Por Oráculo de Delfos
Lucia era una niña nacida en el campo de La Pampa. Su rutina diaria consistía en levantarse temprano y ayudar a su familia con la cosecha, alimentar a los animales y reparar las vallas averiadas. Tanto trabajo físico le dio mas resistencia desde muy joven, además de un cuerpo más esbelto como para ser una chica.
La escuela no fue nada difícil teniendo en cuenta sus
horas ocupadas en la ayuda para su hogar. Concluyó la primaria y la secundaria
con buenas calificaciones. Los pocos cursos de vocación profesional que tuvo en
el colegio la motivaron para elegir la carrera de derecho. Podía imaginarse a
si misma vistiendo un traje gris o negro, defendiendo casos importantes. El
único problema era que en el pueblo no había universidad. La única solución era
mudarse a Buenos Aires y quedarse lo que le tome la carrera.
La noticia fue muy dura para los padres, puesto que
era su única hija. Aun así, entendieron que era lo que tanto deseaba, y de quedarse
con ellos, no tendría una vida soñada. Tal vez seguir con el trabajo hasta
casarse con algún vecino para unificar ganancias.
Decidieron vender parte del ganado para su pasaje y
solventar sus gastos temporalmente. La despedida fue un momento por demás
conmovedora y llena de lágrimas y promesas que tal vez nunca serán cumplidas.
El pitido lejano del tren dio alerta al final inminente. Lucia se iría por algún
largo tiempo dejando un vacío en su hogar. No representó un gran problema en el
aspecto laboral ya que contaban con la ayuda voluntaria de algún que otro
vecino de la zona. Se dieron un fuerte abrazo y la joven corrió hacia el tren
para buscar un asiento que de a la ventana y tener una partida de película
dramática. Los progenitores avanzaban moderadamente conforme lo hacia el
transporte mientras saludaban con la mano y la llenaban de bendiciones,
agitando un pañuelo blanco. El andén llegó a su final poniéndole un alto al
acompañamiento del matrimonio. Solo les quedó ver cómo su unigénita alzaba
vuelo hacia un mundo que le ofrecía infinitas posibilidades las cuales le eran
negadas en su pueblo. Lucía continuó con su mar de llanto la primer media hora
de viaje pensando en todo lo que dejó atrás, pero lloraba más por la emoción de
todo aquello que le deparaba su futuro. Su tristeza se vio interrumpida por la
azafata que le ofrecía unas galletas de maicena, como a todos los pasajeros.
_ ¿Se encuentra bien, señorita? _ Preguntó la azafata.
_Si. Solo que lamento dejar a mis padres, pero más
lamentaría que mi futuro se viera hundido en la monotonía del campo. _
Respondió mientras se secaba las lágrimas con el dorso de la mano.
_Veo esto a menudo en mi trabajo. Me parece muy
valiente tanto por los jóvenes buscando independizarse y por los padres que les
dan permiso de hacerlo. Cualquier cosa que necesites, podes golpear la puerta
de la cabina del piloto al final del tren y te asistiré en lo que necesites. _
le dio unas galletas extras y una cajita de jugo para luego irse y continuar
con su trabajo.
Para el atardecer llegó a su destino. Y se dirigió al
lugar que alquilaría. Un apartamento acogedor y vacío por el momento. Entonces
se prometió a sí misma que haría todo lo posible para terminar su carrera y así
llenar de orgullo a sus padres. Los días siguientes fueron ajetreados
recorriendo el barrio para conocer las calles y los transportes para usar. Como
necesitaba un sustento económico, consiguió trabajo de medio tiempo siendo
camarera en una cafetería. Consiguió adaptarse rápidamente a sus labores a
pesar de nunca haber tratado servilmente con las personas. Su carisma natural hizo
que se gane el cariño de los clientes y la confianza de su jefa, quien le
otorgó la posibilidad de dormir en una habitación que se encuentra sobre el
local para que se ahorre lo que le cuesta el alquiler. Esto le vino de
maravilla porque tendría mas tiempo para estudiar. Los exámenes eran aprobados
con éxito. Consiguió hacer amigos con los que compartía las anécdotas de su
buen pasado. Claro que aun estaba en contacto con sus padres, escribiéndoles y
recibiendo cartas. Idas y vueltas de actualizaciones en la vida de ambas partes.
A veces, las cartas iban acompañadas de fotografías para mostrar los cambios a
lo largo del tiempo y sentirse unidos a pesar de la distancia.
Así pasaron 5 años estudiando en las noches acompañada
de café, rindiendo parciales y trabajando. Parecía que la vida le sonreía cuando
por fin se graduó. Le costaba mucho al principio conseguir trabajo ya que nadie
aceptaría la defensa de una abogada recién graduada. Entonces empezó con casos
simples que nadie tomaría por lo aburridos que son. De esta manera logro
adquirir experiencia, a la vez que estudiaba especialidades para agregarlo a su
curriculum. El largo trayecto que hizo le dio poder en su trabajo. Le empezaron
a ofrecer los más complejos casos. Se destacó y pudo convertirse en una de las
abogadas referentes de Buenos Aires. Logró tener una vida cómoda y fácil. De
todos modos, no le gustaba la falsedad de la gente que era muy notoria tanto en
su rubro como fuera de él. Las personas no eran así en su tierra natal. Allá,
todos se ayudaban si se requería. En cambio, en plena ciudad, el egoísmo era
muy evidente. Sumado a eso, mucho ruido y el aire cargado de los gases
expulsados de las maquinas, la entristecía. Después de tanto pensar, una tarde,
llegó a la conclusión de que vendería todas sus pertenencias y volvería a casa
con sus padres. Les envió una carta dando aviso de su cambio de parecer sobre
ser abogada y tirar todos sus esfuerzos para volver a ejercer su fuerza en el
trabajo manual. Días después, recibió una alegre carta de sus padres, que
estaban mas que contentos por su regreso. La confirmación dio el “sí” para que
empezara a deshacerse de sus cosas. Una semana después terminó con una mochila
y una maleta. Ya se sentía preparada para despedirse de las personas que
conoció en este mundo. Su jefa de la cafería, sus compañeros de la universidad
y compañeros del trabajo. Acabo el día cargando una maleta extra para llevarse
todas las cajas de golosinas que le habían regalado. Personas de ambos grupos
la fueron a despedir en la estación del tren. Otra vez, una despedida triste y
llena de abrazos. Se subió al transporte y buscó de nuevo la ventana para
verlos por última vez. Poco mas de dos decenas de personas lloraban y se
despedían del tren que se perdía en el horizonte.
Una vez más, lloraba pensando en todo lo que había vivido. Aprendió un montón de cosas y conoció gente interesante. Una vida fácil en la ciudad no era algo que la llenaba por dentro. Durante años, extrañaba su rutina en el campo. Solo que nunca se había dado cuenta. Volvería a despertar a las cuatro de la mañana y cosechar trigo con la ayuda de una guadaña, tal como cuando era niña. Solo la naturaleza, el cielo apenas anaranjado, una canción folclórica, y ella, amando su simple pero satisfactoria vida.
Consigna: en base a la pintura “el canto de la alondra”(1884) de Jules Breton, debes escribir un relato del género que prefieras.

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