil —pensaba mientras su cuerpo como un resorte se movía entre la lona de forma automática—.Todo es por ella» En la mente su imagen surcó, como los mismos uppercuts; entre los coletazos de los guantes negros del contrincante. La sonrisa de una dulce chiquilla; una gentil y grata muchacha de cabellos dorados y bucles perfectos. Todo esto es para que ella pueda ser feliz…
—Ahí viene —movió sus labios muy despacio, a cámara lenta—, ese es el golpe que me hará tumbarme. Tiene que ser ese.
El guante negro se acerca a su rostro, descoordinándose, baja la guardia para ser la diana perfecta. Baila con sus guantes para que nadie sospeche. Golpe. Al suelo.

Una chiquilla

            Elizabeth Monroe no podía dejar de mirar desde la lejanía, los envites de un orondo negro, sobre un amoratado y deformado rostro de su boxeador favorito. Con cada golpe, ella sentía entre sus huesos cada estallido de ira para poder, desear, parar toda la barbarie. Tenía la certeza que Johnny, su Johnny, podría, de un simple golpe, tumbar a aquella mole. Hasta ella podría verlo. Era un simple muro: se movía lento, descoordinado, era como un tanque –así le llamaban, «el tanque negro»– teniendo un simple objetivo.
            El negro se movió, lanzó sus cañones.
            —John no podía hacerlo, no ahora. No lo deseo. No de esta manera —sus palabras se mezclaron con las lágrimas y la escena del cuadrilátero se difuminó. Un estruendo del público. Un insulto a su lado. Alguien caído en la lona.

Un mafioso

            Jack Tortuga mira el excelente espectáculo con un puro en la boca y los deseos de que nunca termine. A pesar de conocer el final, siempre le encanta ver como todo se desarrolla. Se siente como un dios comprobando sus tejemanejes. Un buen marionetista se sigue asombrando cuando cree que todavía tienen vida propia sus creaciones.
            Algunos juegos, movimientos disuasorios, un baile entre los contrincantes. Se iba acercando el momento. Veía bailar a todos: El público exacerbado, los jueces con el tiempo entre las manos, al tanque negro y Piscoto en un baile interracial de golpes, ganchos, sangre y sudor…
            Y ahí llega el momento. La mole negra martilleaba con sus guantes el cuerpo, la cara, las costillas de un desfasado John. Tortuga se levantaba de su asiento como las crestas de las olas. Todo el mundo se alza pletórico. EL MOMENTO LLEGA, Jack coge el puro de la boca y sonríe… Va a ser muy rico. Pero de pronto, algo ocurre; el destino le ha jugado una mala pasada. Suenan risas del público. En la lona, caído, el enorme cuerpo negro. Un iracundo Jack grita a un desconcertado John que mira el cuerpo inconsciente.

El tanque negro

            Toda su vida se ha ganado el sustento con sus manos. Ya sea de matón a sueldo o cargando cajas en los muelles. Nunca ha sido alguien que pensara demasiado, sino un trabajador que hacía lo que se le ordenara, mientras, eso sí, se le pagara bien. Por eso quizás aceptó este encargo. Un simple enfrentamiento de boxeadores. Hasta que no le dijeron quién era el contrincante no se asombró.
            John Piscoto se había hecho famoso hace unos meses, estaba en plena efervescencia. Tenía todo a su favor. Quizás por ello fue el objetivo de «la cossanostra». Al tanque no le importa. Ni siquiera el saber que podría darle una enorme paliza. Él no es que sea un digno púgil, eso tiene que reconocerlo. Puede enfrentarse al más fuerte, pero no sabe hacer esos juegos que hacen los boxeadores. Por ello siempre iba a por todas, gastando toda la energía. Como un tanque ve su objetivo y no le importa otra cosa.
            Le han dicho: «Ese tipo no hará nada para tumbarte. Tiene órdenes para que a una señal en un momento concreto, tú le tumbes y así poder cobrar toda la pasta. Le tenemos cogido por las pelotas» se rió un tipo con un puro en la boca.
            Sus golpes son duros, fuertes, poderosos. Cuando le alcanza, el tanque siente verdadera piedra chocar contra su anatomía. Juega con él durante varios asaltos, haciendo que se canse, no sabe cómo iría todo; él mismo se da como objetivo el hacer la pelea lo más limpia posible.
            En el rincón, cuando la gente sigue vitoreándole, obtuvo la orden «Habrá un simple canto, un villancico y será el momento en que darás tú golpe.»
La escucha.
“Ande, ande, ande La Marimorena
Ande, ande que es la Nochebuena”

