por Aenea
Maya alzó la vista del campo de mijo; se irguió para observar
mejor la nube de polvo que se acercaba. Le pareció que era una
manada de ciervos aunque al fijarse mejor, le pareció distinguir
unos cuerpos humanos entre la polvareda.
Decidida a averiguar lo que era; Maya empezó a caminar hacia el
comienzo del campo de mijo. No le pareció importante avisar o
decirle nada a los demás; quería que fuera su descubrimiento.
Las plantas le cubrían hasta el pecho; no era muy alta así que le
costaba avanzar, aunque llevaba su hoz para ayudarse.
Apartó el mijo que tenía delante; esperaba ver la carretera pero se
encontró con un grupo de chiquillos que avanzaban por entre las
plantas. La primera niña; rubia y con vestido azul, le quitó la hoz y le
abrió el vientre con ella; todos los demás, unos once , se
abalanzaron sobre la mujer. El hombre que se encontraba detrás
de los niños; su guía por así decirlo; les gritó:
- ¡ Comed,hijos míos! - ¡Éste será el comienzo de un banquete!.
Dalen;así se llamaba el hombre encapuchado; sonrió (en la
medida en que alguien sin rostro puede sonreír). Su cráneo pelado
mostraba unos ojos blanquecinos; similares a los de un pez
cuando lo fríes en la sartén.
Mientras Maya era saboreada por los niños, los demás habitantes
seguían trabajando ajenos al peligro que se acercaba. La luz del
sol se iba apagando; Dalen alzó la mirada hacia las casas en la
sol se iba apagando; Dalen alzó la mirada hacia las casas en la
distancia, con una orden silenciosa, ordenó a los niños que se
pusieran en marcha.
De Maya solo quedó ropa; los niños , por supuesto,necesitan
calcio para crecer. Dalen les llevó hacia las gentes del pueblo;
llegaron como un vendaval; masticando y sorbiendo. Los adultos
intentaban proteger a sus pequeños; en vano
Hacía décadas que se movían así; silenciosos y sedientos e
La entidad superior que creó a Dalen no quería adultos; solo
niños. Eran más fáciles de engañar y de manejar; el grupo de
Dalen era uno de los tres que la entidad habia creado. No
vampiros ni zombis; algo más antiguo, primitivo.
Dalen inspeccionó las casas que se levantaban cerca pero no
quedaba nadie; reunió a sus niños y a los del pueblo, convertidos
estos ya en parte del grupo .
Hacía décadas que se movían así; silenciosos y sedientos en
busca de poblaciones pequeñas. Ahora les tocaría al pueblo
vecino y al acabar, al siguiente y al siguiente hasta acabar con la
sed.
El canto de la alondra. Jules Breton

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