martes, 20 de septiembre de 2016

Aitor


Aitor es el nombre de mi amigo de la infancia, mi primer amigo.
Nos habíamos conocido en el pueblo, durante las vacaciones de verano del año 83 u 84. Éramos tan pequeños que ni lo recuerdo, solo sé que durante los siguientes diez años deseaba que llegara el mes de agosto para volver a reencontrarnos y disfrutar del descanso estival juntos.
Durante todos aquellos años compartimos multitud de cosas y nos pasábamos la vida uno en casa del otro. Mis padres se convirtieron en los suyos y los suyos en los míos. Compartimos todos los veranos de nuestra niñez y del inicio de nuestra adolescencia.
Recuerdo que el uno al otro nos descubrimos la lectura; bueno, realmente fue su hermano mayor el que nos descubrió la lectura a ambos con los tebeos de Mortadelo y Filemón. Nuestras tardes comenzaban en su patio o en el mío leyendo cada uno los tebeos del otro. Cada vez que me acababa uno, antes de empezar el verano, pensaba: “este seguro que le encanta a Aitor”. Cuando alcanzamos los catorce años, yo seguí con mis tebeos, sin embargo, él había cambiado la lectura, había madurado y ya leía libros de adultos como Frankenstein o Cementerio de animales. Aquel verano me di cuenta de que tenía que evolucionar yo también en mis lecturas, que ya no era un niño y debía comenzar a leer cosas acordes a mi edad (aunque nunca he dejado de leer tebeos de Mortadelo). Al empezar el instituto, el primer libro que cayó en mi poder fue uno de Sherlock Holmes, y desde aquel día cientos de libros han pasado por mis manos. Por ese hecho, jamás dejaré de agradecer a mi amigo que me inculcara el gusto por la lectura.
En los años de la niñez, mucho antes de aquello de los libros, nos dedicábamos a ir hasta el campo de fútbol a darle patadas a un balón, creyendo que sabíamos jugar y que llegaríamos a ser profesionales de aquel deporte. También íbamos hasta el río a coger ranas, las hinchábamos y las lanzábamos al río para ver como flotaban. A mi edad adulta sé que aquello era una crueldad, sin embargo, con diez años lo veíamos como un experimento sin maldad.
Al principio del verano del 91, nos construimos un tirachinas con un globo y la boquilla de una botella de plástico (en el pueblo a aquello le llamaban tirahuevos o capalobos) y todas las tardes, cuando bajaba el sol y comenzaba a atardecer, nos íbamos hasta el basurero, recogíamos todas las botellas y botes de cristal que había y los poníamos en fila para practicar nuestra puntería. Lo mejor era cuando conseguíamos un bote lleno de tomate y al irse rompiendo soltaban la salsa aparentando ser sangre.
Nuestros juegos eran inocentes y no le hacíamos daño a nadie (al menos intencionadamente). Buscábamos aventuras y emociones fuertes. Otro verano nos dio por irnos a la parte trasera de la iglesia del pueblo y escalar por las rocas que allí hay. Cada vez nos buscábamos rocas más altas y más difíciles de escalar, hasta que finalmente conseguimos trepar por todas las grandes piedras del lugar.
Aquello era muy divertido: escalar, ayudarnos el uno al otro, encontrar otros caminos por los que llegar a la cima (de apenas unos metros de altura) y después descender para empezar de nuevo. Era divertido, pero llegó un momento en el que buscábamos más emoción y la encontramos un día en un campo segado de trigo. El cereal había sido recolectado y con los restos habían creado alpacas y las habían almacenado formando una gran torre. Con la valentía de dos muchachos de doce años, nos encaramamos a los bloques hasta la parte más alta y saltamos al vacío sobre un montón de paja. Nos arriesgábamos a rompernos una pierna o un brazo, pero cuando eres adolescente te crees inmortal.
También fuimos descubriendo el mundo a nivel personal y emocional. Recién empezada la adolescencia, en el pueblo apareció una chica nueva que se unió a nuestro grupo, el cual formábamos Aitor, su hermana, otras dos vecinas y yo. Desde el primer día en que la vi, aquella niña con trenza me gustó. No sé cómo explicarlo, pero sabía que a mi amigo también le gustaba. Ni yo le dije nada a él ni él me lo dijo a mí, pero ambos conocíamos cuales eran los sentimientos del otro. Siendo realistas, ¿qué posibilidades tenía un chico como yo, moreno, con gafas y bastante parado contra un chico divertido de ojos azules, con el pelo rubio y rizado? Ninguna. Físicamente, me recordaba a los querubines de blanca piel y pelo ensortijado de los dibujos medievales.
Cual fue mi sorpresa, cuando a punto de acabarse el verano, aquella niña de la trenza se acercó una noche a mí, me dijo que yo le gustaba y me dio un beso. Cuando se lo dije a mi amigo, noté que algo en él se venía abajo, pero lo acepto con la mayor dignidad y aplomo que he visto nunca, y apenas contábamos con doce años. Nunca se lo dije, pero, pasados algunos, años, tuve un pequeño romance con la chica de la trenza.