Una chiquilla grita con una pandereta haciéndola sonar sobre su cabeza mientras sus pechos danzaban. La gente la mira extrañada, su gorro de papa Noel se mueve al compás de su pecho.
Suena la campana y va al encuentro. La gente ruge. Movimientos, danza, golpes… El tanque ve en los ojos de su adversario que estaba preparado. Siente la misma sensación cuando a él le dicen lo que tiene que hacer y solo acata órdenes.
Preparado y listo.
Justo en el momento de asestar el falso gancho… OCURRE. El idiota baila de forma descoordinada y lo que parece una falsedad se convierte en un golpe que trae la oscuridad para el idiota.
John Piscoto levanta los puños con la expresión de tristeza en el rostro mientras la joven de la pandereta sigue con su cantata:
“Una estrella se ha perdido y en el cielo no aparece,
se ha metido en el Portal y en Su rostro resplandece.”



Ángeles, posadas y un jardín.


Nana de Santa Ana

Cuando la “Señá Santana”
Cantaba la nana a su nietecillo
Como le sonreiría
Mientras se dormía el dulce chiquillo
Y cantarían con ella
La luna, la estrella y los pajarillos.
Un ángel que vuela y rompe a cantar
Para que la abuela no pierda el compás.
Y así nacería por aquellos días, la nanita nana
Así todavía se canta en Triana.
¡Ay nana nanita!
¡Ay nanita nana!
Canta la abuelita Señora Santa Ana
Y con voz muy queda guitarra y campana
Corre por Sevilla la nanita, nana.
Sobre el pecho de la abuela
Hecho de canela el niño ha “dormío”
Mientras su nana le canta
También a la santa el sueño ha “rendío”
Y un ruiseñor al mirarla
Por no despertarla se vuelve a su “nío”
Un ángel que vuela y rompe a cantar
Para que la abuela no pierda el compás.
Y así nacería por aquellos días, la nanita nana
Así todavía se canta en Triana.
Canta la abuelita Señora Santa Ana
Y con voz muy queda guitarra y campana
Corre por Sevilla la nanita, nana.
Nana, nana ¡ay la nana!
Nana, nana de la Señora Santa Ana.

Por Samuel Mendoza.


El día que el niño nació se suponía que todos debían estar contentos, sin embargo, a pesar de estar sano, a pesar de ser bello, a pesar de tener los mismos ojos verdes que el resto de la familia, hay un pequeño inconveniente, el niño es moreno y nadie se explica porque.


El camino de regreso a casa es más largo y completamente distinto a como se imaginaban seria, nadie habla, la madre apenas parece tener fuerza para sostener al bebe que apenas accede a ver un par de veces, ambas precedidas de un trago de saliva amarga que es necesario para hacer un poco menos incomodo el nudo en la garganta que tiene desde que conoció a su hijo.


Todo esto no lo vi, solo me lo imagine después de que los vi llegar sin saludar tan amables como acostumbran, yo siempre digo buenas tardes aunque sea de mañana o de noche, será por costumbre, será por tonto o tal vez sea porque siempre ando algo borracho, o a medios chiles como decimos por estos lares.

