martes, 9 de junio de 2026

El canto de la Alondra por Levol

 Por Levol


“El sonido de sus pasos, quebraba el silencio. Al atravesar el gran campo mientras que sus sollozos acompañaban a su desesperación. La sangre caía de su brazo cortado, bañado en la esencia rojiza -carmesí- de sus conocidos. Comenzaba a notar los leves rayos del sol que se dejaban ver. Las lágrimas caían de su rostro, buscando la libertad. Una que aún que quisiera sabía que no podría alcanzar. A menos que llegue hasta los primeros árboles del extenso bosque que se alzaban ante él.

 

No debía mírar por detrás, su piel palidecía ante la presencia de aquella alma trastornada que lo perseguía, con una gran sonrisa y una afilada guadaña.

 


La cena tardo aquella noche -una visita familiar- con una cocinera particular, una vieja amiga de su infancia que trabajaba para su familia cumpliendo las tareas del hogar. Algo le había hecho dudar, su fiel compañero de cuatro patas había desaparecido hace tres noches atrás y la carne sabía muy bien. Ella se vanagloriaba al contar cada especia, cada toque esencial que había dejado caer en aquella olla de metal.

 

-                     Es una receta especial, que mi padre, tu antiguo mentor me enseñó

Decía con una sonrisa, entre vasos llenos de vino oscuro, añejado también con la mezcla de ese toque especial. Un extraño somnífero, una droga que lentamente iba entrando en su ser. A la vez sus ojos demostraban un poco del secreto que escondía en su interior.

Una esencia tan erótica se dejaba notar, la escena frente a él se podía ver. Suspiros entrecortados, leve sudor bajando por la delicada piel que se movía contra su cuerpo. Un dolor profundo que se notaba en su garganta, tirones de pelo y mucha humedad cayendo desde sus piernas. El sabor metálico de la sangre invadía el sabor de las especias que anteriormente sintió.

Abrió los ojos notaba a su dulce Julia frente a él, los toques eran los mismos. Los movimientos igual, la diferencia fue en la forma de besar. Su lengua tocaba la suya, su gusto no era el mismo y los colores de sus ojos eran verdes en cambio del color celeste que lo había enamorado.

Giró su vista aún adormecida, con todo el esfuerzo que eso conllevó. Vio a sus padres y a sus hermanos, sin brazos, con la mandíbula cortada -extirpada- la parte inferior. La desesperación en su pecho apareció y al fijar sus ojos contra ese cuerpo que continuaba su baile sobre él, lo noto.

El rostro suplantado por la piel de Julia, una sonrisa que no conocía. La mesa que antes estaba repleta de diferentes manjares ahora era adornada con el cuerpo de su futura esposa, con su piel cercenada con una precisión quirúrgica y con su piel desnudo, con símbolos desconocidos escritos con su sangre.

-                     Ya tengo la sangre, me falta la esencia y viviré para siempre…

Ella susurraba entre los suspiros del momento, a la vez que los ojos de él, comenzaban a lagrimear. El efecto de la droga empezaba a desaparecer, lentamente la resistencia, la desesperación, el deseo de querer escapar se le notaba en su cuerpo.

-                     No… no… me toques… ¿Qué es lo que has… hecho?

Preguntaba con las fuerzas que retomaban su conciencia. Lentamente la piel de Julia comenzaba a caer y se dejaba ver el verdadero rostro de la obsesión frente a él. La luz del foco en contraluz daba paso a las sombras.

-                     Mierda… parece que ya se me terminó mi diversión…

Decía míentras bajaba de sus piernas, y se alejaba lentamente en dirección a Julia. Al estar frente a la mesa levantó uno de los tantos cuchillos que tenía preparado. Aquel filo curvo como una guadaña empezó a cortar y desmembrar la carne, a separar la piel de la carne, la carne del hueso y el hueso del cuerpo. Una risa psicopata retumbaba por todo el lugar junto a los golpes de la silla donde él estaba atado tratando de escapar.

-                     ¡Para! Ya detente, está muerta ¿Qué más quieres de ella?

Giro su cabeza hacia él y lentamente con guadaña en mano y en alto se acercó para clavarlo directamente en su brazo, para empezar a mover lo de izquierda a derecha, de arriba abajo, en forma circular y muchas otras formas geométricas.

-                     ¿Qué quiero? Todo… Su belleza, su tiempo de vida, su eternidad, tu calor y tu esencia.

Dijo a la vez que apretaba con fuerza su entrepierna y guiando hacia arriba su garganta con la guadaña, clavo nuevamente sus dientes, tan profundo que el sabor de la sangre empezaba a bajar por su boca.

-                     Y gracias a los libros de tu mentor… sus secretos Ancestrales que él manejaba fueron heredados a mí y pienso usarlos para vivir por siempre. En un futuro tendré que volver a matar, pero ese es un precio que no me importa pagar.

En el momento en que ella hablaba el había logrado sacar una de sus manos de las ataduras. Y cuando ella le dio la espalda, se abalanzó por detrás, tumbándola quitándole el filo de metal.

Toda la sangre que había perdido, lo hacían palidecer, pero quería escapar. Al ver todo el horror que se le presentaba delante, ya no podía hacer nada más. Una completa abominación, pero aquella oscura sabia del mal. No se lo iba a dejar tan fácil. Ella sabía que es lo que quería y esa era la última noche donde podría tener todos los elementos juntos y sea cual sea el final. Lo iba a lograr mientras que él, escapar iba a intentar”

 

 

-                     No me gustó…

Una sonrisa sonaba detrás de él, al mismo tiempo que sentía como una mano lo tomaba por el hombro.

-                     ¿De en serio? ¿Qué fue lo que no te gustó?

Él se cruzó de brazos

-                     Y la verdad el desenlace, siento como que algo le falta. El protagonista logra sobrevivir, evitando la muerte o la villana se sale con la suya… no sé, siento que es muy repetitivo Julia.

Ella lo golpea en la espalda.

-                     Te dije que no me llames por mi segundo nombre

El se llevó la mano detrás de la cabeza, a la vez que sonreía

-                     Bueno cuando termines avísame que leeré tu relato. Aunque dime, ¿Este es de un sueño que tuviste?

Al escucharla afirmó con un movimiento y se despidió dándole un beso en la mejilla

-                     Si aún que uno muy vivido, como si realmente me hubiera pasado.

Ella volvió a sonreír

-                     Y bueno muchos sueños provocan eso… me voy, no te olvides de limpiarte la herida de tu brazo…

Consigna: Relato inspirado en base a la pintura el canto de la alondra (1884) de Jules Bretón


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