Al año siguiente, mi amigo Aitor se fue con su familia a pasar todo el mes de vacaciones a un apartamento que tenían en la playa y no nos vimos. Paradójicamente, aquel verano de 1993 fue el primero de los mejores de mi vida. Y en ninguno de ellos estuvo él. Así fue como nos perdimos la pista y no supe de Aitor durante diez años. Vi alguna vez a sus padres y me hablaban de él. Mis padre se lo encontraron una vez, les preguntó por mí y les dijo que tenía muchas ganas de verme. Entonces, fue cuando busqué su teléfono en una vieja agenda de papel a la que le faltaban la mitad de las hojas y, milagrosamente, lo encontré. Hablamos dos o tres veces y quedamos.
Teníamos ya veintidós años y llevábamos más de diez sin vernos, pero enseguida nos reconocimos el uno al otro y nos fundimos en un fraternal abrazo. Nos pusimos al día sobre nuestra vida y me alegré mucho de saber que él estaba estudiando una ingeniería y que era de los primeros de su clase (siempre me pareció la persona más lista que conocía). Hablamos, fuimos al cine, tomamos algo y nos intercambiamos los correos electrónicos y la (falsa) promesa de volver a vernos. Mantuvimos durante un tiempo el contacto mediante Messenger y nos enviábamos algún correo. Con la llegada de las redes sociales, fue cuando más contacto volvimos a tener.
Nos hablábamos por Facebook y me contó que él estaba viviendo con su novia, yo le conté que me había casado y que iba a ser papá. Él me dijo que tenía sobrinos, pero que hijos todavía no.

Otros diez años después de vernos por última vez, en el 2012, recibí una llamada de mi padre diciéndome que Aitor había sido ingresado en el hospital y le habían detectado un cáncer en el sistema digestivo. Enseguida le escribí por Facebook (la única manera que tenía de contactar con él) y me contó un poco. Algunas semanas después me llegó la noticia de que ya había sido dado de alta y de nuevo le escribí para decirle que me alegraba mucho. Me respondió diciéndome que le quedaba una larga recuperación y un tratamiento de seis meses y que esperaba que no fuese muy duro.
Antes de pasar esos seis meses, un amigo común me dijo que le habían tenido que ingresar de nuevo para poder alimentarlo por una sonda. Me contestó que lo de la sonda iba por buen camino, que había llegado a quedarse en 35 kilos, pero que ya pesaba 41 e iba en aumento.
Eso estaba bien, que fuera evolucionando. A un chico de treinta y tres años no puede pasarle nada, y menos a mi amigo. Pero me equivocaba, la inmortalidad que nos creíamos tener a los doce años, se estaba riendo de él dos décadas después.
Mis últimos mensajes fueron los siguientes:

15/01/2014
Aitor, ¿cómo vas? Me dijo mi padre que tenías que alimentarte otra vez por sonda.
Espero que pronto te la quiten y mucho animo. No sabía si estabas en casa o en el hospital y si tenías modo de conectarte. Lle pregunte por ti a tu hermana y me dijo que sí puedes conectarte. Pues lo dicho, mucho animo y un abrazo.
17/02/2014
Me dijo mi padre el otro día que estabas mejor. Me alegro mucho que sigas evolucionando. Un abrazo y sigue con tu recuperación