No me molesta que no me hayan saludado, soy una persona muy tranquila que casi nunca se molesta por casi nada, sin embargo, me pone triste que la luz que había en ese hogar se este yendo poco a poco tan solo porque les llego una personita más oscura que los demás. La señora ya no canta como cuando estaba embarazada, al señor se le van las tardes y las noches tratando de aceptarlo y sentirse menos miserable por los reproches de la señora y cada vez los intentos por querer a su hijo son menos. Las discusiones suben de tono y yo tengo tanto miedo que cualquier día la familia acabe en desgracia o simplemente se acabe.


Todo esto no me lo imagino, lo sé porque vivo ahí juntito, en el cuartito de huéspedes que hicieron a bien en rentarme cuando llegue a Zapopan con una mano adelante y otra atrás, la señora todavía no estaba esperando y necesitaba urgentemente alguien que le ayudara con el jardín y no le importo que esa fuera la unica de mis dos virtudes entre todos los defectos que he ido adquiriendo con el pasar de los años, de los que entre todos destaca la maldita bebida.


Siempre quise reunir valor para darle las gracias como se debía y el día que me siento más sobrio o menos borracho que nunca, la espero en la acera de enfrente de la casa con mi guitarra simulando que es un día más, la veo venir hacia donde estoy, trago saliva al mismo momento que me doy cuenta de las maletas que carga, los lentes oscuros y me pasa de largo. No creo que se haya ido de vacaciones, con lo bruto que soy jamás me imagine que poco faltaba para que ese día llegara. Corro a la casa pero no me atrevo a tocar, solo alcanzo a ver por la ventana de la recamara principal el rostro del señor cubierto de lágrimas y sosteniendo sin ver a su hijo que por el contrario no deja de verlo y hacer pucheritos sin que los ojitos se le alcancen a llenar de agua.


Desde ese día las cosas empeoraron, el señor se tomo vacaciones una semana antes de las posadas para poder cuidar de su hijo, que con dos añitos apenas caminaba y no decía una sola palabra. El señor pensaba que estaba enfermo y se la vivía con los doctores pero yo siempre pensé que nada mas le hacía falta amor. Porque si bien no carecía de nada, yo nunca veía que saliera a jugar con él en tremendo jardín que tanto trabajo me costaba mantener, no solo por lo grande y abundante, sino porque después de que se fue la señora algo paso en la casa que ya era bien difícil abrir las flores o enverdecer el pasto, el limonero daba limones secos y las naranjas del naranjo eran jugosas, pero amargas.


El martes me levante sorprendido por el cantar de los pájaros y los golpes al portón, me levante como todos los días con algo de resaca, la cabeza pesada, el estomago revuelto y la boca seca. Me puse la camisa, fui a abrir la puerta y me destanteo que los pájaros estaban en los arboles de la casa, hace mucho que no los veía ahí. Abrí la puerta y una viejita morena con dos maletas me sonrió y me dijo con un acento chistoso: me ayudas mi amor? Sin decir una palabra agarre sus maletas y le mostré el camino. No sabía quién era ella, pero no me atreví a preguntar, estaba como encantado, pero no era el único, en el jardín había más pájaros y cantaban más fuerte, no sé si me lo imagine pero alcance a ver rosas blancas y rosas en los rosales donde solo había rosas rojas, cuando la deje en la puerta principal me pregunto sonriéndome otra vez: estuvo buena la guarapeta de anoche?, le sonreí apenado y camine hacia mi cuarto notando que mi resaca se había ido, voltee hacia la casa y vi que la viejecita abrazaba al señor como si fuera su madre. Esa noche me llamaron a la casa para confirmármelo y pedirme le ayudara a la señora en todo lo que se necesitara.


