Por Muriel Menéndez.
En las entrañas de un tornado, Janet huye para ponerse a salvo con su bebe de apenas un año. Las casas, los coches y demás cosas se ven volar y cayendo en todas direcciones. Janet decide esconderse en la casa de la playa a unos pocos kilómetros de allí.
En las entrañas de un tornado, Janet huye para ponerse a salvo con su bebe de apenas un año. Las casas, los coches y demás cosas se ven volar y cayendo en todas direcciones. Janet decide esconderse en la casa de la playa a unos pocos kilómetros de allí.
Dejó al bebe en el coche mientras abría las
puertas de la casa mata, y en ese momento, cuando parecían ya a salvo, el
tornado se acercó a la casa, y diversas cosas cayeron encima de Janet dejándola
atrapada bajo un montón de escombros. El bebe no paraba y de llorar, y Janet
solo podía mirarlo sintiendo la impotencia de no poder hacer nada y tan sólo
esperando que Anthony pensara al igual que ella en ese lugar. El tiempo y el
tornado pasaron. Pero los escombros siguieron en su lugar y con ellos la poca
desesperanza que embriagaba a Janet.
Como una aparición milagrosa, la silueta de Anthony se recortaba contra una tenue luz que despedía una farola medio derruida. Una lágrima resbalaba por la cara de Janet, dejando un surco limpio en su mejilla, mientras su cara llena de suciedad reflejaba la alegría de saberse salvada. Esperanza.
– FIN –
Basado en: «Diez haiku para un haiga» de Gloria Neiva Antúnez Meza.
Creo que a este relato le faltó mucha revisión a conciencia, no repetir las palabras, darle forma. Pero se agradece el esfuerzo.
ResponderEliminarAngélica Leal Rodríguez.