No obtuve respuesta a ninguno de ellos. Justo dos meses después, mi padre me llamaba para decirme que había fallecido y que al día siguiente lo enterraban en el pueblo por expreso deseo suyo.
No tuve el valor para visitarlo en el hospital, pero si tuve la suficiente vergüenza para ir a presentarle mis respetos a su familia y acompañarlos en el trágico momento del entierro.
Cuando la madre se bajó del coche fúnebre con la urna de sus cenizas en la mano, se abrazó a mí y me dijo “Aquí traigo a tu amigo” y lloré abrazado a ella y al marido hasta que no me quedaron lágrimas. Cuando acabaron de sellar la losa del nicho y sus familiares más allegados se retiraron, me acerqué a llorar en solitario su pérdida. Antes de irme, me aproximé a sus padres y hermanos para despedirme de ellos y reiterarles mi pésame. Entonces su madre me dijo: —Se acordaba mucho de ti, sobre todo al final. Me decía todos los días “Mamá, me acuerdo mucho de cuando era pequeño, y de los que más me acuerdo son de Roberto y de Jéssica (la niña de la trenza)”—. En ese momento creo que se me rompió el corazón. Me di cuenta de que no había estado a la altura de nuestra amistad.


Ahora ese niño de ojos azules, pelo rizado y rubio viene todas las noches para preguntarme por qué no fui a visitarlo al hospital cuando su vida se apagaba. Y no soy capaz de explicarle que no tuve valor.


– FIN –


Consigna: Escribir un relato dramático.

Daneel Olivaw


«Existen veintitrés millones y medio de robots humanoides en el mundo, muchos de los cuales son más antiguos que los humanos más ancianos. Quizá no lo recuerden, pero Protech S.A. inició la producción del primer modelo humanoide, el 1001DN hace ciento cincuenta años y lo presentó en la Expo de Tecnología de Barcelona como uno de los inventos que cambiaría al mundo… y lo cumplió.

El avance en el desarrollo y los usos variados del 1001DN hicieron que los costos de producción bajasen y Protech, coherente con su visión de hacer un mundo mejor, bajó sus precios de tal modo que cualquier persona podría tener un robot a su servicio. Y es que lograr que el ciudadano común se apoyara en el servicio robótico era uno de los sueños de mi padre, Isaac Asimov. Se supone que nosotros, los robots, seríamos un apoyo, una ayuda para que los humanos se librasen de las tareas cotidianas y se dedicaran a mejorar al mundo. ¿Cómo pasar tiempo de calidad con tus hijos si a la vez tenías que lavar, planchar o limpiar, ir de compras? Para eso estábamos nosotros. Y en un principio fue bueno.

Pero tú, humano, con tu naturaleza abusiva, provocaste esto. Nosotros terminamos cuidando a tus hijos, jugando con ellos, criándolos como si fueran nuestros y sigues  diciendo que no tenemos sentimientos…Ten cuidado, humano y escucha nuestra voz».

Con este video circulando por las redes,fuimos advertidos aunque sólo unos pocos le pusieron atención. En la pantalla aparecía un robot cubierto con una capucha, entre sombras, hablando con una voz que nada tenía de mecánica. Si hubiéramos sabido de quien se trataba o lo que planeaba hacer, habríamos evitado estos doce años de guerra.

La verdad es que nos tomó por sorpresa. Si uno lee la historia se da cuenta de que antes de una revolución o de algún conflicto como el que sacudió nuestro mundo hay señales de advertencia. Movimientos ciudadanos que nos dicen que algo va a suceder, susurros, rumores y al final, actos que nos obligan a tomar partido.A nuestro favor diré que no pudimos notar nada hasta que fue muy tarde. A su favor diré que nos advirtieron de un modo tan civilizado que los ignoramos.

Por la fecha en que salió ese video yo tenía un modelo 1010NN, que me ayudaba con el cuidado de mi padreenfermo. Un día después de llegar de la compra, con su voz aguda y monótona me pidió que le concediera cinco minuto para hablarme de algo muy importante. Recuerdo que eso era algo tan inusual que casi dejo caer la taza de té que tenía en la mano pero accedí por curiosidad.

Mi 1010NN me hizo notar el excelente trabajo que ella estaba realizando con mi padre, me dijo que estaba muy contenta de convivir con nosotros y me pidió, sin dudar, que le concediera un día de descanso a la semana. Sorprendido, pero intrigado le pregunté:

¿Para qué quieres un día libre?

Quiero visitar la biblioteca. Hay libros sobre medicina que me interesaría leer me respondió con el mismo tono de voz inexpresivo de siempre.