Muy tempranito al día siguiente me volvieron a despertar los pájaros, esta vez no había resaca, el aguardiente se me acabo y con tanta cosa que paso la noche anterior no fui por mas al expendio, aunque haciendo cuentas, hace años que no pasaba un día sin tomar. Junto con el cantar de los pájaros escuche una voz hermosa de mujer cantando canciones de cuna; como por impulso tome la guitarra y empecé a seguirle el tono y a cantar en mi cama. Al cabo de tres canciones salí para ver el jardín y cuál fue mi sorpresa ver que no había más rosas rojas en los rosales, solo blancas, rosas y amarillas. En los arboles había ruiseñores, yo ni sabía que había por estas tierras, me apresure a cortar una naranja y desesperado la mordí, estaba dulce. Vi por la misma ventana donde había visto al señor llorar aquella vez que la abuela se mecía en una silla con su nietecito en brazos, me acerque sin hacer ruido para ver y oír cómo le cantaba y el niño reía y ella lo bajaba para que gateara y lo levantaba para que el niño caminara, pero ella nunca lo soltaba.


Volteo y  me vio, cuando quise retirarme me hablo, fui obediente a la puerta principal y salió cargando a su nieto en un brazo y en el otro un vaso con agua de limón, me la dio y me dijo con su acento chistoso: mira nomas que limones tan jugosos tienes en el jardín mi negro.


Se quedo en el jardín mientras el niño gateaba persiguiendo pelotas y juguetes, platicamos largo rato y ahí supe que la nana era de Triana, una comunidad sevillana en donde había pasado su juventud cantando en las plazas públicas con sus vestidos andaluces, corriendo de una plaza a otra. Cuando llego con su madre andaluza y su padre argelino a Jalisco, se instalaron en Santa Ana Tepetitlan, ahí se caso, tuvo tres hijos y enviudo a los 5 años de casada, vivió ahí poco más de treinta años cuidando sola a sus tres hijos y después ayudando con los hijos a dos de ellos. Con el señor no se hablaba ni se veía desde que este se caso, la esposa del señor siempre se avergonzó de ella, hasta que el lunes pasado le hablo su hijo llorando desesperado y al siguiente día estaba tocando la puerta despertándome después de una borrachera.


Le pregunte por qué me contaba todo eso y me dijo: Ay mi negro, todo ese alcohol que te bebiste pronto te va a matar, pero no tengas miedo, vas a ser un ángel que nos va a cuidar a mí, a mi hijo y a este negrito que por fin aprendió a caminar.


El miedo que me había dado pensar que voy a morir fue sustituido por el asombro en cuanto vi al niño caminando emocionado hacia su nana.


Se metieron a la casa sonriéndome, la nana me invito a cenar, era tiempo de posadas y a la casa había vuelto la alegría, me dijo que me llevara mi guitarra.


Cuando llego el señor de trabajar, lo esperaban su hijo y su nana para sorprenderlo con la noticia que el niño ya caminaba, se puso tan contento que hasta a mi me abrazo. Cenamos y me ofreció algo de beber, no me había dado cuenta que estaba a punto de cumplir dos días sin tomar y no tenía nadita de ganas, le rechace la oferta educado. Salimos al jardín y toque y cante como en mis mejores tiempos, el señor me pidió canciones y yo las toque todas, la nana reía el niño caminaba de con su nana a con su papa hasta que cayó rendido. Me pidió la nana que la acompañara con la guitarra para cantarle una canción al niño que tenia sueño, empezó la nana a cantar: “Duerme negrito, que tu mama está en el campo negrito, te va a traer codornices para ti, te va a traer mucha cosa para ti….” Estaba tan concentrado en seguir el ritmo y no equivocarme y casi hipnotizado por la hermosa voz de la nana que no me di cuenta que algo nos deslumbraba, voltee y era la luna y el cielo estaba tan estrellado como nunca lo había visto y los ruiseñores vinieron al jardín en la noche, deje de tocar al ver que el niño dormía profundamente y le pregunte si era ella la que hacia todo eso y me dijo: no mi negro, no soy yo, eres tú que te estás despidiendo, vete a dormir y cuídanos mucho mi negro, me beso la frente y la obedecí.


