Un hombre atrabiliario salió de trabajar en día de paga y a las pocas horas se quedó sin dinero en los bolsillos tras pagar sus deudas.
Decidió
entrar a un bazar de antigüedades para distraerse.
‒
¿Cuál es el precio de ese artefacto? Preguntó el hombre señalando un péndulo
empolvado
‒
Es un péndulo de Newton, escoges la cantidad de bolas a colisionar y así
decides tu futuro, lamento informarle que no está a la venta ‒ Contestó el
dueño del bazar despreocupado.
La
mirada del comerciante estaba perdida en una serie de fotos de personas por
encima de la entrada principal.
El
hombre sin dinero reflexionó sobre la respuesta acerca del péndulo y preguntó:
‒
¿Quiénes son esas personas? ‒ dijo apuntando con la mirada hacia las fotos.
‒
Es mi familia, es decir, eran. Éste comenzó a llorar desconsolado.
Justo
cuando el visitante se disponía a salir por la incomodidad que había causado,
el hombre del bazar lo detuvo por la espalda, al tiempo que se limpió con el
hombro las lágrimas que corrían por sus agrietadas mejillas.
‒
No está a la venta, pero te lo puedo obsequiar ‒ dijo el hombre un tanto
recompuesto del llanto y bajando el péndulo de aquel lugar que lo guardaba
junto al polvo desde hacía muchos años.
‒
Es muy amable de su parte ‒ agradeció el hombre por compromiso al momento que estiró
su mano para recibir el péndulo de Newton. En el momento que lo tocó sintió
cómo una energía lo sacudió e hizo temblar las piernas, en su mente vio rostros
de muchas personas de distintas épocas, así como también escuchó alaridos de
sufrimiento y desesperanza. Quiso marcharse del lugar inmediatamente.
‒
Úselo sabiamente ‒dijo en tono serio ‒, yo lo usé una vez y mira todo lo que
tengo ‒ sentenció mientras extendía sus manos invitando a observar su bazar.
El
hombre con el péndulo salió de la tienda confundido, sin dinero, con la
esperanza de poder sacar algo vendiendo ese extraño aparato.
La
estructura era de metal color dorada, con cinco esferas plateadas de acero que
colgaban de un fino cable, perfectamente vertical, tenía una base de madera
esmaltada con unos caracteres ilegibles en el centro.
Reflexionó
su situación y pensó si era conveniente venderlo por una buena suma de dinero,
mientras tanto vino a su mente una frase que no concordaba con la cordura del
sujeto que recién había conocido: “y así decides tu futuro”.
El
nuevo dueño del péndulo sujetó una de las bolas alzándola a la altura que el
cable permitió e infantilmente recitó:
¡Quiero
ser millonario!
La
esfera se estrelló con las cuatro restantes y la última al extremo contrario se
elevó con perfección a la misma altura con que fue levantada la bola opuesta.
Por una especie de magia y mientras se mantenía la energía y movimiento en las
esferas, se dibujaron unas letras en la base de madera:
“El
oro no genera felicidad, ni puede traer aquello que se ha ido”
El
hombre, asustado, guardó el péndulo de la vista de los demás y regresó a casa.
Ni
siquiera dos camiones de bomberos fueron suficientes para apagar las llamas que
consumían su hogar. La policía lo sujetó con fuerza cuando quiso entrar
desesperado para salvar a su familia.
Lloró
abatido por la pérdida de su esposa e hijos que días atrás lo habían hecho
sentir infeliz.
Pasaron
años de aquel trágico día cuando volvió a prestar atención al péndulo. Tenía
una cantidad exorbitante de dinero que había cobrado por lo seguros de vida de
su esposa e hijo que por muchos años lo tenían en la quiebra. Pensó en el
efecto que el péndulo había tenido en su desdichada vida, hasta ese momento
vinieron a su mente aquellas misteriosas palabras que se dibujaron en la base
del péndulo, mismas que él mismo había tachado de alucinaciones. Decidió probar
nuevamente.
Esta
vez no pidió nada en particular, al menos no verbalmente. Su vida solitaria y
su excesivo dinero no había servido de nada, seguía siendo el mismo hombre
irritado y amargado. Por un breve momento pensó en ser un hombre reconocido y
tener fama.
Como
si el péndulo pudiera leer la mente cual mínima idea cruzara en su mente, se
dibujaron nuevas palabras en la madera:
“Todo
el mundo quiere ser famoso, pero todo famoso quiere ser cualquiera del mundo”
Todo
comenzó en el vecindario, pero en los días subsecuentes cientos de personas
acudían a buscarlo para ganarse su amistad, su compañía e incluso su amor. Se
corría el rumor que tenía una gran fortuna y, sin familia para heredarla, la
edad estaba haciendo efecto en su cuerpo. Una vida llena de vicios lo había
enfermado del hígado y bastaban unos pocos meses para que dejara este mundo.
Y
así fue como perdió su tranquilidad, si bien pudo llenarse de gente que le
facilitaba todo tipo de comodidades y favores que nadie hubiera hecho
desinteresadamente, el hombre sabía que de nada servía tener fama y dinero si
moriría en cualquier momento, peor aún, sin su familia para llorarle. Hasta
entonces usó por tercera ocasión el péndulo maldito.
Tomó
tres esferas y al soltarlas pensó en la inmortalidad y con gran esperanza leyó
el mal augurio:
“Si
no se acepta la muerte, se llegará el día en que el dolor por la vida se haga
un peso insoportable”
Arrepentido
por su mala decisión, creyó que aún había tiempo de adoptar un estilo de vida
más saludable para acabar con sus enfermedades. Todo fue cuestión de un largo
tiempo.
Pasaron
siglos y fue perdiendo su humanidad. Se quedó ciego, dejó de comer para tratar
de morir, sin embargo, era imposible. Su desnutrición lo volvió un saco de
huesos que se fracturaban por todo y entonces se arrastraba como una babosa
gigante que escupía sangre y órganos deshechos.
Con
su lengua, con un último esfuerzo empujó cuatro bolas del péndulo y con lo poco
que los gusanos habían dejado de su cerebro pensó en que su alma trascendiera
espiritualmente, entonces un último mensaje apareció en el péndulo:
“El
alma puede ser libre tan sólo unos segundos, también es eterna y hacia la
infinidad no hay vuelta atrás”
En
su conciencia escuchaba el ligero golpeteo metálico de péndulo. Activó el
subconsciente y pudo apreciar la geometría sagrada, el manto estelar, infinitud
de galaxias, el océano vibratorio, el aura de las cosas y todas las divinidades
que desfilaban frente a él. Seguía escuchando las esferas chocar, con la misma
fuerza que su lengua pudo acumular ¿Qué pasará después? Pensó.
Recordó la sensación al tomar el péndulo de Newton por primera vez, aquellos rostros que venían a su mente, los gritos ahogados y la energía tanto positiva como negativa, ese era el todo que conformaba el espíritu del péndulo.
Y en un abrir y cerrar de la mente, su alma fue absorbida por el péndulo quedando atrapada por la anhelada eternidad.
Escrito por José de la Luz.
Consigna: Escribe un relato del género que desees con el título de «El péndulo de Newton».
No hay comentarios:
Publicar un comentario