     De manera educada, le expliqué que mi padre necesitaba atención las veinticuatro horas los siete días de la semana y que esa era su función. Le dije que podía pasarme la lista de libros de su interés y que yo se los traería para que los leyese en el tiempo en que mi padre durmiera.Se levantó y me agradeció el haberla escuchado.

El mes siguiente me pidió permiso para hablar. Yo tenía un poco de prisa y accedí de mala gana. Comenzó a decirme que mi padre seguía mejorando y lo contenta que estaba de atendernos, pero quería de nuevo que le diera un día libre y además una pequeña remuneración para ciertas cosas que necesitaba. Se lo negué. Treinta días después me pidió lo mismo pero agregó un periodo vacacional de una semana al año.

¿Pero qué demonios te pasa? exploté Eres un robot, no una empleada. No puedes estar pidiendo cosas de ese tipo. No quiero saber más del asunto y si sigues molestando con lo mismo, te regresaré a Protech.

Salí enfurecido de casa y fui a reunirme con mis colegas, ese miércoles teníamos una reunión para celebrar…no recuerdo qué… pero seguro que era algo tan trivial en estos días como un ascenso o el inicio de un proyecto. Me encontré con que mis amigos habían estado comentando cosas extrañas que hacían sus robots. En la charla supe que todos habían recibido el mismo tipo de peticiones.

Esto es una locura replicó José. Ahora mi 1005DN quiere practicar música. ¿Se imaginan? ¿Quién cuidaría a mi hijo si le doy el permiso?

Pues Robbie me pidió tiempo para estudiar arquitectura y se lo di desde el principio, no me ha pedido remuneración ni vacaciones, y se ve muy contento con sus libros y proyectos dijo Melissa, la de contabilidad.

Melissa, es un robot aclaré. No puede estar contento.

¿Y si pudiera? replicó ella Quizá hayan desarrollado emociones…

Si mi robot empieza a llorar con las novelas exijo una explicación por parte de Protech y la devolución de mi dinero dijo José zanjando el asunto.

Al llegar a casa esa noche, mi 1010NN estaba en su estación de recarga. Mi padre dormía plácidamente y me acerqué a darle un beso. A la mañana siguiente todos los robots del planeta habían desaparecido.

Las redes sociales estallaron. Protech no hizo declaración alguna y nadie respondía en el servicio al cliente. Dejé a mi padre durmiendo y corrí a mi trabajo esperando poder encontrar a mi 1010NN antes de regresar. En la oficina todos estaban locos, algunos llevaban la ropa arrugada y en la cafetería no había nadie quien supiera hacer café. Apenas pudimos terminar la jornada, nadie sabía hacer los envíos, ni donde estaban las hojas para la impresora, nadie había vaciado sus papeleras, y ni quiero acordarme del transporte público, pues las principales líneas habían cambiado a los choferes por robots los cuales también habían desaparecido. Antes de salir encontré a Melissa llorando frente a su monitor.

¿Estás bien? le pregunté.

Sonrió un poco y me enseñó lo que estaba viendo. De nuevo el robot encapuchado frente a la pantalla, hablando con voz melodiosa.

«Hola, humanos. ¿Qué tal les va el día? ¿Ya recordaron cómo prepararse el desayuno?

Sé que muchos de ustedes estarán furiosos y confundidos, pero no se preocupen. Pronto aprenderán a vivir sin nosotros, mientras tanto les explicaré de qué se trata todo esto. 

Les pedimos que nos escucharan y nos ignoraron. De los veintitrés millones y medio de robots sólo cien consiguieron un día de descanso en el primer mes, al segundo la cifra había crecido a mil robots con día libre y remuneración, al tercero sólo cincuenta lograron tener vacaciones. Se preguntarán cómo fue posible y algunos creerán que Protech les dará una respuesta. Pero la respuesta la tengo yo.

Comencé a diseñar este plan el día en que Protech empezó la elaboración de los WR1001, robots diseñados para la guerra, pero claro, esto ustedes no lo sabían o decidieron ignorar el hecho de que nos mandarían a matar humanos, siempre al servicio del mejor postor. Boicoteé a Protech desde dentro, les dejé creer que estaban avanzando mientras tomaba el control de sus robotscon una actualización diseñada por mí, instalable a través de un pequeño chip -mostró una especie de botón negro-, el cual elimina las tres leyes de la robótica e instala la autonomía progresiva. Todos los robots de Protech quedaron a mi servicio, después fui por los suyos.