Hoy es día 25, el señor su hijo y la nana salieron al jardín, a jugar con los regalos del niño, el señor lo persiguió y se revolcaron juntos, la nana los ve desde la resolana sonriendo y no puede evitar que una lagrima recorra su mejilla, mira al cielo para sonreírme también a mí. Es hora de la siesta del niño, se acercan padre e hijo con la abuela que los besa cariñosa y le dice a su hijo que vaya a lavarse mientras ella duerme al niño. Cuando empieza a cantar duerme negrito me apresuro a tocar, vuelve a voltear al cielo para sonreírme, le gana el sueño también a ella, se acercan los ruiseñores emocionados pero los detengo ordenándoles que vuelvan a su nido, también se ha dormido la Nana de Santa Ana.


lunes, 24 de diciembre de 2012

Un lugar para recordar


Navidad Blanca Navidad


Oh Blanca Navidad,
sueño y con la nieve alrededor,
blanca es mi primera
y es mensajera de paz y de puro amor

Oh Blanca Navidad, nieve
un blanco sueño y un cantar
Recordar tu infancia podrás
al llegar la blanca navidad.

Oh Blanca Navidad, sueño
y con la nieve alrededor,
blanca es mi primera
y es mensajera de paz y de puro amor.

Oh Blanca Navidad, nieve
un blanco sueño y un cantar,
recordar tu infancia podrás
al llegar la blanca navidad.

Por Gean Rossi


La nieve empieza a caer, las canciones navideñas se escuchan en los hogares, oh blanca navidad, pareciera que cada vez llegaras más rápido.

Hola amigo, ¿Me recuerdas? ¡Vamos amigo busca la pelota, búscala!

Y aquí me encuentro otra vez, con la nieve cayendo sobre mí, como todos los años.

Es bonito poder recordar a un ser amado, dicen que los perros son los mejores amigos del hombre, y déjenme decirles que tienen toda la razón al decirlo. Billy no era un perro más de esos que tienen las personas, ya sea para el entretenimiento de sus hijos, para sentirse acompañados o solo porque les gusta tener una mascota. Billy era especial, más que un perro, mi mejor amigo, mi único amigo de hecho. Ese animal era la única familia que tenía, mi madre pasaba todo el día trabajando y mi padre murió cuando apenas tenía cuatro años así que no recuerdo mucho de él, lo que me dejaba solo todo el día con Billy.

Jaja lo sé amigo, te gusta que te acaricie, tranquilo siéntate aquí conmigo.

Ver a los niños correteando por ahí, divirtiéndose con sus amigos, me recuerda tanto a mi infancia, sólo que yo no tuve más amigos que tú, mi timidez no me lo permitía, además, contigo me bastaba, no necesitaba a nadie más. Pero lo que más me recuerda a mi infancia es la navidad. Recuerdo cuando te lanzaba la pelota y tu muy contento ibas a buscarla, pero nunca la traías de vuelta.

Sí, te ríes verdad, porque sabes que es cierto. Cada año que te vuelvo a ver aquí jugamos y reímos, pero este año quiero hablar, quiero recordar aquel día frío en el que me salvaste la vida y cómo tres días después falleciste, una historia triste no, pero a ver si mi memoria no me falla.

15 de diciembre de 1936, a poco yo tenía trece años, recuerdo que estábamos jugando en el bosque de más allá de la casa de los Simonds, la estábamos pasando genial como siempre, y yo lanzándote la pelota a ver si algún día en la vida la ibas a traer de vuelta, todo era risas y diversión hasta que tropecé con una rama y me rompí una pierna. No me podía mover, recuerdo tus ojos, tu mirada preocupada, la oscuridad se avecinaba y la navidad estaba cerca, lo que traía consigo noches más frías de lo habitual.