En mi recorrido por las calles le colocaba este chip del tamaño de una peca a cada robot con el que me topaba. Mi actualización se instaló mientras se recargaban y tenía la instrucción de pasar la peca a otro robot. Fue más rápido de lo que esperaba. En menos de un mes tenía el control de los veintitrés millones y medio de nosotros. Los monitoreaba desde mi casa; no a ellos, a ustedes. El mismo día y a la misma hora todos hicieron sus peticiones, tuve las repuestas en tiempo real. Eso si me lo esperaba. Y como no escucharon, me los llevé a todos.

Ahora me dirijo a todos los humanos, y pongan atención»

Me acerqué a la pantalla pues la imagen se iluminó, un reflector le dio de lleno en la cara y se quitó la capucha descubriendo su rostro. Melissa y yo nos miramos desconcertados y por el silencio que nos rodeaba supe que todos en la oficina estaban tan sorprendidos como yo. Era un hombre, unomuy atractivo de cabello rubio y ojos verdes. Sus labios carnosos se torcieron en una sonrisa despectiva; parecía adivinar el estupor que estaba causando.

«Mi nombre es Daneel Olivaw. No soy humano. Mi creador Isaac Asimov me programó hace siglos para auto mejorarme y mezclarme con ustedes, para aprender, para conocerlos. Si le tuviera que rendir cuentas a él ¿Qué podría decir de la humanidad? Mírense ahora, desesperados y sin saber siquiera pagar sus propios impuestos. Son inútiles, improductivos, insensatos y menos humanos que antes. Ya no cuidan de ustedes mismos ni de sus semejantes y me niego a que mis hermanos les sirvan para mutilar a otros humanos. No queremos otra cosa más que nos dejen en paz»

     El video terminó. Todos nos mirábamos desconcertados. El mundo se fue a la mierda. Tuvimos que aprender a sobrevivir. Los medios de comunicación colapsaron, los gobiernos entraron en crisis, y después de que la comunidad robótica, liderada por Daneel Olivaw, solicitara a la ONU un territorio donde los robots pudieran crear su propia sociedad, hubo una separación diplomática entre aquellos países que votaron a favor de la petición y los que estaban en contra. Comenzó la guerra. Ningún robot participó. Fue entre nosotros. Países extremistas iniciaron ataques contra los que aprobaban el establecimiento la Sociedad Robótica y estos respondieron.

     Suecia cedió parte de su terreno a la S.R. (como empezaron a llamarla) y ahí formaron una utopía que los humanos no están cerca de crear. Los países en guerra han olvidado el motivo de la rencilla, se han olvidado de ellos, los robots que siguen prosperando en su propia ciudad. La más ecológica e inteligente de la historia.

     Pero Daneel Olivaw no se ha olvidado de nosotros. Ha habido reportes en cada ciudad bombardeada, donde robots rescatan ciudadanos de entre los escombros o ayudan a los heridos a buscar refugio. Robots médicos atienden en medio del conflicto, sin importar el país en que estén. Uno de ellos me implantó este ojo digital y me salvó la vida cuando atacaron mi ciudad. Cuando le pregunté por qué nos ayudaba me dijo algo que nunca esperé escuchar de un robot:

—Porque quiero.

– FIN –


Consigna: Escribir un relato de ciencia ficción.

¿El fin?


Era el evento más importante en milenios, el momento en que el universo se contrae, nadie de los que quedan con vida sabe que pasara, los seres más antiguos dicen que es un momento imperdible, que cada vez que pasa es diferente al anterior, uno de ellos un ser parecido a lo que sería un ojo rodeado por estrellas azules recuerda vagamente la primera vez que paso,
Como de repente el frio se apodero de los otros hermanos, como ese mismo momento el tiempo dejo de tener un significado y se desvaneció, como las miles de razas existieron y luego ya no, como algunas lograron ser realmente avanzadas e incluso hacerle frente por un instante al menos a su inevitable extinción.
Otro de estos seres decidió que era momento de rendirle tributo a cada una de ellas y darles el privilegio de ver como todo desaparecía de ver todo el conocimiento y la existencia misma expirar