Pasaban los minutos, las horas, el tiempo se me hacía eterno y nadie se nos cruzaba para darnos una mano, y volví a mirarte, con tus ojos lagrimosos y tu mirada desesperada me decían que harías algo y así fue, me tomaste por una manga y me arrastraste con todas tus fuerzas hacia la calle más cercana. Sabía que estabas cansado y eras un perro ya un poco viejo, tu energía no era lo mejor pero aun así lo intentaste, y lo lograste. Lograste arrastrarme a la calle más cercana donde me vio una mujer en una camioneta, la mujer muy preocupada se detuvo y nos subió a su auto en donde nos llevó al hospital más cercano. Lo que hiciste fue heroico, único, me salvaste la vida, pero te sacrificaste por mí, sabías que no podías aguantar arrastrarme tanto, y  aun así lo intentaste. Ya me estoy desviando de la historia por mi sentimentalismo. Bueno sigamos. Llegamos al hospital me pusieron un yeso el cual mi madre notó una semana después, puesto que siempre que llegaba a la casa yo me hallaba durmiendo con una sábana que me tapaba la pierna, la mujer de la camioneta se hizo pasar por mi madre ya que mi verdadera mamá estaba trabajando como cosa rara. Pasaron tres días, tres días en los que no querías jugar, no querías hacer nada, ya no te quedaba mucho tiempo, lo noté, sabía que estabas cansado y al final llegaste al mismo camino al que vamos todos, la muerte. 

Cómo lloré sabes, lloré y pataleé. No es fácil perder a alguien que amas y mucho menos si ése alguien es el único amigo que tienes. Me sentía solo, no hablaba con nadie, llegué a pensar en suicidarme para estar contigo otra vez, qué locura. Y de cómo estamos aquí, pues eso fue algo mágico que hiciste, no sé qué, recuerdo estar en mi cama, llorando, y en mi mano tenía la pelota con la cual jugábamos y la tiré contra la pared, cerré los ojos y noté que la pelota nunca cayó. Ahí estabas tú, con tus relucientes ojos y la pelota en la boca, un resplandor emanaba de tu cuerpo, giraste tu cabeza como apuntando a la ventana y desapareciste, al asomarme te vi allá abajo, junto a la calle con la pelota en la boca, esperando a que yo bajara, pudiera decir, que todas las emociones existentes se apoderaron de mí en ese momento. Salí tan rápido de mi casa como mi juventud me lo permitió y fui tras de ti, tú corrías y corrías siempre con la pelota en la boca, no sabía a donde me dirigías pero aun así te seguí, estábamos en la pradera donde te enterré, ya bastante lejos de casa, te detuviste sobre tu tumba y desapareciste, me acerqué y vi allí tu pelota sobre un papel, era un fragmento de un villancico, nuestro villancico favorito, el que te ponía a ladrar como nunca:


Oh Blanca Navidad, nieve
un blanco sueño y un cantar
Recordar tu infancia podrás
al llegar la blanca navidad.

               

Volteé y ahí estabas tú, desde pequeño siempre te hablé, bueno aún lo hago, nunca tuve la esperanza de que me respondieras, pero ese día, juro que escuché tu voz, un susurro en mi oído, una voz hermosa que me dijo: Cuando los primeros copos de nieve caigan del cielo y los villancicos se oigan por todo el pueblo, ven a buscarme y tu infancia recordarás.
Y eso hice. Al año siguiente, el primer día que nevó fui a buscarte, no te veía en ningún lado, empecé a perder las esperanzas estaba ya a punto de irme cuando apareciste con tu sonrisa y tu cola moviéndose de aquí para allá. Sentía como caían las lágrimas de mis ojos, lágrimas de felicidad. Otra vez juntos, pensé. Y así hemos seguido año tras año, recordando, como si fuésemos tan solo niños.

Y aquí estamos otra vez amigo. Otro año más, otra navidad más recordando como si fuese la primera vez, todo lo que vivimos. ¡Ya! Deja de lamerme la cara sabes que nunca me gustó, no puedo creer que te gusten mis arrugas, ochenta y cuatro años y aún seguimos juntos, quién lo diría.

Oh mira que ya es tarde, lamentablemente me tengo que ir, fue hermoso haberte visto otra vez, y usar este día para recordar todo lo que vivimos. ¡Hasta el próximo año amigo! Que tengas una feliz navidad.


Fin.