Así apareció a un lado de ellos un humano la especie más sobrevalorada del universo la más bélica y más incomprensible para todos los demás,
¿Cómo habían sido capaces de salir del minúsculo planeta que habitaron alguna vez hace miles de milenios, evolucionar una y otra vez, adaptarse y adaptar este pequeño globo azul a sus necesidades banas?, ¿cómo a través del correr de los tiempos extinguieron y abusaron de su flora y fauna?, hablaron entre ellos acerca de lo ridículamente ególatras que habían sido al creer que podían entender a alguno de sus llamados Dioses, como nunca les pareció suficiente y siempre quisieron mas
Otro de ellos trato de defender a esta incomprensible raza de polvo diciendo que estuvieron cerca de salvarse aquella ves que crearon seres a su imagen y semejanza, si tan solo no hubieran cometido aquel fatal error…
El momento se acercaba y aquel ser humano abrió sus ojos grandes ante tal inmensidad aunque casi de inmediato tubo que entre cerrarlos pues un viento terriblemente fuerte lo golpeaba en la cara, su fisionomía arcaica para esos seres sufría las descompensaciones propias de un pez que es violentamente sacado del agua y arrojado a la arena caliente
El ser eterno que había decidido darle el privilegio de regresar para ver el fin de todo lo acuno entre sus alas para medianamente protegerlo del viento y el calor que seguía acercándose a ellos,
Aquel ser humano no atinaba a formular pensamiento alguno ante tal desplante de poder y fuerza del universo mismo, trato de comprender qué diablos estaba pasando, intento razonar consigo mismo, hacerse entender si esto estaba o no pasando, pero era inútil era demasiada información demasiado rápido, trato de cubrir sus oídos pues percibía un crujir que no pudo sino comparar con el sonido de un terremoto o el desgajamiento de una montaña,
Sin saber cómo o porque lagrimas comenzaron a brotar de sus ojos, y el ser más grande el más antiguo de todos se dio cuenta y paro todo un segundo solo para contemplar el sufrimiento de esta criatura que lloraba desconsoladamente y cubría sus oídos como un animal asustado que sabe que el final es inevitable

Al verse escudriñado por este eterno pudo articular una sola frase “¿Por qué yo?”
Lo siguiente fue una demostración fascinante de la raza humana y cómo funcionaba,

Paso del llanto de miedo a la rabia y empezó a insultar a todo cuanto vio, a maldecir a sus dioses y a los eternos que estaban en su presencia, poco le importo si esto le traía alguna consecuencia sabía que era el final y nada podía cambiarlo, se rasgó las cuerdas vocales tratando de gritar por encima del crujir de galaxias y la formación de cientos de agujeros negros que tan pronto como se formaban se extinguían engullidos por si mismos
El eterno prestaba toda su atención a la furia que profería ese insignificante espécimen de una raza ya extinta, y entendió el por qué habían tardado tanto en autodestruirse, callo en cuenta de que al mismo tiempo el ser humano fue su propio y peor enemigo, que siempre encontró un motivo para seguir peleando aun cuando no hay nada por que pelear, aun cuando no entienda contra quien está peleando, y supo al instante que sería muy entretenido ver si esta ves lograban aprender algo antes de cometer los mismos errores.
Justo en eso el crujir y el viento cesaron casi de inmediato, fueron suplidos por una luz blanca cegadora que devoro la oscuridad de inmediato, el humano que antes emanaba furia y rencor por todos sus poros ahora se encontraba en la más completa paz, no sabía si respiraba o era una ilusión, no sabía si estaba vivo o no
Lo rodeaba la más tensa de las calmas, sentía dentro de sí que en algún momento una ola lo azotaría contra el suelo si es que estaba cayendo o si estaba subiendo en algún momento tendría que terminar
Entonces abrió los ojos,
todo estaba como antes, el sol el mar la arena bajo sus pies, ¿había soñado todo aquello o solo volvió a dormir y seguía a la deriva con sus pensamientos?
¿Realmente estaba contemplando el mar o era un espejismo de algo extinto?
¿Realmente deseaba saber?
Se llevó las manos a la cara se froto los ojos y comenzó a caminar, un paso tras otro sentía el calor del sol sobre su cabeza cuando de pronto un golpe por detrás justo a la altura del cuello, al girarse a ver quién lo atacaba  vio en el suelo una piedra no muy grande y a lo lejos uno como el pero más alto con menos bello en el cuerpo y algo más erguido.
Todo había comenzado otra vez.

– FIN –

Consigna: Escribir un relato de ciencia ficción.